Nací en la tierra, apenas cubierta por unos
trapos y un montón de ilusiones.
E. S.
Por: Alejandro Ostoa
De chica quería ser puta. El deseo al descubierto, novela de Elena Sevilla, alcanza su sexta edición, ahora con un sello que la anuncia como best seller. El llegar a tal número de ediciones es reflejo de la calidad e interés por este disfrutable trabajo narrativo, que no es de inmediatez. A esta edición se le añadió el subtítulo El deseo al descubierto. Aunque la novela ha tenido presentaciones ante público en ferias y recintos importantes, el título, tan franco y alusivo, ha sido impedimento moralino para mayor difusión. (Vaya como ejemplo la corrección que tuvo la obra de teatro que tras breve temporada cambió el título por El coyote inválido -a ustedes les toca investigar el del estreno-).
El hilo conductor es la narradora (personaje singular, ejemplo de superación, mujer crítica, paciente como escucha, pero con criterio personal. Ella sigue en espera del ser amado, pero no como obsesión, sino como conexión ideal). Llega a su departamento colonial en Los Reyes, Coyoacán, recién adquirido. Poder ascender económica y socialmente ha sido una de sus constantes. Ella, hija de una sirvienta (la palabra no debe espantarnos), crece sin padre, pero tiene hábitos (conste que no deseos) de superación, estudia para ser profesionista e ir dejando la vida precaria, en viviendas paupérrimas. No le perdona a su madre, de quien se hará cargo, que condescienda a que un licenciado salga (más bien entre) con la entonces muy joven, como una capillita. Ella se rebela. (La línea argumental podría ser melodramática, pero debido a los caracteres de este personaje, no llega a este manido género). Ella es inteligente, harta de que para poder conseguir una situación estable continúe en el empleo donde no encuentra crecimiento. Es observadora, sus sentimientos difieren, como debe ser, con cada uno de los demás personajes. La intuición la asiste. Cuidado, arreglo, orden y tiempo para su relajamiento, son formas de disfrutarse.
Los capítulos (68) se desarrollan ante situaciones de mujeres de diversas edades, mentalidades, formaciones, responsabilidades y superficialidades, además de mitomanías. Se intercalan, certeramente, algunos sucesos directos de ella y de su madre. Esta hilandera narrativa se convierte, sin proponérselo, en confesionaria y sicóloga de las demás. También, por la cercanía de los departamentos, es vouyerista.
Aventuras, conflictos, deseos, escarceos, coqueteos, voluptuosidades, apetencias y furores, recaen en el confesionario de los personajes de esta novela. El deseo al descubierto. Cada una a sus maneras, métodos, prácticas, trucos, supercherías y demás sutilezas. Los hombres sólo son sombras que, en ocasiones, clarifican los ahogantes ambientes.
Tres son las personajes que rompen los esquemas de las vecinas: una señora que adquiere bríos para divertirse, una adolescente y la narradora. A las demás, con el sexo –o la plática sobre él– se le hace agua la boca, se les mojan las paredes, les chacualea el nido y se les hinchan los ovarios.
El título surge del deseo de una de las mujeres (Marisa) cuando era niña, deseando lucir elegante, como la prostituta de la vecindad, con maquillaje, atuendo llamativo y zapatillas.
Mencioné que este libro no responde a la inmediatez, porque el tono no es amarillista y ha permanecido debido a los caracteres de personajes que responden a situaciones con interesantes planteamientos.
La narradora huye de la pobreza, las transas inmobiliarias y bancarias la esquilman, teniendo que salir de ese hábitat, con nostalgia. “Huimos tanto de la soledad que no queremos ver que morimos en ella”.
De chica quería ser puta es la primera novela publicadade Elena Sevilla, a la que le siguen De princesa a perra; Yo zorra, tú niña bien y En un hotel de paso.
Entre encamamientos, frustraciones, cotidianeidades, endeudamientos para cubrir apariencias y decisiones de toda índole, con sus respectivas consecuencias, se vive esta narrativa que parte De chica quería ser puta, a la madurez novelada, con bien formada sicologías de personajes, atmósferas, ámbitos y conflictos, para disfrutar El deseo al descubierto.
Esta es una insinuación para darle seguimiento a las demás obras de Elena Sevilla.