Por: Alejandro Ostoa
Paisaje de una vida luminosa. Antonio Ruiz Pérez, es un libro como merecido homenaje al profesor Antonio Ruiz Pérez, quien naciera en Acambay, Estado de México, en 1927, debido a la convocatoria que hiciera su sobrino Juan Manuel Mondragón Ruiz.
Antonio Ruiz Pérez, llamado Profe Toño, es un importante artista plástico, arqueólogo, promotor cultural, educador, profesor, preocupado por el rescate de la memoria histórica de su tierra natal. Este grandioso personaje, sobrino del Dr. Maximiliano Ruiz Castañera (Premio Nacional de Ciencias y Artes 1948), quien en 1938, perfeccionó la vacuna contra el tifus, la cual se conoció como la Vacuna Antitífica Castañeda y fue utilizada durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Ruiz Pérez es el creador de la Casa de Cultura, con la finalidad de que los habitantes se acercara al arte. Y varias generaciones han pasado por este recinto cultural. Esta casa fue donación, y fue construyendo el acervo artístico, así como lo hizo también con el museo de la población que lo vio nacer, nutriéndola de piezas que fue coleccionando y también se encuentran para el deleite y conocimiento de los visitantes. Este filántropo, de 96 años, recibe el libro en vida. A pesar de esas grandezas que inician con sus enseñanzas y forman un legado, ha sido poco difundido.
En esta obra se escucha el eco de doce voces de personajes y la del artista, con sus leyendas, pinceladas históricas y apuntes que se centran en personajes, en el tiempo ido. Me valgo de tres colaboradores de este libro (con extractos), para ver sus diversas opiniones, en las cuales se muestran las percepciones del maestro Ruiz Pérez., con el texto “El éxito del Profe Toño”, de Ariadna Navarrete González El éxito, el intelecto y la mayoría de los logros alcanzados por el hombre en el mundo, si no los transmite de generación en generación, se pierden con el tiempo. Cultivar el arte es lo que pude aprender de mi estimado Profe Toño, como todos le llamamos aquí en Acambay. Él podía ver en cada persona una tierra fértil para sembrar lo que le había sido dado desde muy pequeño, para él no había obstáculos, siempre se podía. Desde mi infancia tuve la fortuna de conocerlo por medio de mi tío Antonio Navarrete, quien era profesor de artes plásticas en la Casa de Cultura de Acambay, así fue como empecé siendo alumna de mi tío, en el salón que era para niños. Recuerdo que este estaba hasta el fondo de la casa, por lo que había que pasar un largo corredor lleno de macetas con lindos geranios, atrás de la biblioteca, en una esquina, y antes de llegar a él tenía que pasar por una fuente de cantera, con fondo de azulejos que tenían garigoleado azul -si no mal recuerdo-, ya que contrastaba con algunos peces rojos que nadaban ahí, los cuales siempre queríamos atrapar; aunque nos regañaban, pero tercos, cada que había oportunidad lo intentábamos nuevamente. Así es como recuerdo mis tardes, además del hermoso bordo de agua que estaba dentro de la casa, era de cuidado porque no sabíamos qué tan profundo estaba, pero eso sí, de gran belleza, escenario ideal para pasear y por qué no, hasta hacer una pintura, deleitándose con la singular belleza de sus patos ahí nadando. Aún recuerdo siendo esa niña dispuesta a recibir la semilla del conocimiento artístico, ya era una realidad para Acambay tener un recinto cultural donde muchos pudieran recibir y compartir los conocimientos artísticos que ciertamente marcaron el rumbo de muchos como yo, que definieron mi camino a seguir en el futuro. Gracias le doy a la vida de poder testificar que fui una de sus alumnas de la tercera generación, porque además tengo el dato interesante de que mi mamá tuvo igualmente la fortuna de ser alumna del Profe Toño, pero ella en la escuela secundaria particular que atendían unas monjas, que existió en la parte 64 trasera de la iglesia de Acambay. Ella me cuenta que llegó ahí gracias a una beca, todavía recuerdo una pintura de un hermoso alcatraz que tiene como recuerdo de algunos de los trabajos que él le enseñó a pintar. Además de las clases de artes plásticas, también estuve en un grupo de danza y otro de teatro. ¡Y qué decir de los cursos de verano! Esta casa se convirtió en un refugio para esparcir y cultivar nuestras mentes. La cosecha se sigue dando hasta ahora, que continuamos escribiendo de lo que este gran personaje ha impactado en nuestras vidas. Lo que un día empezó como anhelo del Profe Toño, hoy sigue siendo una realidad. Cuando mi tío me contaba que nuestro admirado personaje había donado su casa para quienes desearan aprender de las bellas artes tuvieran un lugar preciso para ello, más crecía mi admiración por esta gran persona. Escribir mi experiencia de vida con el profesor Toño, es escribir lo vivido en la Casa de Cultura Dr. Maximiliano Ruiz Castañeda, los dos son uno mismo y gracias a estas vivencias, ahora puedo comprobar que el arte enriquece el alma y cultiva la percepción espiritual que, aunado a un ambiente sano, será para un bien a la sociedad.
Magdalena Peña Mercado nos ofrece el texto:
“Maestro Antonio Ruiz Pérez” ‘El alma y corazón de la cultura acambayense’”.
…Asimismo, es menester hacer alusión a su obra pictórica, la cual además de ser arte invaluable para la comunidad acambayense, es una muestra de nuestras raíces, historia y evolución como país y municipio, obra que además de deleitarnos por su maestría con la que ha sido creada, nos hace sentir orgullosos de ser paisanos de tan grande artista, a quien se le ha reconocido nacional e internacionalmente, y qué decir de sus esculturas que se han convertido no sólo en piezas de arte muy apreciadas por los conocedores, sino que además son símbolos religiosos y municipales representativos de nuestra tierra. 70 En cuanto a su obra como historiador, documentalista y escritor, es un privilegio leerlo y aprender de los libros que, conjuntamente escribió con dos acambayenses reconocidos, como lo fue Eliseo Lugo Plata y lo es Edgar Serrano Pérez. Obra literaria donde se describe el municipio, su historia y sus leyendas, el momento de su fundación, la época de la Independencia y la Revolución Mexicana; así como el terremoto de 1912, las afectaciones y reconstrucción.
Un gran conocedor y admirador de la vida y obra del Profe Toño es Alfonso Sandoval Álvarez, por lo que reproduzco parte de su texto.
La historia reciente de Acambay se cuenta en dos periodos: antes y después del temblor. El profesor Antonio Ruiz ha vivido prácticamente todo el segundo periodo de la historia de su pueblo, lo ha estudiado y plasmado en sus pinturas y escritos; por eso la conoce mejor que nadie. El Profe Toño es el pintor de Acambay y el maestro del pueblo, nació apenas unos años después del terremoto de 1912, cuando se ponía la primera piedra del nuevo templo sobre los escombros del antiguo convento de San Miguel Acambay, destrozado por el sismo del 19 de noviembre. Sismo cuya magnitud no se conoce y la duración se calcula en más de cinco segundos, suficientes para acabar con el pueblo y casi la mitad de sus habitantes, por no hacer caso al premonitorio paso del cometa Halley que un año antes anunció el desastre según las interpretaciones, presagios y supersticiones de la gente de aquel tiempo. En ese ambiente transcurrió la temprana infancia de Antonio Ruiz, viendo cómo la gente reconstruía sus casas y con ello su pueblo, ahora un poco más alejado de Peñascos de Dios y más cercano al Valle de los Espejos, extendido sobre las rugosas faldas del sur de la Peña Redonda. Promontorio que de niño tanto habría de impresionar al futuro artista, ya que después se convirtió en inspiración y musa de sus paisajes. No había escuela para los años que Antonio debía iniciar sus primeras letras. También se la llevó el sismo, esta estuvo en el convento y ese recinto fue devastado. Las monjas de San Francisco que sobrevivieron se fueron del pueblo al ver su escuela en ruinas y la amenaza de la Guerra Cristera con los abusos de La Chiva, líder local de la guerrilla. Desde entonces la profesora Pachita Fajardo se hizo cargo de la enseñanza de los párvulos y fundó una “Amiga” instalada en una vieja casa junto al camino que va a la Caridad. A esta “Amiga” asistieron Toño y sus hermanos Maclovio y Elisa, siempre al cuidado del fiel Toribio, sempiterno empleado de don Amado Ruiz Castañeda, quien trabajó hasta que sus fuerzas le permitieron, ya llevando a los niños a la “Amiga” o fabricando las ceras en el industrioso taller familiar, donde vale decir que también Toño aprendió y trabajó el oficio de don Amado Ruiz, su padre. (…) Le queda en el tintero de sus pendientes la corrección y publicación de sus escritos, la creación de un centro de documentación y estudios otomianos que sirva de base a investigadores de la cultura del pueblo originario y de la cual reunió un gran acervo bibliográfico en su biblioteca personal, que siempre ambicionó como la coronación de su obra. Le queda ordenar y dejar a buen resguardo su prolífera obra pictórica para que no se disperse y extinga, lo cual ha sido su más grande miedo y preocupación en la vida. Necesita ordenar su casa para su propio museo y pinacoteca personal, también organizar su galería privada donde se exhiban sus creaciones plásticas como muestra de que su vida fue productiva y valiosa entre sus paisanos. Le falta la sala homenaje a su tío, el Dr. Ruiz Castañeda, quien le dejó como legado algunos instrumentos, las primeras vacunas del primer lote que erradicó el tifo en el mundo. Debe ordenar su biblioteca y publicar la historia general de Acambay que sigue entre sus notas manuscritas, por lo menos estos son los pendientes que él me ha dicho le quedan por hacer.
Este libro será presentado el 8 de diciembre en su querido Acambay. Gracias Juan Manuel Mondragón Ruiz, por este legado de generosidad, estafeta de nuestro artista Antonio Ruiz Pérez, de quien dice: “El objetivo primordial de Paiajes de una vida luminosa. Antonio Ruiz Pérez, es rendir homenaje al talento, al humanismo y a la sabiduría de un gran acambayense, para que su quehacer y los frutos de su trabajo sean conocidos por nuevas las generaciones y apreciados por las actuales, esperando que tengan interés y vocación por salvaguardar nuestras raíces y enaltecer a las mujeres y hombres que forjaron nuestra historia.
Ciento cincuenta y un páginas nos esperan, en este libro recién publicado.
El pincel que acariciaban los lienzos en sus pinturas trazaron el camino de muchos de sus alumnos que tomaron el camino de la superación y ser hombres y mujeres de bien.
Gracias Profe Toño.
Lorenzo Valencia Plata
Quiero un ejemplar
Muy merecido reconocimiento a un excelente profesor de muchas generaciones