Los Mártires de Toluca

Primera parte

Por: Alejandro Ostoa

El pasado 1 de septiembre, en la Feria Internacional del Libro del Estado de México, se llevó a cabo la presentación de la plaqueta de 30 páginas 19 de octubre de 1811. Los Mártires de Toluca, con texto y selección de Alexander Naime, e ilustraciones (acuarelas) de Benito Nogueira Ruiz, editada por el Ayuntamiento de Toluca.

La investigación de Alexander es variada, recurre a investigadores de diversas épocas (empezando por Lucas Alamán y concluyendo con María de Pilar Iracheta Cenecorta y Raymundo César Martínez García). La presentación de Naime es concisa y nos habla de lo que para él es, el suceso histórico más importante en la actual capital del Estado de México y escribe un monólogo, a manera de confesión, de Porlier.

Se trata de la masacre del 19 de octubre de 1811 contra un grupo de indígenas, comandada por  el brigadier Rosendo Porlier, en la que un número indefinido de prisioneros indígenas fueron  asesinados por las fuerzas realistas, en la entonces Plaza de Armas y posteriormente Plaza de los Mártires. Se habla de 100 prisioneros, otros referentes es de 67 y otro más de 63.

Vayamos a la introducción. “Anda y cuéntale a todos lo que viste, anda y diles lo que les espera si se rebelan en contra de la Corona, del virrey de los ejércitos al servicio de la Nueva España”, le dijo el brigadier Porlier, jefe en Toluca de las fuerzas realistas, las del virrey de la Nueva España, las del rey de España, al último indio, a quien había dejado vivo para que contase la terrible matanza de la que fue testigo. Le golpeó la espalda y lo largó.

“El indio, desnudo y con las manos atadas, caminó por la ensangrentada Plaza de Armas de Toluca”.

“Era 19 de octubre y la noche empezaba a caer, el frío se combinaba con un silencio pesado que parecía cubrir la ciudad y con mujeres, envueltas en mantas negras, que lloraban en silencio ante la tragedia. Un cura se acercó para tratar de consolarlo y extender una manta para cubrirle el cuerpo, pero el hombre se apartó bruscamente con la mirada perdida y huyó y huyó…, nadie nunca más supo de él. Se fue con la imagen de la masacre en sus ojos; a nadie, a nadie, según se supo, le contó lo sucedido. Suponen que nunca más volvió a hablar”.

Estas acciones impactan. La atmósfera  está bien lograda y plantea un hecho épico. Un conflicto libertador.

El estudioso Inocente Peñaloza relata: “El ataque insurgente comenzó el 14 de octubre y fue creciendo en intensidad hasta alcanzar su punto crítico el 19; es decir, seis días de lucha sin tregua. Existen razones para suponer que la batalla comenzó en la cortadura del cerro de Coatepec, donde los españoles perdieron tres cañones, ‘reventados’, lo cual redujo considerablemente su poder ofensivo… La ejecución en masa se realizó en la calle principal (Independencia), frente a la Plaza Mayor, donde las víctimas fueron formadas de espalda a los muros del convento franciscano de la Asunción”. Este autor señala que Lucas Alamán y Carlos María Bustamante tienen versiones distintas.

Lucas Alamán escribió en 1823: “… El carácter sanguinario de Porlier se había formado con el ejemplo de las atrocidades que los franceses cometían en España y dio en esta ocasión una tremenda prueba de él. Hicieron en la acción unos cien prisioneros indios, y en el mismo día en que obtuvo este triunfo, los hizo fusilar á todos puestos en fila en la calle principal de Toluca, no dejando vivo más que a uno solo, para que fuese á contar esta terrible matanza a sus compañeros”.

El historiador guanajuatense habla de cien.

Carlos María de Bustamante, en 1849: “Toluca presentó en sus plazas aquella vez el espectáculo más espantoso, porque tomados muchos indios prisioneros fueron fusilados en todo el dicho día, en cuyo espacio de tiempo duró la más horrible ejecución. Los soldados americanos que emularon en ella á los de la Marina, y seguramente les excedieron en crueldad, chapalearon la sangre con los pies, llegándoles en algunas partes hasta las espinillas, de modo que andaban sobre ella como por sobre un lago ó remanso.

“Tal es la relación que me ha hecho una persona, testigo ocular de esta catástrofe, y tal fue la terminación de un asedio de cinco días. Parece que el mismo Cueva horrorizado de tanta matanza se retiró del servicio, pues ya no vuelve á figurar más en la historia”.

El escritor y periodista oaxaqueño es contundente en el hecho trágico, en la crónica sobre este acontecer.

Aurelio J. Venegas escribe en 1926, la variación del número de víctimas: “Las guerrillas de Porlier bajaron los cañones, y otras, con los dragones, se retiraron para excursionar por los pueblos vecinos al Calvario, en donde saquearon las casas de los indígenas, recogiendo a más de doscientos hombres inocentes que metieron en son de triunfo a la ciudad, diciendo que eran ‘prisioneros de guerra’, de los cuales la furia de Porlier hizo que fusilasen en la tarde a sesenta y siete, dejándolos como Adán.

“El resto escapó de semejante pena y al día siguiente fueron puestos en libertad, convencido Porlier de que no tenían esos pobres hombres culpa alguna”.

Otra variación la dan María de Pilar Iracheta Cenecorta y Raymundo César Martínez García, quienes recurrieron a un documento suscrito por el Ayuntamiento en 1840.

En diez y nueve de octubre de mil ochocientos y once años, se les dio sepultura eclesiástica en el campo como a sesenta y tres arcabuceados y a doscientos ochenta y dos que murieron en el ataque del Calvario sin haberse sabido su estado ni sus nombres y origen y los firmé.

Fr. Francisco Gomes Cura (rúbrica).

Con este último se tiene fundamento documental. Los investigadores encontraron el Archivo Parroquial de la capital mexiquense, la partida de defunción. Extraordinario hallazgo.

La próxima semana tocará el monólogo del periodista y escritor Alexander Naime. Hasta entonces.

Deja un comentario