
Por Catalina Miranda
La vida de Beatriz Falero bautizada acertadamente como La Hablista —ya que su apellido proviene del verbo en portugués “falar”, emparentado con “fabular”, crear historias—, gira en torno a los cuentos, a escribirlos, a narrarlos de manera oral y escrita. Además, nos podemos referir a ella como La que Hace Honor a la Palabra, al respecto Beatriz comenta: “Hay una frase, que yo no me daba cuenta cuánto la decía hasta que me lo hicieron ver, es: ‘En honor a la palabra’, ésa es mi muletilla. Es que ‘en honor a la palabra’ impone. En un recorrido al Centro de la Ciudad de México, caminamos desde Bellas Artes hasta el Zócalo, donde había un gran templete. Llegué con seiscientas personas. Ahí conté la ‘Leyenda del águila herrada’, cuando bajé, estaban unas jovencitas como de quince años, abajito de las escaleras; me vieron, se entrelazaron y empezaron a brincar y a decir: ‘En honor a la palabra, en honor a la palabra’. Yo: ‘¡Ay!, ¡qué pena!, ya no lo voy a decir’. ‘Nooo’, me dijeron, ‘se le oye muy bonito’. Ya me di cuenta de que yo sí le hago ‘honor a mi palabra’. Soy de la época en que la palabra era muy importante. Por eso cuando yo digo que voy a hacer algo, siempre lo cumplo, no voy a fallar. Creo en el honor, no necesito tener contrato”.

Ser La que Hace Honor a la Palabra, convierte a Beatriz Falero en La Guardiana de la Palabra que tiene su Santuario en la bella plaza de Santa Catarina, ubicada en Coyoacán, zona en la que por excelencia se realizan actividades culturales en la Ciudad de México. Ahí, Beatriz ha creado y cultivado un cálido espacio, semejante a un nido, en el que se refugian narradores orales y el público para sentirse apapachado, protegido, acunado con el sonido de las palabras, transmutadas en canto, por la ahora también conocida como la Mujer Cenzontle.
El pasado domingo 2 de julio, Beatriz Falero recibió el Premio Cenzontle otorgado por el Movimiento de Cuenteros Nacional e Internacional y los Amigos de NAO, por ser fundadora y directora de los narradores orales de Santa Catarina, desde hace casi 40 años. Para ella este premio es: “Muchísimo, muchísimo. Es un parteaguas en mi vida. La gente me quiere mucho y yo los adoro. La entrega de El Cenzontle es un reconocimiento por el grupo que tengo, por lo que los hago sentir, porque los apoyo y porque me quieren. Muchos iniciaron contando cuentos en Santa Catarina. Unos como alumnos, otros simplemente iban a hacer sus pininos. Dicen que son mis alumnos, pero aprendieron escuchando, viendo a otros, teniendo el foro, que es muy importante. Este Premio es un parteaguas porque es un sueño cumplido.”
El Premio Cenzontle que Beatriz Falero recibió es por toda su trayectoria en Santa Catarina y también por su trabajo con distintos públicos, como el de los hospitales del ISSSTE y del IMSS, lugares de los que guarda infinidad de recuerdos:
“Me encontré a una persona que me saludó y me dijo: ‘¿Se acuerda usted de mí?’ ‘No, no me acuerdo’. Buscó en su cartera y sacó un sapito. ‘Mire, aquí traigo el sapito que me regaló, para acordarme de que sí se puede’. Era un sapito de plástico, que di en los hospitales después de contar un cuento. A los niños les daba un muñequito, de esos que dan en las despedidas de soltera, hay amarillos, rosas, azules, son de hilo, con su pañalito. Se los regalaba y les decía que lo tenían que cuidar, ponerle nombre, ‘es tu amigo, cuando sientas mucho dolor, agárralo y apriétalo, y él se quedará con la mitad de tu dolor’. No les puedo decir que con todo el dolor. Un día, un niño muy inteligente, cuando lo iban a inyectar, le dijo a la enfermera que mejor inyectara al muñequito”.

Cada anécdota es una historia. Cada acto que realiza Beatriz Falero es una invitación a imaginar un cuento completo: “Fui a un hospital donde había enfermos de SIDA. Me encantaba porque me pedían mi dirección y mi teléfono porque me iban a ir a ver cuándo salieran. Una vez fui a un hospital de quemados, y un señor me dijo que no quería escuchar el cuento, y que además ni sabía leer. Le dije: ‘Pero este cuento está muy bonito’. Era de pájaros y se lo enseñé. ‘¡Ay!, cómo esos hay en mi pueblo, y cantan”.
Uno de los más grandes deseos de Beatriz Falero es que Santa Catarina, ahora también conocido como el Santuario de la Mujer Cenzontle: “Nunca se pierda y que pudiera pasar de generación en generación. Ha sido muy importante para la narración oral y para todos los narradores. Yo quisiera que tuviera permanencia, porque, aunque la tecnología nos está alejando de esa voz, de esa palabra viva, creo que cada vez es más necesaria, porque con la palabra puedes acariciar, aunque también puedes destruir, pero es cuestión de elegir. Creo que necesitamos abrazos de palabras vivas”.
El domingo 3 de septiembre, en la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM), en el marco del Encuentro Estatal de Profesionales en Fomento a la Lectura, Beatriz Falero, Marcela Romero y Vivianne Thirion recibieron el Homenaje “El Camino de los Cuentos”, por su trayectoria artística. ¡Felicidades!

Beatriz Falero, maestra de varias generaciones de narradores orales nos ha legado el camino de los cuentos. Sus seguidores andantes reparten esperanza, luz, alivio, respuestas, entretenimiento y diversión. Educa, despierta la voz de nuestros ancestros. Honra la palabra.