Murciélago Teatral a Casi un Siglo

Por: Alejandro Ostoa

El teatro, aunque efímero, registra su historia. Este movimiento, denominado Teatro del Murciélago, se orientó en la oscuridad y percibió el instinto de los espectadores.

El Teatro del Murciélago surge en 1924, como un teatro nacionalista. Fue fundado por Luis Quintanilla con el fin de adaptar al teatro, de manera estilizada, danzas y elementos folclóricos de México.

Quintanilla expresó: “Un día, en Nueva York, conocí el teatro ruso de la Chauve-Souris, y este me hizo recordar que México tiene más color que Rusia. Desde aquel día, la idea de crear un espectáculo semejante en mi país, con elementos exclusivamente nacionales y desarrollando temas de la vida mexicana, se fijó en mí como una obsesión. Hoy, la colaboración de los artistas Carlos González y Francisco Domínguez me permite realizar esa idea.

“Hemos titulado murciélago, porque es la traducción de ese teatro ruso… El organdí dominguero de nuestras chicas, la perfecta cursilería de nuestras colonias, los camiones y los fifís son tan característicos de nuestra vida nacional como las costumbres más románticas de nuestros pueblos o el ritmo soberbio y salvaje de las danzas indígenas. “El teatro Mexicano del Murciélago es una tienda de juguetes para el alma.”

Después de presentarse al aire libre, lo hacen en el Teatro Principal con los cuadros El juego de los viejitos, danza humorística de Michoacán. Los fifís, Aparador y Camiones, se constituyen en cuadros típicos de la ciudad; La danza de los moros, recoge una fiesta en honor de los Reyes Magos y La ofrenda, muestra la ceremonia tradicional del día de muertos en la isla de Janitzio, con sones y bailables indígenas. Los decorados corren a cargo de Carlos E. González, Francisco Domínguez reúne y hace el arreglo de la música. Después del fracaso económico de este experimento, El Murciélago bajó el telón durante casi dos años. A finales de 1926, retirados del teatro, Quintanilla y Domínguez, Carlos E. González se une a los críticos Júbilo y Jacobo Dalevuelta, con el escritor Ermilo Abreu Gómez y el compositor Tata Nacho para continuar con el proyecto de Quintanilla. El Murciélago se convierte en un experimento dentro de otro que es la Casa del Estudiante Indígena, donde se puede recurrir a un tipo humano idóneo. La docilidad del indígena venido de cualquier rumbo mexicano se incendia en los breves cuadros de las obras Vivac y Casamiento de indios, realizados por Júbilo; La Tona, escrito por Jacobo Dalevuelta y La Xtabay, escrita y dirigida por Abreu Gómez. Al parecer estas representaciones no cubren con las medidas teatrales tradicionales de aquellos tiempos, pero satisfacen, condensadas, los valores estéticos de la escena, ya que lo más admirable de este experimento fue lo plástico, el timbre personal, la imagen de los valores humanos y estéticos de aquel México cuyo juego se acentuaba en los medios expresivos. Por ello, este tipo de espectáculos abre nuevos rumbos y hace escuela, porque dentro del elemento folclórico en lo lírico y en la construcción dramática de sus diálogos, proporciona materiales inéditos que de inmediato aprovecha el género de la revista mexicana, hijastra a su vez de la fiesta folclórica.

Es merecido recordar a Carlos E. González, quien escondiera en la abreviatura de E, el nombre de Epigmenio, nació en 1893 y falleció en 1961, ambos acontecimientos en la Ciudad de México. Pintor, escenógrafo, promotor teatral y folclorista. Promovió la realización del Teatro Regional en Teotihuacan en la década de los veinte. Realizó más de medio centenar de escenografías, entre ellas la de La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, en 1934, con la cual se inauguró el teatro de Bellas Artes, dirigida por Alfredo Gómez de la Vega. Participó activamente en la creación del Teatro Orientación, realizando novedosas propuestas escénicas en la obra O´Neill, Lázaro rió., de O´Neill.

Además de ser pionero en el cine nacional, en la Compañía Azteca Films, ambientando escenarios de la película El automóvil gris, realizó varios diseños escenográficos para el séptimo arte. Colaboró con el antropólogo Manuel Gamio, en la reproducción de códices prehispánicos, el diseño de vestuario y la decoración -primero del corto y luego de la obra teatral –Tlahuicole.

Carlos E. González dedicaría su vida al rescate y registro de la música y las danzas populares, la pintura mural y de caballete.

En 1940 realizó el mural del Café Tacuba, en la Ciudad de México y diez años después en el Comité Pro-Americanistas de Phoenix, Arizona

Este personaje vivió durante dos años en Toluca, en la calle de Matamoros.

En la Biblioteca José María Heredia y Heredia, existen dos murales de su creación., que remiten a la cultura popular, incluyendo instrumentos musicales y danza, la producción de artesanías y el Día de Muertos. Fue inaugurado en 1943, como Pabellón de Turismo y el desaparecido Museo de Arte Popular de Toluca.

Sobre Sonetos del Adiós y del Regreso

Por Catalina Miranda

En la actualidad es difícil encontrar un poeta cuyos versos destellen una propuesta clásica tanto en el aliento, como en el tono, la forma y el sentido. Agreguemos a esas cualidades la sensibilidad, la franqueza y la imaginación; además, limpidez, precisión, buen gusto, armonía, belleza y erudición.

Fernando Corona, escritor mexicano, nacido en 1978, reúne en su obra las cualidades mencionadas. Su capacidad, su minuciosidad, su entrega lo han llevado a cultivar la forma poética más elevada, “clásica, entre las clásicas”: el soneto.

Se dice que Francesco Petrarca (Italia, 1304-1370) es el creador de esta forma de escribir poesía. Lo cierto es que otros poetas, entre ellos Dante Alighieri (1265-1321), habían allanado el camino para que Petrarca escribiera los sonetos incluidos en su Cancionero.
El rigor es el primer requisito para lograr un poema digno de llamarse “soneto”.
La Real Academia de la Lengua lo define como: “Composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos.
En cada uno de los cuartetos riman, por regla general, el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero, y en ambos deben ser unas mismas las consonancias. 
En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras”.
A esta definición habría que agregar, a pie de página, para tener una idea más general de la teoría sobre el soneto, los significados de endecasílabo, asonante, consonante, cuarteto, terceto, y otros, como de métrica, sinalefa y dialefa.

“Llega el libro que atesora la huella en el camino de un bardo sin amada que reposa su amor. Fernando Corona es la pluma, la letra viva, que atesora en cincuenta sonetos su carga espiritual más honda. Como un pez en el agua se desliza en estos versos, son suyos, lo iluminan cuando marca «un palpitar de tinta y hueso».” Dice la cubana Juanita Conejero, en el Prólogo de Sonetos del adiós y del regreso.

En efecto, “como pez en el agua” se desplaza Corona por la poesía incluida en este libro. Obra muy recomendable, que será altamente valorada por los lectores que gustan deambular por las páginas de autores que se explayan libremente con conocimiento de causa. Porque Corona es un poeta que sabe inspirarse; además, una larga trayectoria en la academia lo respaldan. “Es egresado de la licenciatura en Letras Clásicas; maestro en Letras Latinoamericanas y doctorante en Letras Mexicanas, por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se ha desarrollado profesionalmente en el ámbito bibliotecario y archivístico en la Biblioteca Nacional de México como asistente investigador; en El Colegio de México como becario de investigación en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios; en el Museo Nacional de Arte como coordinador de la Biblioteca y de la Red de Bibliotecas de Arte Mexicano, y en el Banco Nacional de México como Coordinador del Archivo Histórico…”, se anota en su semblanza.

            Y como muestra basta un botón, un capullo floreciente e imperecedero en la página impresa, de Editorial Ariadna:

 EN TUS OJOS…

                              a Blanca Pérez

En tus ojos la tarde está dormida,
llegando va la noche con sosiego;
tus ojos son trigales, yo estoy ciego;
mi presencia en tu sueño está prohibida.

Te pareces al mar y a su embestida,
tu sonrisa va lenta como el fuego,
¿te importa lo que diga este mi ruego?
Calla, que tu mirada lo decida.

De la noche nada queda, ya nada,
yo dormido y tú fija en mi recuerdo.
No sé por qué no estás desesperada,

pues siento que de tanto que remuerdo
tu rostro y tus cabellos imagino,
ya casi va tu huella en mi camino.

Siempre es un gusto encontrar y disfrutar de seres humanos tan creativos y prolíficos.

Podemos conocer más sobre la trayectoria y la obra de Frenando Corona en su página web: https://www.fernandocorona.mx/portfolio/sonetos-del-adios-y-del-regreso

Ahora más que nunca la cultura está al alcance de todos. Gracias por leer y compartir.

Beneficios de llorar

Por: Eva Montañez García
Psicóloga

En este artículo abordaré algunos de los beneficios que nos brinda el llanto.
Sabemos que el llanto es una respuesta desencadenada ya sea por la tristeza que pudiéramos llegar a sentir por alguna situación de dolor ya que se libera cierta angustia, o sea por felicidad; aquí te mencionaré por qué llorar sin duda te hace bien:
-Es sano desde el punto de vista fisiológico y emocional.
-Es útil para liberar físicamente hormonas y toxinas relacionadas con el estrés y genera un efecto calmante.
-También nos ayuda a comunicar nuestros sentimientos.

Por mucho tiempo, se creyó que el llanto era un signo de una personalidad débil, pero en realidad, es todo lo contrario. Llorar ante una situación de crisis o un momento de ternura, es evidencia de una gran capacidad de empatía. Por ejemplo, cuando vemos a otra persona llorando, se activa nuestra neurona espejo y genera un neurotransmisor llamado oxitócina (hormona del amor, de la calma y el contacto), que aumenta el sentimiento de empatía.

1) Llorar reduce el estrés.- El llanto es terapéutico porque alivia tensiones, sirve para desahogarte y luego, sentir mayor tranquilidad.
2) Incrementa el metabolismo cerebral.- Al llorar, tu cerebro recibe un 30% de toda la sangre que el corazón bombea al cuerpo. Es la única emoción que logra ese incremento; aumenta el gasto energético y la frecuencia respiratoria para oxigenar al cerebro. Por esa razón, sentimos más cansancio y bienestar ya que, al terminar, el cerebro libera endorfinas que te tranquilizan y generan la sensación de esperanza y fe.
3) Te humaniza.- Cuando lloras o estás frente a una persona llorando, compartes un momento en el que se presenta mayor empatía y apoyo.
4) Tomas conciencia.-  Al liberar el llanto, estás enfrentando algo que sientes o te sucede. De esta forma, puedes identificarlo y trabajarlo para lograr resolverlo. Es importante que reconozcas y puedas exteriorizar tus sentimientos.
5) Puedes prevenir otras enfermedades.-Es posible aliviar el dolor si no reprimes tus lágrimas cuando tu cuerpo lo necesita. De lo contrario, podría manifestarse en forma de depresión y poner en peligro tu salud física.
Aprende a llorar.

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Ruiz Mercado, in memoriam (Segunda parte)

Por: Alejandro Ostoa

Ha hurgado en el tiempo, la historia y las vivencias, en este arte efímero de la representación, pero que en singulares casos permanece registrado en el interno escenario de las emociones, a pesar de haberse cerrado el telón.
El chamán Ruiz Mercado no abandona los ritos y llega a la representación, estableciendo diálogo con Dionisos y el Padre Sol para iniciarnos traspasando la “cuarta pared”.
¿Cuántas interrogantes se ha respondido este preceptor escénico con alma de mozalbete? Espero que Pitágoras pueda ayudarme.
Es cierto, la mayoría de las generaciones egresadas de las instituciones  superiores especializadas tienen la certeza de que el teatro inicia con ellos. Pero… no son capaces de discernir si “estudiaron” teatro o actuación. Además, presumen que con un título el papel escénico se hace por sí solo, sin la experiencia de las tablas.
Pepe no se ha percatado que Calabaza, su gata consentida, cruzó la escena, pero percibe el maullido a la poetiana y su pasión escénica se intensifica.
El memorioso sacude mis recuerdos y, con su hilo conductor, me transporta a la providencial provincia en que la escena abona no sólo el terruño, sino que se planta en la región, para ser cosechada en el país e ir a otras latitudes con el disfrute de los aranceles, universalizándose con la denominación de origen hasta los consumidores, el público.
Ruiz Mercado escribe casi de corrido y es raro que tache o enmiende, si acaso hace anotaciones al margen, pero sin marginarse.  
El corpus dramático de Mosaico teatral no margina, es incluyente. Avizora la visión crítica de quienes han dejado huella en revistas y periódicos. De aquellos profesionales que desmenuzan la representación para, sin amputaciones, integrarlos a ese acto sano que los mantiene “vivitos y representando”.
Se convierte en vocero de los dramaturgos y sus criaturas (obras), hace saber a los demás de su existencia, de sus cualidades, tema, subtemas, entrelineados y estilos. Ese Pepe que nunca pierde el estilo.
Los grupos representativos que han transitado en el carromato de Tespis se detienen un rato en esta diligencia difusora de los quehaceres mediante este libro, en que los directores van trazando su gira.
El maestro está tan concentrado que no se ha dado cuenta que de su borrador emerge una presencia femenina. Es la elocuencia, Musa que se integra al Mosaico, por lo que se metamorfosea en Musaico teatral (sic). Así llega al índice, indicador de lo que sucede en el entorno y núcleo del teatro que adquiere el pasaporte universal.
José Ruiz Mercado, con amplio ademán, pone punto final en el papel. Apoya el codo en escritorio y recarga la barbilla en la palma de su mano. Queda meditabundo por unos segundos. Después, deja esta posición y en el aire dibuja una seña de abrir paréntesis, al que le agrega tres puntos suspensivos y cierra el signo, que plasma en papel, con lo que indica su propósito para que el próximo libro sea parte de otro acto que suceda a la vista del espectador. Se levanta de la silla. Enrolla las hojas, queda en proscenio, al centro, proyecta la mirada hacia el fondo. Transición. Contempla el rollo de papel y realiza un movimiento que alude a ser incrustado en un orificio, pero no realiza el remate, sino que lo lleva a un lado y luego al otro contrario, para hacerlo danzar rítmicamente a manera de batuta. Un seguidor lo destaca. El maestro José Ruiz Mercado camina hacia la derecha para bajar los escalones del foro, llega a la sala, lo sigue iluminando el seguidor. Ve su reloj pulsera y se percata que es la hora de la botana en La Fuente. Se va por el pasillo, mientras la luz del seguidor se diluye hasta desparecer para, inmediatamente

caer el telón.
Mientras se cierra el telón, se abre un ejemplar de Mosaico teatral en el foro.

¿Qué es la Telenofobia?

Por: Eva Montañez García
Psicóloga

En este artículo hablaré acerca de la Telenofobia, esta fobia es el miedo a hablar por teléfono y mantener una conversación telefónica; consiste en el miedo a interactuar mediante una llamada telefónica, lo cual nos puede hacer un poco de ruido ya que tiempo atrás para comunicar una noticia era levantar el teléfono marcar el número telefónico y la interacción se generaba.

La Telenofobia al día de hoy, casí un 80% de los jóvenes, lo experimenta. Según un estudio, el 40% de los baby boomers y el 70% de los millennials, se ponen nerviosos cuando suena el teléfono.

La telefonía móvil ha experimentado un explosivo crecimiento a nivel mundial, provocando un gran impacto en la sociedad, particularmente entre los adultos jóvenes y la llamada generación Z. Los estudios sobre este fenómeno indican que la telenofobia, surge porque dicha generación, considera que atender las llamadas les consume demasiada pérdida de tiempo.

Se pueden presentar ciertos síntomas físicos y psicológicos, característicos en aquellas personas que sufren de esta fobia:

Síntomas físicos
-Dolor de estómago
-Náuseas
-Aceleramiento de corazón
-Falta de aliento
-Hiperventilación
-Boca seca
-Ataques de pánico…

Síntomas psicológicos
-El teléfono móvil siempre está en modo silencioso
-Evitan responder a las llamadas telefónicas
-Prefieren enviar mensajes de texto en lugar de hablar por teléfono
-Asustarse visiblemente cuando suena un teléfono
-Comportamiento evitativo: evitar contestar las llamadas, negarse a concretar citas telefónicas, etc.

Me da miedo hablar por teléfono. ¿Cómo quitar el miedo a hablar por teléfono?
-Según el grado de gravedad de la fobia, se podrá trabajar de una u otra forma. Cuando hablamos de fobias leves, podría tratarse con alguna técnica de autoayuda, pero si es una fobia grave se requiere de ayuda profesional.

Hay personas que no identifican que puedan tener un problema con respecto a este tema, por ello, se muestran muy reticentes a buscar ayuda profesional, bien por vergüenza o por miedo a que les juzguen o se burlen de ellos.

Algunas estrategias de autoayuda podrían ser:
-Practicar la meditación ya que ayuda a calmar los miedos y a pensar con mayor claridad.
-Llevar un diario personal y escribir todos los pensamientos que acompañan al miedo relacionado con el teléfono.
-Practicar algún deporte que implique ejercicio cardiovascular, incluso, yoga.

Sin embargo, cuando la fobia está afectando negativamente en el funcionamiento diario, trabajo, instituto, salidas sociales, etc, se recomienda acudir a un profesional de la psicología para iniciar un tratamiento psicológico adaptado a cada caso.

Tratamiento psicológico de la telenofobia. ¿Cómo tratarla?
-Hoy en día, el tratamiento de elección debido a su alta tasa de eficacia para tratar cualquier tipo de fobia, es la terapia cognitivo-conductual.
El objetivo consistirá en identificar las causas intervinientes que han podido contribuir a desarrollar esta fobia (por ejemplo, recibir llamadas con malas noticias en el pasado).
Se utilizará la terapia de exposición en la cual el especialista expondrá a la persona afectada a su fobia gradualmente, con el objetivo de desensibilizarle y acostumbrarle a esas sensaciones que nota su cuerpo. Se establece una escala gradual de situaciones que le producen menor nivel de ansiedad hasta situaciones que le produzcan mayores niveles en relación a su fobia.

El proceso de tratamiento es gradual, es decir, no es un proceso en el que la persona supere su fobia al instante, si no que irá poco a poco hasta llegar a un mayor nivel de satisfacción.

Existen muchas formas para acabar con la fobia a hablar por teléfono, por ello, será importante que puedas identificar y resolver los problemas que han provocado dicho miedo. Será un proceso algo costoso, pero que sin duda podrás resolver.

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Ruiz Mercado, in memoriam

Por: Alejandro Ostoa

Qué difícil es aceptar la partida de un ser entrañable. Tal es el caso de mi admirado José Ruiz Mercado. Las siguientes líneas fueron publicadas en Mosaico teatral, grandioso libro de los quehaceres en el teatro, la investigación, dramaturgia y la escena, publicado en Editorial Ariadna.
(Un cenital ilumina a Pepecuícatl, a un mes de su partida).

Oscuro total. Tímido sonido de apagador al encenderse. La veladora (luz de trabajo) parece fisgonear, filtrándose con un destello de luz, entre la hendidura del arco de proscenio y la parte superior del telón que, en su hermoso drapeado, ostenta la alcurnia a la cual pertenece. Las discretas luces rojas de las butacas, apenas arriba del piso de los pasillos, crean una tenue valla.

Del vestíbulo se escucha el susurro de una puerta pesada que se abre y posteriormente se cierra. Respira la débil luz de la sala, la alfombra de la misma absorbe los pasos del hombre que entra, produciendo una ligera resonancia del firme andar del caballero bien plantado. Él se acerca al escenario y conforme avanza, rítmicamente se va plegando el terciopelo rojo. Las luces laterales se encienden y descubrimos al personaje, es el maestro José Ruiz Mercado, quien en las manos lleva un sobre-bolsa de papel manila, con hojas blancas en el interior. Luz especial al centro de la escena, bañando a un escritorio de fina ebanistería y pesada, pero cómoda silla, con asiento y respaldo de elegante tapiz. Lekos, pares sesenta y cuatro, fresneles y elipsoidales se dirigen a la escena cuando, de pronto, diablas y candilejas se asoman y permanecen realzando la atmósfera.

La mirada del maestro se dirige a la sala, para fijar la vista en la platea, luego los palcos y más allá la galería. En la memoria guarda la imagen panorámica de las localidades. De pronto, lentamente, levanta la cabeza, invoca a Dionisos, dirigiéndose al telar y a la maquinaria. Desea que llegue mediante Deus ex machina. Queda admirado con un personaje que pasa como de Zeus y desaparece traspasando el ciclorama.

Ruiz Mercado recupera la vertical, gira el cuello hacia la derecha (del actor) y descubre al amigo imaginario ausentado de su vida por un tiempo. Sólo él lo focaliza —terminantemente prohibido utilizar efectos o recursos de tecnología de punta—. El avistado es un antiguo tlacuilo, su gemelo que la primera vez que apareció se presentó como incondicional presencia tutelar. José, se transforma en Pepecuícatl, presuroso saca hojas y una pluma para, de inmediato, empezar a escribir.

Mientras tanto, una sombra desapercibida llega a sentarse a una butaca y contempla la escena. Este último observa al protagonista, y su pensamiento adquiere voz que no importuna al maestro José Ruiz Mercado:

— ¡Cuánta claridad del maestro Pepe! Esa luz de la que no se despoja, lo acompaña siempre en su andar cotidiano; claro que se intensifica más cuando aterriza en la pista creativa, como lo fue El concierto del viernes y más aún con Canto para la ciudad. Eso no quiere decir que sea un despistado en sus andanzas por los andurriales de los barrios, suburbios ni zonas residenciales, ya sea en la Perla tapatía o municipios, rancherías, ciudades o estados, tanto de los Estados Unidos Mexicanos como de otros países. Del café Madoka, en el mero centro de Guanatos, donde se calentaba las manos con la taza recién servida de un excelso arábica, veía el contenido que revoloteaba como torbellino y aspiraba el olor de la infusión para después complacer al paladar, mientras escuchaba la voz interna de la inmersión. Y de allá, se dejó conducir por este Pueblo de miel derramada, andando por Calle Luna, calle, a Pasos lentos hasta llegar a casa de Talía y Melpómene, acompañado por Euterpe, ante el coqueteo de Clío. Observarlo en la creación es sorprendente, pero en un teatro como éste, el estro se le magnifica. Viéndolo bien, es un cenital, como el que cae sobre él y su trabajo.

Afortunadamente no lo han aplanado los leds. Y hablando de cenital me recuerda a una actriz que en tono bromista pedía ser bañada por un “genital”. Y es que el maestro Pepe va a los genes, a la génesis, sin rezarle a San Ginés de Roma. Sí, a los genes del teatro, a la genealogía. Yo me quedo como Torstov en Un actor se prepara, de Stanislavski, y en ese caso no respeto a Celestino Gorostiza y lo escribo como el tlacuilo manda, con i latina, aunque el teórico vivencial y director teatral haya sido ruso.

   Cómo me sorprende el maestro. Eso de conservar el espíritu de crío, como decían en la Nueva Galicia, actual Perla de Occidente, y preguntarse constantemente para despejar las incógnitas generadas, desde los puntos de vista de las diversas ciencias, estética y sensibilidad, es impresionante. Su particular método como poeta, narrador, dramaturgo, investigador, director, incluyendo “anexas y ramales”, impacta. La tinta me dice, antes que se registre en el papel, que está creando un gran mural con trocitos de evocaciones de la historia del teatro. Se trata de un Mosaico teatral.

Fin de la primera parte.

Entre Fuentes, Libros y Bibliotecas

Por: Catalina Miranda

Ciudad de México.- La primera semana del mes de julio tuve la oportunidad de ir a la Biblioteca San Simón, ubicada en el parque del mismo nombre, también conocido como “De la Ballenita”, un apodo muy adecuado, porque en la entrada principal, sobre Calzada San Simón, enfrentito del Metrobús, hay una fuente con un cetáceo bebé, gordito, simpático, que en el pasado me despertó sonrisas cómplices al imaginarme su cuerpo convertido en el símbolo del Yin Yang, y al verlo muchas veces acompañado de niños y niñas, que gustaban chapotear a su alrededor, aunque el agua estuviera turbia y verdosa, y la Ballenita abollada y despintada, lo cual no disminuía la alegría de los niños que se trepaban en ella convirtiéndose en jinetes aventureros o en marineros dispuestos a travesar cualquier océano que se interpusiera en su ancho camino.

Esas escenas me hacían recordar cuando yo, siendo niña, me metía con mis hermanas y mis amigas a la fuente del Parque México, la que también está junto a una Biblioteca, la Amalia González Caballero. Nos quitábamos los zapatos, nos doblábamos hasta las rodillas los pantalones y nos disponíamos a recibir el agua helada, a borbotones, en los empeines, en los tobillos, en las pantorrillas, hasta la orilla de los pantalones que se desdoblaban o porque el nivel del agua alcanzaba, sin misericordia, los muslos. Era una aventura espectacular: Escuchar el golpe del chorro de la fuente, el agua que nos salpicaba la cara al caer en las rocas volcánicas con las que está construida esa bellísima fuente de mi infancia, parafraseando a Alfonso Reyes.

Fuentes, sol, parques, bibliotecas, libros, cuentos ilustrados con estampas coloridas, con grabados, dibujos y pinturas. Fue un deleite entrar en esa biblioteca del parque de la ballenita. Subir las escaleras y recibir el saludo del guardia de seguridad, quien al hacer una reverencia me invitó a entrar y a anotarme en la libreta de los visitantes.

Los ventanales dejaban pasar la luz del mediodía, desde ahí vi los árboles que me causaron una sensación insólita de limpidez en el aire; el jardín recientemente remodelado, los caminos de piedra, la ballenita restaurada, la fuente convertida oficialmente en alberca para los niños, que, por fin, continuamente recibe mantenimiento.

Después de los primeros pasos, encontré a una joven bibliotecaria, con unos diez o doce cuentos para niños —sobre el escritorio— con pasta dura, ilustrados a todo color. Ella revisaba, o reforzaba, con cinta adhesiva transparente, los papelitos con las claves que indican la clasificación, en los lomos. Sentí necesidad de acercarme a ella y decirle: “Vete a pasear al parque, yo hago tu trabajo: yo me entretendré abriendo los libros, revisando la página legal, viendo el nombre del autor, el sello editorial, el año de publicación, y de pasada les echo un ojo a los textos y a las ilustraciones”, todo lo cual me encanta, me derrite, me fascina.

Pero no lo hice, me seguí de largo. En la amplia sala de lectura, limpia, ordenada, no había nadie. Me sentí la “Reina, la Tlatoani de la Biblioteca del Parque de la Ballenita”. Todos esos libros acomodados en los estantes eran para mí sola. Me supe acompañada. Me llené de sorpresa al pensar en todos los autores que estaban ahí esperándome; tentándome; invitándome a acariciar y a leer a lo largo y ancho de las páginas. Me sentí alegre, confiada, plena. Supe que todos esos libros eran mis verdaderos amigos y que no estaba sola.

Me senté para disfrutar el escenario; afuera, las plantas y los juegos para los niños destellaban color. Miré hacia atrás de mí. Un librero con literatura mexicana me custodiaba. Estaban ahí volúmenes de Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Huberto Batis, obras completas de Inés Arredondo, Elena Garro, Rosario Castellanos, Guadalupe Dueñas… entre otros. A este último libro le traía ganas desde hace meses. Lo extraje del librero y le hinqué los ojos y los dientes. El contenido sorprende. Es una compilación de Patricia Rosas Lopátegui, quien se dio a la tarea de reunir todos los libros publicados por esa escritora nacida en 1910, en Guadalajara, Jalisco.

Los cuentos de Dueñas desbordan imaginación. Con un estilo preciso se adentra en el inconsciente de los personajes y nos deja ver su verdadero modo de ser; aquello que esconden; lo que no desean que los demás se enteren. Es minuciosa en sus descripciones.

El libro tiene prólogo de Beatriz Espejo, otra cuentista mexicana, quien fue mi maestra en la Facultad de Filosofía y Letras, y una Presentación de la compiladora. Es muy valioso este volumen, contiene cuentos, artículos, retratos escritos de personajes, poesía y hasta una novela inédita. El Fondo de Cultura Económica lo publicó en 2017, tiene 830 páginas. Es sólo una hermosa semilla de amaranto, del universo que albergan las bibliotecas.

Este mes de julio también asistí a la Biblioteca Pública Manuel José Othón, en la colonia San Miguel Chapultepec, instalada en una construcción muy amplia e iluminada, profusa en su acervo. Acudí para entrevistarme con la coordinadora de actividades culturales de la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad de México, Mariana Jiménez, joven, entusiasta y profesional, en quien percibí un auténtico interés por los libros y los lectores. Tuve el gusto de conocerla personalmente y de darme cuenta de que compartimos un enorme interés por la cultura y de que, curiosa coincidencia, las dos asistimos a la misma secundaria, en la colonia Escandón.

Siempre que acudo a una biblioteca me quedo con la sensación de haber visitado amigos entrañables y quiero regresar cuantas veces pueda. Estos meses de julio y agosto, vacaciones de verano para los niños, tendrán en las bibliotecas, cursos, lecturas y convivencias varias. Los exhorto a que asistan, disfruten, chapoteen entre los libros y las actividades. Siéntanse los tlatoanis del lugar, conozcan y hagan uso del legado cultural que les pertenece. En verdad, deseo profundamente que en las bibliotecas nos encontremos. Así sea.