Gustavo Pérez Cervantes
Amado niñito Dios, con mi alma llena de gratitud, te escribo la presente cartita. Quisiera pedirte miles y miles de cosas, pero comenzaré primero por agradecerte todo, absolutamente todo lo que este año he aprendido, las lecciones que tu amorosamente me hiciste cursar para mi crecimiento espiritual.
Agradezco por cada día soleado y también por los nublados, por los días de lluvia que nos refrescaron, por las noches en que hacías llover, arrullados por el tintineo de las gotas que caían mientras dormíamos plácidamente en nuestras camas.
Estoy muy agradecido por cada uno de los miembros de mi familia, esa familia que pusiste en mi camino de vida, por los amigos que nos ayudan a soportar las inclemencias que nos da el diario vivir. Pero sobre todo, quisiera hacer énfasis en mi agradecimiento por tu amor que me hacías sentir en las caricias de mi mujer, en los abrazos de mis hijos, en las risas con mis amigos, en las canciones entonadas y en la risa de los niños, en el roce del viento y en la música que escuchaba de los arboles mientras contemplaba tu bella creación.
Quisiera pedirte en esta cartita, ya que tú, eres todo poderoso. Que la paz reine en cada hogar de este bello mundo, que nos hagas entender la importancia de vivir en armonía con nuestra madre naturaleza, que nuestros niños vivan en amor, para que cuando crezcan solo eso brinden a nuestra madre tierra y a todo ser humano, ese bello sentimiento que nos une como verdaderos hermanos. Deseo con toda mi alma, que toques los corazones de quienes gobiernan esta tierra para que reconociéndose, hijos de un mismo Dios, vivamos con empatía, paz y siempre abundantes.
Muchas felicidades por tu renacimiento y que así sea en los corazones de todos los seres humanos.
El más pequeño de tus hijos
