Del Llano a la Laguna

Por: Alejandro Ostoa
La memoria mantiene vivaces los acontecimientos, para llevarlos a la celebración y recordar los sucesos que no se dan de manera fortuita, sino que, al concretarse, pueden concatenarse. Eso sucedió con la muestra de microficción tapatía Del llano a la laguna. Ocurrió hace 15 años, el 23 de abril de 2008, Día Mundial del Libro y Derechos de Autor, fecha en que se presentó el VIII Festival Internacional de Cuento Brevísimo: Los mil y un insomnios, organizado por el Centro Toluqueño de Escritores (CTE). La sede: Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingeniera de la Universidad de Guadalajara (CUCEI).

Se participó con ponencias y lecturas de cuentos. Como público recuerdo con agrado, que estuvieron presentes mis queridos amigos Olga Martha Peña Doria y Guillermo Schmidhuber. El enlace para la emisión del festival fue José Ruiz Mercado, aliándose Gabriela Juárez Piña, de la librería El Aguaje. De Toluca fuimos el escritor y entonces presidente del CTE, Eduardo Osorio y quien esto escribe. La convivencia literaria y de camaradería fue brillante. Tan fue así que a propuesta de Osorio, Pepecuícatl (Ruiz Mercado), compiló el material, lo ordenó y se terminó de imprimir, según colofón, el 20 de noviembre de 2008. Como coeditores, el CUCEI y la librería El Aguaje, con el sello editorial del CTE, que añade a su logotipo el eslogan: 25 años al servicio de la palabra. En la portada Ella y el dinosaurio, dibujo a tinta de Rocco Almanza.

En un inicio dije que se puede concatenar. En efecto, se vincula, con el presente más reciente, los merecidos homenajes y publicaciones de mi estimado amigo, admirado y estudiado escritor Ruiz Mercado, quien compiló y prologó este muestrario de microficciones, en el que se integran cuatro textos de su autoría.

Diecinueve cuentos y nueve autores. “Decir te cuento mejor te lo cuento”, es el prólogo, texto que resume a los autores, a sus creaciones, publicaciones y hasta las regiones jaliscienses.

La diversidad estilística, generacional, temática y extensión son algunos atractivos. Elisa Cervantes es autora de El despegue, metáfora que inmortaliza. Allá por las escaleras; Relación en ecuación lógica; De cómo el cuadrado de la Hipotemusa es más que Pitágoras mismo; Los problemas de la inflación y Si tuviera una esponja…, son un tablero cuentístico de piezas de filigrana. Tres vidas, de J. Enrique Rodríguez Benítez, narración secuencial con microacciones, atmósferas y actitudes. Sergio Fon, en El personaje, va creando el cuento con el propio personaje, contrastando con Motivación antipersonal, que va a los bajos fondos chemeros, con el singular caló. Luis Augusto, con Para justificar el esfuerzo de abrir el Word…, es un deleitable ciber-enredo, entre autor, editor, lector y lo que se acumule. Lorena Vera Verján, en Persecución religiosa, propaga el eco cristero, con imágenes de bella estirpe rural. La panza es tu retrato, Lo que no crece es la nariz y Cena sólo para finas, son los singulares textos de humor inteligente de Dante Medina que los lleva a la farsa. De José Ruiz Mercado son los sicalípticos y voyeristas ¿Ya te vas?, El eco; con Si te borro, ¿para qué?, es la paradoja para culminar con Concierto, de su ámbito musical. Ipsaim Ruiz, con El caso de la princesa bonita, es una fresca estampa de culminación certera. Esta son sólo gotas de la laguna.

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