José J. Carrizosa García
No temía al compromiso.
Temía a perder el tiempo.
A un día despertar y no verte a mi lado.
A que te llevaras mis sueños.
A que la vida después de ti no tendría sentido alguno.
A vivir por vivir.
Al estar por estar.
Al beber mujer tras mujer y de ti no saber.
No temía a una relación seria.
Temía a no saber responder y que te marchas dejando el ayer.
Temía a la vida sin ti.
A pasar por el mismo camino de siempre, pero sin ti ahí, donde todo sería vacío y sin color, porque en el tu rostro, olor, esencia y pasión dejarían un vacío el día que dijeras adiós.
Temía a mi soledad.
Porque al no verte ahí, la tristeza sería mi compañera.
La melancolía mi guía y el suicidio mi destino.
Temía a no poder vivir sin ti.
Al verte caminar y yo marchitar.
Al verte madurar y yo aferrarme a mi soledad.
Al verte volar y yo simplemente llorar.
Al verte crecer con otro ser.
Y yo enloquecer con mi vejes.
Y es que no temía a compartir mi vida contigo, temía a que te llevaras mi vida contigo.
Temía tanto que un día la soledad se sentó a mi lado, la noche me ofreció un cigarrillo, el viento me sirvió un vino y el destino te quito de mi camino, solo dijiste adiós y el cielo se nubló.