Rino Specchio

Desenterrar lo poético de mis entrañas,
sentir que confluye por la carretera
de mis venas,
que se haga para mí cada día
semejante al néctar que me inyecta
de juventudes, parir conjuros
y palabras sagradas,
estallidos de eternidad
que me acercan a tientas, a lo real.
Un encuentro que me vaticina
estar llegando al significado primario
de las palabras.
Desenterrar lo poético de mis entrañas,
agregarle un poco de levadura a la masa.
Entender el significado de una rosa,
no cuál, si lo etéreo tuviera solo una forma.
Sino como una metáfora palpable
que late y cambia de cuerpos.
Encontrarse ante el tipo más elevado de placer
y asirse a él para hallarle sentido
a una vida que es cruenta cuando se le desnuda
con los ojos humanos.
La poesía es un paso más allá de lo divino.
Acercarse a la sangre,
aquello que nos mantiene vivos.
Desenterrar lo poético y encontrar el remanso
donde puede descansar el alma sintiéndose viva,
enjugar sus lágrimas
y erigirse de pie contra toda tormenta.
Desenterrar lo poético,
ser vidente y tener consciencia
que apenas abrimos los ojos
ante la mayoría de intuiciones,
encontrarle hebra al estambre
en que estamos envueltos.
Resolver a través del silencio del tiempo
el acertijo que llamamos ser llenos,
si esto era suficiente para poder entendernos.
Desenterrar lo poético, ponernos de frente
al umbral de los misterios
y exhalar: «Vida, nada me debes».
Salir con ropas nuevas del lavadero de muertes.
Cándido y victorioso abriendo las alas
como un jilguero.
Escribir un poema que sane
la enfermedad de la tierra.