
Por: Mario Arturo Segoviano Gutiérrez
Doctor en Pedagogía Crítica y Educación Popular
A una semana de que culminó el encuentro por el campeonato MUNDIAL de futbol 2026, celebrado en las sedes de México, Estados Unidos y Canadá; los equipos finalistas de España y Argentina, como ya se sabe disputaron la final en las instalaciones del MetLife Stadium (Nueva York/ Nueva Jersey), donde dejaron en la memoria colectiva con su contienda, los recuerdos y la sensación de euforia o de vacío; para algunos el orgullo del triunfo de la “Roja” europea y para otros, la derrota de la selección albiceleste; los “gauchos” de américa del sur.
Algunos retablos vívidos en los recuerdos y en las experiencias particulares de hombres, mujeres e infantes que vivieron de cerca cada experiencia mundialista dentro y fuera de los estadios; en las calles o incluso, dentro del dinamismo social o círculo familiar, sigue trayendo a colación la sensación de haber despertado de una realidad poco común cuando apenas se comenzaba a disfrutar de ese tiempo efímero que duró la competencia: solo 39 días (del 11 de junio al 19 de julio), y una vez que al percatarse de que llegaba a su término con la ceremonia final, la cual vino acompañada de luces, fuegos artificiales, batucadas y una coreografía masiva de voluntarios y cantantes que entonaron el himno oficial de la FIFA “Desire”, quedó la sensación culmine de los sueños y de las utopías deseando haber visto a su selección nacional triunfador.
Después de todo ello, a los días siguientes nos tendría la vida y la costumbre de nueva cuenta en la banalidad de nuestras vidas, con el peso y la carga de la realidad de los fenómenos psicológicos, económicos, políticos y sociales que nos deja un Mundial más allá del fútbol y que podrían citarse algunos casos como los siguientes:
La Colonialidad lingüística y cultural que el evento mundialista globalizado dejó de nueva cuenta, como cada cuatro años ha sucedido con la imposición del idioma inglés como lengua del espectáculo mundial, continua desplazando idiomas como el español local, portugués, francés, italiano, mandarín chino, hindi, árabe, entro otros y con un mayor número de significación entre los hablantes de otros idiomas nativos; imponiéndose además la cultura del Nacionalismo banal y del consumo. Cuando los aficionados mexicanos a modo de ejemplo, decidieron portar la camisa verde de nuestra selección, automáticamente se generó el fenómeno psicológico del olvido recurrente que dejan detrás los verdaderos problemas que aquejan a la nación como lo es: la pobreza, escases alimentaria, el desempleo, la desigualdad económica, inseguridad social, violencia o los problemas que acarrea el narcotráfico con las desapariciones civiles; violencia extrema, corrupción política y el debilitamiento del Estado.
Por otra parte, la gentrificación y blanqueamiento urbano, dejó con este evento mundialista un escueto embellecimiento superficial y coyuntural que únicamente sirvió para remodelar algunas de las zonas más visitadas o concurridas por los turistas nacionales así como extranjeros en las ciudades de Guadalajara, CDMX y Monterrey, con el fin de atraer la atención de turistas y nómadas digitales que sólo ellos podrían pagar rentas costosas en dólares; desplazando a quienes han vivido ahí y por causas voraces de la presión económica se han ido por el incremento en los insumos alimenticios, y rentas elevadas. Esta coyuntura fue aprovechada por las empresas multinacionales quienes acapararon los espacios barriales comprando casas para llevar a cabo inversiones inmobiliarias viejas para luego construir cafeterías de especialidad, cadenas de restaurantes reconocidos o en plataformas donde rentan por noche a los turistas, en lugar de rentarla a una familia por mes. Y a consecuencia de esta vorágine capitalista y mercenaria, se ha aumentado el costo de vivir y el valor del suelo.
Algo similar y fluctuante aconteció con La economía denominada “enclave”, porque los dueños y miembros directivos de la FIFA, patrocinadores y hoteleros se llevaron el dinero de las manos de millones de personas en esta justa mundialista que se localizó en los países del norte del continente americano representado por el 70% de las ganancias y dejando a la gente local con empleos temporales, baja ocupación hotelera, consumo general limitado y toneladas de basura.
Por último y no menos importante: otro de los fenómenos que partieron desde la generalidad deductiva del comportamiento social y psicológico, que en este evento global, económico y cultural, se desarrolló con una influencia masiva, fue la denominada “pedagogía del espectáculo”; esta dejó ver claramente que los medios masivos de comunicación, educan más que las escuelas, pues mostraron a los niños y jóvenes de nuestro país, nuevas figuras del balompié mundial, despertando en ellos la fantasía y el ensueño de creer que solamente el éxito recae en ser futbolista o influencer; haciendo a un lado, el pensamiento crítico a cambio de la alienación mediática y ontológica por parte del entretenimiento, mostrando el duro golpe del despertar a la realidad en cada individuo con la “fragmentación del yo colectivo”.
Cuando al desatarnos la venda de los ojos, nos dimos cuenta de que alcanzar un sueño o un deseo profundo nos lleva a sentirnos nuevamente diluidos en el sistema, solitarios y confundidos; sabiendo que todavía hace una semana, éramos la imagen ante el mundo de “mexicanos unidos” durante el fenómeno futbolero y al siguiente día, volvimos a la apatía y la división en la concurrencia de los días repletos de nostalgia y una caída repentina de dopamina y adrenalina tras semanas de euforia colectiva.