Calaverita a Guillermo Arriaga

Por: José Carlos Regalado García

Huesuda estás encabronada
tantos costales de perros muertos
Arriaga te dejó cansada,
por el filme de amores perros.

Ah, la maestra de Arriaga
baila ahora con la huesuda
dijo que no lograrías nada,
Arriaga gana Alfaguara.

La catrina va con Arriaga
al cine el día de muertos
quiere que le de amores perros
la rechaza, no quiere esa carga.

Calaverita a Carlos Fuentes

Autor: Oscar José Villanueva Chávez

Escribiendo él estaba
cuando ella lo sorprendió
sinvergüenza la huesuda
que a fuentes nos lo quitó.

Hoy llorando Aura está
pues su creador se peló
pa’ escribir al más allá

lo que acá no alcanzó.

La región más transparente
de luto y pena vistió
y Artemio Cruz recibe
al que su vida describió.

Sobresaliente obra escribió
y gran legado al mundo dejó
reconocimientos él recibió,
pero la catrina se lo cargó.

Tan Lejos y tan Cerca a la Vez

Por: Josefina Lozano

Las tradiciones de Día de Muertos y Halloween, tienen un impacto cultural profundo en los países que les dieron origen. Cada una invita a acercarnos a la muerte desde una perspectiva distinta. Aunque coinciden en el calendario, sus raíces y simbolismos representan visiones opuestas: el Día de Muertos, originado en la cultura prehispánica de México, percibe a la muerte como una continuación del viaje de la vida; mientras que Halloween, con raíces celtas, celebra el regreso de los muertos en un ambiente de misterio y diversión.

Ambas tradiciones contribuyen a darle un significado único a las culturas de México y Estados Unidos y aunque estén “tan lejos”, hoy en día están «tan cerca» que conviven en el mismo barrio, ciudad o país, permitiéndonos ver representaciones vivas de ambas maneras de recordar a quienes ya no están en este plano terrenal.

Los símbolos y el mismo sentir
Aunque los símbolos son distintos, el sentimiento que despiertan es el mismo: en el Día de Muertos, los altares, las calaveras de azúcar, el papel picado y las flores de cempasúchil honran y celebran la vida de los fallecidos. Por otro lado, Halloween se expresa con calabazas talladas, disfraces y colores oscuros, símbolos de miedo que en su esencia también recuerdan a los muertos.

Ambas celebraciones son únicas por el vínculo emocional que crean, un “teléfono espiritual” que permite acercarnos a quienes ya no están. En México, extrañamos a nuestros seres queridos; por tanto, el Día de Muertos se vive como una celebración solemne y emotiva, mientras que en Estados Unidos, Halloween se asocia con el entretenimiento y la diversión. Sin embargo, ambas construyen comunidad; en México, las familias se reúnen para construir altares en memoria de los que ya partieron, con objetos que recuerdan los gustos de los difuntos y en Estados Unidos el «truco o trato», congrega a grandes y pequeños en un ambiente festivo.

Una hibridación cultural
Ambas tradiciones han evolucionado y en la última década, se han enriquecido mutuamente. Día de Muertos ha alcanzado una visibilidad global gracias a la película Coco, y Halloween se ha vuelto cada vez más popular en México, especialmente entre los jóvenes en las zonas urbanas. Este proceso ha llevado a una hibridación cultural, donde ambas celebraciones se practican en paralelo y crean una mezcla única de ambas tradiciones. Por último, lo más interesante es que tanto en México como en Estados Unidos, estos símbolos de culturas distintas se recrean en un mismo espacio y en una era globalizada en la que impera el respeto a ambas tradiciones. Aquí lo solemne y lo divertido se mezclan, recordándonos lo lejos y al mismo tiempo, lo cerca que estamos.

Gabriela Cabezón Cámara, Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2024

Tras haber examinado y discutido cuidadosamente las candidaturas presentadas al Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2024 y constatar su riqueza y diversidad literaria, el jurado decidió por unanimidad, conceder el galardón a la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara por su novela “Las niñas del naranjel”, donde por medio de la reescritura de la vida de Catalina de Erauso, una monja que también fue alférez, “consigue dotar de una nueva fuerza imaginativa y simbólica a la novela histórica que relata los discursos y las violencias que gestaron el Nuevo Mundo”.

En el acta del jurado de igual manera se destaca que en Las niñas del naranjel, la también autora de Le viste la cara a Dios, “abraza el bastardismo que da lugar a América, arrasa el antropocentrismo y devuelve a la naturaleza su erotismo sin el exotismo colonizador”. Además, el jurado consideró que la obra ganadora “es un ser vivo que respira, se derrama y se pudre para dar nueva vida, devolviéndonos la certeza de que también somos eso: algo vivo que pertenece a algo más grande”.

En Las niñas del naranjel, Cabezón Cámara rescata las voces marginadas a través de Antonio, un personaje que escapa de la hoguera gracias a su Virgen del naranjel. Mientras cumple la promesa de escribir a su tía, priora del convento donde fue novicia, Antonio evoca su pasado enclaustrado y se enfrenta a un presente errante como arriero, soldado y paje. A lo largo de su travesía, protege a dos niñas, Michi y Mitãkuña, cuyas preguntas incisivas lo obligan a reconocer las cicatrices profundas de una tierra devastada por la avaricia colonial.

La autora inspirada en la figura de Catalina de Erauso, la Monja Alférez narra la brutal conquista de América con un estilo que entrelaza lo contemporáneo con el barroco del siglo XVII. La novela forja una nueva gramática amorosa donde el cine de Miyazaki, los rezos en latín, el euskera y el guaraní reconfiguran la métrica del Siglo de Oro, un homenaje singular a las voces históricamente silenciadas.

Gabriela Cabezón Cámara es una escritora, activista y figura central de la literatura latinoamericana contemporánea. Graduada en letras por la Universidad de Buenos Aires, ha colaborado en medios como Página12, Le Monde diplomatique, y Revista Ñ, además de haber sido editora de Cultura en Clarín. Desde 2013 dirige el Taller de Escritura en el CINO. Su debut literario llegó con el cuento “La hermana Cleopatra” en 2006, que luego expandió en su primera novela, La Virgen Cabeza. Su obra explora temas como la marginalidad, la prostitución, el sistema represor, la tradición gauchesca y las mujeres trans. Las aventuras de la China Iron fue destacado como uno de los libros del año por The New York Times y El País. En 2024 ganó el Premio Ciutat de Barcelona en Literatura en lengua castellana por su obra Las niñas del naranjel.

Concebido y bautizado por la escritora nicaragüense Milagros Palma, el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, es un galardón creado por la FIL Guadalajara en 1993 para reconocer el trabajo literario de las mujeres en el mundo hispano. Está dotado con diez mil dólares estadounidenses y premia a la autora de una novela publicada originalmente en español. Sylvia Iparraguirre, Ana Gloria Moya, Tununa Mercado, Claudia Piñeiro, Inés Fernández Moreno, Perla Suez, María Gainza y Camila Sosa Villada son, además de Gabriela Cabezón Cámara, las escritoras argentinas que han recibido el galardón que este 2024 celebra su edición 32.

La entrega del Premio se realizará durante la celebración de la edición 38 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La ceremonia se llevará a cabo el miércoles 04 de diciembre, a las 18:00 horas, en el Auditorio Juan Rulfo.

Piezas del Rompecabezas de la Vida

Hora, resiliencia y Dios actuando

Por Josefina Lozano

La honra es uno de los valores más profundos que llevamos en el corazón, un reflejo de nuestra integridad y respeto por nosotros mismos. Es una misión de vida. Defender nuestra honra y vivir de acuerdo con ella, no siempre requiere confrontación; a menudo, es un acto de resiliencia, una muestra de fortaleza interior, de calma y de confianza. En lugar de reaccionar al impulso de las emociones, dejemos que la vida y Dios actúen, permitiendo que cada situación se convierta en una oportunidad para crecer, para armar con paciencia el rompecabezas de nuestra existencia.

La magia existe cuando dejas que Dios actúe. En ese preciso momento, cuando decides abandonar todo control, entregas la situación en sus manos y crees en ti mismo y como por arte de magia, él comienza a armar las piezas del rompecabezas. La vida es como un rompecabezas, pero es Dios quien en su sabiduría, decide cómo y cuándo colocar cada una de las piezas en su lugar.

El tiempo, como la sal y la pimienta, sazona este juego de la vida, dándole el sabor único a nuestro guiso; ese guiso que es nuestra historia. La paciencia y la fe son ingredientes esenciales para permitir que el resultado sea perfecto  y aunque no siempre entendamos la razón de cada pieza, confiamos en que hay un propósito detrás de cada una.

La maldad y la perversidad existen, siempre están al acecho queriendo confundir y minar la integridad de quienes viven con principios; aquí es donde entra la resiliencia, siendo firmes en nuestros valores y dejando actuar a Dios, éste no permite que  otros nos desafíen, ni que arranquen nuestra  honra. Las acciones y palabras, tienen el poder que nos permite actuar con paciencia y dignidad.

Como dijo Samuel Ruiz en sus “Cuatro Acuerdos”: “Sé impecable con tus palabras”. Porque las palabras tienen poder, y cada vez que honramos nuestras palabras, demostramos de qué estamos hechos. Al actuar con coherencia y serenidad, dejamos que nuestras acciones hablen y que el tiempo se encargue de mostrar la verdad.

A veces, enfrentamos la maldad condimentada con perversidad y esa misma fuerza parece querer apartarnos de nuestro camino. Pero en esos momentos, confiar en Dios y en su tiempo, es un acto también de resiliencia. Permitamos que él nos guíe, que sea quien ordene las piezas del ajedrez. Esta forma de vivir desde la fe y la confianza en Dios, “dejándolo actuar”, es una fuerza poderosa que al final, cada adversidad se convierte en la pieza de un rompecabezas que, cuando completamos, nos revela la belleza de un propósito mayor, el “postre” más delicioso y satisfactorio.

Cuando terminamos de poner la última pieza, cosechamos los tesoros que nos corresponden. Son esos frutos acumulados, guardados en un cofre donde cada logro, cada superación y cada pedazo de fe, se preservan como lo más preciado de nuestro ser. También tenemos el libre albedrío para desempolvar viejos recuerdos y tesoros olvidados, dándoles un nuevo significado en la historia de nuestra vida.

La resiliencia y la fe en Dios no solo nos fortalecen ante el dolor y la maldad, sino que nos permiten vivir con paz, dignidad y esperanza. Cada pieza del rompecabezas de nuestra vida tiene un lugar específico, una razón de ser y cada momento difícil es una oportunidad para reconocer que, aunque no siempre comprendamos su plan, cada desafío tiene un propósito.

Vivir desde la honra y dejar actuar a Dios en nuestro rompecabezas, es el camino hacia una vida plena, rica en significado y bendiciones.

Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2024

Merry MacMasters recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez de la FIL Guadalajara 2024. Será reconocida por su trayectoria de más de cuatro décadas y por ser un referente en la comunicación de la cultura, la crónica y el reportaje. El Homenaje Benítez estará dedicado este año a la memoria de la gran periodista mexicana Cristina Pacheco (1941-2023), quien lo obtuvo en el año 2000.

La decisión fue tomada por un comité integrado por las cinco personalidades reconocidas anteriormente con este homenaje, en cuyas consideraciones se destacó que “hay cierta constante en el periodismo cultural que lleva a algunos comunicadores a cambiar de fuente o desistir de la continuidad; el caso de Merry es totalmente opuesto a esta tendencia”.

Considerada una figura clave en el periodismo cultural en México, a lo largo de su carrera Merry MacMasters (Nueva York) ha trabajado en diversos medios, donde ha cubierto exposiciones, eventos artísticos y realizado entrevistas con destacados artistas nacionales e internacionales. Su labor va más allá de simplemente informar; ya que se ha enfocado en acercar el arte al público, al lograr que temas complejos sean accesibles para audiencias más amplias. Su quehacer periodístico también ha resaltado la importancia de las instituciones culturales y su papel en la preservación y difusión del patrimonio artístico de México. Su voz no sólo como periodista, sino como promotora del arte y la cultura en general, ha contribuido a generar diálogos importantes acerca de la cultura en la sociedad contemporánea.

Merry MacMasters es egresada de la carrera de historia del arte por la Universidad Iberoamericana, y ha formado su carrera en el periodismo cultural en México por más de 40 años. Su trayectoria comenzó en 1980 como reportera de Radio UNAM y después en el periódico El Nacional, donde trabajó hasta 1994, cuando se unió a La Jornada, donde hasta hoy se desempeña como reportera cultural. Entre las coberturas más importantes que ha efectuado se encuentran el litigio de obras de Remedios Varo y la desaparición de piezas en Los Pinos, además de realizar entrevistas a figuras como Leonora Carrington, Spencer Tunick, Rufino Tamayo, Philip Glass, Manuel Felguérez o Francisco Toledo, entre otros. Su labor periodística fue reconocida por el Senado de México en 2017, así como por la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán, con el Premio Nacional de Periodismo.

El Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez fue creado por la FIL Guadalajara y entregado por primera vez en 1992, al destacado periodista mexicano y desde entonces se otorga para celebrar la trayectoria de quienes se han dedicado a la difusión del arte y la cultura, y que han influido notablemente en la vida cultural del país. Algunos de los periodistas que lo han recibido son José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Vicente Leñero, Huberto Batis, Juan Villoro, Sergio González Rodríguez, Adriana Malvido, Benito Taibo, Graciela Iturbide y en su más reciente edición, Jesús Alejo Santiago, entre otros.

La ceremonia se llevará a cabo el Domingo 08 de diciembre a las 17:00 horas, en el Auditorio Juan Rulfo de la FIL Guadalajara.

La Leyenda del Destino Amarillo

Primera Parte

Por: Josefina Lozano

Dicen que hace muchos años, en los tiempos en que el cielo aún brillaba de un amarillo dorado, cuando el mundo parecía suspirar con el fulgor de la juventud, existía un pequeño barrio donde las almas jóvenes guardaban secretos entre sus miradas. En ese rincón del mundo, dos adolescentes cruzaban miradas desde la distancia como si estuvieran destinados a entenderse sin necesidad de palabras. Era un amor puro, envuelto en la inocencia de los primeros sueños.

Cada atardecer, cuando el sol teñía las calles con su luz amarilla, sus ojos se encontraban en un sutil juego de destellos; las miradas iban desde una esquina de la calle, hacía la contra esquina, ahí donde el color de la casa amarilla se fusionaba con los rayos de sol y el tiempo parecía detenerse. Aunque nunca osaron romper el silencio, ambos sentían que el universo les hablaba a través de esa luz dorada.

Un día, él movido por el deseo de dar vida a lo que sus ojos ya decían, escribió una carta; en ella plasmó todo aquello que no podía pronunciar, sus ilusiones y esperanzas, la promesa de un futuro que parecía más brillante con cada cruce de miradas. Sin embargo, la carta nunca llegó a su destino. Como si el viento o alguna fuerza desconocida hubiera decidido que ese amor debía esperar, la carta fue interceptada y guardada en el cofre de los secretos no revelados.

A pesar de no haber recibido la carta, ella lo sabía. En su corazón comprendía que había palabras no dichas flotando en el aire, tan reales como la luz amarilla que bañaba los atardeceres de su barrio. Y aunque los años pasaron y las reglas nunca se rompieron, sus miradas siguieron hablando, hasta que el tiempo se encargó de cubrir ese amor con el polvo de lo inalcanzable.

Cuenta la leyenda que la luz amarilla, que teñía el cielo de aquel barrio, no era otra cosa que los sentimientos no expresados de las almas jóvenes que alguna vez se amaron en silencio e incluso, cuando esas miradas se apagaron, la luz siguió brillando como un recordatorio de que hay amores que aunque no se concreten en este mundo, jamás desaparecen.

En cada sueño, su esencia pervive como la luz amarilla que nunca dejó de brillar, recordándoles que el amor verdadero trasciende el tiempo y el espacio.