Beatriz Falero Una Vida en Cuentos

Narradora Oral Escénica Carismática e Imaginativa

Por Catalina Miranda

Beatriz Falero, narradora oral escénica, aprendió a contar cuentos en la Ciudad de México, en el Taller de Francisco Garzón Céspedes (Cuba, 1947), quien la llevó, con sus demás compañeros, a la emblemática Plaza de Santa Catarina, en Coyoacán, para que empezaran a contar ante el público. Les recomendó que no se quedaran ahí, que se fueran a otro lugar en el que pasara más gente. Después de varias vicisitudes, sus compañeros se establecieron en La Conchita, ahí mismo en Coyoacán, pero no duraron mucho. El grupo se dispersó y Beatriz se quedó sola en la Plaza de Santa Catarina.

   Me cuenta Beatriz: “Nunca pensé en tener un grupo, las cosas se fueron dando, me cayeron de allá arriba. Fue por constancia y porque la Casa de Cultura de Coyoacán me pidió que trabajara con ellos. El taller con el que empecé lo di en la plaza. Unos se sentaban con cojines en el suelo, y otros en las bancas”.

   Beatriz Falero es una mujer muy imaginativa, una soñadora a ojos abiertos, sumamente fantasiosa. Cuando sus hijos eran pequeños los llevaba de día de campo a la sala sobre el linóleo de flores que tenía en su casa: “En un canasto ponía las tortas, agüita de limón, y nos sentábamos ahí a comer, lo cual les encantaba y a mí también”.

   Un día, sus hijos le pidieron tener un perro: “Les dije que no se podía, porque vivíamos en un departamentito, y que yo trabajaba todo el día. Lloraron y lloraron, me dijeron y me dijeron. Yo no sabía qué hacer. En la noche se me ocurrió forrar una cajita de zapatos como si fuera un regalo. Se los mostré: ‘Miren lo que les traigo’, se emocionaron, abrieron la caja, pero no había nada adentro, me dijeron: ‘No hay nada’, les dije: ‘¿Cómo que no hay nada?, ¡es un perrito fantasma!’. A partir de ese día tuvimos un perrito fantasma. De repente me decían: ‘Mira, mamá, ya aprendió a bailar cha cha chá’. Ponían aros para que brincara el perrito; también caminaba en dos patas. Así era toda la vida. Mis tías me iban a visitar, y mis hijos decían: ‘Mira, tía, te vamos a enseñar lo que aprendió a hacer Manchitas’. Mis tías me veían como diciendo, ‘¿Tienes hijos locos o la loca eres tú?’. El psicólogo me recomendó no seguir haciendo eso porque los niños de por sí eran fantasiosos, que a dónde los estaba yo llevando. Entonces regalé a Manchitas, lo di en adopción. Por eso digo que yo he vivido imaginando todo el tiempo”.

   Así es ella, lleva décadas imaginando. Inventa hasta mezclar la realidad con la ficción. Esa magia la ha ejercido durante más de 35 años, los domingos en la Plaza de Santa Catarina, lugar que gracias a su constancia no necesita publicidad. Y a ella la conocen e identifican en toda la ciudad, en todo México y en muchos países también.

   La narración oral escénica es su vida: “¿Qué más puedo decir? El ochenta por ciento de mi tiempo lo dedico a hacer cosas para la cuentería: estoy preparando la clase o estoy estudiando… ésa es toda mi vida”.

   Falero es fundadora de la Asociación Mexicana de Narradores Orales Escénicos (AMENA), así como de la Casa del Cuento, lugar que tuvo gran auge, dentro del Centro Cultural El Juglar, donde se reunían los jueves para presentar espectáculos. Es fundadora y directora general de la NAO (Narradores Orales de Santa Catarina); creadora de varios festivales, entre ellos uno que convoca a narradores de todo el mundo desde hace 37 años: “Festival Internacional de Narración Oral. Octubre Mes de los Cuentos”. 

   En Xochimilco, sobre todo en Día de Muertos, Beatriz organizó recorridos a los que llamó “Cuentos y Cantos en Trajinera”, en los que se contaban leyendas de la zona: “Conoce Xochimilco a través de sus leyendas. Viaja en una trajinera, acompañado/a por cantos, las cuerdas de la guitarra y la melodía de las palabras de una cuentera; la luna, los árboles sagrados de Xochimilco ‘Quetzalahuejotes’ y tu imaginación”, rezaba la invitación en internet.

   Con esa capacidad que sólo tiene Beatriz Falero para recrear las imágenes y los recuerdos me platica: “Los cuentos se narraban arriba de las trajineras, transitando por los canales. Los músicos iban en la misma trajinera. Cuando teníamos mucha gente podíamos llevar dos trajineras. Cenábamos, había fogata y bebida. Fue una buena época. Hacía lo que me encanta. Además, realizaba un rito con veladoras en el agua. Le decía a la gente: ‘Fíjense bien, porque según el público es la figura que hacen las veladoras’. Ponía éstas en el agua y la corriente las iba moviendo. Les pedía a mis músicos que tocaran música muy suave, y sin cantar, para que los asistentes pudieran meditar. Ya con las veladoras en el agua, apagábamos las lámparas para que nada más se vieran las flamas flotando”.

   Ella nació en Tampico, Tamaulipas. Vivió su infancia siendo muy libre. Disfrutando de su casa estilo californiano. Cuidada por su madre y su nana, vigiladas por su papá, que era ingeniero petrolero, que —me cuenta—, era muy celoso, y le llevaba dieciséis años a su mamá. Cuando vino a la Ciudad de México, algo de esa magia se terminó. Llegó a vivir con sus tías y su abuela.

   De esa etapa, Beatriz recuerda con especial cariño “una muñeca negra de trapo que me encantaba y la adoraba. Mi mamá me decía: ‘¡Ay!, ¿cómo puedes dormir con esa araña tan fea?’. A esa muñeca yo le hice un vestidito de tul color rosa como para bailar ballet, pero imagínate cómo se veía con sus patas de trapo”.

   Así fue y ha sido Beatriz, sumamente lúdica, encantadora y lúcida. Quienes la escuchan y la encuentran todos los domingos a la una de la tarde en la Plaza de Santa Catarina, enfrente de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, lo pueden confirmar. Son cientos los cuenteros, cuenta-cuentos y narradores orales escénicos los que han estado a su lado, a veces escuchando, aprendiendo, contando, ideando, contagiándose de su entusiasmo, ejemplo y vitalidad.

   Pero tantos años dedicados a la narración oral no caben en un par de cuartillas, ni en tres, necesitamos más, por eso próximamente les revelaré cuáles son los cuentos que ella prefiere contar, a dónde ha ido a contarlos además de a Santa Catarina, qué premios ha recibido y más. Por el momento, démosle desde aquí aplausos, felicitaciones, reconocimiento por su valor, por su empeño y por transmutar todo lo que toca como sólo ella puede hacerlo; es decir, como la gran niña que aún es por fuera y por dentro.

3 opiniones en “Beatriz Falero Una Vida en Cuentos”

  1. Es fratísimo encontrarse con realidades fantásticas como esta de los CUENTA CUENTOS, que despiertan la imaginación de chicos y grandes. Este tipo de ejercicios son muy necesarios porque hacer pensar a alguien, provocarle el despertar de la imaginación y el crearle un mundo feliz, es de suyo una riqueza impresionante. Gracias.

  2. Yo cuento cuentos.me gustaria .aprender de ella como la contacto? Yo soy maestra de primaria y de la normal de jalisco catedratica.mi cel 3315649263 .a sus ordenes vivo en guadalajara.

Deja un comentario