Norma Susana Argueta Hernández

Premio Ariadna de Poesía 2022

Por Catalina Miranda

Escribir poesía demanda algo más que lucidez e ideas claras, más que un camino trazado con antelación. La poesía exige una profunda introspección que no todos los escritores logran alcanzar porque, tal vez, no desean adentrarse en caminos escabrosos y secretos.  Se escribe poesía haciendo uso del intelecto, pero también atendiendo el llamado de una voz interior que, con apremio, pide sacar a flote las emociones y pensamientos íntimos. Es la poesía lírica la que recurre, con afán meticuloso, a escarbar en los recuerdos, a describir con detalle el calibre de la nostalgia, la soledad, el amor, la tristeza, la pasión, el desgarramiento interior. El poeta es un ser de impulsos, de tempestades, de desdoblamientos, quietud y contemplación no sólo del paisaje exterior sino de escenarios creados con la fuerza de la visión a ojos cerrados, como los que se hallan en el territorio de los sueños y ensoñaciones. No en balde al poeta se le conoce también como el vate, aquel que vaticina; como el vidente, que atisba los misterios insospechados, y hasta como el profeta, destinado a develar los enigmas del alma humana y del cosmos.

      La ganadora de la quinta emisión anual del Premio Ariadna de Poesía (2022) es Norma Susana Argueta Hernández (CDMX, 1967), quien también es narradora, artista plástica, locutora y fotógrafa. Su vocación de poeta inició: “Desde que empecé a usar lápiz y papel. Tuve una familia sensible al arte sin saberlo. Mi mamá nos leía un viejo libro de poemas que le regaló mi papá. Eran tardes de poesía mientras la luz del sol iba desapareciendo y quedábamos a oscuras. Y así continuábamos la charla. Con mi padre hacíamos viajes por carretera. Ahí conocí los amaneceres dorados, los campos plagados de luciérnagas, la ternura del mar y el sabor del desierto, el miedo y el arrojo. No lo supieron nunca, pero ellos me iniciaron en la carrera poética. Escribí durante años, toda la vida. Sólo hace muy poco empecé a publicar”.

      “Entonces, copulamos” es el primer poema de Norma Susana incluido en la antología, de próxima publicación, que tiene un epígrafe del Génesis, “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno”, frase que justifica, desde esa visión, absolutamente todo lo que hay en el mundo. Por lo tanto, la luz y la oscuridad; la pureza y la obscenidad; los animales que vuelan y los que reptan son perfectos; asimismo, el celibato y la sexualidad activa que, bajo esta visión, no tendría por qué ser censurada ni estigmatizada, sino llevada a cabo con libertad y sin morbosidad:  “Y en el inicio de nuestro tiempo/nos ayuntamos;/trasmutamos en umbral de cuerpos,/destino exacto de la materia vuelta universo./ Me penetras, irrumpes, me abro, me propago:/ la conciencia se traspone”.

      El poema “La orfandad de mi madre” escrito en versículos, tiene el acierto de darnos a conocer, a través de ciertas palabras elegidas, el origen de una mujer nacida en suelo muy mexicano: “Testereaba mi infancia con el corazón volteado.” “Mi madre tenía las palabras tatemadas…” “cantaba al sol que se huía en las tardes de su improvisada cháchara.” “Mi madre tenía voz de chichicastle.”

      Los versos de Norma Susana Argueta tienen la tesitura de una mano que se extiende sencilla y franca, a la vez profunda y pausada. Va desde el tono bíblico, universal, al familiar, hasta mostrarnos su interés por México y su historia. En su poema en prosa: “Sólo recuerdos quedan” rescata escenas vividas por los mexicas, mientras ella camina por las calles contemporáneas, ya pavimentadas: “Es un tiempo ido. La voz de los guerreros águila resuena entre las aguas, la última batalla en Tenochtitlan. ¡Lucha, Tlacatéccatl! ¡Ya viene el enemigo entre las chinampas!

      ”Miro al tenochca y al tlatelolca. Desde el Tepeyac, el acolhua se esconde entre la niebla y Cuauhtémoc cae entre el fuego negro y el hierro frío. Serás esclavo, serás el rey perdido”.

       De sus poemas dice la autora: “Recuerdo mucho La historia interminable de Michael Ende. Ahí se dice que los recuerdos de los seres humanos son como hojas delgadísimas, miles de ellas. Bastian, el niño héroe de esta narración, gasta una por una hasta casi quedarse sin recuerdos. Así son estos poemas. Cada uno es una hoja delgadísima de mi historia: el fuego del deseo en el cuerpo amado; el poema entretejido a varias voces internas; el diálogo con la niña que fue mi madre y sus palabras del tiempo ido; mi condición de mestiza y la crisis que me provoca en la búsqueda de mi identidad. Espero que todavía me queden muchos de estos delgados recuerdos para seguir escribiendo poesía”.

      Felicidades a Norma Susana Argueta Hernández por ser la ganadora del Premio Ariadna de Poesía 2022. En breve se publicará el libro digital que se podrá consultar y descargar de manera gratuita en el sitio web de Editorial Ariadna https://editorialariadna.com/premio-ariadna-de-poesia-2022/ 

Fragmento del Prólogo del libro Premio Ariadna de Cuento 2022.