Beneficios de llorar

Por: Eva Montañez García
Psicóloga

En este artículo abordaré algunos de los beneficios que nos brinda el llanto.
Sabemos que el llanto es una respuesta desencadenada ya sea por la tristeza que pudiéramos llegar a sentir por alguna situación de dolor ya que se libera cierta angustia, o sea por felicidad; aquí te mencionaré por qué llorar sin duda te hace bien:
-Es sano desde el punto de vista fisiológico y emocional.
-Es útil para liberar físicamente hormonas y toxinas relacionadas con el estrés y genera un efecto calmante.
-También nos ayuda a comunicar nuestros sentimientos.

Por mucho tiempo, se creyó que el llanto era un signo de una personalidad débil, pero en realidad, es todo lo contrario. Llorar ante una situación de crisis o un momento de ternura, es evidencia de una gran capacidad de empatía. Por ejemplo, cuando vemos a otra persona llorando, se activa nuestra neurona espejo y genera un neurotransmisor llamado oxitócina (hormona del amor, de la calma y el contacto), que aumenta el sentimiento de empatía.

1) Llorar reduce el estrés.- El llanto es terapéutico porque alivia tensiones, sirve para desahogarte y luego, sentir mayor tranquilidad.
2) Incrementa el metabolismo cerebral.- Al llorar, tu cerebro recibe un 30% de toda la sangre que el corazón bombea al cuerpo. Es la única emoción que logra ese incremento; aumenta el gasto energético y la frecuencia respiratoria para oxigenar al cerebro. Por esa razón, sentimos más cansancio y bienestar ya que, al terminar, el cerebro libera endorfinas que te tranquilizan y generan la sensación de esperanza y fe.
3) Te humaniza.- Cuando lloras o estás frente a una persona llorando, compartes un momento en el que se presenta mayor empatía y apoyo.
4) Tomas conciencia.-  Al liberar el llanto, estás enfrentando algo que sientes o te sucede. De esta forma, puedes identificarlo y trabajarlo para lograr resolverlo. Es importante que reconozcas y puedas exteriorizar tus sentimientos.
5) Puedes prevenir otras enfermedades.-Es posible aliviar el dolor si no reprimes tus lágrimas cuando tu cuerpo lo necesita. De lo contrario, podría manifestarse en forma de depresión y poner en peligro tu salud física.
Aprende a llorar.

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Ruiz Mercado, in memoriam (Segunda parte)

Por: Alejandro Ostoa

Ha hurgado en el tiempo, la historia y las vivencias, en este arte efímero de la representación, pero que en singulares casos permanece registrado en el interno escenario de las emociones, a pesar de haberse cerrado el telón.
El chamán Ruiz Mercado no abandona los ritos y llega a la representación, estableciendo diálogo con Dionisos y el Padre Sol para iniciarnos traspasando la “cuarta pared”.
¿Cuántas interrogantes se ha respondido este preceptor escénico con alma de mozalbete? Espero que Pitágoras pueda ayudarme.
Es cierto, la mayoría de las generaciones egresadas de las instituciones  superiores especializadas tienen la certeza de que el teatro inicia con ellos. Pero… no son capaces de discernir si “estudiaron” teatro o actuación. Además, presumen que con un título el papel escénico se hace por sí solo, sin la experiencia de las tablas.
Pepe no se ha percatado que Calabaza, su gata consentida, cruzó la escena, pero percibe el maullido a la poetiana y su pasión escénica se intensifica.
El memorioso sacude mis recuerdos y, con su hilo conductor, me transporta a la providencial provincia en que la escena abona no sólo el terruño, sino que se planta en la región, para ser cosechada en el país e ir a otras latitudes con el disfrute de los aranceles, universalizándose con la denominación de origen hasta los consumidores, el público.
Ruiz Mercado escribe casi de corrido y es raro que tache o enmiende, si acaso hace anotaciones al margen, pero sin marginarse.  
El corpus dramático de Mosaico teatral no margina, es incluyente. Avizora la visión crítica de quienes han dejado huella en revistas y periódicos. De aquellos profesionales que desmenuzan la representación para, sin amputaciones, integrarlos a ese acto sano que los mantiene “vivitos y representando”.
Se convierte en vocero de los dramaturgos y sus criaturas (obras), hace saber a los demás de su existencia, de sus cualidades, tema, subtemas, entrelineados y estilos. Ese Pepe que nunca pierde el estilo.
Los grupos representativos que han transitado en el carromato de Tespis se detienen un rato en esta diligencia difusora de los quehaceres mediante este libro, en que los directores van trazando su gira.
El maestro está tan concentrado que no se ha dado cuenta que de su borrador emerge una presencia femenina. Es la elocuencia, Musa que se integra al Mosaico, por lo que se metamorfosea en Musaico teatral (sic). Así llega al índice, indicador de lo que sucede en el entorno y núcleo del teatro que adquiere el pasaporte universal.
José Ruiz Mercado, con amplio ademán, pone punto final en el papel. Apoya el codo en escritorio y recarga la barbilla en la palma de su mano. Queda meditabundo por unos segundos. Después, deja esta posición y en el aire dibuja una seña de abrir paréntesis, al que le agrega tres puntos suspensivos y cierra el signo, que plasma en papel, con lo que indica su propósito para que el próximo libro sea parte de otro acto que suceda a la vista del espectador. Se levanta de la silla. Enrolla las hojas, queda en proscenio, al centro, proyecta la mirada hacia el fondo. Transición. Contempla el rollo de papel y realiza un movimiento que alude a ser incrustado en un orificio, pero no realiza el remate, sino que lo lleva a un lado y luego al otro contrario, para hacerlo danzar rítmicamente a manera de batuta. Un seguidor lo destaca. El maestro José Ruiz Mercado camina hacia la derecha para bajar los escalones del foro, llega a la sala, lo sigue iluminando el seguidor. Ve su reloj pulsera y se percata que es la hora de la botana en La Fuente. Se va por el pasillo, mientras la luz del seguidor se diluye hasta desparecer para, inmediatamente

caer el telón.
Mientras se cierra el telón, se abre un ejemplar de Mosaico teatral en el foro.

¿Qué es la Telenofobia?

Por: Eva Montañez García
Psicóloga

En este artículo hablaré acerca de la Telenofobia, esta fobia es el miedo a hablar por teléfono y mantener una conversación telefónica; consiste en el miedo a interactuar mediante una llamada telefónica, lo cual nos puede hacer un poco de ruido ya que tiempo atrás para comunicar una noticia era levantar el teléfono marcar el número telefónico y la interacción se generaba.

La Telenofobia al día de hoy, casí un 80% de los jóvenes, lo experimenta. Según un estudio, el 40% de los baby boomers y el 70% de los millennials, se ponen nerviosos cuando suena el teléfono.

La telefonía móvil ha experimentado un explosivo crecimiento a nivel mundial, provocando un gran impacto en la sociedad, particularmente entre los adultos jóvenes y la llamada generación Z. Los estudios sobre este fenómeno indican que la telenofobia, surge porque dicha generación, considera que atender las llamadas les consume demasiada pérdida de tiempo.

Se pueden presentar ciertos síntomas físicos y psicológicos, característicos en aquellas personas que sufren de esta fobia:

Síntomas físicos
-Dolor de estómago
-Náuseas
-Aceleramiento de corazón
-Falta de aliento
-Hiperventilación
-Boca seca
-Ataques de pánico…

Síntomas psicológicos
-El teléfono móvil siempre está en modo silencioso
-Evitan responder a las llamadas telefónicas
-Prefieren enviar mensajes de texto en lugar de hablar por teléfono
-Asustarse visiblemente cuando suena un teléfono
-Comportamiento evitativo: evitar contestar las llamadas, negarse a concretar citas telefónicas, etc.

Me da miedo hablar por teléfono. ¿Cómo quitar el miedo a hablar por teléfono?
-Según el grado de gravedad de la fobia, se podrá trabajar de una u otra forma. Cuando hablamos de fobias leves, podría tratarse con alguna técnica de autoayuda, pero si es una fobia grave se requiere de ayuda profesional.

Hay personas que no identifican que puedan tener un problema con respecto a este tema, por ello, se muestran muy reticentes a buscar ayuda profesional, bien por vergüenza o por miedo a que les juzguen o se burlen de ellos.

Algunas estrategias de autoayuda podrían ser:
-Practicar la meditación ya que ayuda a calmar los miedos y a pensar con mayor claridad.
-Llevar un diario personal y escribir todos los pensamientos que acompañan al miedo relacionado con el teléfono.
-Practicar algún deporte que implique ejercicio cardiovascular, incluso, yoga.

Sin embargo, cuando la fobia está afectando negativamente en el funcionamiento diario, trabajo, instituto, salidas sociales, etc, se recomienda acudir a un profesional de la psicología para iniciar un tratamiento psicológico adaptado a cada caso.

Tratamiento psicológico de la telenofobia. ¿Cómo tratarla?
-Hoy en día, el tratamiento de elección debido a su alta tasa de eficacia para tratar cualquier tipo de fobia, es la terapia cognitivo-conductual.
El objetivo consistirá en identificar las causas intervinientes que han podido contribuir a desarrollar esta fobia (por ejemplo, recibir llamadas con malas noticias en el pasado).
Se utilizará la terapia de exposición en la cual el especialista expondrá a la persona afectada a su fobia gradualmente, con el objetivo de desensibilizarle y acostumbrarle a esas sensaciones que nota su cuerpo. Se establece una escala gradual de situaciones que le producen menor nivel de ansiedad hasta situaciones que le produzcan mayores niveles en relación a su fobia.

El proceso de tratamiento es gradual, es decir, no es un proceso en el que la persona supere su fobia al instante, si no que irá poco a poco hasta llegar a un mayor nivel de satisfacción.

Existen muchas formas para acabar con la fobia a hablar por teléfono, por ello, será importante que puedas identificar y resolver los problemas que han provocado dicho miedo. Será un proceso algo costoso, pero que sin duda podrás resolver.

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Ruiz Mercado, in memoriam

Por: Alejandro Ostoa

Qué difícil es aceptar la partida de un ser entrañable. Tal es el caso de mi admirado José Ruiz Mercado. Las siguientes líneas fueron publicadas en Mosaico teatral, grandioso libro de los quehaceres en el teatro, la investigación, dramaturgia y la escena, publicado en Editorial Ariadna.
(Un cenital ilumina a Pepecuícatl, a un mes de su partida).

Oscuro total. Tímido sonido de apagador al encenderse. La veladora (luz de trabajo) parece fisgonear, filtrándose con un destello de luz, entre la hendidura del arco de proscenio y la parte superior del telón que, en su hermoso drapeado, ostenta la alcurnia a la cual pertenece. Las discretas luces rojas de las butacas, apenas arriba del piso de los pasillos, crean una tenue valla.

Del vestíbulo se escucha el susurro de una puerta pesada que se abre y posteriormente se cierra. Respira la débil luz de la sala, la alfombra de la misma absorbe los pasos del hombre que entra, produciendo una ligera resonancia del firme andar del caballero bien plantado. Él se acerca al escenario y conforme avanza, rítmicamente se va plegando el terciopelo rojo. Las luces laterales se encienden y descubrimos al personaje, es el maestro José Ruiz Mercado, quien en las manos lleva un sobre-bolsa de papel manila, con hojas blancas en el interior. Luz especial al centro de la escena, bañando a un escritorio de fina ebanistería y pesada, pero cómoda silla, con asiento y respaldo de elegante tapiz. Lekos, pares sesenta y cuatro, fresneles y elipsoidales se dirigen a la escena cuando, de pronto, diablas y candilejas se asoman y permanecen realzando la atmósfera.

La mirada del maestro se dirige a la sala, para fijar la vista en la platea, luego los palcos y más allá la galería. En la memoria guarda la imagen panorámica de las localidades. De pronto, lentamente, levanta la cabeza, invoca a Dionisos, dirigiéndose al telar y a la maquinaria. Desea que llegue mediante Deus ex machina. Queda admirado con un personaje que pasa como de Zeus y desaparece traspasando el ciclorama.

Ruiz Mercado recupera la vertical, gira el cuello hacia la derecha (del actor) y descubre al amigo imaginario ausentado de su vida por un tiempo. Sólo él lo focaliza —terminantemente prohibido utilizar efectos o recursos de tecnología de punta—. El avistado es un antiguo tlacuilo, su gemelo que la primera vez que apareció se presentó como incondicional presencia tutelar. José, se transforma en Pepecuícatl, presuroso saca hojas y una pluma para, de inmediato, empezar a escribir.

Mientras tanto, una sombra desapercibida llega a sentarse a una butaca y contempla la escena. Este último observa al protagonista, y su pensamiento adquiere voz que no importuna al maestro José Ruiz Mercado:

— ¡Cuánta claridad del maestro Pepe! Esa luz de la que no se despoja, lo acompaña siempre en su andar cotidiano; claro que se intensifica más cuando aterriza en la pista creativa, como lo fue El concierto del viernes y más aún con Canto para la ciudad. Eso no quiere decir que sea un despistado en sus andanzas por los andurriales de los barrios, suburbios ni zonas residenciales, ya sea en la Perla tapatía o municipios, rancherías, ciudades o estados, tanto de los Estados Unidos Mexicanos como de otros países. Del café Madoka, en el mero centro de Guanatos, donde se calentaba las manos con la taza recién servida de un excelso arábica, veía el contenido que revoloteaba como torbellino y aspiraba el olor de la infusión para después complacer al paladar, mientras escuchaba la voz interna de la inmersión. Y de allá, se dejó conducir por este Pueblo de miel derramada, andando por Calle Luna, calle, a Pasos lentos hasta llegar a casa de Talía y Melpómene, acompañado por Euterpe, ante el coqueteo de Clío. Observarlo en la creación es sorprendente, pero en un teatro como éste, el estro se le magnifica. Viéndolo bien, es un cenital, como el que cae sobre él y su trabajo.

Afortunadamente no lo han aplanado los leds. Y hablando de cenital me recuerda a una actriz que en tono bromista pedía ser bañada por un “genital”. Y es que el maestro Pepe va a los genes, a la génesis, sin rezarle a San Ginés de Roma. Sí, a los genes del teatro, a la genealogía. Yo me quedo como Torstov en Un actor se prepara, de Stanislavski, y en ese caso no respeto a Celestino Gorostiza y lo escribo como el tlacuilo manda, con i latina, aunque el teórico vivencial y director teatral haya sido ruso.

   Cómo me sorprende el maestro. Eso de conservar el espíritu de crío, como decían en la Nueva Galicia, actual Perla de Occidente, y preguntarse constantemente para despejar las incógnitas generadas, desde los puntos de vista de las diversas ciencias, estética y sensibilidad, es impresionante. Su particular método como poeta, narrador, dramaturgo, investigador, director, incluyendo “anexas y ramales”, impacta. La tinta me dice, antes que se registre en el papel, que está creando un gran mural con trocitos de evocaciones de la historia del teatro. Se trata de un Mosaico teatral.

Fin de la primera parte.

Entre Fuentes, Libros y Bibliotecas

Por: Catalina Miranda

Ciudad de México.- La primera semana del mes de julio tuve la oportunidad de ir a la Biblioteca San Simón, ubicada en el parque del mismo nombre, también conocido como “De la Ballenita”, un apodo muy adecuado, porque en la entrada principal, sobre Calzada San Simón, enfrentito del Metrobús, hay una fuente con un cetáceo bebé, gordito, simpático, que en el pasado me despertó sonrisas cómplices al imaginarme su cuerpo convertido en el símbolo del Yin Yang, y al verlo muchas veces acompañado de niños y niñas, que gustaban chapotear a su alrededor, aunque el agua estuviera turbia y verdosa, y la Ballenita abollada y despintada, lo cual no disminuía la alegría de los niños que se trepaban en ella convirtiéndose en jinetes aventureros o en marineros dispuestos a travesar cualquier océano que se interpusiera en su ancho camino.

Esas escenas me hacían recordar cuando yo, siendo niña, me metía con mis hermanas y mis amigas a la fuente del Parque México, la que también está junto a una Biblioteca, la Amalia González Caballero. Nos quitábamos los zapatos, nos doblábamos hasta las rodillas los pantalones y nos disponíamos a recibir el agua helada, a borbotones, en los empeines, en los tobillos, en las pantorrillas, hasta la orilla de los pantalones que se desdoblaban o porque el nivel del agua alcanzaba, sin misericordia, los muslos. Era una aventura espectacular: Escuchar el golpe del chorro de la fuente, el agua que nos salpicaba la cara al caer en las rocas volcánicas con las que está construida esa bellísima fuente de mi infancia, parafraseando a Alfonso Reyes.

Fuentes, sol, parques, bibliotecas, libros, cuentos ilustrados con estampas coloridas, con grabados, dibujos y pinturas. Fue un deleite entrar en esa biblioteca del parque de la ballenita. Subir las escaleras y recibir el saludo del guardia de seguridad, quien al hacer una reverencia me invitó a entrar y a anotarme en la libreta de los visitantes.

Los ventanales dejaban pasar la luz del mediodía, desde ahí vi los árboles que me causaron una sensación insólita de limpidez en el aire; el jardín recientemente remodelado, los caminos de piedra, la ballenita restaurada, la fuente convertida oficialmente en alberca para los niños, que, por fin, continuamente recibe mantenimiento.

Después de los primeros pasos, encontré a una joven bibliotecaria, con unos diez o doce cuentos para niños —sobre el escritorio— con pasta dura, ilustrados a todo color. Ella revisaba, o reforzaba, con cinta adhesiva transparente, los papelitos con las claves que indican la clasificación, en los lomos. Sentí necesidad de acercarme a ella y decirle: “Vete a pasear al parque, yo hago tu trabajo: yo me entretendré abriendo los libros, revisando la página legal, viendo el nombre del autor, el sello editorial, el año de publicación, y de pasada les echo un ojo a los textos y a las ilustraciones”, todo lo cual me encanta, me derrite, me fascina.

Pero no lo hice, me seguí de largo. En la amplia sala de lectura, limpia, ordenada, no había nadie. Me sentí la “Reina, la Tlatoani de la Biblioteca del Parque de la Ballenita”. Todos esos libros acomodados en los estantes eran para mí sola. Me supe acompañada. Me llené de sorpresa al pensar en todos los autores que estaban ahí esperándome; tentándome; invitándome a acariciar y a leer a lo largo y ancho de las páginas. Me sentí alegre, confiada, plena. Supe que todos esos libros eran mis verdaderos amigos y que no estaba sola.

Me senté para disfrutar el escenario; afuera, las plantas y los juegos para los niños destellaban color. Miré hacia atrás de mí. Un librero con literatura mexicana me custodiaba. Estaban ahí volúmenes de Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Huberto Batis, obras completas de Inés Arredondo, Elena Garro, Rosario Castellanos, Guadalupe Dueñas… entre otros. A este último libro le traía ganas desde hace meses. Lo extraje del librero y le hinqué los ojos y los dientes. El contenido sorprende. Es una compilación de Patricia Rosas Lopátegui, quien se dio a la tarea de reunir todos los libros publicados por esa escritora nacida en 1910, en Guadalajara, Jalisco.

Los cuentos de Dueñas desbordan imaginación. Con un estilo preciso se adentra en el inconsciente de los personajes y nos deja ver su verdadero modo de ser; aquello que esconden; lo que no desean que los demás se enteren. Es minuciosa en sus descripciones.

El libro tiene prólogo de Beatriz Espejo, otra cuentista mexicana, quien fue mi maestra en la Facultad de Filosofía y Letras, y una Presentación de la compiladora. Es muy valioso este volumen, contiene cuentos, artículos, retratos escritos de personajes, poesía y hasta una novela inédita. El Fondo de Cultura Económica lo publicó en 2017, tiene 830 páginas. Es sólo una hermosa semilla de amaranto, del universo que albergan las bibliotecas.

Este mes de julio también asistí a la Biblioteca Pública Manuel José Othón, en la colonia San Miguel Chapultepec, instalada en una construcción muy amplia e iluminada, profusa en su acervo. Acudí para entrevistarme con la coordinadora de actividades culturales de la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad de México, Mariana Jiménez, joven, entusiasta y profesional, en quien percibí un auténtico interés por los libros y los lectores. Tuve el gusto de conocerla personalmente y de darme cuenta de que compartimos un enorme interés por la cultura y de que, curiosa coincidencia, las dos asistimos a la misma secundaria, en la colonia Escandón.

Siempre que acudo a una biblioteca me quedo con la sensación de haber visitado amigos entrañables y quiero regresar cuantas veces pueda. Estos meses de julio y agosto, vacaciones de verano para los niños, tendrán en las bibliotecas, cursos, lecturas y convivencias varias. Los exhorto a que asistan, disfruten, chapoteen entre los libros y las actividades. Siéntanse los tlatoanis del lugar, conozcan y hagan uso del legado cultural que les pertenece. En verdad, deseo profundamente que en las bibliotecas nos encontremos. Así sea.

¿Qué es la Discalculia?

Por: Eva Montañez García
Psicóloga

En esta ocasión hablaré sobre los problemas de matemáticas que pueden tener algunas personas mejor conocido como discalculia.
La discalculia o dificultad en el aprendizaje de las matemáticas (DAM), es una condición neurológica que dificulta la comprensión de las matemáticas y tareas que involucren las matemáticas. Muchas veces confundida como dislexia numérica o dislexia matemática, la discalculia es un trastorno de aprendizaje numérico donde las personas afectadas pueden enfrentar dificultades para entender desde los conceptos más básicos, como entender proporciones, que es más grande o que es más pequeño. Por ejemplo, si le muestran seis manzanas y tres naranjas, puede tener dificultades para determinar si hay más manzanas o naranjas. Aunque es fácil confundirlas, la dislexia es un trastorno del aprendizaje que comprende la dificultad para leer y es bastante común que un alumno sufra los dos trastornos. Un 50% a un 60% de los disléxicos también tienen problemas con las matemáticas.

Los expertos calculan que un 3% a un 6% de la población padecen discalculia y existen diferentes niveles de discapacidad. En varios casos, los niños aprenden eventualmente a luchar con los números, pero en otros, las tareas cotidianas como cocinar, comprar, salir a cenar o cualquier cosa que involucre números y matemáticas básicas, como calcular la propina, se les dificulta. Por otro lado, otras personas pueden no tener problemas con matemáticas básicas y mostrar signos de discalculia hasta más adelante en su formación, cuando se enfrentan a temas más complejos.

Síntomas
-Usa los dedos para contar o hacer procesos básicos
-No recuerda procesos matemáticos básicos
-Dificultad para manejar dinero, como constantemente entregar la cantidad equivocada
-Problemas para decir la hora en un reloj analógico
-Al igual que los disléxicos, problemas para identificar la derecha de la izquierda
-Problemas con números secuenciales o patrones
-No comprender conceptos como mayor o menor
-Dificultad para asociar una palabra y el símbolo. Por ejemplo, que el número 4 es lo mismo que la palabra cuatro
-Problemas para recordar las tablas de multiplicar u otros hechos matemáticos
-No poder juzgar correctamente la velocidad o la distancia

Mar Barrientos y Gabriela Sodi

Por: Alejandro Ostoa
Toluca de Lerdo, Estado de México.- El 12 de junio, a las 16:30 horas, en la librería  Sor Juana Inés de la Cruz, del Fondo de Cultura Económica, en Toluca, se presentó el libro Gabriela Sodi bajo mi lente, de Mar Barrientos. Se contó con la presencia de la autora y de Gabriela Sodi, con la presentación de quien esto escribe. Vayan estas líneas sobre el texto

Tu voz anula mi ausencia
José Gorostiza

Tiempos, momentos, registros, permanencia y legado, son parte de Gabriela Sodi bajo mi lente, de Mar Barrientos. Este texto, en su construcción, resulta abovedado, la voz de la poeta resuena, en la musicalidad, en síncopa precisa, con la acción intrínseca del teatro y dancísticos movimientos.

Gabriela Sodi captada, es el ombligo de la luna, en nuestro pueblo del sol.
Quince registros. Igual número de impresiones (de la verosimilitud y lo tangible). Bitácora de Mar (Barrientos). Crónica con sesgos poéticos, consigna con el lente de la permanencia, sin la efímera premura de la inmediatez y el olvido. El tiempo… Fragmentos integradores, concatenados, orientados con los sentidos, en pensamientos, percepciones y sentimientos. Y la intuición, ahí está, premonitoria y sorprendente.

En un suspiro, un click…
El pasado en la existencia perpetua, fresca. La vivencia en el asfalto, en la tierra, en la esencia.
Allá voy, transportado en la lectura; ese tiempo que pasa, trayectoria de vida, de huella. Es la película en los nostálgicos discos del visor, de aquel View master, vistas inexorables.
Percibo el timbre de la máquina de escribir mecánica que anuncia el arribo al margen, a la siguiente línea.
Hallazgos, rememoraciones, impactos. El mundo, recorrido por la geografía, con la brújula de seducción, de encantos, de misterios, de sorpresas. Gabriela y Mar en la bitácora.
Diálogo con personajes permanentes, con el imaginario, soliloquios y monólogos. Voz justiciera, Palabras con valor, que aman, acarician, enamoran y se expanden en eco que llega a los poros de la piel. Cotidianeidad, realización, intimidad, familia, arte, convivencia, sensibilidad.
Adentro y afuera, días y noches, creación y devastación, atención e incuria, sombra y luminaria, con coloridos pétalos que flotan, perfuman y crean atmósferas que emanan y airosos reburujan por los caminos, por los sitios y trayectos de la plenitud de la protagonista.

Y ahí está Gabriela Sodi, con la paleta que da paso a sus distintas etapas, con la peculiaridad de sus pinceladas.
Mar Barrientos nos lleva por diversas situaciones que, con transiciones y variaciones (porque Gaby vive el arte), llega a 99 viñetas poéticas en Gabriela Sodi bajo mi lente.
Gabriela en la galería de vida, de trayectoria…