Martín Murguía Cervantes
Querido Niño Dios
Se que estás muy cómodo en el vientre de tu madre María y que tu nacimiento ocurrirá dentro de 4 días. Mientras la fecha llega para tu arribo al mundo, te escribo humildemente para hacerte algunas peticiones. Algunas de ellas son un tanto soñadoras e infantiles, pero ¿Qué quieres?, me entró la nostalgia y mis recuerdos de niñez.
Quiero pedirte ayuda para los niños no nacidos y no deseados; piedad para las madres que los rechazan y les impiden llegar a este mundo porque los consideran una carga y un estorbo para ellas; se olvidan que deben ser fuente de vida y no de interrupción de la misma, te pido por esas madres que se atreven a quitar la vida a un ser inocente e indefenso, ten compasión de ellas y perdónales porque no saben lo que hacen.
Te pido también por los niños sin hogar, niños que vagan sin rumbo, en las sombras de la noche, en los peligros del mundo y son resultado del abandono, el abuso y la indiferencia de los mayores. Protege a esos seres que no entienden la razón de ser rechazados y olvidados.
Busco tu clemencia para los niños maltratados por sus padres, víctimas de la ignorancia de quienes deberían protegerlos, pequeños indefensos que no saben la razón de sus castigos y que aprenderán en carne propia una conducta que en futuro replicarán con sus propios retoños, infunde en sus padres la compasión, la piedad y la empatía que a lo mejor con ellos no tuvieron.
No te olvides de los niños que sufren a causa de las guerras y de la delincuencia, pequeños que sufrirán en carne propia la maldad y mezquindad de los mayores, dejando en ellos las huellas y el resentimiento que podría sacar su crueldad y su resentimiento en el futuro, sentimientos que podrían llevarlos a ser los verdugos del futuro.
Te agradezco que nazcas en los corazones de los adultos para que en ellos despierte el niño que todos llevamos dentro, el niño olvidado, el niño maltratado, el niño al que se le mataron sus sueños e ilusiones, haz que en ellos revivan los sentimientos de bondad, esperanza e inocencia que, esperando tu llegada, los hacía comportarse todo un año con la bondad, la dulzura y la ternura que tu nacimiento inspiraba en ellos.
En espera de tu llegada, quedo agradecido con la bondad de tu atención.
Atentamente: Un viejo niño
