Hora, resiliencia y Dios actuando
Por Josefina Lozano
La honra es uno de los valores más profundos que llevamos en el corazón, un reflejo de nuestra integridad y respeto por nosotros mismos. Es una misión de vida. Defender nuestra honra y vivir de acuerdo con ella, no siempre requiere confrontación; a menudo, es un acto de resiliencia, una muestra de fortaleza interior, de calma y de confianza. En lugar de reaccionar al impulso de las emociones, dejemos que la vida y Dios actúen, permitiendo que cada situación se convierta en una oportunidad para crecer, para armar con paciencia el rompecabezas de nuestra existencia.
La magia existe cuando dejas que Dios actúe. En ese preciso momento, cuando decides abandonar todo control, entregas la situación en sus manos y crees en ti mismo y como por arte de magia, él comienza a armar las piezas del rompecabezas. La vida es como un rompecabezas, pero es Dios quien en su sabiduría, decide cómo y cuándo colocar cada una de las piezas en su lugar.
El tiempo, como la sal y la pimienta, sazona este juego de la vida, dándole el sabor único a nuestro guiso; ese guiso que es nuestra historia. La paciencia y la fe son ingredientes esenciales para permitir que el resultado sea perfecto y aunque no siempre entendamos la razón de cada pieza, confiamos en que hay un propósito detrás de cada una.
La maldad y la perversidad existen, siempre están al acecho queriendo confundir y minar la integridad de quienes viven con principios; aquí es donde entra la resiliencia, siendo firmes en nuestros valores y dejando actuar a Dios, éste no permite que otros nos desafíen, ni que arranquen nuestra honra. Las acciones y palabras, tienen el poder que nos permite actuar con paciencia y dignidad.
Como dijo Samuel Ruiz en sus “Cuatro Acuerdos”: “Sé impecable con tus palabras”. Porque las palabras tienen poder, y cada vez que honramos nuestras palabras, demostramos de qué estamos hechos. Al actuar con coherencia y serenidad, dejamos que nuestras acciones hablen y que el tiempo se encargue de mostrar la verdad.
A veces, enfrentamos la maldad condimentada con perversidad y esa misma fuerza parece querer apartarnos de nuestro camino. Pero en esos momentos, confiar en Dios y en su tiempo, es un acto también de resiliencia. Permitamos que él nos guíe, que sea quien ordene las piezas del ajedrez. Esta forma de vivir desde la fe y la confianza en Dios, “dejándolo actuar”, es una fuerza poderosa que al final, cada adversidad se convierte en la pieza de un rompecabezas que, cuando completamos, nos revela la belleza de un propósito mayor, el “postre” más delicioso y satisfactorio.
Cuando terminamos de poner la última pieza, cosechamos los tesoros que nos corresponden. Son esos frutos acumulados, guardados en un cofre donde cada logro, cada superación y cada pedazo de fe, se preservan como lo más preciado de nuestro ser. También tenemos el libre albedrío para desempolvar viejos recuerdos y tesoros olvidados, dándoles un nuevo significado en la historia de nuestra vida.
La resiliencia y la fe en Dios no solo nos fortalecen ante el dolor y la maldad, sino que nos permiten vivir con paz, dignidad y esperanza. Cada pieza del rompecabezas de nuestra vida tiene un lugar específico, una razón de ser y cada momento difícil es una oportunidad para reconocer que, aunque no siempre comprendamos su plan, cada desafío tiene un propósito.
Vivir desde la honra y dejar actuar a Dios en nuestro rompecabezas, es el camino hacia una vida plena, rica en significado y bendiciones.