Vivencias, Sueños y Realidades, Antología de Escritura Creativa

Catalina Miranda

El sábado 13 de enero del 2024, en la casa de la Cultura Juan Rulfo, en Mixcoac, Ciudad de México, se presentó Vivencias, sueños y realidades. Antología de escritura creativa, una obra que contiene mucho más de lo que el título sugiere. Cuando se habla de fantasía e imaginación, nuestra mente construye, tal vez, la imagen de un grupo de niños jugando. Cuando escuchamos las palabras amor, sonrojo o pasión pensamos en una pareja de jóvenes besándose, en la edad que no se tiene mucho pasado, pero sí bastante por vivir. Cuando hablamos de mujeres de más de cincuenta años convertidas en escritoras “emergentes” como menciona Georgina Torrentera en la Introducción, habrá quien llegue a pensar que los temas estarán limitados. Pero al empezar a leer los textos incluidos en este volumen, al pasar las hojas y enterarnos de lo que aquí se dice, cambia nuestra percepción porque lo que expresan el alma, la mente y la imaginación de estas valientes mujeres es rico, profundo, auténtico, cuentan con un amplio bagaje de inquietudes y conocimientos. Veamos:

Conni de la Garza, creó historias en los que combina elementos fantásticos con lecciones de vida que nos invitan a conocernos a nosotros mismos, aceptarnos como somos y la importancia de abordar los problemas con calma y reflexión, como en “Lección de un taxista” en la que el protagonista aprende a ponerse en los zapatos del otro.

Rosy Díaz, escribió cuentos y relatos ricos en detalles y emociones que fascinan por su capacidad para mezclar elementos de fantasía y realidad en los que se destaca su gusto por el arte, la música y los viajes, como en “El cerrojo de la puerta” donde paseamos junto a la protagonista por un palacio antiguo de la región de Aviñón en Francia.

Tere Eldin, en sus relatos revela una mezcla de realismo, reflexión, amor familiar, espiritualidad y una actitud positiva hacia el futuro. Sus sueños reflejan una vida llena de experiencias y el deseo constante de crecimiento y conexión con los demás, como en “¡Sorpresa!” donde narra a detalle una emotiva reunión con hijos y nietos.

Bety Flores, utiliza imágenes poéticas para describir la riqueza de la vida, el amor a la familia y a las tradiciones, el orgullo de ser mujer y además mexicana, como en “Rebozo” que personifica a esta prenda de vestir como un ser que acuna, da ternura y consuela.

Tita Ortega Pierres, con un estilo sencillo, pero emotivo, permite que las emociones fluyan libremente a medida que comparte sus recuerdos y sentimientos sobre la conexión familiar, la nostalgia, la pérdida y el amor incondicional, como en “Nuestro último encuentro” que trasmite una gama de emociones a través de una narrativa reflexiva y auténtica.

Nellie Torres, nos presenta narraciones íntimas y reflexivas que revelan momentos de miedo, ternura, experiencia, dolor y amor a lo largo de su vida, destacando sobre todo el amor que ha cultivado, tanto de sus seres queridos como el amor propio, como en “El espejo” que utiliza la metáfora para explorar la complejidad de la vida, la diversidad de las emociones y experiencias a lo largo del tiempo.

Lety Villanueva, destaca por su enfoque descriptivo y emotivo con una mezcla de nostalgia, amor filial y la amistad que transmiten una sensación de autenticidad, como en «Soy de ella, soy de él, soy de ambos por igual» que es un relato conmovedor que rinde homenaje a la herencia y la familia.

Muchas gracias a todas ellas por atreverse a compartir eso que la vida les ha aportado, en todos los ámbitos. Las exhorto a no detener la pluma e invito a todos los familiares como lo hace Georgina Torrentera, compiladora, coordinadora, maestra y amiga, a que pisen suave por las habitaciones de sus casas, a subir despacio las escaleras, cuando ellas estén concentradas, invocando a las musas y a los espíritus de la creación literaria.

Norma Susana Argueta Hernández

Premio Ariadna de Poesía 2022

Por Catalina Miranda

Escribir poesía demanda algo más que lucidez e ideas claras, más que un camino trazado con antelación. La poesía exige una profunda introspección que no todos los escritores logran alcanzar porque, tal vez, no desean adentrarse en caminos escabrosos y secretos.  Se escribe poesía haciendo uso del intelecto, pero también atendiendo el llamado de una voz interior que, con apremio, pide sacar a flote las emociones y pensamientos íntimos. Es la poesía lírica la que recurre, con afán meticuloso, a escarbar en los recuerdos, a describir con detalle el calibre de la nostalgia, la soledad, el amor, la tristeza, la pasión, el desgarramiento interior. El poeta es un ser de impulsos, de tempestades, de desdoblamientos, quietud y contemplación no sólo del paisaje exterior sino de escenarios creados con la fuerza de la visión a ojos cerrados, como los que se hallan en el territorio de los sueños y ensoñaciones. No en balde al poeta se le conoce también como el vate, aquel que vaticina; como el vidente, que atisba los misterios insospechados, y hasta como el profeta, destinado a develar los enigmas del alma humana y del cosmos.

      La ganadora de la quinta emisión anual del Premio Ariadna de Poesía (2022) es Norma Susana Argueta Hernández (CDMX, 1967), quien también es narradora, artista plástica, locutora y fotógrafa. Su vocación de poeta inició: “Desde que empecé a usar lápiz y papel. Tuve una familia sensible al arte sin saberlo. Mi mamá nos leía un viejo libro de poemas que le regaló mi papá. Eran tardes de poesía mientras la luz del sol iba desapareciendo y quedábamos a oscuras. Y así continuábamos la charla. Con mi padre hacíamos viajes por carretera. Ahí conocí los amaneceres dorados, los campos plagados de luciérnagas, la ternura del mar y el sabor del desierto, el miedo y el arrojo. No lo supieron nunca, pero ellos me iniciaron en la carrera poética. Escribí durante años, toda la vida. Sólo hace muy poco empecé a publicar”.

      “Entonces, copulamos” es el primer poema de Norma Susana incluido en la antología, de próxima publicación, que tiene un epígrafe del Génesis, “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno”, frase que justifica, desde esa visión, absolutamente todo lo que hay en el mundo. Por lo tanto, la luz y la oscuridad; la pureza y la obscenidad; los animales que vuelan y los que reptan son perfectos; asimismo, el celibato y la sexualidad activa que, bajo esta visión, no tendría por qué ser censurada ni estigmatizada, sino llevada a cabo con libertad y sin morbosidad:  “Y en el inicio de nuestro tiempo/nos ayuntamos;/trasmutamos en umbral de cuerpos,/destino exacto de la materia vuelta universo./ Me penetras, irrumpes, me abro, me propago:/ la conciencia se traspone”.

      El poema “La orfandad de mi madre” escrito en versículos, tiene el acierto de darnos a conocer, a través de ciertas palabras elegidas, el origen de una mujer nacida en suelo muy mexicano: “Testereaba mi infancia con el corazón volteado.” “Mi madre tenía las palabras tatemadas…” “cantaba al sol que se huía en las tardes de su improvisada cháchara.” “Mi madre tenía voz de chichicastle.”

      Los versos de Norma Susana Argueta tienen la tesitura de una mano que se extiende sencilla y franca, a la vez profunda y pausada. Va desde el tono bíblico, universal, al familiar, hasta mostrarnos su interés por México y su historia. En su poema en prosa: “Sólo recuerdos quedan” rescata escenas vividas por los mexicas, mientras ella camina por las calles contemporáneas, ya pavimentadas: “Es un tiempo ido. La voz de los guerreros águila resuena entre las aguas, la última batalla en Tenochtitlan. ¡Lucha, Tlacatéccatl! ¡Ya viene el enemigo entre las chinampas!

      ”Miro al tenochca y al tlatelolca. Desde el Tepeyac, el acolhua se esconde entre la niebla y Cuauhtémoc cae entre el fuego negro y el hierro frío. Serás esclavo, serás el rey perdido”.

       De sus poemas dice la autora: “Recuerdo mucho La historia interminable de Michael Ende. Ahí se dice que los recuerdos de los seres humanos son como hojas delgadísimas, miles de ellas. Bastian, el niño héroe de esta narración, gasta una por una hasta casi quedarse sin recuerdos. Así son estos poemas. Cada uno es una hoja delgadísima de mi historia: el fuego del deseo en el cuerpo amado; el poema entretejido a varias voces internas; el diálogo con la niña que fue mi madre y sus palabras del tiempo ido; mi condición de mestiza y la crisis que me provoca en la búsqueda de mi identidad. Espero que todavía me queden muchos de estos delgados recuerdos para seguir escribiendo poesía”.

      Felicidades a Norma Susana Argueta Hernández por ser la ganadora del Premio Ariadna de Poesía 2022. En breve se publicará el libro digital que se podrá consultar y descargar de manera gratuita en el sitio web de Editorial Ariadna https://editorialariadna.com/premio-ariadna-de-poesia-2022/ 

Fragmento del Prólogo del libro Premio Ariadna de Cuento 2022.

Cruzando Dos Milenios, de David Ricardo

Por: Alejandro Ostoa

Este libro tuvo cuatro presentaciones en el mes de agosto. El 19 en El Rule, en Cd. Mx; 20 en Casa de los Olivos, en Tenango del Aire; 24, Centro Morelense de las Artes, en Cuernavaca y 25, Foro Teatral Leyenda en la Ciudad de México. El libro publicado por la editorial Amada Vida de Colibrí Casado y Canto, hasta el momento ha sido un éxito, debido a la difusión de David Ricardo y el reconocimiento y afecto a Baltazar López Bucio. Los dos antes mencionados y quien esto escribe, hemos estado en las presentaciones. La próxima será el 3 de septiembre en Tlaltenango, a las 16:00 horas, donde se develará una placa en Honor a Baltazar. Para la logística fueron imprescindibles Claudia Ascencio y Marcos López Ascencio. Este es el prólogo que realicé para Cruzando dos milenios.

Entre sacerdocio y tandas

A mi Venerable cielo.
A mi Pequeña semilla de algodón.

El pueblo espera
al redentor…
¿Qué redimirá ahora?
Luis Antonio García Reyes

Cruzando dos milenios, crónica de David Ricardo, merecido homenaje a su tío, presbítero Baltazar López Bucio, el padre Balta, es un peregrinaje del protagonista que ha estado presente en diversos escenarios. David Ricardo, con la memoria de las andanzas, sabe transmitir (de manera sintética, como es el teatro) algunos momentos significativos de este singular sacerdote proyectista y constructor, que nos lega el sentido bíblico de religión: reunir.

   El escritor de Cruzando dos milenios, se vale de la narrativa para ir desarrollando el carácter del personaje principal; los otros, por su comportamiento, se van develando sin que el cronista novelador los adjetive. El recuerdo forma una imagen y, como recurso literario, se presenta en el texto, se transforma para proyectarse en símbolo, mismo que da pie (en el argot escénico) al desarrollo de las circunstancias, en ocasiones en monólogo interno y en otras en soliloquio.

   David Ricardo habla, escucha y discierne. Explota sus atributos de dramaturgo y los aplica en el presente libro, con Balta, personaje destinal que, con las características de tragicomedia, en que hacen presencia las peripecias; nuestro protagonista, con las acciones dramáticas, tras luchar, logra su meta. El tiempo, en este relato, ya está cargado de historia. La primer fecha precisa nos la da la capilla de San José, (en Tlaltenango), en un medallón de cerámica aparece 1521-1523, como la primera capilla de América Continental. El tiempo transcurre, hasta los 23 años del siglo XXI, con las bodas de diamante sacerdotal de Baltazar.

   Diversas ciudades, países y pueblos recorren la geografía de Entre dos milenios. El estado de Morelos es el más significativo. Entre estos andares y paseos, nuestro sacerdote también se divierte, acude al teatro, a museos, a estadios, a la plaza de toros, vestido de paisano. Observa a la juventud y se suma a ellos, sin rehuirle a las cheves, de ahí el diálogo para hacer comunidad y fortalecerla con proyectos en que todos sean partícipes y adquieran el sentido de pertenencia.

   Balta va consagrándose al ministerio. Desde pequeño, como acólito, con el obispo Sergio Méndez Arceo (uno de los sacerdotes más controvertido de México, con repercusiones mundiales), quien también lo ordenó como sacerdote. Él se convierte en su guía, mentor y confidente. El obispo percibe en su ex monaguillo una extensión de él, ante quien pone su confianza y hasta complicidad, misma que los lectores descubrirán en esta expedición literaria.

   Hay infinidad de personajes cercanos, de visiones y actos “adelantados a su tiempo”. Entre ellos: Gregorio Lemercier, Iván Ilich. Alfredo Ottaviani, Casiano Floristán, Gabriel Chávez de la Mora, Carlos Trouyet, Paul Goodman, Erich Fromm, Peter Berger, Paulo Freire y Sabino Palumbieri, entre los principales. Los hubo también de otra fuerza, entre ellos Girolamo Prigione, Jesús Posadas Ocampo. También, políticos como Mario Moya Palencia y Luis Echeverría Álvarez, quienes los favorecieron en momentos adecuados. No puede quedar fuera Vicente Leñero, dramaturgo con predominio del teatro documental. También Felipe Santander, Premio Casa de las Américas.

   La iniciación como seminarista de Balta fue a corta edad, con tenacidad, y desde entonces ejerce las tres virtudes teologales. Lleva a cabo la teología pastoral, la práctica, aplicable en liturgia y catequesis. Así ha sido siempre, recorriendo y levantando no sólo santuarios, sino ánimos en los descorazonados. La devoción es una de sus constantes, pero también la protesta ante las injusticias, con la congruencia y clamor de Zapata. A pesar de la severidad paterna, nuestro sacerdote es flexible, nunca juzga condenatoriamente, eso sería inquisitorial. Profesa la teología de la liberación, en el acompañamiento de los más necesitados, solidario con los perseguidos, con preferencias hacia los pobres.

   Ha sufrido varios accidentes, pero salido de ellos. Algunas tragedias le han sido cercanas. Siente indignación por las represiones, como la matanza del 2 de octubre, del halconazo de aquel jueves de corpus de 1971. La guerra fría también le impactó. El diálogo le resulta primordial, los acuerdos para respetarse, y las faenas para perdurar.

   Está en contra de tarifas por servicio sacramentales. Considera que es parte del apostolado y que los recursos para su manutención los debe de obtener mediante su trabajo como conferencista o sus colaboraciones escritas. Los donativos son para mantenimiento del santuario y para acciones pías o emergentes. Eso es parte de un ser progresista que baja del púlpito y enfrenta la realidad de la cotidianeidad con el propósito de mejoras, con ética, visión de crecimiento y sentido de responsabilidad.

   Sin dejar el ritual como sacerdote (la misa), pasa del rito a la representación, como fue el proceso evangelizador de los frailes españoles. Sin embargo, las obras a montarse no son de temática sacramental o religiosa. La orientación es social, la conciencia, sin hacer a un lado lo jocoso. Ha sabido aprovechar los espacios para las representaciones, elude los  obstáculos ante los impedimentos. Esto lo podremos ver con las mudanzas realizadas a varios santuarios, los cuales, guiados por él, adquieren distinción, pese a que estos cambios los realizaron para que hiciera mutis o escapara por el foso del apuntador.

   Este 2023, es la celebración del cincuentenario de su llegada a Tlaltenango, donde cambia la escena e inicia un perdurable desarrollo comunitario, cultural y artístico. No sólo siembra la fe católica, sino es fecundo con sus proyectos, donde integra a la comunidad, porque él la va creando, ante el desperdigo anterior de sus habitantes. Con sus enseñanzas nos da lecciones que las acciones engrandecen a las personas, las circunstancias son factores que propician el desarrollo, e imponiéndose a los conflictos, se logra la meta.

   Ha recibido varios reconocimientos; sin embargo, los más apreciados, son los de la memoria de las personas, la continuidad, porque también ha sido el personaje pivote que le da juego a los demás para que se desarrollen y enfrenten nuevas situaciones o continúen la tarea que él comenzó.

   Entre sus proyectos, el que ha tenido mayor continuidad, presencia y repercusión, son “Tandas Culturales de Tlaltenango”, que integró a instituciones como Cleta, Zumbón y Mascarones, con participantes representativos de teatro popular, entre los que destacan (en primera instancia), Mariano Leyva y Lourdes Gay, Enrique Cisneros El llanero Solitito, José Manuel Galván Leguizamo El topo y Luis Cisneros.

   En lo musical, como figuras, Óscar Chávez, Amparo Ochoa y Gabino Palomares, entre otros.
En 2018 se instauraron las “Tandas Culturales de Tlaltenango. Presbítero Baltazar López Bucio”.
Cinco años después de ese merecido reconocimiento, a quien ha protagonizado la historia y con su ser y quehaceres ha recorrido escenarios, le estamos agradecidos pos sus cimientos y razones ciméricas. También a quien como río oculto, pero compenetrado en las vivencias nos ofrece Cruzando dos milenios, en este tocotín, jolgorio y tandas.

   David Ricardo no baja el telón, nos recuerda que tenemos un encuentro con Baltazar López Bucio y una CITA con la Compañía Independiente de Teatro Abierto. Es decir, dos tandas por un boleto. De Tlaltenango a Tlalmanalco. ¡Empecemos!

Julio 2023

Dramaturgia Mexicana Publicada en el Siglo XXI

Guillermo Schmidhuber de la Mora y Omar García Sandoval
Dos Dramaturgos, siete piezas para Representar

Por Catalina Miranda

Guillermo Schmidhuber de la Mora es autor de más de cuarenta obras dramáticas, que se han escenificado en distintos países; es también un investigador acucioso, especializado en la obra de sor Juan Inés de la Cruz, de la que encontró una obra perdida: La segunda Celestina. Schmidhuber, además, es un reconocido crítico de teatro, cuentista y novelista. Teatro para lamentar una ausencia es el título de su libro en la Colección Tespis de Icaria. El cual contiene cuatro piezas de destacada factura: “No murieron por la patria”; “Cuarteto para llorar una ausencia”; “Aniversario de papel en tres tiempos y un epílogo”, y “El ritual del degüelle”.

   La primera de ellas contiene un fragmento de la vida de fray Servando Teresa de Mier, cuando vivía en París. Schmidhuber recrea el encuentro de Teresa de Mier con quien sería posteriormente maestro de Simón Bolívar: Simón Rodríguez. Los personajes intercambian planteamientos ocurrentes y diálogos contrastantes debido a las diferencias en su personalidad: la seriedad y compromiso del sacerdote, y la liviandad del hombre mundano que es Rodríguez. Schmidhuber recurre a malabarismos fársicos como la ventriloquía para enfatizar el contraste de esas personalidades. Finalmente, Servando se ve enredado en la verborrea de Simón, quien lo hace caer en su trampa en torno a la traducción de una obra de René de Chateaubriand.

   A partir de la segunda obra, el autor cambia el tiempo y el sentido. Las piezas ya no tienen un origen histórico, sino uno ficticio; no obstante, tienen mucho parecido con la realidad. Schmidhuber nos traslada, nos hace ver varios nudos que emanan sustancias tóxicas y que ahogan a las familias. En “Cuarteto para llorar una ausencia”, el matrimonio de un hombre, que ejerce la autoridad y el machismo, y una mujer apegada a las órdenes de su marido se ven obligados a modificar sus férreos modos de actuar y de pensar motivados por la ausencia irremediable de su primogénito. En “Aniversario de papel. En tres tiempos y un epílogo”, un padre y una madre se desenvuelven en tres posibles vertientes, tres destinos para un mismo hijo: la enfermedad física, innata; la drogadicción por causa del descuido de los padres, y la felicidad y la armonía propiciada por el equilibrio y la buena comunicación entre los progenitores. “El ritual del degüelle” devela la problemática familiar de una esposa que luego de sufrir el maltrato del marido se venga de él, y hace cómplices a la hija y a la suegra, quienes también fueron víctimas de las agresiones de ese hombre abusivo, irreflexivo y golpeador.

   Para Gonzalo Valdés Medellín estas “cuatro piezas son de contrastante bagaje propositivo que, empero, discierne justamente la ausencia, el lamento y sus opuestos: la presencia y el ditirambo. La presencia de caracteres y circunstancias aleatorias que, si bien emplazan a los personajes a convulsivas degustaciones anímicas, también descuellan en exorbitantes madejas morales, sociales, psicológicas e incluso patológicas”.

   Omar García Sandoval es el más joven de los dramaturgos incluidos en la Colección, pero es destacada su trayectoria. Estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en donde imparte cátedra. Es bailarín y coreógrafo egresado de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA. Se ha desenvuelto como actor en teatro, cine y televisión. Yo moriré esta noche. Sueños. Los volcanes del Anáhuac es su primer libro de dramaturgia. En él encontramos a un escritor interesado en el ritmo y la musicalidad de las palabras, concretamente en la poesía. “Yo moriré esta noche” es el canto lastimoso de un hombre llamado Hamlet, que está hablando de su próximo y cercano deceso, y se da la oportunidad de dialogar consigo mismo, con fantasmas y con sus personajes clásicos y contemporáneos preferidos. Así, este Hamlet, que por momentos es el creado por Shakespeare, y en otros es parte de lo contemporáneo y habla de Coca-Cola, Windows y Walmart, es, evidentemente, ubicuo, un mago que quizá lleva siglos muerto, pero hace creer que morirá esa noche, dentro de una hora, en un tiempo que los lectores adivinamos eterno.

   En la segunda obra “Sueños”, encontramos a una pareja desgastada, que ha caído en la monotonía, en la aburrición y los reclamos. El diálogo se desarrolla durante una cena, los alimentos se convierten en insultos, reproches y agresión. Se plantea la decadencia de la pareja, la imposibilidad de encontrar acuerdos, la incomprensión, que hacen que los sueños e ilusiones caigan en un desfasamiento, en el resquebrajamiento de los intereses en común.

   El plato fuerte del libro lo conforma “Los volcanes del Anáhuac. Del amor, la ruina y la fragua”. Es la recreación de la leyenda del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, desarrollada también en verso. Es una obra de largo aliento, creada principalmente para la lectura, ya que realizarla en un escenario y proyectar al público su esencia, requeriría de una voluminosa y suntuosa producción. Esta obra podría ser una epopeya digna de cualquier pantalla cinematográfica, como comenta Gonzalo Valdés Medellín en el Prólogo. A mí me encantaría que surgiera un músico heroico que la transformara en una ópera y que fuera representativa del repertorio nacional.

   Teatro para lamentar una ausencia, de Guillermo Schmidhuber de la Mora (Ciudad de México, 1943) y Yo moriré esta noche. Sueños. Los volcanes del Anáhuac, de Omar García Sandoval (Ciudad de México, 1982) son la cuarta y quinta entregas de la Colección Tespis de Icaria. Dos dramaturgos de distintas generaciones. Siete obras del acervo de la dramaturgia mexicana publicada en el siglo XXI.

Testimonios Emotivos y Contundentes Contra los Intentos de Desvalorizar el Trabajo Docente

Por: Catalina Miranda
Experiencias magisteriales (Editorial Ariadna, 2022)  es un compendio de vivencias originadas en varios estados de la República Mexicana, sobre todo en Morelos. Fueron reunidas por tres profesores: Jesús Lastra Rodríguez, Bulmaro Benítez Cruz y Patricio Corona Sánchez, conscientes de la importancia de conservar la memoria de este importante gremio dedicado a la educación.

   Este libro, se anota en la Introducción: “pretende rescatar anécdotas del cúmulo de historias que habitan las memorias de los educadores. Encontraremos en este compendio polifónico contextos que nos resulten familiares y otros un tanto ajenos, situaciones profesionales, laborales y personales comunes, pero no mundanas. Todo importa en el quehacer…”

   Los profesores, con el paso de los años, recuerdan también con cariño a algunos de sus alumnos, sobre todo a quienes vencieron significativos obstáculos: la distancia, la pobreza, la discriminación, los conflictos familiares, el acoso, la enfermedad, la desnutrición, problemas muy comunes en las áreas rurales en las que ejercieron sus profesiones estos héroes y heroínas de la docencia:

Fermín Sandoval Galindo: “Sé que tengo muchos errores como ser humano, pero siempre he tratado de ser una persona benevolente, sobre todo con los más desvalidos o con los que como yo, lucharon a capa y espada por estudiar y ser mejores.”

Patricio Corona Sánchez: “El primer día de clases llegué temprano para conseguir unas vigas y blocs para que fueran las sillas y mesas del alumnado. A pesar de la alegría que tenían los rostros de los niños y niñas, yo no podía quedarme tranquilo al ver tantas necesidades en la escuela…”

Bulmaro Benítez Cruz: “Caminos de terracería poco andables, carreteras en muy mal estado, poco servicio de transporte, el cruzar ríos, barrancas, voladeros, como se podía. En tu maleta llevabas lo poco de ropa que tenías o que podías cargar y un mucho de disposición para vencer cuanto obstáculo encontraras.”

Leticia Nieto Holguín: “Me mandaron a un lugar llamado “El Concheño”, en la Sierra de Chihuahua. Esto estaba como a doce horas de donde yo vivía. Por supuesto, la única forma de llegar ahí, era solamente con los señores que llevaban materiales en sus camionetas. Había que pedirles aventón.”

Víctor Iván Castrejón Gutiérrez: “Fue aproximadamente un trayecto de una hora de camino, atravesé ocho kilómetros de terracería, antes de llegar a la comunidad. Recuerdo que sólo observaba a mí alrededor los cerros y algunos animales que encontraba en mi camino. En algún momento pensé que había tomado el trayecto equivocado, porque no veía a ninguna persona o casa…”

Jesús Lastra Rodríguez: “La escuela estaba ubicada cerca de una barranca que en tiempo de lluvias inundaba una parte de las aulas. Tenía también un muro de contención que estaba haciéndose de lado hacia unos salones y los baños. Se corría un grave riesgo. Ya se había solicitado la reubicación de la escuela, en un terreno donado por los ejidatarios, pero no había una respuesta todavía. Urgía una pronta solución.”

Guadalupe Ocampo García: “Elegí esta bonita profesión por convicción, pero tengo que reconocer que de pequeña tuve una figura muy particular que dejó huella en mi corazón: mi maestra de sexto grado, la cual me hizo tenerle interés y cariño a la docencia. Con el transcurso de los años entendí que la enseñanza que puede dejar huella no es la que se hace de cabeza en cabeza, sino de corazón a corazón.”

 Jesús Álvarez Figueroa: “Juanito sufrió de bullying de sus compañeros por esa forma de hablar tan peculiar del ‘calentano’; yo fui parte importante para que no pasara a mayores; lo sé por propias palabras de él, que no hace mucho me dijo: ‘Profe, usted me defendía’, y le dije: ‘Ése es el papel del maestro, generar las condiciones para una sana convivencia’.”

Nahúm Andrés González Montoya: Las increíbles peripecias de Elchicotequierotantotanto surge de observaciones directas y de mi participación activa dentro de la comunidad escolar. Es, si se quiere ver así, un ejemplo de la forma en la que se relacionan los jóvenes con sus contemporáneos, con sus maestros, con los adultos a su alrededor, y de las funciones que desarrollamos nosotros, como facilitadores y acompañantes de su aprendizaje y crecimiento.”

   La doctora Guadalupe Poujol Galván anota en el Prólogo de Experiencias magisteriales: “Lo que se puede leer en sus narraciones es sobre todo una Identidad que se levanta contra los intentos de desvalorizar el trabajo docente, mostrándolo en su complejidad, dignidad e importancia social y personal.”

   Sin duda, en la vida de cada uno de nosotros existe el recuerdo de un profesor en especial. Uno que se convirtió en héroe luego de enseñarnos a leer, a sumar, a dividir, a descubrir mundos lejanos a través de la historia y la geografía.

   Este libro es un homenaje a los profesores y profesoras que en todas las latitudes, hasta en las más recónditas, no sólo de México, se han encargado de impulsar a millones de estudiantes. El maestro es, sin duda, un amigo, un compañero de vida, un segundo padre y madre, un ser humano al que siempre se le agradecerá su labor de benefactor y guía.

Carta Súbita a José Ruíz Mercado (1954-2023)In memoriam

Gracias José:
Escritor, ser humano,
en superlativo.
Aliado, compañero de letras,
respetuoso del trabajo ajeno,
maestro, sabio siempre.

Por: Catalina Miranda
Sin entender por qué, como si despertaras de un sueño, de pronto te encuentras en el escenario. Las luces cenitales caen sobre ti de golpe. Miras hacia arriba y un brillo aun más potente se derrama sobre ti y llega hasta tus pies. Se expande por el suelo e inunda el escenario. Te das cuenta de que esa aura te cubre, te abraza y que tú mismo te has convertido en luz. Tus manos, tus piernas, tu ropa, tu cara son de luz. Te preguntas en qué obra estás inmerso y qué personaje estás representando.

   La música que viene de lejos, como un elemento imprescindible, hace que te olvides de ti y caminas hacia el sitio donde surgen esos sonidos. Es una música que nunca habías escuchado. Es tan armoniosa, tan profunda, tan especial, te habla en un lenguaje que no puedes decodificar. Te esfuerzas por adivinar qué instrumento la está emitiendo y sobre todo, cómo se llama el virtuoso que la ejecuta. “¡Ah!, que bella”, murmuras. “No sé qué obra es ésta, pero me complace que el director haya seleccionado de modo tan afortunado esta música.” Te preguntas, como tantas otras veces: “¿Por qué no estudié música?”.

No te detienes, transitas, las notas persisten. En tu trayecto ves que en el escenario han colocado infinidad de puertas. Estabas inmerso, imaginando la partitura, y no te diste cuenta en qué momento los utileros las colocaron, no hicieron ningún ruido.

Sientes curiosidad por saber qué hay en esas puertas. No te resistes. Te acercas. Sobre la primera hay una frase escrita. Deletreas: “Juan y los marcianos y otras obras”, esa frase te suena, es como si tú mismo la hubieras escrito. Pero no… Un ruido te hace voltear: Ves pasar a un niño riendo a carcajadas, va en una patineta. “Patinetas, Patinetas”, gritas. El niño se sigue de frente. Su risa se pierde entre la música y la luz.

Te diriges hacia otra puerta, también hay un mensaje escrito sobre ella: “Pueblo de miel derramada”, esa frase te recuerda a Juan Rulfo y a un pequeño libro con el dibujo a lápiz de una mujer de espaldas.

Continúas tu recorrido. Vas puerta por puerta, en cada una hay un letrero, es como si todas esas frases dijeran algo de ti: Frontera; Los estilos del teatro jalisciense; Otra cara (ponla ya); La Noche; Del llano a la laguna; La balada de Cata y Manuel (o el plagio del río); Mujer con Paloma; Quizás nos espere el mar. La partitura. Un barquito de papel emerge del suelo navega alrededor de ti y se pierde entre las olas de la luz, a lo lejos.

Sigues leyendo: Historia con condominio y una silla; Ausencias con paisaje; De música con músicos; Y si cuento mejor te cuento… una gata color miel atraviesa la puerta. Brinca, se zangolotea haciendo sonar el cascabel. Sin hablar se presenta: “Soy la gata Calabaza”. “Ah, sí, tú”, casi automáticamente le dices: “Cascabel de rápidos reflejos. / Propuesta mañanera recostada en el sillón. // Rápida. Suaves reflejos. Suave figura. / Musa celeste con cascabel de fondo. / Música en estructura, la orquesta se revela. // Decir tu nombre ahora imborrable en la memoria… // Decir tu nombre. / Verte de nuevo entre los libros. / En el escritorio cascabel. / Tu paseo por la escalera. / Tus bromas. / Tu mirarte en el espejo. / En mi pecho te veo correr por el pasillo…

Te sientes ofuscado. Piensas que estar ahí, envuelto en tanta luz afecta tus sentidos. Sigues recorriendo el escenario. Leyendo las frases escritas en las puertas: Mosaico teatral; Telares del método teatral; El Hilo de Ariadna.

Una madeja de luz rueda por el suelo. La punta, con vida propia, avanza y frente a ti va tejiendo una figura. Empieza por lo pies, sigue con las pantorrillas, los muslos, el torso, el cuello, los brazos, la cabeza, la cabellera. “Quién eres”, preguntas. Ella es Ariadna, sin contestarte sonríe y te pone en las manos un libro: “Cincuenta sin cuenta”, te dice en el oído: “Feliz retorno. Éste es tu mundo. Tu trayectoria. Recuerda: Veinte años es nada. Cincuenta y cinco, menos. La eternidad lo es todo, ahora es tuya…”.

16 de junio del 2023
Ciudad de México

Cincuenta Sin Cuenta

Por: Catalina Miranda
El más reciente libro de José Ruiz Mercado, Cincuenta sin cuenta, será presentado el próximo miércoles 31 de mayo, en Los Arrayanes, espacio que inspira a la libre convivencia, al intercambio de ideas y a la sesuda tertulia intelectual.

En Cincuenta sin cuenta (Editorial Ariadna, 2023), José Ruiz Mercado exhorta a su propia memoria, hurga en la interioridad y nos cuenta lo que cuenta  de su amplia trayectoria como dramaturgo, poeta, cuentista, director de escena, melómano, profesor, locutor, entrevistador, investigador de altos vuelos: consciente de la importancia de ir a la Historia de aquello en lo que se busca evolucionar.

Ruiz Mercado, en este valioso libro, que contiene su bibliografía: las portadas y contraportadas de las obras que ha publicado durante décadas, va más allá de la anécdota, de la transcripción culta y nos revela que con una visión inteligente y con paso seguro ha llegado a la cumbre de la madurez y promete ascender mucho más porque cincuenta años es nada y sesenta y cinco, menos… ¡Enhorabuena!