Bertha, Tlacuilo que nos Cuenta…

Por: Alejandro Ostoa

Bertha Balestra, amiga y escritora que admiro, fue homenajeada en la reciente Feria Internacional del Libro del Estado de México. Con ella he realizado multidisciplinarios, presentaciones de algunos títulos de su autoría y un guion cinematográfico, además de participación en festivales y encuentros.

Molinete del tiempo, publicado por Editorial de Autor, es un libro de cuentos, del cual escribí el prólogo y lo reproduzco.

Un torbellino acciona en las siguientes páginas de Molinete del tiempo, libro de cuentos de Bertha Balestra. Diez historias, con igual número de voces adquieren eco, resonancia y orientación por los cuatro puntos cardinales y los cinco sentidos, sumándosele el común, con lo que se llega a la decena.

Estas narraciones parten de lo mexicano y, por ese gran sentido, traspasan lo universal, porque llegan hasta el ombligo de la luna, significación de México.

Nuestra autora, tutelada por Ehécatl, Dios del viento, exhala y le da aliento a las criaturas de este libro. Este molinete no sólo orea la atmósfera, sino que ventila lo antiguo, renueva los aires y oxigena el presente. (Le devuelve a este valle literario, la visión decimonónica de Alexander von Humboldt: La región más transparente).

En estos cuentos encontramos desde el regalo navideño de la mascota que, al igual que el camaleón, se metamorfosea como contrapunto en la rabia contenida de un xoloizcuintle, que permite que le den “machetazo al caballo de espadas”; es decir, revertir sus aptitudes y destino, ya que este perro mexicano acompañaba a los difuntos en el camino al Mictlán, al lugar de los difuntos.

Balestra le hace una tierna caricia en las mejillas a Tonatiuh y le arrebata una sonrisa que comparte con nosotros, convertida en barro, transformada en letra, trocada en historia.

El personaje hispánico por antonomasia es el Quijote, y como reconocimiento y, para que se nos apetezca este libro, pero afortunadamente carente de sentido didáctico, nos lleva a una de las aventuras de dos de los personajes cervantinos, gestada en el imaginario de la autora.

Sucesora del Dr. Atl, la cuentista le da preñez a “La mujer dormida”, este significado es sólo una metáfora, ya que esta majestuosa presencia siempre ha sido vigía desde la torre en que es coronada por el iluicatl (cielo mexica) y el Popocatépetl hace sonar su caracol y lanza volutas prehispánicas para comunicar la nueva buena.

El monólogo interno, desde su primera gestación como célula, se hace escuchar en “Por mí no te detengas”.

Los presagios, premoniciones y designios se materializan en el tejido formado por la trama y la urdimbre que llega a arrancar el alma. Hilado y deshilado en esta hilvanada historia cósmica.

Una vereda de tina conduce hacia el camino de las aventuras, en el que se bifurcan el realismo y la fantasía para, posteriormente llegar al real maravilloso rumbo en el que habitan títulos, personajes y sus escritores, como los insurrectos compatriotas que, desafiando la Inquisición, leían a escondidas a los autores franceses, proclamando, como en el nacional Grito de Dolores, el clamor gozoso del 23 de abril (Día mundial del libro y los Derechos de autor) al sonoro rugir del lector.

Bertha tiene el don de seducir a sus personajes con el trabajo que realiza que hasta ellos, después que nuestra cuentista conoce su vida íntima, escriben lo que guardan en su sentir, en un soliloquio dirigido al ser amado, como también a los lectores.

Y la historia de amor, deseo, sensualidad y sensibilidad se contonea cadenciosa en un singular ritmo de iniciación, de tradición milenaria que, con sus devaneos seduce los poros del alma, al ritmo de la sinfonía deleitante que acaricia la piel que abrasa con el abrazo y da sentido a los sentidos.

Habitar, de niño, en la región del Popocatépetl, del volcán que humea, y percatarse que es el viejo sabio que en la cima manifiesta su sapiencia, con su cerebro agitado por las vivencias y conocimientos, que con su  voz grave pide respeto hacia la naturaleza y no indagar en su sentir es como tirar las canicas sin pronunciar su sonido que en el idioma de los antiguos pobladores es la vos que dice: ¡Aquí estoy! Es como suicidar al instinto infante de curiosidad y mandarlo a calacas, a chiras pelas, como enredar la cuerda del yoyo y perderse de la evolución que malabarea para alcanzar la altura que es premiada por su destreza con la mano que lo acaricia y lanza a una nueva suerte, como ahorcar al trompo con la cuerda en su cuello, sin permitirle mostrar su destreza en la pista danzarina o no transformar a la madera en un camioncito lleno de aventuras y cargas que dan aprendizaje en la vida. El protagonista descubre que Don Goyo no tiene cerumen en su órgano auditivo, que sus conocimientos no sólo surgen en su voz expresada por sus experiencias, sino porque sabe escuchar. Este chiquillo-chiquitótl dialogó con el compañero de Iztaccíhuatl y pudo percatarse que se puede conversar con la montaña mágica, con el de la perpetua cabellera cana.

Con molinete encontramos cuentos que con su soplo autoral nos hace girar la estrella de su estro, el astro luminoso que nos alumbra como lectores, la danza aérea que revolotea en imágenes. Es una faena completa, con todo tipo de suertes en el ruedo literario.

Bertha Balestra es la tlacuilo que nos cuenta historias, que convierte el libro en el lugar de recreo, que de lo antiguo produce algo nuevo, como el alma de los papalotes que se elevan en el cielo de la creación.

Nezahualcóyotl, el rey poeta, nos legó, entre sus versos, aquel que dice: “No cesarán mis cantos”. Con Molinete del tiempo escucho a Cronos decir de esta escritora: “No cesarán tus cuentos”.

Así que con el molinete danzarín de nuestro índice entremos a las páginas de este libro, como lo que es. Foro de energía y sensibilidad.