Sor Juana

Por: Alejandro Ostoa

El 12 de noviembre de 1651 o ¿1648?, nació en San Miguel Nepantla, Estado de México, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más recordada como Sor Juana Inés de la Cruz.

En honora a su natalicio, en1979 se instituyó, el Día Nacional del Libro y al siguiente año se imprimió una edición especial de su obra y los ejemplares fueron regalados. Por años fueron publicados otros títulos conmemorativos, que también fueron obsequiados.

En el tercer centenario luctuosos de Sor Juana Inés de la Cruz (1995), en el semanario Mira, cuyo director fundador fuera Miguel Ángel Granados Chapa y el director de ese entonces Humberto Musacchio, en el número 265, del 17 de abril de 1995, gran parte de la revista estuvo dedicada a la Décima Musa, en cuya portada se lee: Sor Juana superstar.

El crítico e historiador teatral Armando de María y Campos, durante mucho tiempo tuvo la columna Memoria y Olvido, título que posteriormente fue retomado por un libro que se publicó de manera póstuma. Entre esa memoria, reproduzco esa colaboración publicada como “El corpus (dramático) de la monja.

El dogmatismo eclesiástico y las costumbres virreinales no impidieron que el genio de Nepantla abordara temas profanos en su creación teatral.

El santoral es un cementerio viviente. El canonizado sube al cielo el día de su muerte y es en ese día cuando será venerado. Onomástico y aniversario luctuoso imbrican en la celebración.

¿Por qué no ocuparnos de Sor Juana Inés de la Cruz a trescientos años de sus exequias, realizando misa de libro presente?

12 de noviembre, nacimiento de sor Juana y Día Nacional del Libro, en su honor. Aberrante paradoja, ya que por el acoso intelectual por parte de las autoridades eclesiásticas, al renovar sus votos se queda sin sus apreciadas compañías: libros e instrumentos científicos.

Sor Juana, legítima heredera de Juan Ruiz de Alarcón, recibió el influjo de Calderón de la Barca, la exquisitez bien lograda del barroco. Al igual que él, escribía para que sus obras se representaran en la Corte, y también se le censuraba que escribiera sobre temas mundanos. En Los empeños de una casa logra su madurez intelectual y, curiosamente, el título es muy similar al de Calderón: Los empeños de un ocaso.

La producción dramática de la monja consta de dos comedias: Los empeños de una casa  y Amor es más laberinto. Tres autos sacramentales: El Divino Narciso, El mártir del Sacramento y El cetro de José. Toda esta producción tiene sus correspondientes la y sainetes. Independientemente dejó loas, letras sagradas y villancicos de contextura dramática.

Los criollos hacen la cultura, tienen conciencia de una Nueva España. Ellos miran su entorno, el clima, las ciudades faustosas, los metales preciosos y el paraíso de América.

Teatralidad de una época
El despliegue parafernálico vivido por la llamada “Fénix Mexicano”, “Glorioso Honor del Mexicano Museo” y “Décima Musa” (entre otras hiperbólicas etiquetas) fue de lo más variado, en lo religioso y lo civil. Los autos inquisitoriales fueron un macabro espectáculo. Las celebraciones de los santos patrones, la inauguración de los templos, cuando los religiosos salían de procesión para celebrar la conmemoración anual de Corpus Christi, con marchas y representaciones espectaculares, configuraban todo un imaginario dramático en el orden de lo religioso.

La teatralidad en lo civil también era fastuosa. A la entrada de un nuevo virrey se realizaba un arco triunfal. En graduaciones, los desfiles y ceremonias eran todo un acontecimiento. Las mascaradas se popularizaban.

Ya a los ocho años, Sor Juana había escrito una loa para celebrar la fiesta de Corpus.
En 1660, la Real Cédula ordenó que obispos y arzobispos de las Indias no permitieran que se hicieran comedias en las iglesias de los conventos de religiosas y religiosos. El obispo Juan de Palafox y Mendoza emite un Juicio: «No son comedias, sino un seminario de pasiones, de donde sale la crueldad embravecida, la sensualidad abrasada, la maldad instruida (…) ¿qué hace el cristiano donde se enseñan los vicios sino aprender a obrar lo que está mirando hacer?”

Los orígenes de las representaciones cortesanas se encuentran en la segunda mitad del siglo XVII. Todo gran suceso se celebra con fiestas palaciegas en la corte o casa de algún funcionario de importancia (hasta -1994- en los Pinos se realizaba una pastorela donde actuaban descendientes de políticos cupulares). Los poetas y dramaturgos ponen su talento al servicio de los dignatarios, de los poderosos, y escriben para nacimientos, matrimonios, onomásticos y un sinfín de celebraciones. Por ello no es de extrañar que de las loas que escribe Sor Juana, once estén dedicadas a ensalzar a los reyes o virreyes y cinco de ellas son para festejar el cumpleaños del rey.

Los empeños de una casa es una comedia de capa y espada, pero ante todo es palaciega. La loa inicial es adulatoria hacia lo gobernantes, revela la relación entre el artista y el poder.. En esta comedia están presentes todos los elementos estructurales del teatro cortesano: loa introductoria, letras y canciones, sainetes y al final el sarao apoteósico, que coincide en la alabanza con la loa inicial. Asimismo, la concepción barroca, con música y danza que no consiste únicamente en entretener al espectador y darle la sensación de un espectáculo más ambicioso, sino en integrar los sentidos, es comprendida, aceptada y pedida también en los locales de comedia. Este género, aunque escritos por hombres (hasta antes de sor Juana), tenía un punto de vista femenino, misma que ella conserva. Amor es más laberinto fue escrita al alimón con Fray Juan de Guevara; él realizó la jornada central. La comedia está dedicada al Conde de Galve.

Auto sacramental
Los autos sacramentales son espectáculos sacro-dramáticos en un acto, con características alegóricas al misterio de la Eucaristía, que forma parte de la celebración de Corus. Es la parte medular de una serie de festejos: la procesión, los escenarios rodantes, la presencia de la ostia en tamaño gigante, acompañamiento con varios instrumentos musicales y la tradicional tarasca (especie de serpiente hecha de cartón y papel, en la que se ocultaban los actores para hacerla arrastrarse y asustar a los presentes.

La monja Jerónima, al igual que Calderón, estaba consciente que el drama no podía estar separado de la fastuosa fiesta. Los títulos de los autos de Sor Juana aluden a la temática de los mismos, haciendo representables y tangibles las abstracciones teológicas, morales y dogmáticas. El verso que escribe es de altura poética, de la gran figura del barroco. El divino Narciso estaba destinado a representarse en Madrid.

Los textos dramáticos de Sor Juana no son sólo “joyas barrocas”, sino presencias. En sus comedias se encuentran elementos autobiográficos. La belleza del verso y su resonancia encuentran eco a través del tiempo. Su literatura dramática que debe corporizarse ante los ojos del espectador.

(No podemos dejar de ver la paja en el ojo ajeno y por ello consignamos que en Historia del teatro, de la UTEHA, aparece un equívoco mayúsculo: Los engaños de una casa, por Los empeños de una casa).

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