Por: Oscar Trejo Zaragoza
Cuando una vida se sustenta en aportaciones, bien vale la pena relatar en las páginas de un libro ese tránsito, pero más aún, cuando se ha difundido arte y cultura cotidianamente desde hace más de cinco décadas, repletas de vivencias variopintas que han fortalecido las convicciones y la misión trazada desde la frontera inicial.
Cincuenta, sin cuenta de José Ruiz Mercado, es justamente eso, la historia del recorrido por las brechas que se tienen que caminar a través de este escenario repleto de ángeles y demonios llamado cultura; como dramaturgo, poeta, investigador, ensayista, director y también como público.
Pepe junta sus pasos, desde el primero hasta los más recientes, que permanecerán como testigos de una actividad, de un tiempo y espacio compartidos. El autor, incorporó su carreta a la caravana de la literatura jalisciense para ya no salir de ella jamás.
Mención aparte merece la pulcra edición de Editorial Ariadna, que poco a poco se ha ido ganando un lugar en el escenario editorial mexicano. Con un excelente diseño de su portada y una formación y diagramación que hacen accesible su lectura, Cincuenta, sin cuenta, es una muestra más del gran trabajo editorial de su directora, Catalina Miranda.
Y hoy, José Ruiz Mercado le sigue buscando la cuadratura al círculo teatral como si estuviera dando sus primeros pasos. Basta con revisar fechas y temas que aborda en estos Cincuenta, sin cuenta, para entender la naturaleza del autor. Conserva esa permanente inquietud por explorar, investigar, analizar y escribir, con disciplina y rigor académico. No se fatiga; o al menos eso parece.
En 132 páginas sintetiza el tiempo que ha invertido en su trabajo cultural; creo que lo comprimió en exceso. Hay hechos que se le quedaron en el tintero que considero trascendentes, que omitió consciente o inconscientemente. O tal vez los tiene reservados para cuando escriba su memoria; si, memoria en singular, porque solo tenemos una, diferenciada o cronológica, buena o mala; pero nos gusta decirle “memorias”. Pero para lo anterior, aún no llega la fecha; todavía hay tiempo para ejercer la creatividad. Sigue desarrollando su propia puesta en escena… qué bueno.
El libro es un anecdotario, un recuento a vuelo de pájaro, un testimonio, un pase de lista; pero a su vez es un recordatorio de que cuando se tienen convicciones y se adquiere un compromiso para consigo mismo, se construye una carrera y se honra una vocación.
El volumen cimienta un posible trabajo más acucioso de como librar las batallas cotidianas para ganarse la permanencia en una actividad por demás compleja y siempre en movimiento. Hacer y promover cultura en sociedades como la nuestra, no solo tiene tintes masoquistas, sino abiertamente demenciales. Sí, quise decir que José Ruiz Mercado está loco, como la mayoría de los aquí presentes, que además estamos convencidos de que esa locura creativa, nos permite sobrevivir en un mundo cada día más convulsionado, que encuentra en el arte y la cultura el oxígeno necesario para vivir.
Gracias a personajes como el autor y a todas aquellas y aquellos que día a día nutren el microcosmos cultural en el que transitamos, encontramos razones suficientes para demostrar, como Pepe, que se eligió el camino correcto; como creadores o diletantes.
Valgan estás escasas palabras, para celebrar los primeros cincuenta de un ser comprometido con lo que es y con lo que hace. Gracias Pepe.