Territorios baldíos

Adiestramiento para un día de baches

Darío Fritz
Siéntese con aplomo. Encienda luces, llueve, le esperan más minutos del tiempo normal para llegar a casa. Una oscuridad mortecina baja por el horizonte. Olvídese de lo que le dijeron en la oficina; “mejor espere a que pase el chubasco”. No haga caso. Siempre que llovió paró. ¡Qué lugar común!, dígase.

Mejor entrar al tráfico cuando caen las primeras gotas, luego el agua corre hasta la altura del mofle y sobreviene el caos. Aférrese al volante con las fibras despabiladas de ambas manos, los ojos encajados para distinguir cada bache camuflado entre la corriente de agua oscura, los pies atenazados a los pedales. Dígase: “Ansiedad hoy te destazo. Paciencia, deja vivir”.

Piense que es un hombre de ciudad: curtido, egocéntrico, hecho a sus anchas.
Ni se le ocurra colocarse la gorra. Si tiene frío, no importa, puede distraerlo ese tic de ajustarla cada treinta segundos. Tampoco encienda el radio. “Está lloviendo”, comentarán. Nada nuevo. Nada que aporte.

Sienta el golpeteo de las gotas cayendo inmisericordes sobre el parabrisas y alégrese. Los embalses sumarán centímetros. Quizá se evite acarrear agua el próximo verano.

Elija la ruta de siempre, no esté inventando atajos. Mejor viejo conocido, que bueno por conocer, como le dice su padre. En estos momentos Google Maps y Waze son marionetas de los algoritmos. Le harán saber que el tiempo se asemeja a la tortura de las horas muertas en la oficina el primer día del año.

Recuerde aquellos baches que la luz descubre cada día soleado y que en tardes así hechizan enmascarados todo intento por sortearlos. Cada uno con su dibujo de perfecciones geométricas:  el circular y profundo bajando la rampa del distribuidor vial, los rectangulares y cuadrados que se reproducen como conejos uno tras otro frente a la gasolinera, los pequeños y traicioneros que se pegan al muro de contención del periférico, el romboidal frente a la casa de apuestas, los que se abren como un árbol de mil ramas. Una colección de agujeros que ni el peor Lucifer haya diseñado.

Desconfíe, las expectativas suelen estafar. El anuncio oficial reciente de próximas reparaciones puede que llegue algún día. Pero no ha sido hoy. Ni se pregunte si taparán todos. ¿Cómo comprobarlo?, dígase. Volverán a reproducirse en pocos meses, para la próxima temporada de lluvias, como hongos, como hoyos. El Niño, la Niña, el cambio climático, poco que hacer ante estos embates de la naturaleza, dirán.

Parafrasee a Augusto Monterroso: “…y los parches todavía estaban allí”.

Cuando haya avanzado un buen trecho, calcule cuántos de esos cráteres terrenales ha sorteados y cuántos lo atraparon. La numeralia contabilizará si le han funcionado los reflejos.

No desanime. Mantenga la concentración en lo que hacen los demás. Se quiebran hacia derecha, quiébrese hacia la derecha. A la izquierda, también a la izquierda. Dan señales de freno, avise al que tiene detrás. Evada a los que no le dejan ver. Encare las lagunas con frialdad, como el carnicero afila el cuchillo, tantee la altura del agua, intuitivo aplique primera y segunda, no detenga la marcha, siga el rastro de los demás. Impida que lo rebasen y le lancen olas.

Insulte bonito, cantado, a fondo, exasperado. En voz alta. Contra los vecinos automovilistas, contra quienes prometen soluciones. Deje afuera a la naturaleza. Piense que tiene razón.

Adelántese a los hechos. Si el bache lo deja tirado, está el seguro como reaseguro. Una demanda, un pleito contra el gobierno, la alcaldía, le quitará el enojo por un rato y le sumará otros cuando el tiempo demuestre que ni la paciencia del monje le alcanzará para sacar algún rédito.

Si en medio de la lluvia torrencial el de adelante ha frenado intempestivo y se zampa contra él, vuelva a insultar.

Al llegar a casa ileso, y antes de apagar el motor, hágalo aullar. Manténgase congelado. Piense sereno: “Si todo fuera como el paño de billar sobre el que se desplazan los aviones en un aeropuerto”. Piense espantado, “los baches siguen allí”, pirañas preparadas para el zarpazo.

Acepte: “Tendré otras tardes como esta”.

Acá entre nos…

Una reflexión de vida

Por: Xavier Zaragoza Núñez

Me miro al espejo y casi no me reconozco. La piel cayó, las arrugas se multiplicaron, pero el alma se alzó más alta que nunca. No es máscara lo que llevo, es un mapa: cada línea una historia, cada sombra un recuerdo.

A veces entro en una habitación y olvido por qué vine. Me quedo quieto… y lo recuerdo. Con la vida pasa igual: llegamos sin saber a qué, pero si no pierdes la calma ni la esperanza, un día lo sabrás. Y entonces descubrirás que el rostro que ves es el de un viajero que, por fin, entendió su viaje.

Territorios Baldíos

Mordaza

Darío Fritz
Lo suelo hacer con los estudiantes en clase. Hurgar en opiniones diferentes sobre un tema para que afloren argumentos e ideas. Pero su resultado se encamina al fracaso, el debate no permea. Apenas dos de ellos ofrecen sus puntos distantes y allí acaba el diálogo. No hay contrarréplica ni se arman bandos que apoyen a una u otra parte. Buscar hoy una discusión acalorada, donde se alce la voz y hasta haya gritos y algún manotazo de enojo arrojado al aire, forma parte de una quimera. Aunque en tiempos cercanos era lo normal.  Sí, aflora y se impone hoy el conformismo. “Esa es su opinión y esta la mía, respeto lo que dice, está en su derecho”, se escucha decir como pidiéndole permiso a los buenos modales. Hay un respeto malentendido, como si respetar fuera sinónimo de no dialogar cuando dos tienen miradas diferentes, así sea sobre cómo martillar un clavo, de que están hechos los equipos de la próxima final del futbol o cuál será la mejor manera de racionar el consumo de agua. Como si el argumento opuesto podría entenderse como ofensa. En esa aula de la disidencia arrinconada a los límites del diálogo pasajero, el resto de los alumnos se apoltrona en el mutismo, sin nada que opinar, sin nada que aportar, sin nada que decir. Y así como en las aulas universitarias se reniega a disentir, también se instala en las reuniones familiares o en la comida de colegas de trabajo que comparten la hora libre.

Un mundo urbanístico, propio del vanguardismo de la metrópoli, ha ido permeando ese vacío sobre aquello que debería alimentar pasiones y desencuentros (no estamos hechos de uniformidades). Por algunas décadas, el denominado “progresismo” definía algo que no era de izquierdas ni de derechas, pero ofrecía identidad: defensa de la igualdad y la inclusión, de la democracia, de minorías respetadas, del cuidado del medio ambiente.  Pero ese discurso progresista -de logros como la justicia en violaciones a derechos humanos o persecución del feminicidio- también se ha demostrado vacío o simplemente confrontativo frente al machismo y el patriarcado, diluido al cambio climático -apenas entendido como el calor en aumento- todo lo que hace al daño ambiental, pretencioso analista de autores clásico de la literatura con el léxico del presente para relegarlos al olvido. El “progresismo” de aterrorizar con la cultura de la cancelación, ese boicot sobre quienes dicen algo impopular o cuestionable, de la imposición de un lenguaje con intenciones de aplastar aquello que los profesionales de las academias examinan y debaten por décadas, de la pedantería del matón con todo aquel que no pertenezca a su casta. De no discutir, porque cada uno va con lo suyo.

Acostumbrado a avanzar sobre un espacio que se creía yermo, el progresismo, sin llegar a detectarlo, fue alimentando rechazos que ahora brotan sorpresivos y constantes como géiseres. Un mundo de gente común y sencilla escuchó a otros que le prometen que otra vida es supuestamente posible, donde igualdad, inclusión, democracia, medio ambiente, son secundarios. Que las palabras exclusivas son innecesarias y las soeces más efectivas. Que se pueden perder libertades y se gana en tranquilidad. Que para eso también hay que callar disidencias, las escasas o las abundantes. Por izquierda lo han hecho Maduro y Ortega, por derecha lo hacen Milei, Trump, Bukele. Trump sale a la caza de los inmigrantes, las universidades o las estrellas del espectáculo, llámese Taylor Swift, Beyoncé, George Clooney o Bruce Springsteen; el argentino quita o limita derecho como el de huelga y denigra (más de dos insultos por día en su gestión): orcos, cucarachas, mandril, excremento, zurdos de mierda; Bukele ordena leyes para cerrarle la boca a unas ocho mil ONG y a la prensa, de manera similar a como hizo Ortega en Nicaragua, y lleva a la cárcel a miles de jóvenes sin pruebas de delitos. Todos tienen alto apoyo popular o lo fuerzan –las elecciones en Venezuela, Nicaragua y El Salvador no se caracterizaron por su transparencia –, y así se abren las puertas al autoritarismo contra las voces disidentes. Si la discrepancia no la practicamos en el aula, en casa o con los colegas de trabajo, el silencio se traducirá en consentimiento y la mordaza pronto será el orden.

@dariofritz.bsky.social

Desde la Otra Orilla                     

La hora de León XIV

Por Xavier Zaragoza Núñez

Desde la balconada de San Pedro, el humo blanco volvió a subir al cielo como un suspiro de historia viva. Esta vez no fue un cardenal europeo, ni un latinoamericano, sino un norteamericano nacido en Chicago, quien apareció ante los fieles y el mundo con el nombre de León XIV.

Robert Francis Prevost, agustino, pastor de alma viajera y corazón latinoamericano —pues fue obispo en Perú— ha sido elegido para guiar a la Iglesia en una hora crítica, donde la fe y la incertidumbre caminan juntas. Su elección es un gesto que rompe inercias geográficas y simbólicas, y al mismo tiempo evoca una esperanza serena: que la brújula de Pedro se mantenga firme en medio del oleaje.

El nuevo Papa ha hecho suyas tres palabras en su primer mensaje: unidad, paz y diálogo. En tiempos de muros, polarización y ruido, esas palabras suenan como campanas de regreso al Evangelio. No vienen con estridencia, sino con la firmeza de quien cree que la suavidad puede ser también fuerza.

León XIV hereda una Iglesia que Francisco humanizó y sacó a las periferias. Ahora le toca a este nuevo pastor no solo continuar esa marcha, sino también enfrentar las grietas internas, el escepticismo de afuera y el desafío de conectar con una juventud que ya no pregunta, pero que observa.

Desde esta orilla donde los acontecimientos se ven como desde el muelle, celebramos no un nombre nuevo, sino una oportunidad nueva. Porque en cada elección papal —más allá del rito y la solemnidad— hay un gesto silencioso de humanidad: el de volver a intentar, el de volver a confiar.

Osiris Valdés Recibe el Premio Mundial Cesar Vallejo

Por José Luis Ortiz

La unión hispanomundial de escritores en conjunto a mil mentes por México internacional, con el apoyo de la academia mundial de literatura, historia, arte y cultura. La UNACCC Centro y Sudamérica, de la mano de los organismos adheridos a la alianza de líderes globales, entregaron el premio mundial Cesar Vallejo a favor de Osiris Valdés (Cuba – España – USA). Ratificado con el centro universitario Cever Siglo XXI e instituciones adheridas a la alianza de líderes globales reconociendo sus altas aportaciones en excelencia global. Dando fe en el mundo de su excelente aporte: Carlos Hugo Garrido Chalén, presidente ejecutivo mundial, fundador de la unión hispanomundial de escritores UHE Y Jeanette E. Tiburcio Márques presidenta ejecutiva mundial de mil mentes por México internacional CEO UNACCC LATAM

Entrevista
Osiris. Recibir el Premio Mundial César Vallejo es una distinción de alto prestigio internacional. ¿Qué significó para ti este reconocimiento, otorgado por instituciones tan influyentes del ámbito literario y cultural mundial?
-Saludos, José Luis: De antemano, te agradezco profundamente por tus palabras y por el reconocimiento a mi labor. Sabes cuánto te aprecio. Recibir el Premio Mundial César Vallejo ha sido, sin lugar a dudas, una gran alegría en mi camino creativo. Este galardón, avalado por instituciones de gran prestigio en el ámbito literario y cultural internacional, representa para mí no solo un honor profundo, sino también una caricia al alma: una validación simbólica del esfuerzo, de la constancia fiel y de la pasión que he depositado en cada palabra escrita, en cada verso que he entregado al mundo. Es un reconocimiento que trasciende lo individual, convirtiéndose en un impulso luminoso para seguir sembrando belleza, conciencia y arte en este mundo que tanto lo anhela y lo necesita.
Tu trayectoria abarca tres países: Cuba, España y Estados Unidos.  ¿Cómo ha influido esta riqueza geográfica y cultural en tu aporte a la excelencia global que hoy ha sido ratificada con tanto honor?
Vivir en tres países a lo largo de mi vida, ha sido una experiencia profundamente enriquecedora, tanto en lo humano como en lo creativo. He tenido el privilegio de recorrer cada rincón de España, de empaparme de sus paisajes, su historia y su alma cultural, así como de explorar diversos estados de Estados Unidos, cada uno con su propio pulso, su diversidad y su energía transformadora. Esta travesía geográfica y espiritual ha ampliado mi mirada sobre la vida y sobre el mundo en el que habitamos. Conocer nuevas culturas, dialogar con otras sensibilidades, experimentar otras formas de belleza y resistencia… Todo ello ha sido no solo una fuente inagotable de inspiración, sino también un llamado constante a la apertura, al respeto y a la celebración de lo diverso.
La Unión Hispanomundial de Escritores, Mil Mentes por México Internacional y la Academia Mundial de Literatura, Historia, Arte y Cultura han coincidido en ti como referente. ¿Qué responsabilidad sientes al ser considerada un símbolo de excelencia en el ámbito creativo y humanístico?
Ser reconocida por estas instituciones tan prestigiosas, es un honor inmenso que abrazo con humildad y con profundo compromiso. Más allá del reconocimiento en sí, siento una gran responsabilidad. Ser considerada un símbolo de excelencia en el ámbito creativo y humanístico implica estar en constante búsqueda de la verdad, de la belleza y de la palabra que conmueve y transforma. No se trata solo de crear, sino de servir; de tender puentes entre culturas, emociones y generaciones; de alzar la voz por los que aún no han sido escuchados y de sembrar luz donde otros solo han hallado sombra. Mi vocación artística está indisolublemente ligada al alma humana, y esta distinción me recuerda que cada verso, cada obra, cada acto de creación tiene el poder —y el deber— de elevar, de sanar y de inspirar.
¿Cuál crees que ha sido el hilo conductor de tu obra y tus acciones, ese elemento esencial que ha inspirado a tantos organismos globales a reconocerte como un referente universal?
-Sin duda: el amor y la sensibilidad. El amor como fuerza creadora, como impulso que da sentido a lo cotidiano y a lo trascendente. Y la sensibilidad como brújula interna que me permite percibir las sutilezas del alma humana, los matices de la belleza, el dolor silente, la esperanza persistente. Ambos elementos: el amor que abraza y la sensibilidad que inspira, han guiado mi voz literaria, mi labor artística y mi compromiso con los otros. Creo que esa coherencia entre lo que siento, lo que creo y lo que entrego al mundo ha resonado en quienes, desde diversos organismos globales, me han reconocido. Porque al final, lo que permanece es la emoción verdadera. Y si algo de lo que he creado ha tocado un corazón o ha sembrado un instante de luz, entonces mi misión ya ha empezado a cumplirse.
Este premio no solo celebra tu trayectoria, sino también proyecta un legado. ¿Qué mensaje quisieras dejar a las nuevas generaciones de escritores, artistas y líderes culturales que al igual que tú sueñan con transformar el mundo?-
A las nuevas generaciones de escritores, artistas y líderes culturales que sueñan con transformar el mundo, les diría: jamás dejen de creer en ustedes mismos. Aun en los días grises, aun cuando el eco de sus voces parezca desvanecerse en el ruido del mundo, sigan adelante. Porque dentro de cada ser sensible y soñador habita una fuerza capaz de mover conciencias, de construir puentes, de sembrar belleza en los rincones más recónditos e inhóspitos. El arte, la palabra, la creación no son meros adornos de la vida: son herramientas sagradas para alumbrar el camino, para resistir, para sanar. Luchen con dignidad, con pasión y con ternura por un mundo más justo, más humano y más luminoso. Que la autenticidad sea su estandarte, y la esperanza su brújula. El legado más poderoso se escribe en las almas que tocamos con nuestra verdad.
Colette fue considerada la novelista que escandalizó a la sociedad parisina. En tus redes sociales compartes algunas publicaciones sobre ella, y en tu segundo libro, El arcoíris de mis deseos insaciables, publicado por la prestigiosa Editorial Planeta, S.A.U —la más importante entre todas las editoriales de habla hispana del mundo—, posas en la portada homenajeando la icónica fotografía de Colette. ¿Crees que el arte necesita hoy más que nunca mujeres valientes que, como tú y Colette, abracen su verdad sin pedir permiso?
Sin duda alguna, el arte necesita mujeres valientes que abracen su verdad. Mujeres que no teman incomodar, que escriban desde las entrañas, que vivan y creen desde la libertad más profunda, desafiando moldes y rompiendo silencios. Esa valentía me conmueve, me habita y me invita a seguir ese mismo sendero de autenticidad sin concesiones.
En El arcoíris de mis deseos insaciables, al posar para la imagen de portada, haciendo  homenaje a la icónica fotografía de Colette, quise rendir tributo no solo a su imagen, sino al espíritu libre y poderoso que representó. A esa llama que arde en cada mujer que decide ser ella misma, con todas sus luces y sombras, sin filtros ni miedos. Hoy, más que nunca, necesitamos un arte con alma, con coraje y con voz femenina. Porque cuando una mujer se atreve a contar su verdad, ilumina el camino para que muchas otras también lo hagan.
Recientemente, el reconocido escritor, periodista, abogado y crítico cinematográfico español Fernando Alonso Barahona publicó una nota biográfica acerca de ti y a la vez anunciando tu nuevo libro, El diario de Francesca. En él, te muestras aún más atrevida: la imagen de portada te presenta completamente desnuda, apenas cubierta por plumas, en una propuesta visual que fusiona cuerpo y osadía. Se podría decir que eres la novelista que se atreve a escandalizar a la sociedad actual, desafiando los cánones no solo con tu escritura, sino también con tu presencia y voz artística. ¿Qué simboliza para ti ese desnudo, que se ha vuelto mediático y cómo dialoga con el contenido íntimo del libro?
-Ese desnudo no es solo piel: es símbolo, es manifiesto, es arte. Es el acto de presentarme tal y como soy  ante la vida y el mundo. Las plumas, ligeras y etéreas, apenas cubren el cuerpo, pero arropan el alma con la promesa de la libertad. El diario de Francesca explora los rasgos más hondos de la feminidad, el deseo, la sensibilidad y la fuerza. Es un libro que amalgama distintos estilos literarios —un sello que caracteriza mi narrativa— y se adentra, con una sensualidad profunda, en aquello que tantas veces se calla por pudor o por temor. Se escribe desde la entraña, desde el deseo y la piel viva. El desnudo en la portada es una revelación. Es una forma de decir: aquí estoy, soy mía, libre, completa, valiente, real.
Pienso que es necesario cuestionar lo establecido, abrir grietas por donde entre la luz. Y en esa luz, habita Francesca: que no es solo un personaje, sino también una extensión de mí misma y de tantas mujeres que se han atrevido a sentir sin censura, a amar sin moldes, a escribir con garra y con verdad. Este gesto visual es parte del universo narrativo de la obra: un preludio simbólico que invita al lector a desnudarse también, a soltar los prejuicios, y a sumergirse en una historia donde el cuerpo y el alma dialogan con absoluta sinceridad.
Permíteme plantearte una pregunta que, sin duda, ronda en la mente de muchos de nosotros cuando te observamos: ¿podrías revelarnos, al menos un destello, de tu enigmático secreto para verte siempre tan joven? En numerosas publicaciones periodísticas anuales —porque seamos sinceros, los medios de prensa son prácticamente tu hogar, siempre estás presente, deslumbrante y vigente—, desde el año 2017 hemos sido testigos de tu impecable presencia con distintos estilos y colores de cabello. Y, sin embargo, en todas y cada una de esas imágenes, pareces exactamente igual: impecable, radiante, eterna. ¿Acaso estás vampirizada? ¿O es simplemente un arte que solo tú dominas? Cuéntanos, ¿cómo haces para conservar esa juventud que parece eterna?
¡Jajaja! Qué ocurrente y encantador eres, José Luis… No sé si estoy vampirizada, ¡quizás un poco! O tal vez, simplemente, he aprendido a amar la vida con tanta intensidad que ella, generosa, me lo devuelve en forma de luz. Lo cierto es que estoy inmensamente agradecida. Me esfuerzo cada día por sonreír, por abrazar cada instante como un regalo irrepetible. La felicidad, para mí, es un acto de voluntad y de fe: me despierto con la certeza de que vivir es un privilegio sagrado.
Llevo una vida muy sana: no tengo vicios, bebo muchísima agua, práctico ayunos conscientes, me alimento con equilibrio, hago deporte, y —aunque suene a fantasía— ¡duermo como una criatura mágica! Todo eso, sin duda, ayuda. Pero si existe un secreto, quizás sea este: me miro con amor, cuido mi alma y me rodeo de belleza. Porque cuando una mujer se siente en paz consigo misma, no hay reloj que logre alcanzarla.
Osiris, cinematográficamente hablando, posees un rostro profundamente romántico, enmarcado por rasgos exóticos que cautivan a primera vista. Si luces el cabello rubio, podríamos verte como la Marilyn Monroe cubana; con el cabello oscuro, resplandecen tus raíces españolas con majestuosa intensidad. Tienes ese tipo de belleza camaleónica que enamoraría a cualquier director de cine, porque puedes encarnar con igual naturalidad a una figura nórdica, europea, latina o incluso asiática. Cuéntanos, ¿te has planteado seriamente la actuación como un próximo paso artístico? ¿Te ves interpretando personajes que exploren todas esas facetas que tu imagen tan magnéticamente sugiere?
-Desde luego, me encantaría. La actuación es una forma de arte que me fascina profundamente. De hecho, estudié arte dramático y siempre he sentido una conexión muy íntima con la interpretación, con esa magia que permite habitar otros cuerpos, otras almas, y contar historias que trascienden lo individual.
Me atrae especialmente la idea de llevar la historia de Francesca a la pantalla grande y al teatro. Interpretar su personaje sería para mí un acto profundamente simbólico: ella no solo es una creación literaria, sino una extensión de mis propias emociones, de mis preguntas, de mis corajes y mis silencios. Sería maravilloso encarnarla, darle cuerpo y voz ante el público. Pienso que el cine y el teatro, al igual que la literatura, tienen el poder de conmover, de transformar, de abrir horizontes en lo establecido… Y me seduce la idea de explorar, a través de ellos, todas esas facetas que mi rostro y mi imagen —como dices— pueden evocar, pero que solo el arte puede revelar con plenitud.
Osiris Valdés, ha sido un verdadero privilegio sumergirnos en la profundidad de tu universo, entre arte, letras y alma desbordante. Para cerrar esta entrevista tan íntima como inspiradora, quisiera preguntarte: si pudieras susurrarle al oído del mundo algunas frases nacidas de tu puño y letra —que definan tu esencia, tu legado y el universo fascinante que habita en tu interior—, ¿cuáles serían esas joyas eternas que desearías dejar grabadas en la memoria del tiempo?

Frases y citas celebres de Osiris Valdés:
Ojalá algún día amanezca un cambio verdadero, uno capaz de silenciar las guerras, erradicar el hambre, disipar la maldad… y sanar todo aquello que jamás debió herir a nuestra humanidad”.
“No nací para cruzar puentes ajenos, sino para construir los míos con alas de fénix y pintarlos de arcoíris”.
“El amor es el bendito cáliz que transforma cada instante sin salidas en lo dulce de una llama viva”.
“¿Suegras como Medusa? He tenido algunas. Quizás por eso, cuando llega Halloween, me disfrazo de ella… solo para hacerles un homenaje con estilo”.
“¿Por qué será que me siento tan yo, tan libre, tan viva, cuando estoy junto al mar? Siempre lo he dicho: en las profundidades del océano —enigmático y misterioso— habita el silencio de la paz que me transforma. Allí, entre corrientes azules y secretos insondables, se encuentra la verdadera belleza”.
“Entre el carmesí de mis labios y el vértigo sublime de unos tacones, descubrí el arte de conquistar al destino sin pedir permiso. Porque hay días en los que basta un labial de fuego, unos tacones altivos y la certeza de que soy llama… y a la vez, la reina del incendio”.
“El miedo, en su atrocidad incesante, refrena nuestras vidas cuando somos vulnerables; pero la verdad, en su desnudez luminosa, nos hace libres”.
“Nací en el infierno… y aún así, brillan mis tacones como fénix entre las cenizas. Cuando no existe el lujo de perder, los logros se convierten en destino. El riesgo no me asusta: es mi amante fiel en cada noche de gloria”.
«El amor es la fórmula que inyecta al pálpito con más intensidad«.
«La palabra es como un navío en alta mar: surca océanos, alcanza las almas, realza el espíritu o lo quebranta».
«Siempre lo supe: cuando la intuición resucita a la inspiración en mi alma poeta —en su forma más sublime y etérea—, sucede la magia. Entonces puedo leer lo que me revelan todos los ojos que me miran y lo que las bocas callan… entre sus sombras y sus luces. Supongo que es mi don… y también mi condena».

                                                                            — Osiris Valdés López

PEDAZOS DE TIEMPO

El Latido Secreto de Nuestras Vidas

Por José Luis Ortiz Güell , columnista y escritor

“Señor, la jaula se ha vuelto pájaro. ¿Qué haré con el miedo?” — Alejandra Pizarnik

Con esa cita como umbral, se abre PEDAZOS DE TIEMPO, de Fernando Alonso Barahona, es una novela que no solo se lee, sino que se vive. Una obra que no busca agradar, ni complacer; sino despertar, desafiar y romper los espejos en los que nos miramos cada día. La literatura, cuando es auténtica, no se esconde: se expone. Y eso hace este libro desde su primer capítulo: desnuda la noche, la mente, el alma.

Vanessa Andrade, detective, mujer, creadora de ficciones y habitante de realidades desbordadas, es la protagonista de esta historia que se mueve entre el insomnio y el deseo, la ansiedad y la lucidez, la verdad y los espejos digitales que nos deforman. Ella —junto a su inseparable socia Belén Segura— dirige una agencia que investiga vidas ajenas, mientras intenta comprender la suya propia. Pero como ocurre en toda buena novela, los límites se disuelven. Y en ese desdibujarse, nace el misterio.

Con una prosa sutil, pero afilada, llena de lirismo y crítica social, PEDAZOS DE TIEMPO es mucho más que una novela: es una experiencia emocional, sensorial e intelectual. Hay perfume de suspense, bruma de deseo, vértigo existencial. Y también hay belleza: la belleza del lenguaje cuando roza la perfección.

El amor, el vacío, el cuerpo, la memoria, la soledad en la era de los perfiles y las apariencias. Este libro nos obliga a preguntarnos: ¿Quiénes somos cuando nadie nos ve? ¿Qué versión de nosotros queda atrapada en los fragmentos que compartimos?

Uno de los pasajes más intensos describe cómo Julia —otra figura central— guarda obsesivamente los rastros de Roberto: su imagen, sus frases, su aroma encapsulado en recuerdos. No lo ama: lo posee. No lo recuerda: lo reconstruye. Y en esa reconstrucción se pierde y se encuentra.

“Empezó a soñar, a delirar con fantasías que su imaginación vacía creaba con el ansia de seguir viviendo, de seguir deseando”.

Con esta frase, el autor nos entrega una de las claves más poderosas del libro: el deseo como motor de supervivencia.

Una firma literaria con futuro de clásico
Con PEDAZOS DE TIEMPO, [Tu Nombre] no solo publica una novela: consolida su nombre como una marca literaria de prestigio. Su estilo —elegante, profundo, arriesgado— logra ese equilibrio que pocos alcanzan: emocionar y provocar, conmover y reflexionar.

Esta no es una obra más. Es una novela espejo, donde cada lector encontrará un pedazo de sí mismo y tal vez, si se atreve, el mapa para volver a armarse.

PEDAZOS DE TIEMPO
Disponible desde abril de 2025
Una apuesta por la belleza, el pensamiento, el suspense y la sensualidad.
Un título destinado a convertirse en referente literario del año.