Ecos del Mundial, La identidad mexicana, Parte I

Por: Victoria Falcón Aguila

Llegó el Mundial 2026 a México, y sin tardar, los mexicanos se organizaron para salir a festejar y recibir a los extranjeros con una bienvenida como en ningún otro país. Y aunque se sintió la exclusión masiva de las clases populares debido a la gentrificación y los precios de los boletos; las masas antes polarizadas, se unieron temporalmente colocándose la camiseta para celebrar colectivamente.

Entonces, el mundo conoció al México nato, a ese que los extranjeros no logran entender y dudo que aun viviendo en este país, logren digerirlo por completo; pues tratan de interpretarlo desde estándares eurocéntricos o individuales, provenientes de su propia cultura. El choque cultural fue inmediato; en países de Asia, el contacto físico como abrazos, besos o palmadas, no es común. Esto para ellos, es como una invasión al espacio personal o una falta de etiqueta; pero en México, la comunicación interpersonal es normal y cotidiana; el intercambio verbal y no verbal que conlleva un lenguaje corporal, tono de voz y expresiones faciales, aunado a un saludo de mano o en la mejilla, es  todo un proceso de intercambio de información.

El lenguaje de la amabilidad, puede resultar extraño para algunos; pues, el tono del mexicano es naturalmente positivo y hospitalario, aun cuando pase por situaciones adversas; esto confunde a los extranjeros ya que creen que no tomamos con seriedad a las dificultades o que ignoramos los problemas; pero no, lo que sucede es que el mexicano tiene una gran capacidad psicológica para adaptarse y recuperarse de la adversidad. La llamada resiliencia le otorga al pueblo mexicano confianza en sí mismo, autonomía, decisión y perseverancia. Por eso, la solidaridad es innata, así como la alegría y el buen humor.

Cualquiera que hable español sabe que “ahorita” es el diminutivo de «ahora». Sin embargo, en México, su significado es flexible, puede indicar que algo pasará pronto, en un futuro indefinido, o usado para declinar una petición amablemente. Este manejo del tiempo puede generar conflicto en personas acostumbradas a ser puntuales; esto no significa que el mexicano no lo sea. Lo que sucede es que valora más el tiempo relacional; es decir: convivir con amigos y/o familiares estando presente; el “aquí y ahora”, es más valioso que la puntualidad; porque la familia extendida, es un soporte afectivo de contención emocional y que de necesitarse, se convierte en un apoyo económico y social. Ejemplo fue la selección mexicana de futbol, que se destacó por una fuerte unión, junto al sentido de pertenencia reforzada por la eliminación de jerarquías.

Nuestra identidad poblacional se construyó a partir de la pertenencia a un solo grupo humano, “somos mexicanos”. Y aunque México tiene 32 entidades federativas; es decir, 32 estados libres y soberanos (autónomos para manejar sus asuntos internos), se mantienen unidos bajo un gobierno central que regula los intereses de todo el país; y si lo vemos con la mentalidad de familia del mexicano; todos somos una y la nación es nuestra madre, el núcleo de identidad. El honor y el ser mexicanos, son fundamentales; de ahí nuestro gran amor a la Patria y el respeto a nuestros Símbolos Patrios.

Por eso, el mexicano tiene la necesidad de las celebraciones ya sean cívicas, religiosas o de esparcimiento; esto es vital para mantenerse unidos y el mundial, fue un pretexto más para festejar.

Estimado lector: en este mes de julio, seguiremos con los ecos del mundial.
Hasta la próxima.

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