Ecos del Mundial, la identidad mexicana, parte II

Gentrificación post mundial

Por Victoria Falcón Aguila

«¡Y si sí?», esta frase que se hizo viral en redes sociales, tradujo el deseo de que México fuera campeón en este Mundial 2026. Pero solo se llegó hasta la ronda de octavos de final, logrando nuestra selección nacional, el noveno lugar general, sin poder obtener el campeonato; aún así, los mexicanos con título o sin él, seguimos siendo el Rey como dice la canción.

Y no, no es nacionalismo sin fundamento; sucede que México es punta de lanza en América latina, siendo la segunda economía de la región y la doceava a nivel global; unido a su gran mercado interno y sólida red de tratados de libre comercio, teniendo a Estados Unidos como principal socio comercial; además es un puente geográfico que une a Norteamérica con Centro y Sudamérica, facilitando el flujo de inversiones y capitales.

Es potencia exportadora, turística, gastronómica y cultural; esto se vio reflejado en la fiesta futbolera que está por terminar y que dejó una derrama económica nacional entre los 50 mil millones de pesos y los 2,543 millones de dólares, según estimaciones oficiales del Gobierno y estudios del sector privado; aunque esto refleje un 7% menor a lo esperado. Los sectores más beneficiados fueron la gastronomía y el comercio minorista, el alojamiento y transporte, dejando una grata impresión en los visitantes extranjeros quienes regresarán a  su país y seguramente, compartirán sus grandes experiencias, dando publicidad a nuestro país como un anfitrión que tiene las puertas abiertas para el mundo entero.

Hasta aquí, todo bien; sin embargo, al obtener tanta visibilidad a nivel global, muchos extranjeros optarán por venir a vivir a nuestro país, poniéndose en riesgo barrios y comunidades, debido a la gentrificación que provoca especulación inmobiliaria y un aumento sin control de los alquileres. Los comercios locales tradicionales junto con familias que han vivido por generaciones en esos barrios, se verán obligadas a trasladarse a lugares accesibles a su economía, dejando en claro una brecha social pues serán desplazados por personas que vendrán con salarios más altos; perdiéndose así, el tejido social y la identidad barrial. Los beneficios económicos, ya no serán para ese barrio, ni para sus tradicionales habitantes; sino para empresas, muchas veces extranjeras.

De acuerdo con datos del INEGI, la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) y el Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG), en las últimas dos décadas, en el Área Metropolitana de Guadalajara, el costo de las propiedades, se disparó un 273%, rebasando por 58 puntos porcentuales a la inflación acumulada y las rentas de un departamento de dos recamaras oscilan entre los $17,000 y $21,000 pesos, siendo las colonias más afectadas la Americana, Ladrón de Guevara, Centro, Lafayette, Chapultepec y Santa Teresita.

El desplazamiento forzado trae consigo el aburguesamiento que solo provoca el consumo, pero no produce; también otra consecuencia, es el desarraigo cultural trasformando la identidad, perdiéndose el patrimonio económico-social de los barrios originarios, que históricamente han generado redes de cooperación y comercio, reforzando la economía del barrio. Con este proceso urbano, los productos antes vendidos en los mercaditos, son desplazados por los gourmet; las casonas son compradas para transformarlas en restaurantes hoteles, bares o cafeterías, cambiando el uso del suelo; esto crea una competencia desleal a los pequeños comercios y los oficios tradicionales llevándolos a la quiebra más la pérdida de empleos, debido al cambio en el perfil de consumo. La plusvalía crece, pero el salario promedio (o sea lo que realmente se gana en la práctica), no.

Algunos países y México, han tomado medidas legislativas en pos de frenar la gentrificación para proteger el derecho humano a una vivienda digna tutelado por el derecho internacional y la constitución; pero si no se pone énfasis en el cuidado de la especulación inmobiliaria con el aumento artificial de los precios en busca de las altas ganancias, la oferta de vivienda seguirá  encareciendo los precios de compra y renta, acelerando la gentrificación, así como el desplazamiento de las comunidades locales y la perdida de pertenencia e identidad.

Ecos del Mundial, Utopías Lisérgicas y una Vida de Consumo

Por: Mario Arturo Segoviano Gutiérrez
Doctor en Pedagogía Crítica y Educación Popular

Dualidad profunda o ensoñaciones nostálgicas  
“Panem et circenses”, “Pan y circo al pueblo”. Expresión reminiscente que nos lleva a la antigua Roma y que fue expresada por el poeta satírico, Décimo Junio Juvenal. Desde el siglo I-II d.c. con los preceptos de la narrativa política y popular que anteriormente se distinguía entre los romanos por pelear por libertad, poder político y honor militar y que posteriormente, gracias a la manipulación de sus soberanos, los habrían orillado a solicitar sólo dos cosas del gobierno: reparto gratuito de trigo para no morirse de hambre y juegos de circo, (Gladiadores, carreras de carros, ejecuciones públicas en el coliseo, utilización de bestias salvajes para que las luchas y los embates resultaran sangrientas y llamativas al morbo de los espectadores); entretenidos y sin pensar en otra cuestión, únicamente en cualquier cosa que pudiera distraerlos de sus pensamientos críticos y su hambre.

Ahora en la actualidad se le conoce como evasión, como una dualidad profunda para aliviar el dolor, el spleen o la amargura de los problemas que enfrenta el ser humano en su vida diaria. Los eventos circenses se proyectan a diario para entumecer el ánimo, la conciencia y el pensamiento por medio de diferentes canales y elementos materiales en la comunicación (el internet, la radio, la televisión o las redes sociales), convirtiéndose en el placebo común y genérico que disfraza de ensoñación y de nostalgia, las necesidades y las apariencias contenidas en el deseo de cada habitante del mundo.

El actual evento futbolístico del “MUNDIAL” deja ecos que profundizan en la intimidad de la conciencia, en el dolor de la ensoñación al ver perder al equipo favorito; creyendo que si se hubiera alcanzado la victoria, podrían obtenerse en las apuestas un desahogo económico efímero para subsistir o para regodearse de un orgullo ajeno que no le pertenece.

Una realidad inalterada
¡La realidad cruda es otra! Y los paraísos artificiales se asemejan al opio, al vino o al hachís por ser la máxima predilección en el hombre para evadir su realidad. Cada cuatro años, esta retórica semejanza, se acerca cuando el consumismo por ver a través de un monitor, la disputa de las selecciones entre distintos países jugándose una copa mundial, distrae la certera conciencia y el pensamiento crítico, porque resulta dulce y satisfactorio el consumo de dichas engañifas terapéuticas para distraernos de la realidad constante e inalterada que nos consume y nos absorbe, tal como lo afirma el poeta francés, Charles Baudelaire (2005), de la siguiente manera al referirse al vino como: “Profundas alegrías del vino, ¿Quién no os ha conocido? Quienquiera haya precisado apaciguar en remordimiento, evocar un recuerdo, anegar un dolor, forjarse una quimera, todos han invocado, dios misterioso oculto en las fibras de la viña. ¡Qué grandes son los espectáculos del vino, iluminados por el sol interior! ¡Qué verdadera y ardiente es esta segunda juventud que el hombre halla en el vino! Pero ¡Qué temibles son asimismo sus enervantes hechizos!”. ¡Claro que sí! Porque la cruda realidad llega de golpe y tenemos que seguir como sea posible o a cuestas y hacia adelante.

Chauvinismo exacerbado o excepcionalismo cultural
El fútbol nos une y cuando se trata de responder ante la defensa de nuestro equipo nacional los mexicanos gritan con clamor exacerbado las notas discursivas del himno nacional  disponiéndose firmes para responder con guerra y sin tregua por el nacionalismo mal infundado que corre por su sangre intoxicada por el alcohol y todo contrincante extranjero se tendrá que atener a las consecuencias en cualquier enfrentamiento a los abucheos del repudio, los silbidos ofensivos o en casos extremos de hooliganismo, como se dio el caso de una joven que en su acción de vituperar, arrojo un vaso con liquido a un ciudadano nada más por portar el jersey del equipo contrario.

El exagerado amor por la camiseta que representa a una nación llega a convertirse en un problema excepcional con grandes dimensiones, porque con el calor en la sangre por las bebidas etílicas y embriagantes, llega a despertar el alter ego escondido del algunos “mala copas” cuando se pierde un encuentro, o por qué no, hasta cuando se gana. Las desaforadas conductas de una cantidad importante de aficionados terminan generándose en disturbios, riñas campales, trifulcas, grescas y el odio en las interaficiones.

Caso contrario, nace una hermandad irrisoria cuando la afición de un país como el nuestro, se hermana con otra nación extranjera, al sentir el deseo de que el equipo que va a jugar contra quienes derrotaron a nuestra representatividad nacional, los adoptamos en sus formas de vitorear a su equipo, como ejemplo: (Muchos mexicanos portando la camiseta del equipo nacional de Noruega) y entonando al ritmo del “Viking Clap” o “Thunderclap” (que en español significa) “Aplauso vikingo o “Atronador” que consiste en la consecución a un ritmo, donde toda la afición aplaude y grita “¡Huh!” al mismo tiempo, iniciando de forma lenta y van acelerando hasta volverse frenéticos más de 10,000 personas en sincronía como un solo cuerpo.

Todo esto se resume de la siguiente manera: El “Viking Clap” es comunalidad europea visto en clave por la industria cultural. Todos trabajan al ritmo sonoro gratis para empujar a su equipo al triunfo. No hubo en este caso quien lo manipulara. Ninguna industria mercantil ni medio masivo que lo creara. Fue la misma gente quien lo impulsó. Resultando como una pedagogía inversa porque “no consumes el espectáculo, tú eres el espectáculo” y es como nace el sentido interracial del excepcionalismo cultural porque aprendemos que cuando hay creatividad, la empatía comienza a reflejarse entre los ciudadanos de cualquier nación, generándose la hermandad y la tolerancia por el respeto a las diferentes formas del pensamiento humano.

Referencias bibliográficas
-Baudelaire, Charles. (2005). Los Paraísos Artificiales. Acerca del Vino y el Hachís. México DF. Distribuciones Fontamara, S. A.  
-Bauman, Zigmunt. (2022). Vida de Consumo. México. Fondo de Cultura Económica. FCE. Novena Edición.