Dos de Noviembre en México

La muerte es un tema universal y recurrente, ya que es una experiencia común a todos los seres humanos; sin embargo, en México la muerte no es sólo una cuestión particular, sino también ambiente, el principio, el fin y un contexto permanente, dentro del inconsciente colectivo que, permeado por un profundo sincretismo adquiere grado simbólico manifestándose en mitos, leyendas, sueños, símbolos, imágenes, objetos de arte; todos representando ideas, personajes o situaciones compartidas.

No solo se narra una historia, sino que se construye un entramado de ideas abstractas, emociones complejas que el mexicano interpreta activamente desde la conciencia de la propia muerte, a tal grado que la celebración del Día de los Muertos, es Patrimonio Oral e Intangible de la humanidad, pues contribuye a la afirmación de la identidad.

El dos de noviembre, Día de Muertos, las ánimas de los ancestros regresan del más allá para ser honrados con ofrendas depositadas en altares; al regresar a visitar a sus familiares, se nutren de la esencia de los alimentos, el agua, el tequila, las flores, los recuerdos y así, mantenerse desde el más allá como los espíritus protectores de sus familias.

El ánima de los niños o “angelitos”, regresan de visita el día primero y para ellos están, en el altar: juguetes, dulces, pan, chocolate y aquellos objetos que les representaban en vida.

Los altares sirven también como una conexión más allá de lo territorial, debido a que la Ofrenda, sirve como recordatorio de aquellos cuya tumba ya no existe o cuando sus familiares se ven imposibilitados de visitarla.

Para las ánimas de los olvidados, aquellos que regresan el 30 de octubre y cuyos familiares no les dedican ofrendas o a quienes ya nadie recuerda, se les dedica un espacio en el altar, encendiendo una vela y colocando un vaso de agua especialmente para ellas.

No olvidemos al Ánima Sola, que puede vengarse si no se cumplen las promesas, ahí más vale que se cumpla, lo que se le prometió. Para ellos, una oración por su perdón.

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