Beatriz Falero Una Vida en Cuentos

Narradora Oral Escénica Carismática e Imaginativa

Por Catalina Miranda

Beatriz Falero, narradora oral escénica, aprendió a contar cuentos en la Ciudad de México, en el Taller de Francisco Garzón Céspedes (Cuba, 1947), quien la llevó, con sus demás compañeros, a la emblemática Plaza de Santa Catarina, en Coyoacán, para que empezaran a contar ante el público. Les recomendó que no se quedaran ahí, que se fueran a otro lugar en el que pasara más gente. Después de varias vicisitudes, sus compañeros se establecieron en La Conchita, ahí mismo en Coyoacán, pero no duraron mucho. El grupo se dispersó y Beatriz se quedó sola en la Plaza de Santa Catarina.

   Me cuenta Beatriz: “Nunca pensé en tener un grupo, las cosas se fueron dando, me cayeron de allá arriba. Fue por constancia y porque la Casa de Cultura de Coyoacán me pidió que trabajara con ellos. El taller con el que empecé lo di en la plaza. Unos se sentaban con cojines en el suelo, y otros en las bancas”.

   Beatriz Falero es una mujer muy imaginativa, una soñadora a ojos abiertos, sumamente fantasiosa. Cuando sus hijos eran pequeños los llevaba de día de campo a la sala sobre el linóleo de flores que tenía en su casa: “En un canasto ponía las tortas, agüita de limón, y nos sentábamos ahí a comer, lo cual les encantaba y a mí también”.

   Un día, sus hijos le pidieron tener un perro: “Les dije que no se podía, porque vivíamos en un departamentito, y que yo trabajaba todo el día. Lloraron y lloraron, me dijeron y me dijeron. Yo no sabía qué hacer. En la noche se me ocurrió forrar una cajita de zapatos como si fuera un regalo. Se los mostré: ‘Miren lo que les traigo’, se emocionaron, abrieron la caja, pero no había nada adentro, me dijeron: ‘No hay nada’, les dije: ‘¿Cómo que no hay nada?, ¡es un perrito fantasma!’. A partir de ese día tuvimos un perrito fantasma. De repente me decían: ‘Mira, mamá, ya aprendió a bailar cha cha chá’. Ponían aros para que brincara el perrito; también caminaba en dos patas. Así era toda la vida. Mis tías me iban a visitar, y mis hijos decían: ‘Mira, tía, te vamos a enseñar lo que aprendió a hacer Manchitas’. Mis tías me veían como diciendo, ‘¿Tienes hijos locos o la loca eres tú?’. El psicólogo me recomendó no seguir haciendo eso porque los niños de por sí eran fantasiosos, que a dónde los estaba yo llevando. Entonces regalé a Manchitas, lo di en adopción. Por eso digo que yo he vivido imaginando todo el tiempo”.

   Así es ella, lleva décadas imaginando. Inventa hasta mezclar la realidad con la ficción. Esa magia la ha ejercido durante más de 35 años, los domingos en la Plaza de Santa Catarina, lugar que gracias a su constancia no necesita publicidad. Y a ella la conocen e identifican en toda la ciudad, en todo México y en muchos países también.

   La narración oral escénica es su vida: “¿Qué más puedo decir? El ochenta por ciento de mi tiempo lo dedico a hacer cosas para la cuentería: estoy preparando la clase o estoy estudiando… ésa es toda mi vida”.

   Falero es fundadora de la Asociación Mexicana de Narradores Orales Escénicos (AMENA), así como de la Casa del Cuento, lugar que tuvo gran auge, dentro del Centro Cultural El Juglar, donde se reunían los jueves para presentar espectáculos. Es fundadora y directora general de la NAO (Narradores Orales de Santa Catarina); creadora de varios festivales, entre ellos uno que convoca a narradores de todo el mundo desde hace 37 años: “Festival Internacional de Narración Oral. Octubre Mes de los Cuentos”. 

   En Xochimilco, sobre todo en Día de Muertos, Beatriz organizó recorridos a los que llamó “Cuentos y Cantos en Trajinera”, en los que se contaban leyendas de la zona: “Conoce Xochimilco a través de sus leyendas. Viaja en una trajinera, acompañado/a por cantos, las cuerdas de la guitarra y la melodía de las palabras de una cuentera; la luna, los árboles sagrados de Xochimilco ‘Quetzalahuejotes’ y tu imaginación”, rezaba la invitación en internet.

   Con esa capacidad que sólo tiene Beatriz Falero para recrear las imágenes y los recuerdos me platica: “Los cuentos se narraban arriba de las trajineras, transitando por los canales. Los músicos iban en la misma trajinera. Cuando teníamos mucha gente podíamos llevar dos trajineras. Cenábamos, había fogata y bebida. Fue una buena época. Hacía lo que me encanta. Además, realizaba un rito con veladoras en el agua. Le decía a la gente: ‘Fíjense bien, porque según el público es la figura que hacen las veladoras’. Ponía éstas en el agua y la corriente las iba moviendo. Les pedía a mis músicos que tocaran música muy suave, y sin cantar, para que los asistentes pudieran meditar. Ya con las veladoras en el agua, apagábamos las lámparas para que nada más se vieran las flamas flotando”.

   Ella nació en Tampico, Tamaulipas. Vivió su infancia siendo muy libre. Disfrutando de su casa estilo californiano. Cuidada por su madre y su nana, vigiladas por su papá, que era ingeniero petrolero, que —me cuenta—, era muy celoso, y le llevaba dieciséis años a su mamá. Cuando vino a la Ciudad de México, algo de esa magia se terminó. Llegó a vivir con sus tías y su abuela.

   De esa etapa, Beatriz recuerda con especial cariño “una muñeca negra de trapo que me encantaba y la adoraba. Mi mamá me decía: ‘¡Ay!, ¿cómo puedes dormir con esa araña tan fea?’. A esa muñeca yo le hice un vestidito de tul color rosa como para bailar ballet, pero imagínate cómo se veía con sus patas de trapo”.

   Así fue y ha sido Beatriz, sumamente lúdica, encantadora y lúcida. Quienes la escuchan y la encuentran todos los domingos a la una de la tarde en la Plaza de Santa Catarina, enfrente de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, lo pueden confirmar. Son cientos los cuenteros, cuenta-cuentos y narradores orales escénicos los que han estado a su lado, a veces escuchando, aprendiendo, contando, ideando, contagiándose de su entusiasmo, ejemplo y vitalidad.

   Pero tantos años dedicados a la narración oral no caben en un par de cuartillas, ni en tres, necesitamos más, por eso próximamente les revelaré cuáles son los cuentos que ella prefiere contar, a dónde ha ido a contarlos además de a Santa Catarina, qué premios ha recibido y más. Por el momento, démosle desde aquí aplausos, felicitaciones, reconocimiento por su valor, por su empeño y por transmutar todo lo que toca como sólo ella puede hacerlo; es decir, como la gran niña que aún es por fuera y por dentro.

Cultura tecnológica

Por: Josefina Lozano Cervantes
Periodista cultural mexicana

La cultura actualmente juega un papel muy importante en el mundo, debido a la diversidad social, artística y tecnológica. Parte fundamental en el nuevo quehacer cultural, es la llamada “cultura tecnológica”.

Hoy en día, los procesos de interacción y comunicación son innumerables en cuanto a las representaciones de valores, las pautas del comportamiento social en los medios de comunicación como lo son: el lenguaje, las tradiciones, las obras colectivas en el campo del arte, la literatura, la política y la religión.

Existen empresas que se dedican a crear experiencias en todos los ámbitos y niveles inimaginables, entonces podemos decir que los hombres y mujeres que estamos inmersos en el mundo de la cultura, nos encontramos en un punto crítico, sin retorno hacia la modernización cultural en donde tenemos que asociar por yuxtaposición, la cultura artística con la cultura tecnológica, ya que ésta es un factor esencial de la competitividad económica y por lo tanto del bienestar Social.

El universo está en movimiento y de igual manera, el Ser humano que a lo largo de la historia lo ha hecho a través de la cultura artístico-literaria; toca ahora hacerlo por medio de la cultura tecnológica por lo tanto,  tendremos que ir descubriendo nuestros próximos héroes “culturales tecnológicos”, ya que los artísticos-literarios ya existen.

Para que los trabajadores de la cultura apoyados en la tecnología, puedan seguir promoviendo a los artistas y sus trabajos, así como las nuevas tendencias, es importante crear la figura del Mecenazgo tecnológico ya que la creatividad no se detiene y la de los mexicanos, no tiene límites.

Roberto Javier Hernández El Pelón y la Compañía de Teatro en Vecindades

(Segundo acto)

Por: Alejandro Ostoa

La botella se rompió tras que Juan Pablo de Tavira, el padre Hamlet, recibió el golpe. Tavira reaccionó profesionalmente. Terminada la función El Pelón agradeció a todos: “Chingón, cabrones”. Al final, mandó recoger los restos de la “botella” que quedaron en el escenario, pues los pedazos de brea, si se entregaban al productor de las botellas, salía menos cara la realización de esa utilería.

En algunos lugares dimos funciones, con una obra alegórica contra las adicciones, era una fábula en la que el protagonista probaba “polvos mágicos” y vivía fuera de la realidad. El público llegaba, gran parte eran de chavos chemeando, con la mona, con el flan, con la mirada extraviada. Raro. Estaban expectantes, se codeaban ante las situaciones en que el protagonista se drogaba, les daba risa, se decían “se parece a ti”. El programa fue un éxito, se llamó “Vive activo sin activo”.

Nos distanciamos, no por enojo, sino por verdaderas distancias físicas. Me invitó a dar un taller con una asociación de payasos. Roberto era respetado por ese gremio, les exigía profesionalizarse, eliminar los pastelazos, los lugares comunes y mostrarse creativos. Les hizo entender los distintos tipos de payasos, el significado de maquillaje y vestuario. Planteaba rutinas, tempo, ritmo, de la significación y dignificación del payaso. Se acercaba un congreso internacional; ese fue el motivo de mi presencia, impartir un taller de dramaturgia. Las sesiones fueron interesantes debido a la diversidad de los asistentes. Entre improvisaciones y escritura se desarrolló el taller. El presidente de la asociación nos informó del congreso a realizarse y del programa. El número estelar sería la presentación de un payaso que aparecía en televisión. Yo estuve en desacuerdo. Le plantee que, si se me había convocado para escritura, no permitiría, que los aplausos se los llevara alguien comercial, que escogería un sketch escrito por alguno de los integrantes. Se hicieron trabajos grupales y el ganador fue uno sobre béisbol, fársico, con autoescarnio, humor negro. Los demás integrantes de la asociación participaron en distintas tareas, desde traspintes, tramoyistas, seguimiento de ensayos y eventualidades. El pelón dirigió. Llego el día de la inauguración, en el teatro Jiménez Rueda. Tocó el turno del número estelar y, como dirían los críticos de antaño, “fue la apoteosis”.

Cuando salíamos de las sesiones de ese taller, caminábamos por la Ciudad de México e íbamos a comer, me comentaba de su labor con los luchadores profesionales, a quienes, sin que fueran conscientes, les daba clases de actuación, desde vestuario, significado de personaje; es decir, la creación de personaje.

Los hizo crecer, proyectando la energía desde el ring, todo con el CMLL. Ahí era conocido como el Profe Richi. Después, a Roberto, le tocó seguir luchando, con los conflictos –ya no de la escena teatral–, sino de la incertidumbre, con las caídas –sin límite de tiempo–, la pandemia llegó. La empresa lo abandonó. Escasearon hasta desaparecer los pagos. ¡Qué indignante! Otra vez le arrancaron la cabellera, le aplicaron la quebradora, guillotina. Las llamadas telefónicas entre nosotros se hicieron más frecuentes. Mientras, la diabetes se acrecentaba. Finalmente, el 29 de octubre de 2021, partió por el foso del escenario, pero su huella quedó. Y muchos tenemos los pelos en la mano para hablar del querido Pelón.

Vayamos a un recorrido ultra veloz de la Compañía de Teatro en Vecindades. Los patios de vecindad se convirtieron en escenario, muchas remodeladas tras los sismos del 85. Los inquilinos, vecinos y público en general teníamos un espacio para ver nuevas propuestas teatrales con profesionales de la escena, con entrada libre. El debut de esta institución fue el 17 de marzo de 1988, en el patio de vecindad una vecindad  con Pareces un Otelo, paráfrasis de Shakespeare, a la que le siguieron, con el mismo tono, a la mexicana, obras shakespereanas, en un ámbito popular, Como un sueño, Tinta sangre, Quítate tú pa’ ponerme yo y El otro espectro de Hamlet. Además de Los inquilinos de Satán, Jugaremos en el bosque, ¿Alguien dijo dragón?, de Lyra y Guillermo Cuevas, La tortura, sobre texto de Duras y Sartre, Banderillas de fuego, de Filadelfo Sandoval y La muerte de Alfredo Gris, de Santana.

El telón permanece abierto. Roberto es el cenital que se hace presente en el teatro popular.

Exitoso Inicio del Taller de escritura Narrativa

Guadalajara, Jalisco.- El día de ayer lunes 21 de Agosto, en punto de las 17:00 horas, en el Centro Cultural “La Escalera” dio inicio el Taller de Narrativa, impartido por la escritora, periodista y Directora de Prensamérica Internacional Jalisco- México,  Victoria Falcón Aguila, quien ha ganado en tres ocasiones el  Premio México de Periodismo Ricardo Flores Magón.

El taller busca que los participantes sepan contar buenas historias con ángulos distintos desde el ámbito cotidiano. Conocerán como se construye una obra narrativa, cuáles son sus elementos y estructura. Es un taller teórico-práctico para todo público y edades, constará de 4 sesiones los lunes: 21, 29 de Agosto, 04 y 11 de Septiembre de las 17:00 a 19:00 horas.

El Centro Cultural La Escalera es un centro de eventos culturales, sociales y recreativos, que acoge a artistas plásticos, escritores así como a talleristas y creadores en general; es un espacio de belleza arquitectónica ubicado en el centro histórico de Guadalajara que se encuentra ubicado en Calle Donato Guerra Número 6; en él podrán encontrar desde exposiciones de pintura, representaciones de danza, teatro etc., cada lunes el Colectivo I’am Arte conformado por poetas y escritores, se reúnen en punto de las 6 de la tarde, para compartir sus trabajos y hacer homenaje a los grandes escritores y poetas del País.

Este Centro Cultural está abierto para todo el público y pueden consultar sus actividades en su Facebook  La Escalera Centro Cultural.

Para el Taller de narrativa aún hay espacio y se pueden inscribir en La Escalera el lunes 29 de agosto de las 17: 00 a 19:00 horas con Victoria Falcón Aguila.

Atrévete a subir la Escalera.

Dramaturgia Mexicana Publicada en el Siglo XXI

Guillermo Schmidhuber de la Mora y Omar García Sandoval
Dos Dramaturgos, siete piezas para Representar

Por Catalina Miranda

Guillermo Schmidhuber de la Mora es autor de más de cuarenta obras dramáticas, que se han escenificado en distintos países; es también un investigador acucioso, especializado en la obra de sor Juan Inés de la Cruz, de la que encontró una obra perdida: La segunda Celestina. Schmidhuber, además, es un reconocido crítico de teatro, cuentista y novelista. Teatro para lamentar una ausencia es el título de su libro en la Colección Tespis de Icaria. El cual contiene cuatro piezas de destacada factura: “No murieron por la patria”; “Cuarteto para llorar una ausencia”; “Aniversario de papel en tres tiempos y un epílogo”, y “El ritual del degüelle”.

   La primera de ellas contiene un fragmento de la vida de fray Servando Teresa de Mier, cuando vivía en París. Schmidhuber recrea el encuentro de Teresa de Mier con quien sería posteriormente maestro de Simón Bolívar: Simón Rodríguez. Los personajes intercambian planteamientos ocurrentes y diálogos contrastantes debido a las diferencias en su personalidad: la seriedad y compromiso del sacerdote, y la liviandad del hombre mundano que es Rodríguez. Schmidhuber recurre a malabarismos fársicos como la ventriloquía para enfatizar el contraste de esas personalidades. Finalmente, Servando se ve enredado en la verborrea de Simón, quien lo hace caer en su trampa en torno a la traducción de una obra de René de Chateaubriand.

   A partir de la segunda obra, el autor cambia el tiempo y el sentido. Las piezas ya no tienen un origen histórico, sino uno ficticio; no obstante, tienen mucho parecido con la realidad. Schmidhuber nos traslada, nos hace ver varios nudos que emanan sustancias tóxicas y que ahogan a las familias. En “Cuarteto para llorar una ausencia”, el matrimonio de un hombre, que ejerce la autoridad y el machismo, y una mujer apegada a las órdenes de su marido se ven obligados a modificar sus férreos modos de actuar y de pensar motivados por la ausencia irremediable de su primogénito. En “Aniversario de papel. En tres tiempos y un epílogo”, un padre y una madre se desenvuelven en tres posibles vertientes, tres destinos para un mismo hijo: la enfermedad física, innata; la drogadicción por causa del descuido de los padres, y la felicidad y la armonía propiciada por el equilibrio y la buena comunicación entre los progenitores. “El ritual del degüelle” devela la problemática familiar de una esposa que luego de sufrir el maltrato del marido se venga de él, y hace cómplices a la hija y a la suegra, quienes también fueron víctimas de las agresiones de ese hombre abusivo, irreflexivo y golpeador.

   Para Gonzalo Valdés Medellín estas “cuatro piezas son de contrastante bagaje propositivo que, empero, discierne justamente la ausencia, el lamento y sus opuestos: la presencia y el ditirambo. La presencia de caracteres y circunstancias aleatorias que, si bien emplazan a los personajes a convulsivas degustaciones anímicas, también descuellan en exorbitantes madejas morales, sociales, psicológicas e incluso patológicas”.

   Omar García Sandoval es el más joven de los dramaturgos incluidos en la Colección, pero es destacada su trayectoria. Estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en donde imparte cátedra. Es bailarín y coreógrafo egresado de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA. Se ha desenvuelto como actor en teatro, cine y televisión. Yo moriré esta noche. Sueños. Los volcanes del Anáhuac es su primer libro de dramaturgia. En él encontramos a un escritor interesado en el ritmo y la musicalidad de las palabras, concretamente en la poesía. “Yo moriré esta noche” es el canto lastimoso de un hombre llamado Hamlet, que está hablando de su próximo y cercano deceso, y se da la oportunidad de dialogar consigo mismo, con fantasmas y con sus personajes clásicos y contemporáneos preferidos. Así, este Hamlet, que por momentos es el creado por Shakespeare, y en otros es parte de lo contemporáneo y habla de Coca-Cola, Windows y Walmart, es, evidentemente, ubicuo, un mago que quizá lleva siglos muerto, pero hace creer que morirá esa noche, dentro de una hora, en un tiempo que los lectores adivinamos eterno.

   En la segunda obra “Sueños”, encontramos a una pareja desgastada, que ha caído en la monotonía, en la aburrición y los reclamos. El diálogo se desarrolla durante una cena, los alimentos se convierten en insultos, reproches y agresión. Se plantea la decadencia de la pareja, la imposibilidad de encontrar acuerdos, la incomprensión, que hacen que los sueños e ilusiones caigan en un desfasamiento, en el resquebrajamiento de los intereses en común.

   El plato fuerte del libro lo conforma “Los volcanes del Anáhuac. Del amor, la ruina y la fragua”. Es la recreación de la leyenda del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, desarrollada también en verso. Es una obra de largo aliento, creada principalmente para la lectura, ya que realizarla en un escenario y proyectar al público su esencia, requeriría de una voluminosa y suntuosa producción. Esta obra podría ser una epopeya digna de cualquier pantalla cinematográfica, como comenta Gonzalo Valdés Medellín en el Prólogo. A mí me encantaría que surgiera un músico heroico que la transformara en una ópera y que fuera representativa del repertorio nacional.

   Teatro para lamentar una ausencia, de Guillermo Schmidhuber de la Mora (Ciudad de México, 1943) y Yo moriré esta noche. Sueños. Los volcanes del Anáhuac, de Omar García Sandoval (Ciudad de México, 1982) son la cuarta y quinta entregas de la Colección Tespis de Icaria. Dos dramaturgos de distintas generaciones. Siete obras del acervo de la dramaturgia mexicana publicada en el siglo XXI.

Día Mundial del Peatón

Por: Verónica Isabel Enríquez Falcón

Todos somos peatones en algún momento del día. Caminar por las calles y avenidas no debería representar un riesgo, pues las cifras de siniestros viales en peatones son altas y a nivel mundial representa un problema de salud pública. Con el fin de concientizar a la población para garantizar un tránsito más seguro, y a su vez, fomentar la cultura vial, es que cada 17 de agosto se conmemora el Día Mundial del Peatón.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) eligió el 17 de agosto con el fin de conmemorar que en el año de 1897 la joven londinense Bridget Driscoll fuera embestida por un vehículo automotor causándole la muerte. Ese incidente fue registrado como el primero en su tipo en el planeta.

En cifras, cada 23 segundos fallece una persona por un accidente de tránsito a nivel mundial. Cada año se pierden aproximadamente 1,3 millones de vidas por incidentes de esta naturaleza. Entre 20 y 50 millones de personas sufren traumatismos no mortales, y muchos de ellos provocan una discapacidad. Son la principal causa de mortalidad entre los niños y jóvenes de 15 a 29 años de edad.

En Jalisco, hasta el 30 de junio de 2023, 13 personas han muerto en el Área Metropolitana de Guadalajara en accidentes donde participaron unidades de transporte público colectivo de pasajeros. De acuerdo con el Informe de Siniestralidad Vial del Transporte Público Colectivo de la Secretaría de Transporte, enero y febrero son los meses con más víctimas mortales, con un total de cuatro cada uno.

Territorios Baldíos

Feminismo

Por: Darío Fritz

Sin clan, sin ley, sin hogar, nada es. Lo dice Homero en la Ilíada. “Lo primero de todo es la casa, la mujer y el buey labrador”, aporta Hesíodo. Hablaban de la familia, “la comunidad establecida para la convivencia de todos los días”, a decir de Aristóteles. Y de la cual Platón alertaba que su “desvirtuación o falta de cohesión” llevaría a “la disolución de la República y, por ende, de la sociedad”. En el reciente cierre de temporada de You Honor, la serie en la que Bryan Cranston vuelve a brillar, muestra que para algunos clanes, de la mafia en este caso, lo de la familia se lleva con camisas de fuerzas permanentes. Y que la mujer, despreciada, ninguneada, violentada, puede ganarse su lugar como cabeza del clan -una Hope Davis sobresaliente- a fuerza de mayor maldad que los hombres, aunque esto ya no resulte una novedad tanto para la cinematografía como para la literatura (allí están Las reinas del crimen, La dama de la mafia, el documental Napoli, Napoli, Napoli, o La reina del sur, la creación de Arturo Pérez Reverte).

Esa mirada algo repetida sobre mujeres abandonadas, maltratadas o cómplices del patriarcado, por necesidad, amor o vocación, encuentra otro relato, nuevo y apenas visibilizado; el de las mujeres que aceptan colaborar con la justicia para contar sobre los crímenes, negocios, lavados de dinero y nombres de su clan. Arrepentimiento y necesidad de sobrevivir que en la familia -madres, hermanas, padres- le indilgarán como traición y se lo harán pagar con la muerte si logran cazarlas. De eso va Las buenas madres, la producción italiana basada en el libro homónimo del periodista Alex Perry, y que estrenó este año Star+. Parsimonioso, el relato se toma seis capítulos que pasan muy rápidos, para hacernos ver que la violencia ejercida por padres y criminales del clan es tan cruda como real con las mujeres. Las convierten en rostros desfigurados sólo por acceder a redes sociales, las insultan por ser eficientes en su trabajo, pretenden que una hija olvide a su madre porque los ha traicionado dando cuenta a la justicia de sus crímenes.

En una Calabria donde lo único moderno son los celulares, microondas y refrigeradores, porque en lo demás, desde la arquitectura y el silencio pavoroso de las calles de los pueblos, el conservadurismo rancio y aterrorizante sobrevuela la serie. Las historias verídicas de tres mujeres, víctimas de clanes familiares de la Ndrangheta se abordan con solvencia, frialdad y magnetismo en las cámaras que dirigen con pulcritud el inglés Julian Jarrod y la italiana Elisa Amoruso. Dejan en claro que la familia es una fraternidad de hombre, donde las mujeres sólo acompañan y nunca serán lo primero de todo, volviendo a Hesíodo. Donde un jefe puede denominarse mamma santisssima, pero nunca le confiaría a la mujer hechos y mucho menos secretos, sería como traicionar el juramento de fidelidad, en palabras del arrepentido jefe de la Cosa Nostra, Antonio Calderone.

Las buenas madres es una obra feminista, no sólo porque muestra a esas tres mujeres valerosas junto a la fiscal que encabeza la estrategia de desarmar en lo que puede a la mafia, a partir de hacernos ver que son tan responsables de crímenes -por participación u omisión- como sus maridos o padres, sino también porque cuenta la vulnerabilidad de otras mujeres -la mayoría- que callan la violencia aceptando su papel de víctimas, tutoras del grupo familiar aunque sus integrantes cometan asesinatos, trafiquen drogas o extorsiones a sus vecinos. Mujeres capaces de manipular a nietas y sobrinas contra las propias madres que han dado ese paso de rebeldía contra un mundo oscuro del que ya no quieren formar parte. “No le perteneces a nadie más que a ti misma”, le aconseja Lea Garófalo a su hija Denise antes de que el marido la mate y desaparezca su cuerpo.

Una de las tres versiones que identifican el origen de la palabra mafia, señala la contracción de ¡Ma fia! (¡Mi hija!), que gritaban desesperadas las madres en el Palermo del año 1282 ante la violación de sus hijas cometidas por soldados franceses. Esos gritos hoy se convierten en amenazas de venganza y chantaje. Perderán a sus hijos y su propia vida aquellas que osen ir a la justicia. Y se lo cumplen. Las mujeres lo saben pero dudan. Romper con la omertá (silencio cuyo rompimiento se paga con la muerte) es complejo. Así se lo hace saber Giuseppina Pesse a la fiscal. “Usted no entiende nada”, le advierte.

Los hombres nunca dejarán que una mujer sepa algo, porque de lo contrario mejor será matarla o hacer que otro lo haga, testimoniaba Calderone en 1992. Lo saben en su incredulidad desafiante Lea y su hija adolescente. Ninna ninna ninna neda/ el lobo se come el corderito/ Corderito mío ¿qué hiciste?/ cuando te encontraste con la boca del lobo, dice la letra del tema musical central de Giorgio Giampá que recorre la serie. Nada mejor que la canción tradicional de cuna para describir Las buenas madres, esta serie poderosa en cada escena y virtuosa en su extensión.

@DaríoFritz