Pan y Paz

Por: Josefina Lozano

Desde los albores de la historia la mujer ha sido el pilar sobre el que se construye la vida. En su esencia habita el don divino de dar existencia, de nutrir, cuidar y velar por el bienestar de los suyos; su lucha no es solo por ella misma, sino por la humanidad entera, porque su naturaleza está intrínsecamente ligada al equilibrio entre el pan y la paz.

El pan, símbolo del sustento material, representa la necesidad básica de alimentar, de garantizar que haya justicia y oportunidades, de sembrar el porvenir. La mujer, desde tiempos remotos, ha sido quien cosecha y transforma, no solo los frutos de la tierra, sino también los caminos del futuro.

La paz, en cambio, es el anhelo más profundo del espíritu. A lo largo de la historia, las mujeres han alzado su voz contra la violencia, resistido en tiempos de guerra y exigido justicia, cuando la opresión intentaba doblegarlas. En 1917, en el marco de la Revolución Rusa, salieron a las calles exigiendo “Pan y Paz”, cansadas de la miseria y el sufrimiento. Aquel grito se convirtió en un eco universal que sigue resonando en cada lucha por la igualdad y la dignidad.

En México y el mundo, la historia de la mujer es la historia de la resistencia, del amor transformador y el sacrificio convertido en fortaleza. Desde las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, hasta las artistas, escritoras y luchadoras sociales que plasman en su obra la memoria de su pueblo, todas encarnan la misma esencia: la de quien a pesar de la adversidad, nunca deja de sembrar la esperanza.

Hoy más que nunca, seguimos reclamando pan y paz: pan para erradicar la pobreza y la desigualdad, paz para que ninguna mujer viva con miedo. Porque la lucha de las mujeres no es solo por ellas, sino por toda la humanidad.

Que este día sea un recordatorio de que la voz de la mujer, jamás será silenciada, porque en ella habita la semilla del futuro.

Felicidades a cada mujer, a su esencia, a su lucha y a su amor, porque con ellas se construye un mundo mejor.

Cartita al Niño Dios

Victoria Falcón Aguila

Querido Niño Dios:
Esta noche de 24 de diciembre, es de alegría porque estás por venir. Me he puesto un lindo vestido para recibirte y cantarte muchos villancicos. Es un tiempo maravilloso donde todo es paz y felicidad por tu llegada.

Cuando era niña nunca pedí muchos regalos y ésta vez no será la excepción; agradecerte creo que es lo correcto, porque Dios padre y tu santa madre siempre me han acompañado, junto con tu divina presencia. Este año en especial, nunca me soltaron de su mano y cuando creí que caería, me sostuvieron.

Agradecerte por mi respiración y la inspiración que se traduce en mis letras, por aun poder ver las maravillas creadas por ti y demostrarme tu existencia con cada acción y bendición concedidas a mi persona.

La navidad me recuerda que estás en este mundo para ayudarnos a descubrir la felicidad, porque vienes a alejarnos de aquello, que nos pone tristes, por eso necesito me ayudes a que mi andar haga buen camino para otros.

Mi mami me enseño una oración que siempre rezábamos antes de dormir, que dice así: niñito Jesús que naciste en Belén, bendice mi cama y a mí también, y si algo he de pedirte, es que bendigas con mucha salud y prosperidad a toda mi familia, mis amigos y a mis hermanos de Tinta Fresca México. Pedirte por mi México querido, para que la paz y estabilidad reinen y que tus bendiciones, se desborden en esta tierra.

Y hablando de mi mami, por favor salúdamela y dile que la extraño mucho. Y ya si quieres concederme algo, has que esta noche sueñe con ella.

Tu hija la más pequeña: Vicky

¡Hallelujah! ¡Que Dios ha nacido!

Cartita al Niño Dios

María Susana Mora Martínez

Querido Niño Dios Jesús: Quiero primero agradecer tu presencia muy notoria en mi vida, principalmente en este año que casi termina. Nuestros logros fueron bastantes y digo, “nuestros”, porque sin ti, no lo hubiera logrado. Inicié poniéndote en primer lugar, en el primer escalón y en el segundo: yo, pues puse todos mis asuntos en tus benditas manos. Me llene de fe y confianza, lo que ayudo a mejorar mucho mi salud; le dije adiós a la ansiedad, a la tristeza que venía arrastrando, tú me liberaste Jesús. Mi progreso fue notorio, obtuve progresos espirituales, laborales y personales, además de los emocionales.

He logrado estacionarme en el presente, olvidar y perdonar mi pasado; no pensar en el futuro y así he sido feliz, también ayudando a los demás.

Esta cartita es para agradecerte tanto amor y abundancia. Te amo mi señor. Agradezco todo de ti.

Con cariño tu amiguita Tuti
¡Feliz cumpleaños!

Cartita al Niño Dios

Martín Murguía Cervantes

Querido Niño Dios

Se que estás muy cómodo en el vientre de tu madre María y que tu nacimiento ocurrirá dentro de 4 días. Mientras la fecha llega para tu arribo al mundo, te escribo humildemente para hacerte algunas peticiones. Algunas de ellas son un tanto soñadoras e infantiles, pero ¿Qué quieres?, me entró la nostalgia y mis recuerdos de niñez.

Quiero pedirte ayuda para los niños no nacidos y no deseados; piedad para las madres que los rechazan y les impiden llegar a este mundo porque los consideran una carga y un estorbo para ellas; se olvidan que deben ser fuente de vida y no de interrupción de la misma, te pido por esas madres que se atreven a quitar la vida a un ser inocente e indefenso, ten compasión de ellas y perdónales porque no saben lo que hacen.

Te pido también por los niños sin hogar, niños que vagan sin rumbo, en las sombras de la noche, en los peligros del mundo y son resultado del abandono, el abuso y la indiferencia de los mayores. Protege a esos seres que no entienden la razón de ser rechazados y olvidados.

Busco tu clemencia para los niños maltratados por sus padres, víctimas de la ignorancia de quienes deberían protegerlos, pequeños indefensos que no saben la razón de sus castigos y que aprenderán en carne propia una conducta que en futuro replicarán con sus propios retoños, infunde en sus padres la compasión, la piedad y la empatía que a lo mejor con ellos no tuvieron.

No te olvides de los niños que sufren a causa de las guerras y de la delincuencia, pequeños que sufrirán en carne propia la maldad y mezquindad de los mayores, dejando en ellos las huellas y el resentimiento que podría sacar su crueldad y su resentimiento en el futuro, sentimientos que podrían llevarlos a ser los verdugos del futuro.

Te agradezco que nazcas en los corazones de los adultos para que en ellos despierte el niño que todos llevamos dentro, el niño olvidado, el niño maltratado, el niño al que se le mataron sus sueños e ilusiones, haz que en ellos revivan los sentimientos de bondad, esperanza e inocencia que, esperando tu llegada, los hacía comportarse todo un año con la bondad, la dulzura y la ternura que tu nacimiento inspiraba en ellos.

En espera de tu llegada, quedo agradecido con la bondad de tu atención.

Atentamente: Un viejo niño


Cartita al Niño Dios

Josefina Lozano Cervantes

Querido  Niño Dios:
Hoy me dirijo a Ti como artista, mujer y un alma en constante reconstrucción. Estoy al inicio de un nuevo camino con los colores de la vida entre mis manos y la esperanza intacta de que tú sigues guiando mis pasos.

Gracias por darme el don de crear, por permitirme transformar el dolor y los desafíos, en arte, belleza, y en un vuelo que se eleva más allá de las sombras. Cada trazo y cada obra nacen de lo vivido, de las batallas libradas y de la fuerza que me has dado para seguir de pie.

Solo te pido, querido Dios, que me des sabiduría para entender lo que aun no comprendo, paciencia para esperar Tus tiempos perfectos, humildad para aprender lo que deba aprender y fuerza para continuar esta nueva etapa. Te entrego mi galería, mi arte, mi vida entera. Que todo lo que toque sea luz para otros y un reflejo de tu amor.

Gracias por estar conmigo siempre. Aun en los momentos donde todo parece tambalear, tu paz me sostiene y me devuelve el equilibrio. Hoy pinto mi vida de nuevos colores, con la esperanza del amanecer, la fortaleza de un nuevo comienzo y con la certeza de que lo mejor está por venir. AMÉN.

Tu hija: Josefina Lozano, Artista Plástica.

Gabriela Cabezón Cámara, Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2024

Tras haber examinado y discutido cuidadosamente las candidaturas presentadas al Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2024 y constatar su riqueza y diversidad literaria, el jurado decidió por unanimidad, conceder el galardón a la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara por su novela “Las niñas del naranjel”, donde por medio de la reescritura de la vida de Catalina de Erauso, una monja que también fue alférez, “consigue dotar de una nueva fuerza imaginativa y simbólica a la novela histórica que relata los discursos y las violencias que gestaron el Nuevo Mundo”.

En el acta del jurado de igual manera se destaca que en Las niñas del naranjel, la también autora de Le viste la cara a Dios, “abraza el bastardismo que da lugar a América, arrasa el antropocentrismo y devuelve a la naturaleza su erotismo sin el exotismo colonizador”. Además, el jurado consideró que la obra ganadora “es un ser vivo que respira, se derrama y se pudre para dar nueva vida, devolviéndonos la certeza de que también somos eso: algo vivo que pertenece a algo más grande”.

En Las niñas del naranjel, Cabezón Cámara rescata las voces marginadas a través de Antonio, un personaje que escapa de la hoguera gracias a su Virgen del naranjel. Mientras cumple la promesa de escribir a su tía, priora del convento donde fue novicia, Antonio evoca su pasado enclaustrado y se enfrenta a un presente errante como arriero, soldado y paje. A lo largo de su travesía, protege a dos niñas, Michi y Mitãkuña, cuyas preguntas incisivas lo obligan a reconocer las cicatrices profundas de una tierra devastada por la avaricia colonial.

La autora inspirada en la figura de Catalina de Erauso, la Monja Alférez narra la brutal conquista de América con un estilo que entrelaza lo contemporáneo con el barroco del siglo XVII. La novela forja una nueva gramática amorosa donde el cine de Miyazaki, los rezos en latín, el euskera y el guaraní reconfiguran la métrica del Siglo de Oro, un homenaje singular a las voces históricamente silenciadas.

Gabriela Cabezón Cámara es una escritora, activista y figura central de la literatura latinoamericana contemporánea. Graduada en letras por la Universidad de Buenos Aires, ha colaborado en medios como Página12, Le Monde diplomatique, y Revista Ñ, además de haber sido editora de Cultura en Clarín. Desde 2013 dirige el Taller de Escritura en el CINO. Su debut literario llegó con el cuento “La hermana Cleopatra” en 2006, que luego expandió en su primera novela, La Virgen Cabeza. Su obra explora temas como la marginalidad, la prostitución, el sistema represor, la tradición gauchesca y las mujeres trans. Las aventuras de la China Iron fue destacado como uno de los libros del año por The New York Times y El País. En 2024 ganó el Premio Ciutat de Barcelona en Literatura en lengua castellana por su obra Las niñas del naranjel.

Concebido y bautizado por la escritora nicaragüense Milagros Palma, el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, es un galardón creado por la FIL Guadalajara en 1993 para reconocer el trabajo literario de las mujeres en el mundo hispano. Está dotado con diez mil dólares estadounidenses y premia a la autora de una novela publicada originalmente en español. Sylvia Iparraguirre, Ana Gloria Moya, Tununa Mercado, Claudia Piñeiro, Inés Fernández Moreno, Perla Suez, María Gainza y Camila Sosa Villada son, además de Gabriela Cabezón Cámara, las escritoras argentinas que han recibido el galardón que este 2024 celebra su edición 32.

La entrega del Premio se realizará durante la celebración de la edición 38 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La ceremonia se llevará a cabo el miércoles 04 de diciembre, a las 18:00 horas, en el Auditorio Juan Rulfo.

La Leyenda del Destino Amarillo

Primera Parte

Por: Josefina Lozano

Dicen que hace muchos años, en los tiempos en que el cielo aún brillaba de un amarillo dorado, cuando el mundo parecía suspirar con el fulgor de la juventud, existía un pequeño barrio donde las almas jóvenes guardaban secretos entre sus miradas. En ese rincón del mundo, dos adolescentes cruzaban miradas desde la distancia como si estuvieran destinados a entenderse sin necesidad de palabras. Era un amor puro, envuelto en la inocencia de los primeros sueños.

Cada atardecer, cuando el sol teñía las calles con su luz amarilla, sus ojos se encontraban en un sutil juego de destellos; las miradas iban desde una esquina de la calle, hacía la contra esquina, ahí donde el color de la casa amarilla se fusionaba con los rayos de sol y el tiempo parecía detenerse. Aunque nunca osaron romper el silencio, ambos sentían que el universo les hablaba a través de esa luz dorada.

Un día, él movido por el deseo de dar vida a lo que sus ojos ya decían, escribió una carta; en ella plasmó todo aquello que no podía pronunciar, sus ilusiones y esperanzas, la promesa de un futuro que parecía más brillante con cada cruce de miradas. Sin embargo, la carta nunca llegó a su destino. Como si el viento o alguna fuerza desconocida hubiera decidido que ese amor debía esperar, la carta fue interceptada y guardada en el cofre de los secretos no revelados.

A pesar de no haber recibido la carta, ella lo sabía. En su corazón comprendía que había palabras no dichas flotando en el aire, tan reales como la luz amarilla que bañaba los atardeceres de su barrio. Y aunque los años pasaron y las reglas nunca se rompieron, sus miradas siguieron hablando, hasta que el tiempo se encargó de cubrir ese amor con el polvo de lo inalcanzable.

Cuenta la leyenda que la luz amarilla, que teñía el cielo de aquel barrio, no era otra cosa que los sentimientos no expresados de las almas jóvenes que alguna vez se amaron en silencio e incluso, cuando esas miradas se apagaron, la luz siguió brillando como un recordatorio de que hay amores que aunque no se concreten en este mundo, jamás desaparecen.

En cada sueño, su esencia pervive como la luz amarilla que nunca dejó de brillar, recordándoles que el amor verdadero trasciende el tiempo y el espacio.