La poesía se vive en la FIL Guadalajara

Voces de diez países se reúnen en un encuentro íntimo.

Por: Verónica Isabel Enríquez Falcón.

Guadalajara, Jalisco, 10 de septiembre de 2025 – 18:34 hrs.

Del 29 de noviembre al 7 de diciembre, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) se convertirá en un escenario para la emoción, la palabra y la música de los versos con la llegada de la 18ª edición del Salón de la Poesía. Este espacio, que ya es tradición dentro de la feria, reunirá a más de 20 poetas de diez países, listos para compartir su obra en encuentros cercanos y profundamente emotivos.

Este año, Barcelona llega como Ciudad Invitada de Honor, sumándose a las voces de Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Líbano, México, Quebec y Ucrania.
En cada sesión, el público tendrá la oportunidad de escuchar a los autores leer sus propios poemas, en un ambiente íntimo pensado para conectar directamente con las emociones detrás de cada palabra.

Entre los nombres que destacan en esta edición se encuentran Adrià Targa y Susanna Rafart (Barcelona), Verónica Zondek (Chile), Martine Audet (Quebec), Halyna Kruk (Ucrania), Samer Abu Hawwash (Líbano), Myriam Moscona (México), Sandra Cisneros (Estados Unidos), Patricia Benito (España), Eliane Marques (Brasil) y Ariruma Kowii, poeta ecuatoriano en lenguas originarias.

Las sesiones se realizarán todos los días durante la FIL, con horarios a las 18:00, 19:00 y 20:00 horas. La entrada es gratuita, pero es necesario registrarse previamente enviando un correo a: registro.poesia@fil.com.mx.

El Salón de la Poesía nació en 2008 con el propósito de acercar la poesía al público, visibilizar tanto a autores consolidados como a nuevas voces y crear un puente entre lectores y escritores. Hoy, es uno de los espacios más esperados de la feria, ideal para quienes buscan descubrir nuevos estilos, explorar otras culturas y dejarse llevar por el poder de las palabras.

El programa completo estará disponible en la página oficial de la FIL Guadalajara, pero si eres amante de la poesía —o simplemente quieres vivir una experiencia distinta durante la feria—, no pierdas la oportunidad de asistir.

Son noches en las que la poesía se escucha, se siente y se celebra.

Fotografía por: FIL/Eva Becerra.

Amin Maalouf obtiene el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025

Guadalajara, Jalisco 01 de setiembre de 2025.- Por ser “una de las voces más importantes de nuestro tiempo”, un jurado integrado por Alain Mabanckou de República del Congo, Carmen Alemany de España, Francisco Noa de Mozambique, Jerónimo Pizarro de Colombia, Lucía Melgar de México, Massimo Rizzante de Italia y Xavi Ayén de España, decidió otorgar, por unanimidad, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025  a: Amin Maalouf, escritor (Beirut, 1949).

En su veredicto, los especialistas indicaron que la obra del escritor franco-libanés, quien recibirá el galardón el próximo 29 de noviembre en la ceremonia inaugural de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, “tiene un lugar esencial en la literatura contemporánea porque explora con gran lucidez las fracturas y los mestizajes del mundo moderno, “nos recuerda que la esperanza reside en el reconocimiento de nuestras herencias compartidas”.

El anuncio se dio a conocer este lunes 1 de septiembre en una conferencia de prensa presidida por Karla Planter Pérez, rectora general de la Universidad de Guadalajara; Luis Gerardo Ascencio Rubio, secretario  de Cultura de Jalisco; Héctor Raúl Solís Gadea y Dulce María Zúñiga, presidente y directora del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, respectivamente; Carmen Alemany Bay, representante del Jurado del Premio FIL 2025, así como Trinidad Padilla López y Marisol Schulz Manaut, presidente y directora general de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En esta edición el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances recibió un total de 63 candidaturas. Considerando las coincidencias, ya que algunas instituciones y jurados propusieron al mismo autor o autora, el total de escritores a evaluar fue de 48. Las lenguas representadas fueron seis: española, francesa, italiana, portuguesa, gallega y catalana. En cuanto a los países de los autores se registraron 18: España, El Salvador, Colombia, México, Argentina, Nicaragua, Cuba, Chile, Japón, Líbano, Francia, Senegal, Marruecos, Guinea, Italia, Cabo Verde, Brasil y Portugal.

Durante la lectura del acta del Jurado, Carmen Alemany Bay dijo que las novelas y los ensayos del escritor franco-libanés “exploran la memoria y el exilio, a la vez que rechazan la cerrazón nacionalista o religiosa. Maalouf da voz a los desarraigados y viajeros de distintas épocas y muestra que nuestras identidades múltiples están constituidas de estratos, de cruces y pasajes, más que de muros. Su pensamiento humanista, crítico y generoso, ilumina nuestra época atravesada por conflictos entre culturas y memorias y nos recuerda que la esperanza reside en el reconocimiento de nuestras herencias compartidas”.

 Amin Maalouf es reconocido como uno de los escritores más brillantes en la actualidad de las letras francesas. Ha incursionado en la novela, el ensayo y el periodismo. Miembro de la Academia Francesa desde 2011, Maalouf ha sido galardonado con múltiples premios, destacando por su defensa del diálogo intercultural, entre ellos se encuentra el Premio Goncourt al mejor libro de geopolítica, así como el Premio Príncipe de Asturias. Su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas. Entre ellas destacan León el Africano, Samarcanda, Los jardines de luz, Orígenes, Identidades asesinas y El naufragio de las civilizaciones.

 El Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances está dotado con 150 mil dólares y se entrega como reconocimiento al conjunto de una obra de creación en cualquier género literario. La asociación civil que lo convoca cada año está conformada por la Universidad de Guadalajara, el Gobierno del Estado de Jalisco, los gobiernos de Guadalajara y de Zapopan, Fundación Universidad de Guadalajara AC, Arca Continental, Fibra Educa y Bancomext. Desde su primera edición en 1991, lo han recibido autores como Nicanor Parra, Olga Orozco, Fernando del Paso, Margo Glantz, Emmanuel Carrère, Claudio Magris, Ida Vitale, Diamela Eltit, Mircea Cãrtãrescu y Coral Bracho, entre otras grandes figuras de la literatura contemporánea.

Foto e información de Universidad de Guadalajara / Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Territorios Baldíos

Sueños informales   

Darío Fritz

Debería uno caer alguna vez en esa fe entusiasta de que se puede levantar, preparar el día como uno más de todos los días, cerrar la puerta y nunca más aparecerse por allí. A tiempo para cambiar de rumbo. Nacho tiene esa fe en el horizonte. Pretende regresar en menos de un lustro a las pocas hectáreas que le heredaron cerca de Tequisquiapan y dedicarse a criar cerdos, jubilado del duro mundo de la construcción, de curtirse en el sol del mediodía impermeabilizando techos, taladrar cemento o lidiar con los funcionarios de la Alcaldía que lo quieren hacer detener porque coloca adoquines en la vía pública, contratado por el gobierno federal. El esmerado albañil, plomero, electricista, contratista a veces, alguna vez migrante agrícola por un par de años en California, ha vuelto al ruedo después de una parada obligada de siete días en que el trabajo dio un brusco freno. Pero eso no lo hace ajeno a las estadísticas de este último trimestre que le llegan por el noticiario del mediodía. El INEGI ha constatado que sigue formando parte de los 32.6 millones de trabajadores informales (54.8 por ciento de la población ocupada) que dan la cara sobre el estado del empleo en el país en el segundo trimestre del año, con un crecimiento de 398 mil nuevos puestos. El empleo formal, le dice, también dio un vuelco, mejoró en cerca de 114 mil personas contratadas aunque no recuperó los 120 mil perdidos entre enero y marzo. Pero la buena noticia se le debe a la informalidad, esa que carece de prestaciones, seguridad social y sobrevive pendiente de la estabilidad de la economía, como en el caso de Nacho.

“La sociedad está integrada por dos grandes clases”, describió pos mortem, ácido y escéptico, hacia fines del siglo XIX, el francés Nicolás de Chamfort, “los que tienen más cenas que apetito y los que tienen más apetito que cenas”. La desigualdad se mide no solo por la distancia entre el poder adquisitivo de los mejores y peores dotados entre cuentas bancarias y bolsillos escasos, sino también por cómo se distribuye el trabajo. A esos datos del INEGI se debe complementar con datos menos alentadores: la actividad doméstica remunerada decayó, así como también el empleo informal en empresas.

Nacho y sus colegas de la construcción se pueden sentir agraciados por pertenecer a ese sector dinámico que aunque en la precariedad, como también el ambulantaje y los servicios personales, se mantiene estable y en crecimiento. Los micros y pequeños establecimientos, responsables de generar los mayores empleos privados del país, siguen operando en la informalidad, mientras que en los Estados garantizan la estabilidad laboral.

En el terreno de la fragilidad económica y la rutinaria sobrevivencia, Nacho acumula paciencia, los cuidados discontinuos para que la diabetes no se dispare y su hija termine los estudios de psicología en cuatro años. Ya para entonces el empeño por la granja de cerdos podrá ser una realidad. Un retiro traducido en más informalidad. Siempre y cuando no le pudra la iniciativa alguna inversión china -los nuevos mesías en el negocio- cercana a sus tierras.

El arte también desaparece con ellas

Por Josefina Lozano

México es un país que respira arte, cultura y tradición, pero también es un país que sangra por las ausencias. Cada vez que alguien desaparece, no es solo una persona la que falta: se rompe una familia, se quiebra una comunidad, se oscurece la vida misma.

Hoy alzamos la voz por Francisca Arteaga Mendoza «Fany», artista plástica de Guadalajara. Su fotografía forma parte de los miles de rostros que cada día se suman a la lista interminable de desaparecidos. Ella pinta, sueña y crea.  Hoy su ausencia nos obliga a mirar de frente la realidad: vivimos en un país donde la inseguridad arranca de raíz proyectos, ilusiones y futuros.

Pero Fany no está sola, con ella están los miles de hombres, mujeres, jóvenes y adultos; niñas y niños que han desaparecido en nuestro México. Sus nombres no llenan titulares, pero cada uno de ellos grita desde el silencio, pidiendo justicia, pidiendo ser encontrados.

La desaparición de una mujer artista no solo arrebata un cuerpo, arrebata también su voz, sus sueños, sus trazos, su arte. Cuando desaparece una artista, también desaparece con ella un pedazo del alma cultural de nuestro país.

A la Presidenta de México, al Gobernador de Jalisco y a los Presidentes Municipales, les recordamos que la seguridad no es un favor, es un derecho. La búsqueda de Fanny y de los cientos de desaparecidos, no es una opción, es una obligación. Ninguna persona debería desaparecer y ninguna familia debería vivir la tortura de no saber dónde está su ser querido.

Este llamado no es solo para las autoridades, también es para nosotros como sociedad: ¡No callemos! ¡No normalicemos la desaparición! ¡No dejemos que la indiferencia nos robe la empatía!

Cada persona desaparecida es una historia truncada, un abrazo pendiente, una palabra que ya no se dijo. Mientras no aparezcan, nuestro país estará incompleto.

El arte, la cultura y la vida misma necesitan paz, seguridad, ¡justicia! Porque cuando desaparece una persona, desaparecemos todos un poco con ella.

Que la ausencia de Fany y de miles más, no quede en la sombra. Que este dolor se transforme en conciencia, en acción y en compromiso. Porque solo así podremos dejar de contar ausencias para empezar a recuperar la esperanza.

Territorios baldíos

Adiestramiento para un día de baches

Darío Fritz
Siéntese con aplomo. Encienda luces, llueve, le esperan más minutos del tiempo normal para llegar a casa. Una oscuridad mortecina baja por el horizonte. Olvídese de lo que le dijeron en la oficina; “mejor espere a que pase el chubasco”. No haga caso. Siempre que llovió paró. ¡Qué lugar común!, dígase.

Mejor entrar al tráfico cuando caen las primeras gotas, luego el agua corre hasta la altura del mofle y sobreviene el caos. Aférrese al volante con las fibras despabiladas de ambas manos, los ojos encajados para distinguir cada bache camuflado entre la corriente de agua oscura, los pies atenazados a los pedales. Dígase: “Ansiedad hoy te destazo. Paciencia, deja vivir”.

Piense que es un hombre de ciudad: curtido, egocéntrico, hecho a sus anchas.
Ni se le ocurra colocarse la gorra. Si tiene frío, no importa, puede distraerlo ese tic de ajustarla cada treinta segundos. Tampoco encienda el radio. “Está lloviendo”, comentarán. Nada nuevo. Nada que aporte.

Sienta el golpeteo de las gotas cayendo inmisericordes sobre el parabrisas y alégrese. Los embalses sumarán centímetros. Quizá se evite acarrear agua el próximo verano.

Elija la ruta de siempre, no esté inventando atajos. Mejor viejo conocido, que bueno por conocer, como le dice su padre. En estos momentos Google Maps y Waze son marionetas de los algoritmos. Le harán saber que el tiempo se asemeja a la tortura de las horas muertas en la oficina el primer día del año.

Recuerde aquellos baches que la luz descubre cada día soleado y que en tardes así hechizan enmascarados todo intento por sortearlos. Cada uno con su dibujo de perfecciones geométricas:  el circular y profundo bajando la rampa del distribuidor vial, los rectangulares y cuadrados que se reproducen como conejos uno tras otro frente a la gasolinera, los pequeños y traicioneros que se pegan al muro de contención del periférico, el romboidal frente a la casa de apuestas, los que se abren como un árbol de mil ramas. Una colección de agujeros que ni el peor Lucifer haya diseñado.

Desconfíe, las expectativas suelen estafar. El anuncio oficial reciente de próximas reparaciones puede que llegue algún día. Pero no ha sido hoy. Ni se pregunte si taparán todos. ¿Cómo comprobarlo?, dígase. Volverán a reproducirse en pocos meses, para la próxima temporada de lluvias, como hongos, como hoyos. El Niño, la Niña, el cambio climático, poco que hacer ante estos embates de la naturaleza, dirán.

Parafrasee a Augusto Monterroso: “…y los parches todavía estaban allí”.

Cuando haya avanzado un buen trecho, calcule cuántos de esos cráteres terrenales ha sorteados y cuántos lo atraparon. La numeralia contabilizará si le han funcionado los reflejos.

No desanime. Mantenga la concentración en lo que hacen los demás. Se quiebran hacia derecha, quiébrese hacia la derecha. A la izquierda, también a la izquierda. Dan señales de freno, avise al que tiene detrás. Evada a los que no le dejan ver. Encare las lagunas con frialdad, como el carnicero afila el cuchillo, tantee la altura del agua, intuitivo aplique primera y segunda, no detenga la marcha, siga el rastro de los demás. Impida que lo rebasen y le lancen olas.

Insulte bonito, cantado, a fondo, exasperado. En voz alta. Contra los vecinos automovilistas, contra quienes prometen soluciones. Deje afuera a la naturaleza. Piense que tiene razón.

Adelántese a los hechos. Si el bache lo deja tirado, está el seguro como reaseguro. Una demanda, un pleito contra el gobierno, la alcaldía, le quitará el enojo por un rato y le sumará otros cuando el tiempo demuestre que ni la paciencia del monje le alcanzará para sacar algún rédito.

Si en medio de la lluvia torrencial el de adelante ha frenado intempestivo y se zampa contra él, vuelva a insultar.

Al llegar a casa ileso, y antes de apagar el motor, hágalo aullar. Manténgase congelado. Piense sereno: “Si todo fuera como el paño de billar sobre el que se desplazan los aviones en un aeropuerto”. Piense espantado, “los baches siguen allí”, pirañas preparadas para el zarpazo.

Acepte: “Tendré otras tardes como esta”.

Acá entre nos…

Una reflexión de vida

Por: Xavier Zaragoza Núñez

Me miro al espejo y casi no me reconozco. La piel cayó, las arrugas se multiplicaron, pero el alma se alzó más alta que nunca. No es máscara lo que llevo, es un mapa: cada línea una historia, cada sombra un recuerdo.

A veces entro en una habitación y olvido por qué vine. Me quedo quieto… y lo recuerdo. Con la vida pasa igual: llegamos sin saber a qué, pero si no pierdes la calma ni la esperanza, un día lo sabrás. Y entonces descubrirás que el rostro que ves es el de un viajero que, por fin, entendió su viaje.

Territorios Baldíos

Mordaza

Darío Fritz
Lo suelo hacer con los estudiantes en clase. Hurgar en opiniones diferentes sobre un tema para que afloren argumentos e ideas. Pero su resultado se encamina al fracaso, el debate no permea. Apenas dos de ellos ofrecen sus puntos distantes y allí acaba el diálogo. No hay contrarréplica ni se arman bandos que apoyen a una u otra parte. Buscar hoy una discusión acalorada, donde se alce la voz y hasta haya gritos y algún manotazo de enojo arrojado al aire, forma parte de una quimera. Aunque en tiempos cercanos era lo normal.  Sí, aflora y se impone hoy el conformismo. “Esa es su opinión y esta la mía, respeto lo que dice, está en su derecho”, se escucha decir como pidiéndole permiso a los buenos modales. Hay un respeto malentendido, como si respetar fuera sinónimo de no dialogar cuando dos tienen miradas diferentes, así sea sobre cómo martillar un clavo, de que están hechos los equipos de la próxima final del futbol o cuál será la mejor manera de racionar el consumo de agua. Como si el argumento opuesto podría entenderse como ofensa. En esa aula de la disidencia arrinconada a los límites del diálogo pasajero, el resto de los alumnos se apoltrona en el mutismo, sin nada que opinar, sin nada que aportar, sin nada que decir. Y así como en las aulas universitarias se reniega a disentir, también se instala en las reuniones familiares o en la comida de colegas de trabajo que comparten la hora libre.

Un mundo urbanístico, propio del vanguardismo de la metrópoli, ha ido permeando ese vacío sobre aquello que debería alimentar pasiones y desencuentros (no estamos hechos de uniformidades). Por algunas décadas, el denominado “progresismo” definía algo que no era de izquierdas ni de derechas, pero ofrecía identidad: defensa de la igualdad y la inclusión, de la democracia, de minorías respetadas, del cuidado del medio ambiente.  Pero ese discurso progresista -de logros como la justicia en violaciones a derechos humanos o persecución del feminicidio- también se ha demostrado vacío o simplemente confrontativo frente al machismo y el patriarcado, diluido al cambio climático -apenas entendido como el calor en aumento- todo lo que hace al daño ambiental, pretencioso analista de autores clásico de la literatura con el léxico del presente para relegarlos al olvido. El “progresismo” de aterrorizar con la cultura de la cancelación, ese boicot sobre quienes dicen algo impopular o cuestionable, de la imposición de un lenguaje con intenciones de aplastar aquello que los profesionales de las academias examinan y debaten por décadas, de la pedantería del matón con todo aquel que no pertenezca a su casta. De no discutir, porque cada uno va con lo suyo.

Acostumbrado a avanzar sobre un espacio que se creía yermo, el progresismo, sin llegar a detectarlo, fue alimentando rechazos que ahora brotan sorpresivos y constantes como géiseres. Un mundo de gente común y sencilla escuchó a otros que le prometen que otra vida es supuestamente posible, donde igualdad, inclusión, democracia, medio ambiente, son secundarios. Que las palabras exclusivas son innecesarias y las soeces más efectivas. Que se pueden perder libertades y se gana en tranquilidad. Que para eso también hay que callar disidencias, las escasas o las abundantes. Por izquierda lo han hecho Maduro y Ortega, por derecha lo hacen Milei, Trump, Bukele. Trump sale a la caza de los inmigrantes, las universidades o las estrellas del espectáculo, llámese Taylor Swift, Beyoncé, George Clooney o Bruce Springsteen; el argentino quita o limita derecho como el de huelga y denigra (más de dos insultos por día en su gestión): orcos, cucarachas, mandril, excremento, zurdos de mierda; Bukele ordena leyes para cerrarle la boca a unas ocho mil ONG y a la prensa, de manera similar a como hizo Ortega en Nicaragua, y lleva a la cárcel a miles de jóvenes sin pruebas de delitos. Todos tienen alto apoyo popular o lo fuerzan –las elecciones en Venezuela, Nicaragua y El Salvador no se caracterizaron por su transparencia –, y así se abren las puertas al autoritarismo contra las voces disidentes. Si la discrepancia no la practicamos en el aula, en casa o con los colegas de trabajo, el silencio se traducirá en consentimiento y la mordaza pronto será el orden.

@dariofritz.bsky.social