
Por Josefina Lozano
México es un país que respira arte, cultura y tradición, pero también es un país que sangra por las ausencias. Cada vez que alguien desaparece, no es solo una persona la que falta: se rompe una familia, se quiebra una comunidad, se oscurece la vida misma.
Hoy alzamos la voz por Francisca Arteaga Mendoza «Fany», artista plástica de Guadalajara. Su fotografía forma parte de los miles de rostros que cada día se suman a la lista interminable de desaparecidos. Ella pinta, sueña y crea. Hoy su ausencia nos obliga a mirar de frente la realidad: vivimos en un país donde la inseguridad arranca de raíz proyectos, ilusiones y futuros.
Pero Fany no está sola, con ella están los miles de hombres, mujeres, jóvenes y adultos; niñas y niños que han desaparecido en nuestro México. Sus nombres no llenan titulares, pero cada uno de ellos grita desde el silencio, pidiendo justicia, pidiendo ser encontrados.
La desaparición de una mujer artista no solo arrebata un cuerpo, arrebata también su voz, sus sueños, sus trazos, su arte. Cuando desaparece una artista, también desaparece con ella un pedazo del alma cultural de nuestro país.
A la Presidenta de México, al Gobernador de Jalisco y a los Presidentes Municipales, les recordamos que la seguridad no es un favor, es un derecho. La búsqueda de Fanny y de los cientos de desaparecidos, no es una opción, es una obligación. Ninguna persona debería desaparecer y ninguna familia debería vivir la tortura de no saber dónde está su ser querido.
Este llamado no es solo para las autoridades, también es para nosotros como sociedad: ¡No callemos! ¡No normalicemos la desaparición! ¡No dejemos que la indiferencia nos robe la empatía!
Cada persona desaparecida es una historia truncada, un abrazo pendiente, una palabra que ya no se dijo. Mientras no aparezcan, nuestro país estará incompleto.
El arte, la cultura y la vida misma necesitan paz, seguridad, ¡justicia! Porque cuando desaparece una persona, desaparecemos todos un poco con ella.
Que la ausencia de Fany y de miles más, no quede en la sombra. Que este dolor se transforme en conciencia, en acción y en compromiso. Porque solo así podremos dejar de contar ausencias para empezar a recuperar la esperanza.