Ecos del Mundial, la identidad mexicana, parte II

Gentrificación post mundial

Por Victoria Falcón Aguila

«¡Y si sí?», esta frase que se hizo viral en redes sociales, tradujo el deseo de que México fuera campeón en este Mundial 2026. Pero solo se llegó hasta la ronda de octavos de final, logrando nuestra selección nacional, el noveno lugar general, sin poder obtener el campeonato; aún así, los mexicanos con título o sin él, seguimos siendo el Rey como dice la canción.

Y no, no es nacionalismo sin fundamento; sucede que México es punta de lanza en América latina, siendo la segunda economía de la región y la doceava a nivel global; unido a su gran mercado interno y sólida red de tratados de libre comercio, teniendo a Estados Unidos como principal socio comercial; además es un puente geográfico que une a Norteamérica con Centro y Sudamérica, facilitando el flujo de inversiones y capitales.

Es potencia exportadora, turística, gastronómica y cultural; esto se vio reflejado en la fiesta futbolera que está por terminar y que dejó una derrama económica nacional entre los 50 mil millones de pesos y los 2,543 millones de dólares, según estimaciones oficiales del Gobierno y estudios del sector privado; aunque esto refleje un 7% menor a lo esperado. Los sectores más beneficiados fueron la gastronomía y el comercio minorista, el alojamiento y transporte, dejando una grata impresión en los visitantes extranjeros quienes regresarán a  su país y seguramente, compartirán sus grandes experiencias, dando publicidad a nuestro país como un anfitrión que tiene las puertas abiertas para el mundo entero.

Hasta aquí, todo bien; sin embargo, al obtener tanta visibilidad a nivel global, muchos extranjeros optarán por venir a vivir a nuestro país, poniéndose en riesgo barrios y comunidades, debido a la gentrificación que provoca especulación inmobiliaria y un aumento sin control de los alquileres. Los comercios locales tradicionales junto con familias que han vivido por generaciones en esos barrios, se verán obligadas a trasladarse a lugares accesibles a su economía, dejando en claro una brecha social pues serán desplazados por personas que vendrán con salarios más altos; perdiéndose así, el tejido social y la identidad barrial. Los beneficios económicos, ya no serán para ese barrio, ni para sus tradicionales habitantes; sino para empresas, muchas veces extranjeras.

De acuerdo con datos del INEGI, la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) y el Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG), en las últimas dos décadas, en el Área Metropolitana de Guadalajara, el costo de las propiedades, se disparó un 273%, rebasando por 58 puntos porcentuales a la inflación acumulada y las rentas de un departamento de dos recamaras oscilan entre los $17,000 y $21,000 pesos, siendo las colonias más afectadas la Americana, Ladrón de Guevara, Centro, Lafayette, Chapultepec y Santa Teresita.

El desplazamiento forzado trae consigo el aburguesamiento que solo provoca el consumo, pero no produce; también otra consecuencia, es el desarraigo cultural trasformando la identidad, perdiéndose el patrimonio económico-social de los barrios originarios, que históricamente han generado redes de cooperación y comercio, reforzando la economía del barrio. Con este proceso urbano, los productos antes vendidos en los mercaditos, son desplazados por los gourmet; las casonas son compradas para transformarlas en restaurantes hoteles, bares o cafeterías, cambiando el uso del suelo; esto crea una competencia desleal a los pequeños comercios y los oficios tradicionales llevándolos a la quiebra más la pérdida de empleos, debido al cambio en el perfil de consumo. La plusvalía crece, pero el salario promedio (o sea lo que realmente se gana en la práctica), no.

Algunos países y México, han tomado medidas legislativas en pos de frenar la gentrificación para proteger el derecho humano a una vivienda digna tutelado por el derecho internacional y la constitución; pero si no se pone énfasis en el cuidado de la especulación inmobiliaria con el aumento artificial de los precios en busca de las altas ganancias, la oferta de vivienda seguirá  encareciendo los precios de compra y renta, acelerando la gentrificación, así como el desplazamiento de las comunidades locales y la perdida de pertenencia e identidad.

Ecos del Mundial, Utopías Lisérgicas y una Vida de Consumo

Por: Mario Arturo Segoviano Gutiérrez
Doctor en Pedagogía Crítica y Educación Popular

Dualidad profunda o ensoñaciones nostálgicas  
“Panem et circenses”, “Pan y circo al pueblo”. Expresión reminiscente que nos lleva a la antigua Roma y que fue expresada por el poeta satírico, Décimo Junio Juvenal. Desde el siglo I-II d.c. con los preceptos de la narrativa política y popular que anteriormente se distinguía entre los romanos por pelear por libertad, poder político y honor militar y que posteriormente, gracias a la manipulación de sus soberanos, los habrían orillado a solicitar sólo dos cosas del gobierno: reparto gratuito de trigo para no morirse de hambre y juegos de circo, (Gladiadores, carreras de carros, ejecuciones públicas en el coliseo, utilización de bestias salvajes para que las luchas y los embates resultaran sangrientas y llamativas al morbo de los espectadores); entretenidos y sin pensar en otra cuestión, únicamente en cualquier cosa que pudiera distraerlos de sus pensamientos críticos y su hambre.

Ahora en la actualidad se le conoce como evasión, como una dualidad profunda para aliviar el dolor, el spleen o la amargura de los problemas que enfrenta el ser humano en su vida diaria. Los eventos circenses se proyectan a diario para entumecer el ánimo, la conciencia y el pensamiento por medio de diferentes canales y elementos materiales en la comunicación (el internet, la radio, la televisión o las redes sociales), convirtiéndose en el placebo común y genérico que disfraza de ensoñación y de nostalgia, las necesidades y las apariencias contenidas en el deseo de cada habitante del mundo.

El actual evento futbolístico del “MUNDIAL” deja ecos que profundizan en la intimidad de la conciencia, en el dolor de la ensoñación al ver perder al equipo favorito; creyendo que si se hubiera alcanzado la victoria, podrían obtenerse en las apuestas un desahogo económico efímero para subsistir o para regodearse de un orgullo ajeno que no le pertenece.

Una realidad inalterada
¡La realidad cruda es otra! Y los paraísos artificiales se asemejan al opio, al vino o al hachís por ser la máxima predilección en el hombre para evadir su realidad. Cada cuatro años, esta retórica semejanza, se acerca cuando el consumismo por ver a través de un monitor, la disputa de las selecciones entre distintos países jugándose una copa mundial, distrae la certera conciencia y el pensamiento crítico, porque resulta dulce y satisfactorio el consumo de dichas engañifas terapéuticas para distraernos de la realidad constante e inalterada que nos consume y nos absorbe, tal como lo afirma el poeta francés, Charles Baudelaire (2005), de la siguiente manera al referirse al vino como: “Profundas alegrías del vino, ¿Quién no os ha conocido? Quienquiera haya precisado apaciguar en remordimiento, evocar un recuerdo, anegar un dolor, forjarse una quimera, todos han invocado, dios misterioso oculto en las fibras de la viña. ¡Qué grandes son los espectáculos del vino, iluminados por el sol interior! ¡Qué verdadera y ardiente es esta segunda juventud que el hombre halla en el vino! Pero ¡Qué temibles son asimismo sus enervantes hechizos!”. ¡Claro que sí! Porque la cruda realidad llega de golpe y tenemos que seguir como sea posible o a cuestas y hacia adelante.

Chauvinismo exacerbado o excepcionalismo cultural
El fútbol nos une y cuando se trata de responder ante la defensa de nuestro equipo nacional los mexicanos gritan con clamor exacerbado las notas discursivas del himno nacional  disponiéndose firmes para responder con guerra y sin tregua por el nacionalismo mal infundado que corre por su sangre intoxicada por el alcohol y todo contrincante extranjero se tendrá que atener a las consecuencias en cualquier enfrentamiento a los abucheos del repudio, los silbidos ofensivos o en casos extremos de hooliganismo, como se dio el caso de una joven que en su acción de vituperar, arrojo un vaso con liquido a un ciudadano nada más por portar el jersey del equipo contrario.

El exagerado amor por la camiseta que representa a una nación llega a convertirse en un problema excepcional con grandes dimensiones, porque con el calor en la sangre por las bebidas etílicas y embriagantes, llega a despertar el alter ego escondido del algunos “mala copas” cuando se pierde un encuentro, o por qué no, hasta cuando se gana. Las desaforadas conductas de una cantidad importante de aficionados terminan generándose en disturbios, riñas campales, trifulcas, grescas y el odio en las interaficiones.

Caso contrario, nace una hermandad irrisoria cuando la afición de un país como el nuestro, se hermana con otra nación extranjera, al sentir el deseo de que el equipo que va a jugar contra quienes derrotaron a nuestra representatividad nacional, los adoptamos en sus formas de vitorear a su equipo, como ejemplo: (Muchos mexicanos portando la camiseta del equipo nacional de Noruega) y entonando al ritmo del “Viking Clap” o “Thunderclap” (que en español significa) “Aplauso vikingo o “Atronador” que consiste en la consecución a un ritmo, donde toda la afición aplaude y grita “¡Huh!” al mismo tiempo, iniciando de forma lenta y van acelerando hasta volverse frenéticos más de 10,000 personas en sincronía como un solo cuerpo.

Todo esto se resume de la siguiente manera: El “Viking Clap” es comunalidad europea visto en clave por la industria cultural. Todos trabajan al ritmo sonoro gratis para empujar a su equipo al triunfo. No hubo en este caso quien lo manipulara. Ninguna industria mercantil ni medio masivo que lo creara. Fue la misma gente quien lo impulsó. Resultando como una pedagogía inversa porque “no consumes el espectáculo, tú eres el espectáculo” y es como nace el sentido interracial del excepcionalismo cultural porque aprendemos que cuando hay creatividad, la empatía comienza a reflejarse entre los ciudadanos de cualquier nación, generándose la hermandad y la tolerancia por el respeto a las diferentes formas del pensamiento humano.

Referencias bibliográficas
-Baudelaire, Charles. (2005). Los Paraísos Artificiales. Acerca del Vino y el Hachís. México DF. Distribuciones Fontamara, S. A.  
-Bauman, Zigmunt. (2022). Vida de Consumo. México. Fondo de Cultura Económica. FCE. Novena Edición.     

Ecos del Mundial 2026 desde Tlaquepaque, Jalisco

Cuando el arte también juega

Por: Josefina Lozano Cervantes

El Mundial FIFA 2026, dejó una huella que trascendió los estadios y los noventa minutos de cada partido. En San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, el fútbol se convirtió en un puente para mostrar al mundo la riqueza cultural, artesanal, gastronómica y humana, de uno de los Pueblos Mágicos más emblemáticos de México.

Jalisco fue protagonista de esta gran celebración internacional. La pasión por el fútbol se vivió en cada rincón del estado: en sus plazas, restaurantes, hoteles, galerías, mercados y calles. Miles de visitantes nacionales y extranjeros encontraron en esta tierra una combinación única entre tradición y hospitalidad, convirtiendo al estado en uno de los grandes anfitriones del Mundial.

En Tlaquepaque, la experiencia fue mucho más allá del deporte: sus calles, sus casonas de arquitectura colonial y sus andadores, se transformaron en escenarios de convivencia multicultural. El barro, la cerámica, el vidrio soplado, la gastronomía tradicional, el tequila, el mariachi, el arte  y el talento de cientos de artesanos y artistas, dieron la bienvenida a quienes buscaban conocer el verdadero corazón de Jalisco.

Como parte de esta celebración, el Gobierno Municipal impulsó mejoras en la imagen urbana, espacios públicos, actividades culturales y la instalación de elementos emblemáticos, como los arcos monumentales que evocan dos de los símbolos más representativos de la identidad jalisciense: el mariachi y el tequila. Estas acciones fortalecieron la vocación turística y cultural de la ciudad durante uno de los acontecimientos más importantes del mundo.

Sin embargo, el mayor triunfo de Tlaquepaque no se midió en goles, estadísticas o trofeos. Se reflejó en su capacidad para demostrar que la cultura también une a los pueblos, rompe las barreras del idioma y crea vínculos que permanecen mucho después del silbatazo final.

En este contexto, la Galería de Arte, Josefina Lozano Gallery presentó la exposición colectiva «MUNDIAL 2026: El Arte También Juega en Equipo», una propuesta que reunió a destacados artistas plásticos, bajo una visión compartida: celebrar la diversidad, el respeto entre las naciones y la fuerza del arte como lenguaje universal. Cada obra representó una mirada distinta sobre el encuentro entre culturas.

Así como un equipo necesita la participación de todos sus jugadores para alcanzar la victoria, esta exposición mostró que el arte también se construye desde la diversidad de estilos, técnicas y sensibilidades; la galería se convirtió en un espacio donde el diálogo creativo acompañó el espíritu de convivencia que inspiró el Mundial.

El deporte y el arte compartieron un mismo escenario; ambos despertaron emociones, fortalecieron la identidad y recordaron que la creatividad es una de las mayores expresiones del ser humano. Cada visitante descubrió que una pintura, una escultura o una instalación pueden emocionar con la misma intensidad que un gol decisivo.

El legado del Mundial permanecerá en la memoria de quienes descubrieron que Tlaquepaque no es únicamente un destino turístico, sino un territorio donde cada calle cuenta una historia, cada taller preserva una tradición y cada artista mantiene viva la esencia cultural de México.

Sin duda, Jalisco fue uno de los estados donde con mayor intensidad se vivió la pasión mundialista. Su infraestructura, su capacidad de organización, su riqueza cultural y sobre todo, la calidez de su gente, hicieron que miles de visitantes llevaran consigo una imagen inolvidable de esta tierra.

Tlaquepaque, seguramente seguirá siendo el espíritu del próximo Mundial 2030, pues continuará vivo hasta entonces; porque aquí el arte seguirá  jugando, la cultura seguirá reuniendo personas y la creatividad continuará marcando los goles más importantes: aquellos que permanecen para siempre en la memoria y en el corazón de quienes tuvieron la fortuna de vivir esta experiencia.

En Tlaquepaque quedó la certeza de que el deporte puede abrir las puertas al mundo y que el arte tiene la capacidad de mantenerlas abiertas para siempre.

Ecos del Mundial, La identidad mexicana, Parte I

Por: Victoria Falcón Aguila

Llegó el Mundial 2026 a México, y sin tardar, los mexicanos se organizaron para salir a festejar y recibir a los extranjeros con una bienvenida como en ningún otro país. Y aunque se sintió la exclusión masiva de las clases populares debido a la gentrificación y los precios de los boletos; las masas antes polarizadas, se unieron temporalmente colocándose la camiseta para celebrar colectivamente.

Entonces, el mundo conoció al México nato, a ese que los extranjeros no logran entender y dudo que aun viviendo en este país, logren digerirlo por completo; pues tratan de interpretarlo desde estándares eurocéntricos o individuales, provenientes de su propia cultura. El choque cultural fue inmediato; en países de Asia, el contacto físico como abrazos, besos o palmadas, no es común. Esto para ellos, es como una invasión al espacio personal o una falta de etiqueta; pero en México, la comunicación interpersonal es normal y cotidiana; el intercambio verbal y no verbal que conlleva un lenguaje corporal, tono de voz y expresiones faciales, aunado a un saludo de mano o en la mejilla, es  todo un proceso de intercambio de información.

El lenguaje de la amabilidad, puede resultar extraño para algunos; pues, el tono del mexicano es naturalmente positivo y hospitalario, aun cuando pase por situaciones adversas; esto confunde a los extranjeros ya que creen que no tomamos con seriedad a las dificultades o que ignoramos los problemas; pero no, lo que sucede es que el mexicano tiene una gran capacidad psicológica para adaptarse y recuperarse de la adversidad. La llamada resiliencia le otorga al pueblo mexicano confianza en sí mismo, autonomía, decisión y perseverancia. Por eso, la solidaridad es innata, así como la alegría y el buen humor.

Cualquiera que hable español sabe que “ahorita” es el diminutivo de «ahora». Sin embargo, en México, su significado es flexible, puede indicar que algo pasará pronto, en un futuro indefinido, o usado para declinar una petición amablemente. Este manejo del tiempo puede generar conflicto en personas acostumbradas a ser puntuales; esto no significa que el mexicano no lo sea. Lo que sucede es que valora más el tiempo relacional; es decir: convivir con amigos y/o familiares estando presente; el “aquí y ahora”, es más valioso que la puntualidad; porque la familia extendida, es un soporte afectivo de contención emocional y que de necesitarse, se convierte en un apoyo económico y social. Ejemplo fue la selección mexicana de futbol, que se destacó por una fuerte unión, junto al sentido de pertenencia reforzada por la eliminación de jerarquías.

Nuestra identidad poblacional se construyó a partir de la pertenencia a un solo grupo humano, “somos mexicanos”. Y aunque México tiene 32 entidades federativas; es decir, 32 estados libres y soberanos (autónomos para manejar sus asuntos internos), se mantienen unidos bajo un gobierno central que regula los intereses de todo el país; y si lo vemos con la mentalidad de familia del mexicano; todos somos una y la nación es nuestra madre, el núcleo de identidad. El honor y el ser mexicanos, son fundamentales; de ahí nuestro gran amor a la Patria y el respeto a nuestros Símbolos Patrios.

Por eso, el mexicano tiene la necesidad de las celebraciones ya sean cívicas, religiosas o de esparcimiento; esto es vital para mantenerse unidos y el mundial, fue un pretexto más para festejar.

Estimado lector: en este mes de julio, seguiremos con los ecos del mundial.
Hasta la próxima.

Ecos del Mundial, Remanentes de Esperanza

Por: Mario Arturo Segoviano Gutiérrez
Doctor en Pedagogía Crítica y Educación Popular

¿Tienes algo en tus manos?
Cuando te encuentras descansando e inmerso dentro de un sueño profundo, reviviendo fantasías o extasiado para tus adentros y de repente ¡Te despiertas de golpe! Tras ese estrepitoso chillido irrisorio que viene acompañado de la injuria y del sobresalto al anticipado sarcasmo que ha sido provocado por el golpe en tu rostro de un bromista cínico; te das cuenta de que has llegado de nueva cuenta a la cruda realidad. ¡Soñabas ganador a tu selección de fútbol en el mundial!

Cada cuatro años para muchos aficionados de este deporte, el fenómeno futbolero del mundial ha servido de escaparate para encontrar en ello el pretexto de un escape de tensión y diversión efímera, que lleva a los mexicanos al sentido de algarabía o de momentos de estrés y euforia, al término de cada encuentro – entre los equipos representantes de diferentes naciones -, con la sujeción de la esperanza y del sueño que para muchos se convierte en un anhelo por querer seguir calificando rumbo a los octavos de final, cuartos, semifinal y ¿por qué no? o mejor dicho, ¿y si sí?, a la final; dando la sensación de un orgullo colectivo que permite entonar al unísono la palabra de “¡Si se pudo!” “¡Viva México cabrones!” o mitigando el sentimiento de soledad que Octavio Paz dijo que ha definido al mexicano del “¡No estamos solos!”.

El fenómeno psicológico BIRGING
Este fenómeno (por sus siglas en inglés Basking In Reflected Glory o “Regodearse en la gloria ajena”), se asocia con el acto de apropiarse del éxito ajeno con la palabra inclusiva de “nosotros” para manifestar que si tu selección de fútbol ganó un encuentro contra un equipo contrario, se asume propio – ¡Ganamos! ¡Somos campeones! -. Tu equipo ganó, tú no ganaste, pero lo sientes como tuyo. Esto es muy común y permite que las personas aumenten su autoestima y su validación personal en relación al sentido de pertenencia nacional como una asociación indirecta, de origen, raza o etnia con otras naciones; y cuando un actor contrario descalifica a tu equipo favorito de su racha ganadora en el avance esperado, te molesta y se activa el mecanismo denominado “Refuerzo del ego” que funciona como un mecanismo de defensa y auto-promoción que permite brillar entre los demás utilizando el prestigio externo. Caso contrario, existe la contraparte a este fenómeno que se representa con el fenómeno denominado (CORFing) (Cutting Off Reflected Failure o “Cortar los lazos con el fracaso reflejado”), dándose cuando los aficionados o las personas se distancian de su grupo por la emoción diluida, el embate o la sensación de frustración cuando su equipo predilecto ha sido derrotado, protegiendo su imagen o hasta volviéndose violento e inmerso en una pena exasperada que se convierte por momentos en una pasión desenfrenada, con llanto y de locura.

La Reificación de Georg Lukács
Esta propuesta con origen en el siglo XX se volvió fundamental para entender la vida moderna y el oportunismo que el mundo mercantil y el capitalismo toma en beneficio, el filósofo Lukacs, G. (1923), nombra a la Reificación de la siguiente manera: “Las relaciones humanas, las acciones, los vínculos y hasta la conciencia empiezan a tomar forma de cosas. Lo vivo se vuelve objeto. Lo dinámico se endurece”. Lo que debería ser una relación entre personas aparece como mecanismo, cifra, mercancía o procedimiento”. Con esta teoría el filósofo justifica las formas en que el capitalismo se encarga de organizar no solo la producción material, también las formas en que los seres humanos perciben el mundo se entienden a sí mismos y su relación con los demás. Tomando como ejemplo la relación del fenómeno deportivo lo absorbe a una estructura fría y abstracta en la cotidianidad reificada porque lejos de ser un evento de probabilidades y de azares en los marcadores de la pizarra se convierte en un circo alienante que toma cautivos a los sujetos expectantes para orillarlos al consumo de pases a los estadios con costos elevados y exorbitantes, hay una sensación de manipulación en cada encuentro en beneficio de los equipos alienados al sistema mercantil o político, además la propaganda y las mercancías como los souvenir, los jersey, los banderines, vuvuzelas, la pintura facial, los balones y diversos artilugios muy ad hoc aumentan descabelladamente sus precios, y esto, para el filósofo, la mercancía no sólo domina la economía; organiza también la conciencia. 

Los Principios de Esperanza de Ernest Bloch
Un debate teórico propuesto por Bloch (1954), muestra una respuesta que contrarresta la anterior objetivación argumentando que: “El ser humano tiene la capacidad para proyectar el futuro, soñarlo y transformarlo”. Además plantea una pregunta esencial: ¿Qué significa esperar?  Lo define como un estado no pasivo y con una fuerza que empuja al ser humano hacia lo que todavía no es, pero que podría ser. Puede ser un principio de causalidad y de determinación ontológica y el ser humano como ser inacabado no está determinado por esencia fija y vivimos en un constante proceso de hacernos, lo que significa que la esperanza nos permite ver e imaginar el futuro como algo distinto del presente. Verbi gracia: cuando se ha derrumbado toda esperanza de triunfo en un mundial para tu equipo predilecto, existen dos formas de pensamiento utópico que permite salir adelante como colectividad y de manera individual. La esperanza se convierte en un motor para la transformación, convirtiendo los ecos que deja tras de sí el fenómeno del mundial deportivo a un remanente de esperanza sujeto a uno de los conceptos mas importantes del principio de esperanza denominado “todavía no ser” (NochNichtSein), esta tendencia en pocas palabras, acerca a los seres humanos a posibilidades abiertas llamadas: 1. Inconsciente subjetivo, donde cada individuo toma conciencia de sus sueños muy personales para salir adelante; 2. el Inconsciente objetivo, son las fuerzas latentes en la cultura que anticipan nuevas posibilidades, y 3. la utopía concreta, que lleva a materializar las ideas coadyuvando de fondo a salir adelante a cada individuo después de un momento de euforia malograda o de alguna sensación de fracaso convirtiéndose en un pensamiento proactivo y productivo.  

Del pesimismo hacia la resiliencia  
Después del caótico actuar de muchos ciudadanos dentro de las festividades del evento deportivo mundial se observan aspectos que denotan la excusa perfecta para ocultar las heridas sociales y políticas que sangran desde la tierra, celebrando la propia decadencia rompiendo pertenencia ajenas, golpeándose  entre sí, con el pretexto de haber sucumbido en la derrota o simplemente por haber triunfado, por pura felicidad. desde ese pesimismo donde el sistema surge del deseo y de la necesidad de sentir algo después del adormecimiento nace la resiliencia porque el Mundial no es solamente 32 equipos disputándose una copa o pateando un balón. Es un proceso quirúrgico en la psicología masiva que unifica y sirve como cohesionador social, porque “Todos somos uno”, se genera una catarsis emocional masiva como una terapia nacional gratuita, transformándose en identidad y autoestima nacional, además de que la economía fluctúa y aunque tu equipo pierda se queda con el pensamiento fuerte y decisivo de que “Aunque se pierda, se lucha” y volvemos a empezar, despegándote de la idea del fracaso para no hundirte.

Referencias bibliográficas
-Lukács, G. (1923). En Rabiela, A. (2016). El Concepto de Reificación en Lukács, una reconstrucción desde la escuela de Frankfurt. México. Revista Científica de la Universidad Autónoma Metropolitana ARGUMENTOS. Vol. 29, núm. 80.
-Bloch, E. (1954). El Principio de esperanza, (Das Prinzip hoffunung). Alemania Occidental. Editorial, Biblioteca Filosófica- Aguilar.    

Por azares del destino

Desde la otra orilla

Por: Francisco Xavier Zaragoza Núñez

Por azares del destino conocí a Erik Satie, aquel compositor y pianista francés cuya música, según sus biógrafos, cambió el rumbo de la composición moderna.

Fue un auténtico bohemio del París de finales del siglo XIX. Trabajó como pianista en el célebre cabaret Le Chat Noir, donde convivían pintores, poetas, escritores y músicos que, sin saberlo del todo, estaban preparando el nacimiento del arte del siglo XX.

A mí me fascinó desde la primera vez que escuché sus Gymnopédies. Últimamente se ha convertido en mi música preferida para leer, estudiar o simplemente cerrar los ojos y dejar que la mente viaje de la mano de esas melodías serenas, casi hipnóticas.

Investigando un poco más sobre su vida descubrí que escribió un ballet titulado Parade. Gracias a Internet pude verlo y comprender por qué aquella obra fue tan importante para su época.

Nada menos que Pablo Picasso diseñó los decorados y el vestuario cubista. Satie incorporó sonidos jamás escuchados antes en un ballet: máquinas de escribir, sirenas de barco, disparos y bocinas. Y el poeta Guillaume Apollinaire utilizó, en el programa de mano, la palabra «surrealismo» para describir la obra, una de las primeras ocasiones en que ese término apareció públicamente.

Aquellos artistas estaban construyendo un puente entre dos mundos. Eran hombres de transición. Su propuesta musical y artística rompía con todo lo anterior mientras anunciaba el futuro.
Entonces uno deja volar la imaginación.

Pienso en Erik Satie, que vivió entre 1866 y 1925, y me doy cuenta de la extraordinaria época que le tocó presenciar. Nació cuando las personas aún viajaban principalmente en carruajes tirados por caballos. Vio llegar la electricidad a las ciudades. Conoció el teléfono, el automóvil, Escuchó el fonógrafo, que por primera vez permitió disfrutar de la música sin la presencia de los músicos. Fue testigo del despegue de los primeros aviones de los hermanos Wright. Asistió al nacimiento del cine con los hermanos Lumière. Vivió la devastación de la Primera Guerra Mundial. Observó cómo la pintura abandonaba el realismo para desembocar en el cubismo de Picasso y escuchó cómo la música dejaba atrás el romanticismo para abrirse a sonoridades completamente nuevas.

Es como si hubiera vivido con un pie en el siglo XIX y el otro en el XX.

Víctor Hugo escribió alguna vez: «Nada es más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo«.

Erik Satie tuvo varias de esas ideas. Muchas desconcertaron a sus contemporáneos. El mundo todavía no estaba preparado para ellas. Sin embargo, el tiempo —ese juez implacable que siempre termina dictando sentencia— acabó dándole la razón.

Hoy, más de un siglo después, basta escuchar unas cuantas notas de Satie para comprender que algunas revoluciones no comienzan con estruendo, sino con un piano que se atreve a tocar diferente.

Colonialidad lingüística en la música popular del México actual, Parte III

Un análisis sobre la Industria Cultural  y los Mass Media

Por: Mario Arturo Segoviano Gutiérrez
Doctor en Pedagogía Crítica y Educación Popular

“La colonialidad es uno de los elementos constitutivos  y específicos del patrón mundial de poder capitalista”. Aníbal Quijano (2000).

Los medios de comunicación masiva como un recurso mediático de alienación, enajenación y manipulación dentro de la industria cultural, que promueve el consumo de la música popular actual en México.

La modernidad de principios del siglo XX, vio nacer con gran entusiasmo y novedad al cine, la radio y la televisión con cuatro objetivos esenciales que fueron transformando la realidad social en un conjunto de fenómenos para el esparcimiento y que han sido desde entonces, más en beneficio para la industria cultural y el empoderamiento capitalista, con fines para el consumo y la alienación de los seres humanos. Dichos objetivos desde su genealogía habrían sido contemplados para informar, entretener, influir o integrar a la sociedad dentro de un mismo grupo y cuyo fin se ha tergiversado para continuar desde entonces, como un aparato ideológico que ha convertido a sus miembros sociales en ávidos consumidores de sus mercancías.

Verbigracia: Los diarios y los noticieros de nuestro tiempo han sucumbido a la manipulación de los hechos para la alienación de las masas, haciéndonos creer que la mentira que se pronuncia constantemente en la radio o en la televisión por ser motivo público, termina por creerse como una realidad a la que no se investiga a profundidad por cada hecho o acontecimiento; beneficiando a ciertos grupos de poder y a las industrias que buscan ganancias mercantiles y económicas. La música, que en otrora fuera una expresión magnánima de belleza y romanticismo, ahora ha decaído en chabacanas expresiones peyorativas y altisonantes, tanto que, las expresiones de belleza o estéticas se han perdido en el desuso y han cambiado por un léxico con una acumulación de discursos sin sentido, donde la violencia y la discriminación son el acto moral que se aprehende con mayor facilidad entre los jóvenes; por otro lado, las producciones cinematográficas, han demeritado mucho en sus propuestas de producción y de género en la actualidad, dejando de lado al cine culto “porque no vende”. Lo único que tiene valor hoy en día es la franquicia, el dinero y el “snob”.

¿Cuál es la opinión de la pedagogía crítica sobre la industria cultural? (Adorno y Horkheimer)
A Mediados del siglo XX, en plena Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de Frankfurt Alemania, dos fundadores: Theodor Adorno y Max Horkheimer (1944/1998), miembros de la escuela crítica del mismo nombre, se pronunciaron de manera crítica sobre el fenómeno cultural y artístico que surgía en su tiempo, con un ensayo que analizaba con profunda reflexión crítica, filosófica y sociológica, teorías sobre la industria que acaparaba la producción cultural de su tiempo y que iba transformándose con gran ímpetu en un vehículo de enajenación y manipulación de ideologías políticas entre los individuos de la sociedad. Escribieron un ensayo titulado: “La industria cultural, ilustración como engaño de masas”. En el que destacaron que la radio y la música, se producían en serie, tal como se fabrican los automóviles en las empresas ensambladoras, con el fin de industrializar el arte y convertirlo en un producto que sirva para el control de la gente y las masas populares. 

Hasta la fecha, siguen vigentes sus aseveraciones, filosófico/ sociológicas por  continúar tratando de discernir o dar explicación del por qué, la música moderna es más ruidosa, es más directa al expresar mensajes o ideas e incluso, se podría decir que es mucho más alusiva a conceptos de violencia, sexo implícito o gráfico descriptivo, alienación o manipulación dirigida a la audiencia juvenil.

La dominación ideológica/ económica y su impacto para la descomposición social de la actualidad
En su obra crítica el filósofo Guy Debord (1967) expresa que: “El espectáculo es la ideología por excelencia porque expone y manifiesta en su plenitud la esencia de todo sistema ideológico: El empobrecimiento, el sometimiento y la negación de la vida real…, es la << nueva dominación del engaño >>”.  Tanto la cultura, la música, la pintura o cualquier manifestación artística se han convertido en estos tiempos, en una mercancía que ha llegado a la ocupación total de la vida social. A partir de la primer década del siglo XXI, la música popular se ha convertido en una industria sin sentido moral ni sentido crítico o de expresión de la belleza, para sólo percibirse como un producto de consumo rápido, carente de experimentación o profundidad emocional, en la que únicamente se construye de forma algorítmica, diseñada para estribillos virales y repetitivos.

Este fenómeno capitalista, ha sido empleado para la manipulación y alienación de la población a su beneficio en el campo de las expresiones artísticas y culturales. El aparato ideológico de gobierno junto con el empresarial, se han hecho cargo de tergiversar la realidad, haciéndonos creer que el progreso de la sociedad y de la ideología humana, ha revolucionado para el progreso material y tecnológico, pero esa falacia se distingue claramente al denotarse una clara mercantilización de la cultura y el arte, porque toda expresión artística se ha reducido como un producto de consumo rápido y homogéneo, diseñado para entretener y distraer más que para invitar al pensamiento crítico y profundo. En su célebre ensayo, Louis Althouser (1970), sostiene que: “para que un sistema (como el capitalismo) sobreviva, no solo necesita reprimir a la población, sino convencerla de que el sistema es natural y correcto. Para lograrlo, el Estado se apoya de instituciones culturales y sociales y no en la fuerza”. 

Una acepción de la fenomenología de la percepción en la era digital
Cada uno de los elementos antes descritos, guardan relación con el estudio de los fenómenos actuales en nuestra sociedad y el sociólogo alemán Zygmunt Baumman (2000), utiliza el término de modernidad líquida” para describir a la sociedad actual, caracterizada por la inestabilidad y el cambio constante. Lo que significa que tiempo atrás, los productos elaborados para el mercado de consumo, los valores y las estructuras sociales eran más “sólidas” y hoy todo resulta ser volátil, indiferente, efímero o de muy corta duración, así como desechable y hasta tal punto, las manifestaciones artísticas, han adoptado este sistema para reciclar rondós o figuras musicales  como un producto que sólo otorgue ganancias económicas y de manera impronta a las élites empresariales; haciendo uso de la participación de seudo artistas, que poco o nada conocen de los sistemas de composición y de creación artística, del feeling o de las estructuras académico -musicales con las que se construyen temas con mejores propuestas audibles y compositivas.

Por otra parte, existen más elementos que favorecen la colonialidad del discurso lingüístico en la música popular y el filósofo francés, Maurice Merleau-Ponty (1945/1993), retoma la fenomenología y el existencialismo propuesto por el matemático inglés Edmund Husserl, haciendo una distinción muy diferente al sostener que: “La mente y el cuerpo no están separados”; argumentando también que: “El cuerpo no es sólo un vehículo o una máquina, sino nuestro anclaje en el mundo. A través de nuestros sentidos y movimientos, interactuamos, comprendemos y le damos significado a la realidad antes de poder explicarla racionalmente”. Lo que significa que la gran masificación social está expuesta a ser manipulada por las nuevas tendencias artísticas, porque a través de la percepción, del placer y del gusto, es como también se asimila todo lo que nos rodea y al escuchar los subgéneros musicales como el reggaetón, los narcocorridos o corridos tumbados, se relaciona el discurso lingüístico musical con la historia, el contexto, la fantasía de poder, el respeto, la  lealtad y el lujo.

Referencias bibliográficas
-Adorno, T. W., y Horkheimer, M. (1944/1998). «La industria cultural. Ilustración como engaño de masas». En Dialéctica de la Ilustración. Madrid: Editorial Trotta, pp. 165-212.
-Althusser, L. (1970). Ideología y Aparatos de estado. Freud y Lacan. Buenos Aires. Argentina. Ediciones Nueva Visión Buenos Aires. En Universidad Nacional Andrés Bello.
-Bauman, Z. (2000). Modernidad Líquida. México. Editorial. Fondo de Cultura Económica.
-Debord, Guy. (1967). La Sociedad del Espectáculo. España. Edit. Pre-textos. Traducción al español, José Luis Pardo.
-Merleau-Ponty, M. (1945/1993). Fenomenología de la Percepción. [Traducción de J. Cabanes]. México. Editorial Planeta/ Paidós