Por: Eva Montañez García
En este ocasión hablaré sobre lo que conlleva el agotamiento emocional, el cual se entiende por un estado de sobrecarga y esfuerzo a nivel mental; no me refiero a un estrés laboral, sino más bien a la carga de conflictos, responsabilidades o estímulos adversos dirigidos a lo emocional.
Esto no aparece de manera espontánea pues, es el cúmulo de situaciones que van ocurriendo de poco a poco, hasta llegar al punto donde la persona se desploma y se puede dar a notar con depresión profunda, pero también hay síntomas psicosomáticos.
El agotamiento emocional se experimenta como cansancio mental; suele estar acompañado de una gran fatiga física, de la cual la persona siente que nuca se recuperará. Cuando sobreviene hay una sensación de pesadez, de imposibilidad de seguir adelante. Se cae entonces en una inercia de la que es difícil salir ya que suele asociarse a sentimientos de indefensión.
Las causas del agotamiento emocional: El agotamiento emocional se origina como consecuencia de un desequilibrio entre lo que damos y lo que recibimos. Las personas que padecen agotamiento emocional se caracterizan porque no ponen límites a su entrega bien sea en el trabajo, en el hogar, en la pareja o en cualquier terreno.
Por lo general, esto ocurre en ámbitos en donde concurre una gran auto-exigencia y un alto nivel de responsabilidad, como es el caso de los trabajos relacionados con la salud. En estos entornos, se fomenta una narrativa donde las necesidades propias son obviadas en aras del cuidado del otro.
Lo usual es que la persona olvide sus propios límites y acabe agotada, sin tiempo para sí misma. Al mismo tiempo, siente que no recibe el reconocimiento, el afecto o la consideración que merece. La narrativa que envuelve a estos profesionales fomenta un estilo donde se minimizan las necesidades propias y se adopta un perfil de invulnerabilidad y auto-suficiencia. Algo que no se corresponde con la compleja realidad de cada sujeto y las altas demandas de su trabajo.
Los primeros síntomas del agotamiento…
Algunas señales, a las que no se les da mucha importancia, pueden advertirnos del riesgo de acabar agotados emocionalmente. Debemos prestar atención a:
Cansancio físico. La persona se siente fatigada con frecuencia. Desde que abre los ojos experimenta como si fuera excesivamente arduo lo que le espera en el día.
Por contradictorio que parezca, una persona con agotamiento emocional tiene dificultades para dormir. Siempre tiene problemas que le dan vueltas en la cabeza y que no le ayudan a conciliar el sueño.
Hay molestia y pérdida del autocontrol, con frecuencia. La persona agotada se ve de mal humor y es demasiado sensible a cualquier crítica o gesto de desaprobación.
Falta de motivación. La persona actúa de forma mecánica. No siente entusiasmo, ni interés por sus actividades.
Distanciamiento afectivo. Las emociones comienzan a ser cada vez más planas. Como si en realidad no sintiera prácticamente nada.
Olvidos frecuentes. La saturación de información y/o de estímulos da lugar a fallas en la memoria. Se olvidan con facilidad las pequeñas cosas.
Dificultades para pensar. La persona siente que se confunde con facilidad. Existe un razonamiento más lento.
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