Día Nacional del Cine Mexicano

Por: Verónica Isabel Enríquez Falcón

El séptimo arte producido por cineastas mexicanos se conmemora cada 15 de agosto. El Día Nacional del Cine Mexicano celebra el talento y diversidad de voces que dan forma al cine de nuestro país. Para este 2023, el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) tendrá una programación especial dentro del marco de este día.

Bajo el nombre #CineQueNosUne, del 15 al 21 de agosto de 2023, el público podrá disfrutar de películas que reflejan la pluralidad de ideas y culturas que convergen en México; desde la exploración de fenómenos sociales, historias narradas por cineastas indígenas, clásicos del cine contemporáneo, así como la gran tradición del cortometraje mexicano.

La cartelera se conforma por 43 películas, entre largometrajes y cortometrajes de ficción, documentales y animación, mismas que tendrán más de 277 funciones en 63 sedes de 20 estados incluido Jalisco, incluyendo la nueva Cineteca Nacional de las Artes. Consulta la programación en el siguiente enlace: https://www.imcine.gob.mx/media/2023/8/1_general_-_programacion_dncm_20231.pdf

La celebración realiza una retrospectiva a la carrera de la primera actriz María Rojo; así como la proyección de títulos del Centro de Producción de Cortometraje (CPC), recientemente digitalizados por el IMCINE en colaboración con Estudios Churubusco. También existe una colaboración con plataformas como Netflix, MUBI, ViX, entre otras.

Asimismo, la Dirección General de Actividades Cinematográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México -FIlmoteca UNAM- se ha sumado a esta gran celebración. La Filmoteca UNAM ha programado once filmes realizados en su gran mayoría por egresados de la Universidad Nacional, reconocidos con diversos premios y nominaciones, a proyectarse del 16 al 20 de agosto en la Sala Carlos Monsiváis del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, Ciudad Universitaria) y el Cinematógrafo del Chopo (Enrique González Martínez núm. 10, Santa Ma. La Ribera), con entrada gratuita.

En nuestro estado, el día de hoy el Museo Cabañas (Cabañas #8, Las Fresas, CP. 44360, Guadalajara, Jalisco) se encuentra proyectando “Háblame de ti”, Dir. Edu Cortés y “Las razones del corazón” Dir. Arturo Ripstein, y el viernes 18 de agosto en Cine Mayahuel (San Felipe #726, Col. Centro, C.P. 44100, Guadalajara, Jalisco) se proyectarán “La tarea”, Dir. Jaime Humberto Hermosillo y “Compilado de cortometrajes del CPC”, Dir. Varixs realizadorxs.

Fuera de México, en colaboración con la Secretaría de Relaciones Exteriores y distintas instancias internacionales, se llevarán a cabo 87 proyecciones presenciales de 26 títulos mexicanos de la cartelera oficial del Día Nacional del Cine Mexicano en 30 representaciones diplomáticas de 25 países, para el disfrute tanto de los públicos mexicanos en el extranjero como de los residentes de esas latitudes.

También dentro de este marco, Mattel anunció el lanzamiento de una Barbie de María Félix de edición limitada que ya aparece como “agotada” en Amazon.

Roberto Javier Hernández El Pelón y la Compañía de Teatro en Vecindades

(Primer acto)

Por: Alejandro Ostoa

A Catalina Miranda y su Tespis…
de colección

El teatro, como representación es efímero, pero quienes lo hacen posible (dramaturgos, directores, actores, escenógrafos y productores, entre los principales), marcan a los espectadores. Este año (2023) se cumplen 35 de la creación de la Compañía de Teatro en Vecindades, proyecto de gran alcance, de Roberto Javier Hernández El pelón.

Roberto Javier Hernández, más reconocido como El Pelón, chilango de nacencia y conciencia, egresó de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue alumno de Héctor Mendoza, Luis de Tavira y Julio y Germán Castillo, entre otros notables directores, con lo que posteriormente trabajó. Fue iluminador, escenógrafo y asistente de dirección. Como actor, también tuvo presencia, destacando en Nadie sabe nada, de Vicente Leñero. Julio Castillo y Germán Castillo fueron quienes más le solicitaban que asistiera para recibir la crítica de los montajes a estrenar. El Pelón, generoso desparramado, realizaba la crítica y constantemente le pedían puentear escenas, porque tenía la capacidad de hacerlo con elementos que simbólicamente eran los idóneos.

Incisivo, corrosivo, imaginativo y propositivo, era un ser luminoso que contrastaba la alta cultura con la popular. Luchador social desde la escena, sin panfletos ni discursos mareadores, tendenciosos, llegaba a los oprimidos, a los combativos. Recuerdo que cuando le pregunté a qué se debía su estilo rapado, me platicó la historia. Participó en una manifestación conmemorativa del Movimiento Estudiantil del 68. Traía greña larga, los granaderos lo golpearon y le quitaron un mechón, con parte de cuero cabelludo y desde entonces andaba con la cabeza como de rodilla. Sus bigotes, recordando a las morsas, eran otra de sus características. Así se involucró en una aventura, participando como actor en la telenovela El pecado de Oyuki.

Verlo dirigir era disfrutar una escena del teatro del absurdo. Su lenguaje oral era como comedia de enredos, pero con pocas palabras, repetitivas, enfáticas y abstractas, careciendo de cantinfleo. Dicho lenguaje lo fortalecía corporal y gestualmente, poniendo énfasis en lo descomunal. No decía nada… pero trasmitía todo.

Siempre he dicho que al director escénico que más le aprendí fue a él. Va un ejemplo, subiéndose a escena y con mirada, lenguajes corporal, gestual y textual, cargado de energía emprendía lo que deseaba que se le trasmitiera dentro de su proyecto de dirección: “Mira, cabrón, el pedo está así… tú llegas… pas… pum y en chinga te presentas, poniéndote muy acá… Agarra el pedo y maneja todo el escenario. ¿Captas? Y se bajaba del escenario. (¿A alguno de los lectores no le quedó claro la indicación?) Yo la captaba.

Recuerdo que lo entrevisté para la revista Mira, titulando tal trabajo como “Por actuar en quinto patio”. Cuando entré a trabajar en cultura de la Ciudad de México, en lo que fuera Socicultur (que había sido un proyecto de entretenimiento), cuando fue titular Alejandro Aura, y subdirector de actividades Culturales Armando Vega-Gil, llegamos a programar a la compañía de Roberto con obras contra las adicciones y con canevás que presentaban en diversos foros callejeros, así como en reclusorios y orfanatos. Su compañía era la más solicitada porque se adaptaban al público que presenciaba la obra.

Recuerdo que una ocasión me invitó a un canevá y actué en la Candelaria de los patos. La obra se presentó tras ver una muestra de objetos que pertenecieron a prostitutas asesinadas. La exposición me resultó un golpe clarísimo en el espejo de la cotidianeidad, realidad destrozada, esquirlas de lo que fueron zapatos de plataforma, fragmentos de lápiz labial, condones amarillentos, peines chimuelos, y sostenes sin apetencias.

Después me invitó a escribir un Hamlet a la mexicana. Había ganado la beca de la Fundación Rockefeller. La obra fue El otro espectro de Hamlet, se estrenó en el teatro Venustiano Carranza de la Ciudad de México. Hicimos una gira delegacional con una pastorela de payasos. Con El otro espectro de Hamlet me pidió que lo acompañara a los ensayos. Así lo hice. El padre Hamlet lo interpretó Juan Pablo de Tavira. Me pidió que marcara a un guardia que le rompía una botella en la cabeza. Tavira asistía a los ensayos con sus guaruras, había superado el atentado en su casa, mediante la fuga de gas y dejado de ser director general técnico del Sistema Penitenciario Nacional. Nunca llegó el actor que iba a realizar el guardia. El día del estreno hice el papel. Mi miedo era la reacción, porque le rompí la famosa botella (de utilería en la cabeza).

Cae el telón del primer acto.

Tespis de Icaria, el Héroe que Inspiró una Colección

Por Catalina Miranda

Tespis, nacido en Icaria cinco siglos antes de nuestra era, es el héroe griego al que se le atribuye la creación del teatro, por interactuar con el Coro de manera dialogada. También introdujo el uso de la máscara e inició el teatro itinerante, ya que fue desterrado y se vio en la necesidad de viajar en su carreta, y de llevar sus representaciones teatrales por distintas localidades de Grecia.

 Editorial Ariadna, en 2016, eligió el nombre “Tespis de Icaria” para su colección de dramaturgia. El libro con el que ésta inicia es de Gonzalo Valdés Medellín (novelista, ensayista y periodista de amplia trayectoria): A tu intocable persona. Delirio dramático en dos actos, que en ese año conmemoró 30 años de haberse escrito. Obra muy importante, innovadora, y no obstante haberse representado hasta 1994, significó un parteaguas, ya que fue la primera en abordar el tema del sida. Ernesto Reséndiz Oikión, en el Prólogo de este volumen —que contiene fotografías y reseñas aparecidas sobre todo en el suplemento sábado de unomásuno—, anotó: “Esta obra ofreció una renovación. Para la mayoría de las personas heterosexuales, y para muchos homosexuales, el silencio en torno al tema era preferible antes que reconocer la ignorancia común.” Poco se sabía entonces de las causas del SIDA, lo que sí se palpaba era que muchos miembros de la comunidad homosexual caían fulminados; había terror, ignorancia y tabú, no sólo entre los gays, los más afectados, sino también entre los heterosexuales y entre la gente dedicada a la salud, quienes no estaban capacitados para detectar y menos para tratar la enfermedad. Así, A tu intocable persona… es también una denuncia en contra de la Medicina, como ciencia, y en contra de la Religión como distorsionadora de ideas y satanizadora de las prácticas en torno a la diversidad sexual. Son varios los aspectos de esta obra que son plausibles: la valentía del autor de 23 años; el uso de un lenguaje verosímil, fiel recreador de la realidad; la realización del desnudo y del acto sexual en pleno escenario.

El número 2 de la colección lo ocupa Hugo Salcedo, un maestro de la dramaturgia mexicana, doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid, ganador del Premio Internacional Tirso de Molina cuando aún no cumplía los treinta años, y de muchos más, que dan testimonio de la calidad de su pluma. Salcedo presenta dos obras que no han sido aún representadas: La primera es Onania, y la segunda, Seis metros, dos mil quinientos kilos y un chorro de espuma.

Onania es un neologismo creado a partir del nombre de Onán, personaje bíblico aparecido en el Génesis que se casó con la viuda de su hermano. Cada vez que Onán tenía coito con su cuñada se alejaba del cuerpo femenino antes de eyacular, ya que no deseaba engendrar un hijo con ella. En Onania, Hugo Salcedo plantea la necesidad de una mujer, cuyo esposo acaba de morir creyendo que ella está embarazada y que heredó todos sus bienes a su futuro hijo. El drama se desarrolla a partir de la petición que Tamara le hace a Octavio, su cuñado, de darle un hijo.

Seis metros, dos mil quinientos kilos y un chorro de espuma. Farsa marina en dos actos, es una imagen que alude a un cetáceo hallado por unos niños en la Bahía de Santa Magdalena, Baja California. Los niños, sorprendidos y juguetones, se acercan al animal, y ante la incapacidad de devolverlo al mar piden ayuda a las autoridades del pueblo, quienes astutas y corruptas ven en el hecho la posibilidad de ganar dinero. Así, cobrando, llevan a los pobladores, en una de las camionetas de la comisaría, a ver a la ballena y encierran en la cárcel a los niños. Al llegar las autoridades federales a esa playa, lejos de querer dar solución al problema de la ballena muerta, que en breve iniciará su proceso de descomposición, causando graves enfermedades a los aborígenes, prefieren tomar nota de la extensión y belleza de las playas de Santa Magdalena, en las que planean, para su propio beneficio y enriquecimiento, erigir un centro turístico. Ante la ineptitud de las autoridades, y motivados por el hambre, los pobladores deciden destazar al animal y asegurar el alimento para una larga temporada. Seis metros, dos mil quinientos kilos y un chorro de espuma es la denuncia de la corrupción de los políticos que saquean al país, convirtiéndolo en una zona en la que prevalece la injusticia, la hambruna, la ignorancia, la falta de conciencia, lo que, sabemos, sucede en muchos puntos de nuestro país.

Gonzalo Valdés Medellín escribió en el Prólogo: “Las obras que el lector tiene en sus manos hablan de un dramaturgo que apuesta por la forma, que explora las anécdotas a costa del devenir de sus propios personajes, que discurre en torno a la injusticia social, pero también en favor de la espiritualidad, de la honestidad del ser y de la búsqueda de una identidad que se ha colapsado.

”Onania es una obra neomilenaria, apocalíptica, en donde el debate de la identidad del ser cobra visos perturbadores; los personajes viven historias entremezcladas de terror, de fantasía corrosiva, inmersos en una realidad que los agobia, que macera sus existencias y solivianta la realidad misma. Una de las obras más hermosas del catálogo de Hugo Salcedo es esta ballena dramática llamada Seis metros, dos mil quinientos kilos y un chorro de espuma, donde vemos al dramaturgo en total madurez compositiva y donde nuestro México (a través de personajes infinitamente humanos), vuelve a llorar de vergüenza, de impotencia, de desolación, de conciencia de sí mismo como un país que no merecería ser ese cadáver vejado por las manos codiciosas de sus gobernantes, como sucede con la ballena, en incisiva metáfora dramática, sino cobrar conciencia del sino de su infortunio.”

Del 2016 al 2023, la colección Tespis de Icaria ha ido ampliándose con obras de otros destacados dramaturgos, las cuales abordaremos en futuros artículos, aquí, en Prensamérica Jalisco.

Territorios Baldíos

Orfebres de la enseñanza
Por Darío Fritz

Hay tanto ruido allí afuera que a veces cuesta encontrar el foco. Los pensadores de la antigüedad, que han marcado el camino al paso de los siglos, señalaban a la educación como el lugar para desarrollar los sueños de cómo construir el futuro. Le daban así más valor al educador que al funcionario gobernante. Ser “ministro” o funcionario por entonces –minus-, significaba estar hecho para las actividades menores, en cambio, el magister era, tomado del latín, el maestro. Desde la palabra se simbolizaba la preponderancia de una sobre otra. Por entonces, los hijos de los acaudalados eran los únicos que asistían a recibir conocimientos -fueron los primeros-, y eso, aún entrado el siglo XX, siguió ocurriendo en la mayor parte del mundo.

Se aprendía de memoria -¿algo ha cambiado?- porque no había papel donde asentar el aprendizaje y la oralidad era el modo de retransmitir el conocimiento. Irene Vallejo, que en El infinito en un junco nos ayuda a quitarnos tantas telarañas de ignorancia, relata que para la fiesta de Pentecostés, los judíos del Medioevo hacían una ceremonia con los niños que se iniciaban en el aprendizaje donde debían lamer la miel untada sobre las palabras del alfabeto hebreo escritas en el pizarrón para que les entraran simbólicamente en su cuerpo. Esos maestros de alguna manera hacían que el gusto por el aprendizaje quedará incrustado para siempre en cada cuerpo y la enseñanza fuese un placer y no una carga como muchas veces nos pretenden hacer creer.

Fue Albert Camus quien dejó una marca indeleble de la impronta de los maestros en la formación de los niños, como potenciales transformadores de sus vidas. Después de obtener el Premio Nobel de Literatura en 1957, le escribe a su maestro Louise Germaine para agradecerle que en la pobreza de su niñez, sin su madre y sin sus enseñanzas y ejemplo no hubiese podido llegar a ser el escritor que era.  “No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo, pero por lo menos ofrece la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.”

También Nuccio Ordine ha dejado asentado que “la buena escuela… la hacen sólo los buenos docentes” -su reflexión se hace en el contexto de serias dudas sobre los beneficios de la multimedia, las tablets y la educación que se pretende ligar a empresas privadas. Los buenos docentes, dice, son “aquellos que, renunciando a las medidas coercitivas, logran que la única fuente del respeto del alumno hacia el profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de éste”.

Hoy meros hacedores de las decisiones de los minus, los magister escuchan el ruido diario allá afuera. Unos libros de textos -¿quién será el autor de tanta redundancia?- realizados a oscuras, cojos en transparencia, impuestos a rajatabla, los tendrán a ellos como orfebres, quiéranlo o no, de arbitrariedades ajenas.

@DarioFritz
Darío Fritz ejerce el periodismo desde hace más de tres décadas (Reforma, Milenio Diario, Siglo XXI, La Crónica, entre otros). Publicó la investigación Con la muerte en el bolsillo. Seis desaforadas historias del narcotráfico en México, el cual recibió el Premio Planeta de Periodismo, y es coautor de El Libro Rojo III (Fondo de Cultura Económica). Redactó manuales sobre seguridad física y digital dirigido a periodistas. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo (área Investigación). Ha sido corresponsal para publicaciones de Argentina e instructor para UNESCO México. En la actualidad ejerce como profesor de periodismo en la FCPyS de la UNAM, y editor de la revista trimestral BiCentenario.

Voces Sobre Zapata

Por: Alejandro Ostoa

Toluca Estado de México.- El viernes 4 de los corrientes, en el Centro Toluqueño de Escritores, con la convocatoria de A mis Contemporáneos, se presentó el libro  Emiliano Zapata. Testimonios de la Revolución del Sur, de Édgar Castro Zapata, con la participación de Georgina Flores, el autor y quien esto escribe. Como moderadora la convocante Tania Hernández. Édgar es historiador y bisnieto del general Zapata. Georgina Flores es doctora, reconocida en el ramo histórico.
El presente fue la manera en que presenté.

Alejandro observa al público.

ALEJANDRO: ¿Saben cómo nace la caña? (Pausa en espera de respuesta.) Por la zafra genealógica lo conocerán. Si no lo creen, véanlo. Es Édgar Castro Zapata, el historiador. El bisnieto, el embarbecido. Él también tiene ingenio, pero no del azucarero, sino con los conocimientos adquiridos, vividos. En Emiliano Zapata. Testimonios de la Revolución del Sur, se desbrozan las conjeturas para dejar testimonios, el eco de la verdad histórica y que ustedes se liberen de asfates. Y ya entrado en trapiches expriman a Édgar, pero no con tanto estrujamiento lo dejen como bagazo y ya no me quiera acompañar a brindar con la cachaza. Con Castro Zapata corroboramos que la memoria debe estar presente. Él nos recuerda sobre la lucha para defender el derecho a la tierra, montes y aguas. Eso sucedió en 1909. Qué tanta agua siguen llevando algunos a sus molinos. ¿Y de la tierra qué hay? Troceadores que les extraen sus entrañas, las asfaltan. Y así, ni cómo abrir las manos para acariciarla. ¿Y de los montes? Las mafias voraces, insaciables. (Transición.) Este es sólo un parte que le hago saber, mi general. Y debo decirle que el libro se está presentando en Toluca, y que su bisnieto va a estar firmando hartos ejemplares. (Transición. Cambia de personaje.) Hubo una bellísima mujer que lo mismo se metía en archivos o en estudio de campo y me sigue maravillando por el legado que nos dejó y tuvimos un encuentro entre los andurriales de Emiliano Zapata. Testimonios de la Revolución del Sur. Muchos de ustedes la conocieron, fue cronista municipal de Toluca. Yo sigo despetalando las historias de Margarita García Luna. Y aquí está una entrevista que realizó ella y aparece en este libro. (En campesino.) “No, po’s… al, al morir mi general Zapata po’s tuvimos que desmoralizarnos, mmm, porque ya no había eco, ¿verdad?, de nada. Ya pues, es como un padre de familia: se muere el papá del, del, del hogar, se desbarajusta la familia, mmm. Así fue… po’s sí, unos agarramos por un lado y otros por otro. Bueno, nosotros nos reconcentramos en nuestro pueblo y a trabajar, ¿verdad?, y otros generales po’s reconocieron también su rumbo, mmm y ya… Po’s entregamos las armas, ¿verdad?, entregamos las armas a un general que se llamaba… Benancio López, que estaba aquí en destacamiento, se las entregamos y nos pusimos a trabajar hasta la fecha”. (Transición. En Zapata.) “Que esto que han visto les sirva de ejemplo; este es el castigo que doy a los traidores; que esta sea la última sangre que se derrama por esta causa; de hoy en adelante será una vida nueva; perdono las faltas que hayan cometido ustedes, pero a partir de este día exijo de todos el mejor comportamiento, porque seré muy severo con el que cometa alguna falta, y no quiero que digan después que soy ingrato. Va a incorporarse con nosotros el coronel Guajardo, quien se ha convencido de la bondad de nuestra causa, que es la causa del pueblo humilde, del campesino, y con este valioso contingente, y otros más, espero, es seguro nuestro triunfo; y quiero que al llegar éste, nuestras tropas estén moralizadas y disciplinadas, por lo que les repito: manéjense bien porque castigaré severamente a los que cometan alguna falta ¡A enterrar a los muertos!” (Transición. Cambia de personaje.) Oiga, mi general, ¿a ellos les vamos a hacer su ofrenda el Día de muertos? Pues aunque sea una calaverita de azúcar, porque desde ahí, desde la caña, surgió su movimiento. Y para que no me pandee para un solo lado, también papel picado, como los balazos que entraron a los que petateamos. Y ahora viene de piloncillo Mauricio Magdaleno. (Transición. En Zapata.)Amigos, enemigos… a montones les hemos ido dejando, todavía calientes y sin enterrar, en los ranchos y en los caminos reales. Como decía Montaño, nuestro paso deja ruinas y desolación. Nadamás que a él le tembló el alma, y traicionó a la causa, y por eso murió, y yo no temo ni lo que hemos hecho ni o que tengamos que hacer. Yo ya no me paro nunca, aunque quisiera, como esos troncos que se lleva el río cuando va creciendo, y que no se detienen ni en los recodos, ni en los puentes”. (Transición. Cambio de personaje.) Así es, mi general, en director del Instituto Pro-veteranos de la Revolución y presidente (no como Emiliano, de la junta), Édgar de la Fundación Zapata y de los Herederos de la Revolución AC.

Lo indispensable es que todos nos irgamos resueltos a defender el interés común y a rescatar la parte de soberanía que se nos arrebata.

Me gustaría celebrar con toros, con música y con mucho contento. Pero eso sí, que conste que no tenemos olvido. Memoria, archivos y admiración. ¡Zapata siempre vivirá!

Una Gacela de la Intelectualidad Mexicana

Por: Catalina Miranda

Margarita Peña (1937-2018) fue mi profesora de Literatura Novohispana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, hace ya muchos años. Era una mujer de carácter fuerte, estatura mediana y elocuencia monumental. Escucharla era motivo de asombro. Me dejaba perpleja. Llegué a admirarla por su capacidad para disparar información a una velocidad inaudita. Su cerebro trabajaba velozmente procesando gran cantidad de datos sobre la historia y la literatura producida en lo que fue la Nueva España.

   Nunca imaginé, durante mis años de estudiante, que tiempo después coincidiríamos como colaboradoras en el suplemento cultural sábado de unomásuno, dirigido por el maestro Huberto Batis, suplemento del que posteriormente fui Jefa de Redacción. Nadie hubiese podido vaticinar que la entrevistaría y que más tarde me convertiría en su editora.

   Poco después de que inicié Editorial Ariadna tuve el gusto de publicar: Fulgor Español. Guía para viajeros despistados por la Península Ibérica, en el que Margarita Peña contó la historia de los viajes por Castilla, Cataluña y Andalucía, de Concha de Villarroel (su alter ego), “mexicana obsesionada por bibliotecas, marisquerías, libros viejos y nuevos”, por los aromas macerados y dulces del oro viejo y las sombras, de las tierras amarillas y los molinos de viento, de los muros encalados, las tejas oscuras y las callecitas empedradas.

   Para la autora, estos textos formaron una crónica novelada, una crónica de creación, una croniquilla o cronorrelato. Obra en la que trazó con precisión filigranesca los encuentros con los vivos y los muertos que se le aparecieron en España de frente para no pasar inadvertidos; también da cuenta de la dificultad, por instantes, para describir todo aquello del paisaje que se le derramaba por los bordes y que se le resbalaba del marco estrecho de la retina y la memoria.

   En Fulgor Español… se hallan crónicas escritas sobre Cádiz (1996); Barcelona, Córdoba y Granada, intemporales; Madrid (1973, 74, 80, 83 y 95); Sevilla (1995). Son una combinación abigarrada, un ensamblaje de tiempos, estilos arquitectónicos y literarios: prosa y poesía dando cuenta de costumbres y escenas cotidianas; de cines y monasterios; sex-shops; cafeterías de hotel; moros que aún se ocultan en los patios de la Alhambra; del académico de la universidad; de microfilms; fray Luis de Granada; de San Juan de Dios, mascullando: “Haced el bien, hermanos”, mientras carga a un enfermo; de la Mezquita de Córdoba; de la Venus en el espejo; del restaurante Mesón don Raimundo; del descendimiento de la Cruz; de retratos de Goya; del corazón de Santa Teresa que late relicariamente vivo en la portada: creación de Editorial Ariadna hace ya diecisiete años.

   Las crónicas incluidas en Fulgor español… son el relato de un viaje interior, largo y único y, a la vez, reflejo de un país en continuo cambio, y del vínculo, amoroso, casi siempre, que une al que viaja con el lugar que lo recibe. Fueron publicadas por el maestro Huberto Batis (1934-2018) en el suplemento sábado de unomásuno, de 1995 a 1997, forman parte de la Colección Laberinto de Papel, nombre tomado de la sección de “Libros y Revistas” que el maestro mantuvo en ese suplemento durante casi 25 años.

   El próximo 21 de agosto será el aniversario 86 del natalicio de Margarita, y el 7 de octubre se cumplirán 5 años de su fallecimiento. Concepción Margarita Peña Muñoz  fue doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México; especialista en Literatura Novohispana y Española de los Siglos de Oro; profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM desde 1969, y profesora visitante de universidades nacionales y extranjeras. Publicó: Flores de baria poesía (edición crítica); Literatura entre dos mundos (ensayo); Descubrimiento y conquista de América (antología); La palabra amordazada (rescate documental); El canto de nunca acabar (poesía, 1993); Vivir de nuevo (crónica, 1980); De ida y vuelta (1990); En el nombre de Elegua (1995); El masaje y otras historias de amor (1998); La vampiresa de Dakota (2000). En 1995 obtuvo el Premio Universidad Nacional.

   Ya habrá tiempo y tinta suficientes para escribir sobre esta catedrática mexicana, quien también impulsó y apoyó a escritores noveles, y que, en su juventud, en los años 60 del siglo XX, fundó la revista El Rehilete junto con otras escritoras de su generación: Beatriz Espejo, Carmen Rosenzweig, Elsa de Llarena, Guadalupe de León, Thelma Nava y Lourdes de la Garza.

   Alguna vez dije con admiración sobre la doctora Margarita Peña: “Es una giganta”, queriendo expresar: es una leona, una loba, una gacela corriendo en los territorios de la intelectualidad mexicana.

Murciélago Teatral a Casi un Siglo

Por: Alejandro Ostoa

El teatro, aunque efímero, registra su historia. Este movimiento, denominado Teatro del Murciélago, se orientó en la oscuridad y percibió el instinto de los espectadores.

El Teatro del Murciélago surge en 1924, como un teatro nacionalista. Fue fundado por Luis Quintanilla con el fin de adaptar al teatro, de manera estilizada, danzas y elementos folclóricos de México.

Quintanilla expresó: “Un día, en Nueva York, conocí el teatro ruso de la Chauve-Souris, y este me hizo recordar que México tiene más color que Rusia. Desde aquel día, la idea de crear un espectáculo semejante en mi país, con elementos exclusivamente nacionales y desarrollando temas de la vida mexicana, se fijó en mí como una obsesión. Hoy, la colaboración de los artistas Carlos González y Francisco Domínguez me permite realizar esa idea.

“Hemos titulado murciélago, porque es la traducción de ese teatro ruso… El organdí dominguero de nuestras chicas, la perfecta cursilería de nuestras colonias, los camiones y los fifís son tan característicos de nuestra vida nacional como las costumbres más románticas de nuestros pueblos o el ritmo soberbio y salvaje de las danzas indígenas. “El teatro Mexicano del Murciélago es una tienda de juguetes para el alma.”

Después de presentarse al aire libre, lo hacen en el Teatro Principal con los cuadros El juego de los viejitos, danza humorística de Michoacán. Los fifís, Aparador y Camiones, se constituyen en cuadros típicos de la ciudad; La danza de los moros, recoge una fiesta en honor de los Reyes Magos y La ofrenda, muestra la ceremonia tradicional del día de muertos en la isla de Janitzio, con sones y bailables indígenas. Los decorados corren a cargo de Carlos E. González, Francisco Domínguez reúne y hace el arreglo de la música. Después del fracaso económico de este experimento, El Murciélago bajó el telón durante casi dos años. A finales de 1926, retirados del teatro, Quintanilla y Domínguez, Carlos E. González se une a los críticos Júbilo y Jacobo Dalevuelta, con el escritor Ermilo Abreu Gómez y el compositor Tata Nacho para continuar con el proyecto de Quintanilla. El Murciélago se convierte en un experimento dentro de otro que es la Casa del Estudiante Indígena, donde se puede recurrir a un tipo humano idóneo. La docilidad del indígena venido de cualquier rumbo mexicano se incendia en los breves cuadros de las obras Vivac y Casamiento de indios, realizados por Júbilo; La Tona, escrito por Jacobo Dalevuelta y La Xtabay, escrita y dirigida por Abreu Gómez. Al parecer estas representaciones no cubren con las medidas teatrales tradicionales de aquellos tiempos, pero satisfacen, condensadas, los valores estéticos de la escena, ya que lo más admirable de este experimento fue lo plástico, el timbre personal, la imagen de los valores humanos y estéticos de aquel México cuyo juego se acentuaba en los medios expresivos. Por ello, este tipo de espectáculos abre nuevos rumbos y hace escuela, porque dentro del elemento folclórico en lo lírico y en la construcción dramática de sus diálogos, proporciona materiales inéditos que de inmediato aprovecha el género de la revista mexicana, hijastra a su vez de la fiesta folclórica.

Es merecido recordar a Carlos E. González, quien escondiera en la abreviatura de E, el nombre de Epigmenio, nació en 1893 y falleció en 1961, ambos acontecimientos en la Ciudad de México. Pintor, escenógrafo, promotor teatral y folclorista. Promovió la realización del Teatro Regional en Teotihuacan en la década de los veinte. Realizó más de medio centenar de escenografías, entre ellas la de La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, en 1934, con la cual se inauguró el teatro de Bellas Artes, dirigida por Alfredo Gómez de la Vega. Participó activamente en la creación del Teatro Orientación, realizando novedosas propuestas escénicas en la obra O´Neill, Lázaro rió., de O´Neill.

Además de ser pionero en el cine nacional, en la Compañía Azteca Films, ambientando escenarios de la película El automóvil gris, realizó varios diseños escenográficos para el séptimo arte. Colaboró con el antropólogo Manuel Gamio, en la reproducción de códices prehispánicos, el diseño de vestuario y la decoración -primero del corto y luego de la obra teatral –Tlahuicole.

Carlos E. González dedicaría su vida al rescate y registro de la música y las danzas populares, la pintura mural y de caballete.

En 1940 realizó el mural del Café Tacuba, en la Ciudad de México y diez años después en el Comité Pro-Americanistas de Phoenix, Arizona

Este personaje vivió durante dos años en Toluca, en la calle de Matamoros.

En la Biblioteca José María Heredia y Heredia, existen dos murales de su creación., que remiten a la cultura popular, incluyendo instrumentos musicales y danza, la producción de artesanías y el Día de Muertos. Fue inaugurado en 1943, como Pabellón de Turismo y el desaparecido Museo de Arte Popular de Toluca.