Por: María Rocío Manzano Hernández
Psicóloga
La rutina y los planes a largo plazo nos dan seguridad y tranquilidad para caminar por la vida. Sin embargo, como dice el dicho “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, y sucede que algo irrumpe todo lo planeado, que de un momento la seguridad, tranquilidad y equilibrio que se tenía en la vida se empieza a balancear. Parece el fin del mundo.
Se puede sobrevivir a los cambios. El ser humano tiene esa capacidad de adaptación. Pero antes que nada, es importante estabilizar nuestros pensamientos, emociones y conductas ante los cambios.
La mente trabaja a mil por ciento, y más en momentos de estrés, los pensamientos giran y giran en la cabeza sin encontrar descanso, por ello un ejercicio que ayuda a aterrizar los pensamientos y escribirlos. Si, escribirlos: toma una hoja de papel y escribe todos los pensamientos que pasan por tu cabeza, a través de este sencillo ejercicio puede ayudar plasmando en el papel todas las ideas que pasan por la mente, al escribirlas se ponen en orden, se le da un nombre concreto a aquello que preocupa, hace visible la cantidad de ideas que se tienen sobre un solo problema.
Después de esclarecer las ideas que rondan por la mente, es momento de reconocer las emociones que traen consigo esas ideas. Identificar como te hacen sentir las ideas que se plasmaron en el papel: coraje, frustración, tristeza, etc. Ahora, identifiquemos hacia quién o hacia qué se sienten esas emociones. Lo que viene que el punto siguiente: conducta.
Aunque parece difícil, es posible, en momentos complicados no tomar decisiones precipitadas. Antes de tomar una decisión: respira profundo, la respiración conecta la mente con el cuerpo físico para centrarse en el aquí y el ahora, también ayuda caminar, salir a caminar permite despejar la mente. Algo mucho mejor es hablar, charlar con alguien de confianza. Al charlar sobre nuestros pensamientos y sentimientos, estos se van relajando, ordenando y facilita encontrar soluciones.
Los cambios pueden decirnos mucho. Pueden recomendarnos hacer una pausa, pueden indicarnos que en ese momento debemos prestar atención a algún otro aspecto que tenemos en descuido, que en estos momentos es mejor esperar, o que es necesario cambiar el rumbo.
Nada es casualidad. Después de equilibrar pensamientos, emociones y conductas es momento para hacer los ajustes necesarios y retomar lo planeado. Con paciencia. Sin forzar las cosas, si se debe forzar mucho entonces se estará invirtiendo demasiada energía en algo que tal vez, necesita cambios.
Bruce Lee decía unas frases que vienen bien al tema: “Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella. Si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede golpear. Sé agua, amigo mío”.