Domingo de Poesía

VEINTE AÑOS
Manuel Fernando Guzmán Jiménez

Hoy regreso a mi pueblo
donde corrí de pequeño,
voy a ver quién vive,
mis padre o los abuelos.

A aquella bella niña
-la princesa de mis sueños-
que al partir me dijo:
«no tardes aquí te espero».

Después de veinte años
vuelvo a pisar mi tierra,
tal vez alguien diga al verme:
«¿A quién busca, qué desea?».

Qué pesadilla me espera:
la casa está abandonada,
los abuelos al no verme
se fueron a la semana.

Mi madre murió también
buscándome en las mañanas
mi padre se fue secando,
la lluvia no lo mojaba.

Mi novia de aquel entonces
tiene hijos, tiene marido,
motivos le di de sobra
para hacer lo que ella hizo.

El pueblo es un triste pueblo
lleno de polvo y olvido,
me fui para mejorar
y hoy todo lo he perdido.

Esto es lo que gané
con el sueño americano,
en veinte años perdí
todo lo que había logrado.

Mejor me regreso al norte
voy gritando mi tristeza,
aquí ya nada me queda
mejor me muero de pena.

Las Vegas, Nevada febrero de 2012





Comunicación Cultural

Por: Josefina Lozano         

La comunicación  pasiva y asertiva de una manifestación, es la base de la Cultura.
Tenemos diferentes tipos de culturas: según el aspecto económico, dependiendo del uso social, la religión; conforme a su forma de producción y su distribución geopolítica.

Sin duda uno de los aspectos más importantes para lograr ser una cultura, es indudablemente la comunicación;  tomando en cuenta que debe ser  asertiva ya que  interviene la  capacidad con que  se  expresa un mensaje, una actitud, un valor, una opinión o una emoción.

La historia de la humanidad nos cuenta que existe  un patrimonio cultural invaluable donde se   incluyen  bienes materiales e inmateriales. Este patrimonio existe gracias a las manifestaciones  conscientes o inconscientes que reflejan  valores de una sociedad y se  plasman a través de  formas artísticas, como la música, el arte, la literatura, la danza, la arquitectura, la gastronomía, entre otras.

La socialización de los  diferentes tipos de comportamiento y de todas y cada una de las manifestaciones culturales, hacen posible que un grupo o una comunidad  perdure a través del tiempo dejando un aprendizaje  en todos los sentidos: económico, social y espiritual.

Como patrimonio material e inmaterial,  podemos nombrar a una de las culturas más antiguas de la tierra,  “la cultura China”  país asiático que se caracteriza por rasgos propios como la gastronomía, sus posturas filosóficas, idiomas y religiones.

También podemos hablar de la cultura europea, con valores propios de la región, que crean identidad. En la antigüedad, Europa funcionaba como el centro cultural, tecnológico y comercial del mundo antiguo.

Y otras culturas importantes, son las precolombinas; civilizaciones americanas previas a la llegada de Cristóbal Colón y a la colonización europea, como son los mexicas (aztecas), los incas, etc.

Por último, hoy en día la cultura 2.0, es la cultura propia del internet y de las redes sociales que engloba a todas las interacciones que ocurren en las plataformas y aplicaciones virtuales. Por lo tanto,  una buena comunicación cultural potencializa el discurso de tu manifestación y gracias a la tecnología, puedes crear espontáneamente discursos que contribuyen a crear cultura.

Pero cuidado con lo qué comunicamos y cómo lo comunicamos, ya que con la misma rapidez con que generas una eficiente comunicación, se puede generar todo lo contrario y ser perjudicial, si es que, no te expresas de la forma correcta.

Agustín Meléndez Eyaraud

En el mes de noviembre se presentará en Toluca el libro El mexican dream y otros textos, de Agustín Meléndez Eyraud, editado por Escenología AC, además de la novela El anfiteatro, editada en 2022, Esta novela, es un homenaje al dramaturgo y director escénico Ángel Norzagaray.
Agustín Meléndez Eyraud. Dramaturgo, ha sido merecedor del Premio Nacional de dramaturgia Nuestras Voces, de Nueva York y dos Emmy a la mejor producción de televisión en EE. UU. Ganador del Programa Internacional de Escritores NBC/ TELEMUNDO celebrado en la Universidad Loyola Marymount en Los Ángeles por el guion de telenovela Vino el amor, 2007. Es considerado como uno de los dramaturgos más representativos de su natal Baja California. Radica en Hollywood desde hace más de una década; las obras de este autor cachanilla, que además combina sus quehaceres teatrales con la televisión y el cine, representan la vida en ambos lados del muro fronterizo. Agustín ha experimentado en carne propia la constante lucha por sobrevivir en un mundo dominado por la frivolidad mediática, el materialismo, acoso racial y fanatismo religioso. Temas que, sin duda, son parte de su dramaturgia. Un teatro inteligente y sin concesiones, que continúa con la larga tradición del humor negro, herencia cultural del teatro mexicano, de la dramaturgia contemporánea de México. Como preámbulo, reproduzco el prólogo que escribí para El santuario y otros atentados, que fue publicado por Escenología AC.

Teatro transfronterizo
Alejandro Ostoa
… el tiempo en que vivimos es de sumas y resúmenes;
de síntesis y compendios
Ángel María Garibay

Agustín Meléndez Eyraud desdeña la ingratitud y frecuenta el sitio donde fue enterrado su cordón umbilical: México y la escena, lugares carentes de fronteras, de aduanas. Tal es el caso del origen de su natal Mexicali (México y California).

   En El santuario y otros atentados se integran obras en las cuales resuena el eco helénico, con un coro que representaba la conciencia y el sentir del pueblo, surgido del emblemático coro caprino que daba la cara en el teatro de Epidauro, y en la actualidad mexicana resulta indignación de cabrones que ante las intimidaciones, censura, mordazas y amenazas lo hacen fuera de escena, pero en ese sentir prosigue su espíritu combativo que encuentra la acústica en los resonadores del público.

   La integración de estas obras son recreaciones con sentido trágico, con temática de esta condición, no como género, pero sí con visión encadenada de la tragedia humana, de la polis y la sociedad. Contrastes y símbolos postmodernos; en lugar de dioses o héroes, personajes comerciales succionadores de valores.

   La Esfinge en este siglo XXI, sólo es destructora que ya no eructa acertijos, sino somete con su seductora mirada leonina, condición de reina de los asfaltos, que vuela esparciendo miasmas. Contaminación aérea y putrefacción terráquea que disemina entre los mortales, agusanándoles los sentimientos, fermentando sus odios.

    El Caos también es protagonista y se enfrenta en conflicto contra el orden, tratando de impedir que los personajes se alíen para adquirir fuerza y al impedírselos, son succionados por el albañal que es una de sus venas por la que circula su poder.

   El contraste se lleva a cabo en un almacén con productos de limpieza, donde la traición envuelta en cáscara “higiénica” esconde su inmunda condición humana. Discriminación ante la semejanza, mordaza ante la conciencia y juego con cartas de desnaturalización.

   La voz contracultural y las prevaricaciones son herida, sangre y escupitajos de una realidad maquillada, convenenciera. Secuestro y auto secuestro, enemistades, tapias y destrucción.

   Las voces que dan noticias son iluminadas en amarillo y rojo, en la desintegración humana, en la “nota”, en la química que embrutece, adicciona dependencia y aniquila, en la que hasta el espectro anda errante al perder su ímpetu libertario.

   Ahora toca el turno al comic, como Meléndez lo hizo anteriormente con el graffiti. El sentido fársico, con sus cabriolas y malabares; personajes tipo en la cuerda floja, sin malla de protección, con piso aceitoso y suelo empantanado.

   Imágenes aéreas, captadas superficialmente, a la manera de drone, llevan a negociador a un mundo en el que antes que su papel ante la sociedad asume el de su unigénito, mientras que no puede llegar a la esencia. Las armas de fuego dan en el blanco tanto de críticas como de aniquilamiento).

   El sueño de rock star, acrecentado, desvariando hasta la enajenación y caída del mismo, en una realidad no de foro, apresa a las almas (aquí sí gemelas), en franca rivalidad y enredando el lazo de sangre. Las piltrafas pueden invertir el micrófono y llevarse su propia voz a sus adentros. Su voz convertida en sollozos, en frustración.

   La irrealidad en un terreno perdido, con valores trastocados hasta llegar a la popular manipulación de ventrílocuo, se van criminalizando. Los fetiches, la colección con la que se intenta negociar se topan con que ello está en “chino”, con la sorpresa de los adeudos no saldados, con la visión que no fue apreciada como nebulosa en su clarísima presencia y oscilación en el futuro.

   Agustín Meléndez Eyraud escénicamente expone, con personal estilo bien logrado, su manifiesto transfronterizo. Estas obras, en el plantío de la inseguridad, amenazas, delincuencia y aniquilamiento tienen el pasaporte teatral para aposentarse en el escenario de las emociones, las pasiones y de la turbia realidad.

   El telón se abre, como también lo hace el Santuario y no se permite atentar contra la sensibilidad del público.

Domingo de Poesía

BUSCANDO
Manuel Fernando Guzmán Jiménez

Una persona en mi pueblo
pensó que yo la quería,
ella andaba en los setenta
yo apenas florecía.

Al tiempo confesó
que tuvo un sueño divino:
que se casaba conmigo
y que yo era su marido.

Cuando lo supe le hablé:
que tal vez mis atenciones
los había confundido.

Le dije que no podía ser
ni su novio ni su amante,
mucho menso su marido.

Que aunque yo tenía quince años

ya estaba comprometido
con una niña de trece
que en la escuela había conocido.

Cuando le hablé ella lloró
suspirando em lo dijo,
que solo fue un sueño de amor
que gracias por mi atención
que lo echara en el olvido.

No la volví a ver…
al poco tiempo supimos
que se fue a los olivos.

Que poco a poco
se fue acabando
y una noche de otoño
exhaló el último suspiro.

Con un rosario en la mano
bendiciendo mi destino,
la vida se el acabó,
vivió buscando marido.

Guadalajara, Jalisco, febrero de 2012.

Reflejos de una Ciudad. Acuarelas de Manuel Barranco

Por: Alejandro Ostoa

El Colegio de Arquitectos del Estado de México, AC, festejó su 58 aniversario. Para ello, contó con la exposición Reflejos de una ciudad, de Manuel Barranco. Estar entre arquitectos, con obra  representativa de esa temática, de Toluca, es un reto y el autor, Manuel Barranco, superó las expectativas. El siguiente texto, fue la cédula de sala que realicé sobre el acuarelista y esta exposición.

…magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura;

amago de la humana arquitectura
Sor Juana Inés de la Cruz

Dos bellas artes confluyen en esta exposición de Manuel Barranco: la arquitectura y la pintura (acuarela).

   Una peculiaridad de nuestro acuarelista es el acertado manejo de los detalles, contagiado por los arquitectos que proyectaron los edificios y los escultores que en sus obras le imprimieron los delicados pellizcos de la creación.

   Cada una de las piezas que componen Reflejos de ciudad, tiene su característica distintiva; sin embargo, no sólo se trata de belleza fría, sino que se perciben historias en el lenguaje de claro-oscuros, en variadas épocas, estaciones  y oscilantes tiempos. La sensibilidad de Barranco se impregna en el papel, con pinceladas seductoras y coloridos sentidos, haciendo habitables los sitios.

   En estos reflejos está presente la reverberación, el eco, las voces flotantes e imperecederas. Logro de este singular acuarelista, quien –como percibimos en sus trabajos– nos incita a habitar esos mundos de la creación, edificios emblemáticos, no sólo permanecer pasivos ante sus fachadas, sino a escuchar las historias que nos apunta el consueta, a percibir temperaturas, a saborear el tiempo, a olfatear los vericuetos de la existencia ida, que se desarrugan con el agua de Barranco, y mirar el espacio.

   Manuel perpetuamente crea atmósferas y espacios para acceder a sus arquitecturas pictóricas; por lo tanto, debemos caminar y habitar el universo que nos brinda, completar el ciclo con la recreación. Ahí hay moradores que cobran aliento con la mirada de los espectadores. La lluvia es un espejo en el que se reflejan nuestros pasos, con chapuzones de regocijo, el viento nos traslada en grandes vuelos, el sol ilumina y da cobijo. Las nubes son las ideas que emergen y esperan ser atrapadas.

   Reflejos de una ciudad es un esplendor de la capital mexiquense, custodiada por el Xinantécatl, como podemos confirmarlo en la obra de Manuel Barranco, dejando el amago para concretarlo, como los trascendentes arquitectos que buscan la permanencia en el tiempo”.

Para muestra, sólo algunas obras.

Marcela Magdaleno

Mención Honorífica del Premio Ariadna de Poesía 2022

Catalina Miranda      

Marcela Magdaleno Deschamps ha obtenido la Primera Mención Honorífica del Premio Ariadna de Poesía 2022. Es una escritora multifacética, con amplia experiencia, de alta sensibilidad. Tiene publicados más de 30 libros en todos los géneros. Es una inquieta promotora cultural que, como una ráfaga de intensa luz, deja sus destellos y contribuciones por donde pasa. Ha vivido en la Ciudad de México, en Cuernavaca, en el Estado de México, y desde hace seis años en Todos Santos, Baja California Sur.

   Para ella, escribir poesía requiere de una sensibilidad y un estado de ánimo muy especiales: “El estado del poeta es un estado del alma, la poesía es como la respiración, se dice que el sonido de la respiración es una plegaria a Dios. Sin embargo, en la poesía a veces me inspiro en un tema y escribo variaciones del mismo tema, ya sea una anciana en la calle o alguna metáfora transfigurada, percibo los ecos del pasado y los llamados del futuro para poderlos plasmar en estas letras humanas que reinan el presente. Poetizar es transfigurar los códigos y símbolos que viajan en el espacio, que están dentro de nuestra genética y descifrarlos con ritmo, coherencia y significado”.

   En el poema “Escuela celeste” encontramos a una mujer que se ha elevado, o desdoblado, a la que le han brotado alas y habita en “el jardín del Edén” y en otros territorios en los que sólo pueden desenvolverse los cuerpos etéreos, que al llegar a otras dimensiones, o a otros niveles astrales, exploran una realidad distinta en la que hallan sorpresas sin antecedentes, trascendentales, ámbitos diferentes, paisajes que sorprenden y obligan a usar otros sentidos para descifrar.

   El poema, escrito con la visión de una alquimista, con la sensibilidad que sólo puede percibir quien hace uso de manera continua del tercer ojo invita a imaginar el otro lado del universo y nutre con la capacidad de crear imágenes y metáforas propositivas:

(…) el tercer ojo simula no ver, está constelado/
escucho los secretos, fui olvidada en una caja de cristal/ vi todo desde el fondo de una mina/
atisbo etéreo, quimérico… inquietud/
saboreo el néctar del carbón,/ lo paseo en mi boca hasta volverlo transparente (…)


     Marcela Magdaleno al escribir estos versos es guiada por la profunda necesidad que lleva consigo de expresarse, de aportar, de evolucionar, experimentar y seguir aprendiendo no sólo en el mundo terrenal, sino que aspira a escuelas más elevadas, como las que han descrito muchos videntes, chamanes y médiums, quienes aseguran que el alma, al ser eterna, continúa evolucionando en aulas del saber en las que es recibida al desencarnar, al elevarse a los mundos del más allá:

Susurra el aliento:
¡Quiero cambiar de alma!,
¡anhelo una más fuerte!
Que aún no comienza mi misión
y la vieja ya la tengo herida!
¡Quiero cambiar de piel!
Sé que puedo habitar espacios nuevos
cristalizados con el latido del alma nueva.
Abro mi alforja, tu universo me colma de luz
Venus abre la escuela celeste,
los secretos de cielo pululan,
peces y aves lavan tus ojos, sortilegio divino,
no puedo dejar de mirarte, oras con lágrimas,
¿te volveré a ver?
Sí, en alguna página de la historia.
(Fragmento)

   Al preguntarle cómo concibió “Escuela celeste”, nos dice: “Mi inspiración fueron los libros sagrados como El Zohar, los cantos descubiertos en las tablas caldeas, algunos cantos a Inanna y los misterios del cielo de los esenios”. Felicidades, Marcela Magdaleno.

Las arrugas de mi Infancia

Por: Alejandro Ostoa

Las arrugas de mi infancia, de Mónica Zepeda lo leí antes de ser editado. Para poder participar en publicación debería llevar prólogo y tras terminar la lectura, gustoso  acepté escribirlo, por su valor poético. Publicado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, la a través de Secretaría de Cultura a través del Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura (AIEC), pertenece a la colección Poesía Tz’akbu Ajaw, publicado en 2020.

Arrugas con tersura poética

Paso sobre mí misma,
contraolvido y recuento…
Ileana Godoy

Tiendo el manto creativo, acordeón de amate, con palabras que resuenan en los puntos sensoriales y los que marcan rumbo. Empiezo a leer y soy hechizado por este reciente libro de la poeta Mónica Zepeda, quien resiente y re (en mi más enfática indigencia idiomática) siente esa primera edad.

Mónica no se arruga frente a la vida ni se tensa ante la muerte, si acaso se dobla, pero no se quiebra y permanece ante la vivencia. No sólo es voz poética: es epicentro, eco, conciencia y sensibilidad en Las arrugas de mi infancia.

El contraste va de la cuna al ceño que lleva a la mortaja, al mausoleo, a la expresión bella y cadenciosa sobre la tierra, la creadora y la madre. Es gramática y fonología, filigrana de pensamiento.

En este libro, libra las connotaciones y escarceos con las palabras de apetencia; sin forzamientos, encabalgando en joyas que liman sus aristas con el resplandor semántico y la retozada paranomasia.

En este peregrinaje explorador se integra la lengua como instrumento de comunicación, pero también como badajo que resuena y contrapuntea con la eterna dualidad del periplo equidistante.

Es teologal en cuanto a las virtudes, pero su tratamiento es espontáneo. Llega a las alturas, se llena de aire, observa y es misericordiosa en el rito, culto y ceremonia. Con certeza poética asume el destino –destierro y refugio– indulgente ante vilezas e infamias.

Agonía que surca, navega, flota, anda y encamina a la palabra protectora que asila, como refugio, como sentencia sin juicio, entre sueños, miedos, ilusiones, fantasías, ideales y realidades: autoconocimiento libertario, a plenitud.

De forma inaudita lleva lo efímero  la crianza de la longevidad, a los rostros que dan la cara y enfrentan sus pasiones. La frescura se desprende con madurez para resonar en el eco refulgente que trasplanta con la acción inmediata y los sentimientos.

Leño a leño, poesía a poesía, verso a verso, los elementos se integran y magnifican los sentidos que son abrazados gozosamente, con sensaciones abrasadoras.

Las arrugas de mi infancia: gestación que fructifica, expide acta de nacimiento y es epitafio imperecedero en la sensatez creadora y cimérica de Mónica Zepeda.

Como muestra, dos poemas de este libro.

A cuentagotas
Qué dicha siento al hablar de mi niñez.
Creyeron manosear mi infancia toda,
y yo mantuve intacta mi inocencia.

Pretendieron inundarme la garganta
y utilicé el perdón, a cuentagotas,
para engullir cada torrente
de supuesta hombría.

Un mismo árbol
El poema es tensión.
El poema sujeta la soga que
lía a dos seres equidistantes: los mantiene, al fin y al cabo,
de cabo a rabo,
a cada uno en su puesto
y en suposición del otro.
Los mantiene suspendidos
en distintas ramas del mismo árbol
y no ahorca y pone el banco.
Les advierte con certeza:
quien dé un paso hacia adelante
           habrá dado marcha atrás.