Por Josefina Lozano
La música tiene dos connotaciones: la música vista desde el arte y la música como producto cultural.
Cabe destacar que la música como producto cultural y como manifestación artística tiene muchas finalidades, una de ellas es la experiencia estética; otra es la expresión de experiencias, circunstancias, pensamientos o ideas y otra no menos importante, es la terapéutica, ya que potencializa la inteligencia emocional.
Me ocupa escribir en esta ocasión algo que está pasando desde hace tres meses en el Municipio de San Pedro Tlaquepaque, donde cada jueves, en distintas delegaciones, agencias municipales y barrios, en un horario de 5 a 7 p.m, los ciudadanos disfrutan del flujo sonoro de múltiples manifestaciones musicales, de distintos géneros llenas de ritmo armonía y melodía, que logran estimular el campo perceptivo del individuo.
Es impresionante sentir como a través de esta actividad, artistas diversos hacen vibrar a propios y extraños en un mismo lugar. El sonido inunda el ambiente invitando a detenerse para escuchar a los que pasan por ahí, sin siquiera pronunciar una sola palabra.
Una de las funciones de esta manifestación musical es el entretenimiento y la otra y más importante es lograr una bella, irrumpida y maravillosa experiencia de comunicación con los que transitan por donde pasa el programa municipal, «Jueves de Kiosco en Tlaquepaque».
El irrumpir en su tiempo y espacio, también, es irrumpir en su alma ya que las melodías les susurran al oído llegando de inmediato a todos y cada uno de los sentidos, tocando fibras extrasensoriales que se transforman en alegría que contribuye a pasar un momento inolvidable e inesperado y me atrevo a decir que a algunos haciendo olvidar por un momento una mala experiencia o aligerar alguna carga y por añadidura contribuye a regenerar el tejido social.
Lo más importante es subrayar en letras mayúsculas lo bien que se siente este estímulo sonoro en los transeúntes y como un gobierno cercano a su gente se ocupa en el modo de vida de los ciudadanos.
Si tomamos en cuenta que la música es un lenguaje universal que supera a cualquier lengua, cada contexto social puede comunicar experiencias y sentimientos que conquistan el corazón de los individuos a través de innumerables sonidos.
Hoy en día la música es una práctica de comunicación y sanación; por tanto puedo asegurar que la música regenera el alma.
Termino escribiendo que como mexicana estoy muy orgullosa de que en el mes de Noviembre del año 2011, la UNESCO inscribió a «El Mariachi», música de cuerdas, canto y trompeta, en la lista del patrimonio inmaterial de la humanidad.
Que gran valía tenemos los mexicanos.
¡Viva México!