Por: Alejandro Ostoa

Este libro tuvo cuatro presentaciones en el mes de agosto. El 19 en El Rule, en Cd. Mx; 20 en Casa de los Olivos, en Tenango del Aire; 24, Centro Morelense de las Artes, en Cuernavaca y 25, Foro Teatral Leyenda en la Ciudad de México. El libro publicado por la editorial Amada Vida de Colibrí Casado y Canto, hasta el momento ha sido un éxito, debido a la difusión de David Ricardo y el reconocimiento y afecto a Baltazar López Bucio. Los dos antes mencionados y quien esto escribe, hemos estado en las presentaciones. La próxima será el 3 de septiembre en Tlaltenango, a las 16:00 horas, donde se develará una placa en Honor a Baltazar. Para la logística fueron imprescindibles Claudia Ascencio y Marcos López Ascencio. Este es el prólogo que realicé para Cruzando dos milenios.
Entre sacerdocio y tandas
A mi Venerable cielo.
A mi Pequeña semilla de algodón.
El pueblo espera
al redentor…
¿Qué redimirá ahora?
Luis Antonio García Reyes
Cruzando dos milenios, crónica de David Ricardo, merecido homenaje a su tío, presbítero Baltazar López Bucio, el padre Balta, es un peregrinaje del protagonista que ha estado presente en diversos escenarios. David Ricardo, con la memoria de las andanzas, sabe transmitir (de manera sintética, como es el teatro) algunos momentos significativos de este singular sacerdote proyectista y constructor, que nos lega el sentido bíblico de religión: reunir.
El escritor de Cruzando dos milenios, se vale de la narrativa para ir desarrollando el carácter del personaje principal; los otros, por su comportamiento, se van develando sin que el cronista novelador los adjetive. El recuerdo forma una imagen y, como recurso literario, se presenta en el texto, se transforma para proyectarse en símbolo, mismo que da pie (en el argot escénico) al desarrollo de las circunstancias, en ocasiones en monólogo interno y en otras en soliloquio.
David Ricardo habla, escucha y discierne. Explota sus atributos de dramaturgo y los aplica en el presente libro, con Balta, personaje destinal que, con las características de tragicomedia, en que hacen presencia las peripecias; nuestro protagonista, con las acciones dramáticas, tras luchar, logra su meta. El tiempo, en este relato, ya está cargado de historia. La primer fecha precisa nos la da la capilla de San José, (en Tlaltenango), en un medallón de cerámica aparece 1521-1523, como la primera capilla de América Continental. El tiempo transcurre, hasta los 23 años del siglo XXI, con las bodas de diamante sacerdotal de Baltazar.
Diversas ciudades, países y pueblos recorren la geografía de Entre dos milenios. El estado de Morelos es el más significativo. Entre estos andares y paseos, nuestro sacerdote también se divierte, acude al teatro, a museos, a estadios, a la plaza de toros, vestido de paisano. Observa a la juventud y se suma a ellos, sin rehuirle a las cheves, de ahí el diálogo para hacer comunidad y fortalecerla con proyectos en que todos sean partícipes y adquieran el sentido de pertenencia.
Balta va consagrándose al ministerio. Desde pequeño, como acólito, con el obispo Sergio Méndez Arceo (uno de los sacerdotes más controvertido de México, con repercusiones mundiales), quien también lo ordenó como sacerdote. Él se convierte en su guía, mentor y confidente. El obispo percibe en su ex monaguillo una extensión de él, ante quien pone su confianza y hasta complicidad, misma que los lectores descubrirán en esta expedición literaria.
Hay infinidad de personajes cercanos, de visiones y actos “adelantados a su tiempo”. Entre ellos: Gregorio Lemercier, Iván Ilich. Alfredo Ottaviani, Casiano Floristán, Gabriel Chávez de la Mora, Carlos Trouyet, Paul Goodman, Erich Fromm, Peter Berger, Paulo Freire y Sabino Palumbieri, entre los principales. Los hubo también de otra fuerza, entre ellos Girolamo Prigione, Jesús Posadas Ocampo. También, políticos como Mario Moya Palencia y Luis Echeverría Álvarez, quienes los favorecieron en momentos adecuados. No puede quedar fuera Vicente Leñero, dramaturgo con predominio del teatro documental. También Felipe Santander, Premio Casa de las Américas.
La iniciación como seminarista de Balta fue a corta edad, con tenacidad, y desde entonces ejerce las tres virtudes teologales. Lleva a cabo la teología pastoral, la práctica, aplicable en liturgia y catequesis. Así ha sido siempre, recorriendo y levantando no sólo santuarios, sino ánimos en los descorazonados. La devoción es una de sus constantes, pero también la protesta ante las injusticias, con la congruencia y clamor de Zapata. A pesar de la severidad paterna, nuestro sacerdote es flexible, nunca juzga condenatoriamente, eso sería inquisitorial. Profesa la teología de la liberación, en el acompañamiento de los más necesitados, solidario con los perseguidos, con preferencias hacia los pobres.
Ha sufrido varios accidentes, pero salido de ellos. Algunas tragedias le han sido cercanas. Siente indignación por las represiones, como la matanza del 2 de octubre, del halconazo de aquel jueves de corpus de 1971. La guerra fría también le impactó. El diálogo le resulta primordial, los acuerdos para respetarse, y las faenas para perdurar.
Está en contra de tarifas por servicio sacramentales. Considera que es parte del apostolado y que los recursos para su manutención los debe de obtener mediante su trabajo como conferencista o sus colaboraciones escritas. Los donativos son para mantenimiento del santuario y para acciones pías o emergentes. Eso es parte de un ser progresista que baja del púlpito y enfrenta la realidad de la cotidianeidad con el propósito de mejoras, con ética, visión de crecimiento y sentido de responsabilidad.
Sin dejar el ritual como sacerdote (la misa), pasa del rito a la representación, como fue el proceso evangelizador de los frailes españoles. Sin embargo, las obras a montarse no son de temática sacramental o religiosa. La orientación es social, la conciencia, sin hacer a un lado lo jocoso. Ha sabido aprovechar los espacios para las representaciones, elude los obstáculos ante los impedimentos. Esto lo podremos ver con las mudanzas realizadas a varios santuarios, los cuales, guiados por él, adquieren distinción, pese a que estos cambios los realizaron para que hiciera mutis o escapara por el foso del apuntador.
Este 2023, es la celebración del cincuentenario de su llegada a Tlaltenango, donde cambia la escena e inicia un perdurable desarrollo comunitario, cultural y artístico. No sólo siembra la fe católica, sino es fecundo con sus proyectos, donde integra a la comunidad, porque él la va creando, ante el desperdigo anterior de sus habitantes. Con sus enseñanzas nos da lecciones que las acciones engrandecen a las personas, las circunstancias son factores que propician el desarrollo, e imponiéndose a los conflictos, se logra la meta.
Ha recibido varios reconocimientos; sin embargo, los más apreciados, son los de la memoria de las personas, la continuidad, porque también ha sido el personaje pivote que le da juego a los demás para que se desarrollen y enfrenten nuevas situaciones o continúen la tarea que él comenzó.
Entre sus proyectos, el que ha tenido mayor continuidad, presencia y repercusión, son “Tandas Culturales de Tlaltenango”, que integró a instituciones como Cleta, Zumbón y Mascarones, con participantes representativos de teatro popular, entre los que destacan (en primera instancia), Mariano Leyva y Lourdes Gay, Enrique Cisneros El llanero Solitito, José Manuel Galván Leguizamo El topo y Luis Cisneros.
En lo musical, como figuras, Óscar Chávez, Amparo Ochoa y Gabino Palomares, entre otros.
En 2018 se instauraron las “Tandas Culturales de Tlaltenango. Presbítero Baltazar López Bucio”.
Cinco años después de ese merecido reconocimiento, a quien ha protagonizado la historia y con su ser y quehaceres ha recorrido escenarios, le estamos agradecidos pos sus cimientos y razones ciméricas. También a quien como río oculto, pero compenetrado en las vivencias nos ofrece Cruzando dos milenios, en este tocotín, jolgorio y tandas.
David Ricardo no baja el telón, nos recuerda que tenemos un encuentro con Baltazar López Bucio y una CITA con la Compañía Independiente de Teatro Abierto. Es decir, dos tandas por un boleto. De Tlaltenango a Tlalmanalco. ¡Empecemos!
Julio 2023