Carta Súbita a José Ruíz Mercado (1954-2023)In memoriam

Gracias José:
Escritor, ser humano,
en superlativo.
Aliado, compañero de letras,
respetuoso del trabajo ajeno,
maestro, sabio siempre.

Por: Catalina Miranda
Sin entender por qué, como si despertaras de un sueño, de pronto te encuentras en el escenario. Las luces cenitales caen sobre ti de golpe. Miras hacia arriba y un brillo aun más potente se derrama sobre ti y llega hasta tus pies. Se expande por el suelo e inunda el escenario. Te das cuenta de que esa aura te cubre, te abraza y que tú mismo te has convertido en luz. Tus manos, tus piernas, tu ropa, tu cara son de luz. Te preguntas en qué obra estás inmerso y qué personaje estás representando.

   La música que viene de lejos, como un elemento imprescindible, hace que te olvides de ti y caminas hacia el sitio donde surgen esos sonidos. Es una música que nunca habías escuchado. Es tan armoniosa, tan profunda, tan especial, te habla en un lenguaje que no puedes decodificar. Te esfuerzas por adivinar qué instrumento la está emitiendo y sobre todo, cómo se llama el virtuoso que la ejecuta. “¡Ah!, que bella”, murmuras. “No sé qué obra es ésta, pero me complace que el director haya seleccionado de modo tan afortunado esta música.” Te preguntas, como tantas otras veces: “¿Por qué no estudié música?”.

No te detienes, transitas, las notas persisten. En tu trayecto ves que en el escenario han colocado infinidad de puertas. Estabas inmerso, imaginando la partitura, y no te diste cuenta en qué momento los utileros las colocaron, no hicieron ningún ruido.

Sientes curiosidad por saber qué hay en esas puertas. No te resistes. Te acercas. Sobre la primera hay una frase escrita. Deletreas: “Juan y los marcianos y otras obras”, esa frase te suena, es como si tú mismo la hubieras escrito. Pero no… Un ruido te hace voltear: Ves pasar a un niño riendo a carcajadas, va en una patineta. “Patinetas, Patinetas”, gritas. El niño se sigue de frente. Su risa se pierde entre la música y la luz.

Te diriges hacia otra puerta, también hay un mensaje escrito sobre ella: “Pueblo de miel derramada”, esa frase te recuerda a Juan Rulfo y a un pequeño libro con el dibujo a lápiz de una mujer de espaldas.

Continúas tu recorrido. Vas puerta por puerta, en cada una hay un letrero, es como si todas esas frases dijeran algo de ti: Frontera; Los estilos del teatro jalisciense; Otra cara (ponla ya); La Noche; Del llano a la laguna; La balada de Cata y Manuel (o el plagio del río); Mujer con Paloma; Quizás nos espere el mar. La partitura. Un barquito de papel emerge del suelo navega alrededor de ti y se pierde entre las olas de la luz, a lo lejos.

Sigues leyendo: Historia con condominio y una silla; Ausencias con paisaje; De música con músicos; Y si cuento mejor te cuento… una gata color miel atraviesa la puerta. Brinca, se zangolotea haciendo sonar el cascabel. Sin hablar se presenta: “Soy la gata Calabaza”. “Ah, sí, tú”, casi automáticamente le dices: “Cascabel de rápidos reflejos. / Propuesta mañanera recostada en el sillón. // Rápida. Suaves reflejos. Suave figura. / Musa celeste con cascabel de fondo. / Música en estructura, la orquesta se revela. // Decir tu nombre ahora imborrable en la memoria… // Decir tu nombre. / Verte de nuevo entre los libros. / En el escritorio cascabel. / Tu paseo por la escalera. / Tus bromas. / Tu mirarte en el espejo. / En mi pecho te veo correr por el pasillo…

Te sientes ofuscado. Piensas que estar ahí, envuelto en tanta luz afecta tus sentidos. Sigues recorriendo el escenario. Leyendo las frases escritas en las puertas: Mosaico teatral; Telares del método teatral; El Hilo de Ariadna.

Una madeja de luz rueda por el suelo. La punta, con vida propia, avanza y frente a ti va tejiendo una figura. Empieza por lo pies, sigue con las pantorrillas, los muslos, el torso, el cuello, los brazos, la cabeza, la cabellera. “Quién eres”, preguntas. Ella es Ariadna, sin contestarte sonríe y te pone en las manos un libro: “Cincuenta sin cuenta”, te dice en el oído: “Feliz retorno. Éste es tu mundo. Tu trayectoria. Recuerda: Veinte años es nada. Cincuenta y cinco, menos. La eternidad lo es todo, ahora es tuya…”.

16 de junio del 2023
Ciudad de México