Murciélago Teatral a Casi un Siglo

Por: Alejandro Ostoa

El teatro, aunque efímero, registra su historia. Este movimiento, denominado Teatro del Murciélago, se orientó en la oscuridad y percibió el instinto de los espectadores.

El Teatro del Murciélago surge en 1924, como un teatro nacionalista. Fue fundado por Luis Quintanilla con el fin de adaptar al teatro, de manera estilizada, danzas y elementos folclóricos de México.

Quintanilla expresó: “Un día, en Nueva York, conocí el teatro ruso de la Chauve-Souris, y este me hizo recordar que México tiene más color que Rusia. Desde aquel día, la idea de crear un espectáculo semejante en mi país, con elementos exclusivamente nacionales y desarrollando temas de la vida mexicana, se fijó en mí como una obsesión. Hoy, la colaboración de los artistas Carlos González y Francisco Domínguez me permite realizar esa idea.

“Hemos titulado murciélago, porque es la traducción de ese teatro ruso… El organdí dominguero de nuestras chicas, la perfecta cursilería de nuestras colonias, los camiones y los fifís son tan característicos de nuestra vida nacional como las costumbres más románticas de nuestros pueblos o el ritmo soberbio y salvaje de las danzas indígenas. “El teatro Mexicano del Murciélago es una tienda de juguetes para el alma.”

Después de presentarse al aire libre, lo hacen en el Teatro Principal con los cuadros El juego de los viejitos, danza humorística de Michoacán. Los fifís, Aparador y Camiones, se constituyen en cuadros típicos de la ciudad; La danza de los moros, recoge una fiesta en honor de los Reyes Magos y La ofrenda, muestra la ceremonia tradicional del día de muertos en la isla de Janitzio, con sones y bailables indígenas. Los decorados corren a cargo de Carlos E. González, Francisco Domínguez reúne y hace el arreglo de la música. Después del fracaso económico de este experimento, El Murciélago bajó el telón durante casi dos años. A finales de 1926, retirados del teatro, Quintanilla y Domínguez, Carlos E. González se une a los críticos Júbilo y Jacobo Dalevuelta, con el escritor Ermilo Abreu Gómez y el compositor Tata Nacho para continuar con el proyecto de Quintanilla. El Murciélago se convierte en un experimento dentro de otro que es la Casa del Estudiante Indígena, donde se puede recurrir a un tipo humano idóneo. La docilidad del indígena venido de cualquier rumbo mexicano se incendia en los breves cuadros de las obras Vivac y Casamiento de indios, realizados por Júbilo; La Tona, escrito por Jacobo Dalevuelta y La Xtabay, escrita y dirigida por Abreu Gómez. Al parecer estas representaciones no cubren con las medidas teatrales tradicionales de aquellos tiempos, pero satisfacen, condensadas, los valores estéticos de la escena, ya que lo más admirable de este experimento fue lo plástico, el timbre personal, la imagen de los valores humanos y estéticos de aquel México cuyo juego se acentuaba en los medios expresivos. Por ello, este tipo de espectáculos abre nuevos rumbos y hace escuela, porque dentro del elemento folclórico en lo lírico y en la construcción dramática de sus diálogos, proporciona materiales inéditos que de inmediato aprovecha el género de la revista mexicana, hijastra a su vez de la fiesta folclórica.

Es merecido recordar a Carlos E. González, quien escondiera en la abreviatura de E, el nombre de Epigmenio, nació en 1893 y falleció en 1961, ambos acontecimientos en la Ciudad de México. Pintor, escenógrafo, promotor teatral y folclorista. Promovió la realización del Teatro Regional en Teotihuacan en la década de los veinte. Realizó más de medio centenar de escenografías, entre ellas la de La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, en 1934, con la cual se inauguró el teatro de Bellas Artes, dirigida por Alfredo Gómez de la Vega. Participó activamente en la creación del Teatro Orientación, realizando novedosas propuestas escénicas en la obra O´Neill, Lázaro rió., de O´Neill.

Además de ser pionero en el cine nacional, en la Compañía Azteca Films, ambientando escenarios de la película El automóvil gris, realizó varios diseños escenográficos para el séptimo arte. Colaboró con el antropólogo Manuel Gamio, en la reproducción de códices prehispánicos, el diseño de vestuario y la decoración -primero del corto y luego de la obra teatral –Tlahuicole.

Carlos E. González dedicaría su vida al rescate y registro de la música y las danzas populares, la pintura mural y de caballete.

En 1940 realizó el mural del Café Tacuba, en la Ciudad de México y diez años después en el Comité Pro-Americanistas de Phoenix, Arizona

Este personaje vivió durante dos años en Toluca, en la calle de Matamoros.

En la Biblioteca José María Heredia y Heredia, existen dos murales de su creación., que remiten a la cultura popular, incluyendo instrumentos musicales y danza, la producción de artesanías y el Día de Muertos. Fue inaugurado en 1943, como Pabellón de Turismo y el desaparecido Museo de Arte Popular de Toluca.

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