Roberto Javier Hernández El Pelón y la Compañía de Teatro en Vecindades

(Segundo acto)

Por: Alejandro Ostoa

La botella se rompió tras que Juan Pablo de Tavira, el padre Hamlet, recibió el golpe. Tavira reaccionó profesionalmente. Terminada la función El Pelón agradeció a todos: “Chingón, cabrones”. Al final, mandó recoger los restos de la “botella” que quedaron en el escenario, pues los pedazos de brea, si se entregaban al productor de las botellas, salía menos cara la realización de esa utilería.

En algunos lugares dimos funciones, con una obra alegórica contra las adicciones, era una fábula en la que el protagonista probaba “polvos mágicos” y vivía fuera de la realidad. El público llegaba, gran parte eran de chavos chemeando, con la mona, con el flan, con la mirada extraviada. Raro. Estaban expectantes, se codeaban ante las situaciones en que el protagonista se drogaba, les daba risa, se decían “se parece a ti”. El programa fue un éxito, se llamó “Vive activo sin activo”.

Nos distanciamos, no por enojo, sino por verdaderas distancias físicas. Me invitó a dar un taller con una asociación de payasos. Roberto era respetado por ese gremio, les exigía profesionalizarse, eliminar los pastelazos, los lugares comunes y mostrarse creativos. Les hizo entender los distintos tipos de payasos, el significado de maquillaje y vestuario. Planteaba rutinas, tempo, ritmo, de la significación y dignificación del payaso. Se acercaba un congreso internacional; ese fue el motivo de mi presencia, impartir un taller de dramaturgia. Las sesiones fueron interesantes debido a la diversidad de los asistentes. Entre improvisaciones y escritura se desarrolló el taller. El presidente de la asociación nos informó del congreso a realizarse y del programa. El número estelar sería la presentación de un payaso que aparecía en televisión. Yo estuve en desacuerdo. Le plantee que, si se me había convocado para escritura, no permitiría, que los aplausos se los llevara alguien comercial, que escogería un sketch escrito por alguno de los integrantes. Se hicieron trabajos grupales y el ganador fue uno sobre béisbol, fársico, con autoescarnio, humor negro. Los demás integrantes de la asociación participaron en distintas tareas, desde traspintes, tramoyistas, seguimiento de ensayos y eventualidades. El pelón dirigió. Llego el día de la inauguración, en el teatro Jiménez Rueda. Tocó el turno del número estelar y, como dirían los críticos de antaño, “fue la apoteosis”.

Cuando salíamos de las sesiones de ese taller, caminábamos por la Ciudad de México e íbamos a comer, me comentaba de su labor con los luchadores profesionales, a quienes, sin que fueran conscientes, les daba clases de actuación, desde vestuario, significado de personaje; es decir, la creación de personaje.

Los hizo crecer, proyectando la energía desde el ring, todo con el CMLL. Ahí era conocido como el Profe Richi. Después, a Roberto, le tocó seguir luchando, con los conflictos –ya no de la escena teatral–, sino de la incertidumbre, con las caídas –sin límite de tiempo–, la pandemia llegó. La empresa lo abandonó. Escasearon hasta desaparecer los pagos. ¡Qué indignante! Otra vez le arrancaron la cabellera, le aplicaron la quebradora, guillotina. Las llamadas telefónicas entre nosotros se hicieron más frecuentes. Mientras, la diabetes se acrecentaba. Finalmente, el 29 de octubre de 2021, partió por el foso del escenario, pero su huella quedó. Y muchos tenemos los pelos en la mano para hablar del querido Pelón.

Vayamos a un recorrido ultra veloz de la Compañía de Teatro en Vecindades. Los patios de vecindad se convirtieron en escenario, muchas remodeladas tras los sismos del 85. Los inquilinos, vecinos y público en general teníamos un espacio para ver nuevas propuestas teatrales con profesionales de la escena, con entrada libre. El debut de esta institución fue el 17 de marzo de 1988, en el patio de vecindad una vecindad  con Pareces un Otelo, paráfrasis de Shakespeare, a la que le siguieron, con el mismo tono, a la mexicana, obras shakespereanas, en un ámbito popular, Como un sueño, Tinta sangre, Quítate tú pa’ ponerme yo y El otro espectro de Hamlet. Además de Los inquilinos de Satán, Jugaremos en el bosque, ¿Alguien dijo dragón?, de Lyra y Guillermo Cuevas, La tortura, sobre texto de Duras y Sartre, Banderillas de fuego, de Filadelfo Sandoval y La muerte de Alfredo Gris, de Santana.

El telón permanece abierto. Roberto es el cenital que se hace presente en el teatro popular.

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