Territorios Baldíos

CASTIGOS

Darío Fritz

El hombre se mostraba muy indignado. “Hoy en día, la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley…”. Lo dijo allá por 1931. Sabemos de las injusticias de la justicia. La examinamos desde fuera y hay razones en muchos casos para observarla con suspicacia. Cada cual tiene su óptica. Como los periodistas que contamos historias y no podemos abstraernos de la mirada propia, sin por ello abjurar de la búsqueda del equilibrio informativo. La objetividad, del juez por un lado, del periodista por otro, pasa a ser la mirada de cada quién, pero no la de todos -una pretensión tan desmedida como intentar atrapar el reflejo del agua de un río, según describió el periodista colombiano Javier Restrepo. Y sí, nos rodea la injusticia. Que diez por ciento de los más ricos del mundo generen el 48 por ciento de la contaminación con gases invernadero y que además son los pobres quienes padecen sus consecuencias -soportar temperaturas extremas, por ejemplo, bajo techos de láminas contra aquellos que tienen aire acondicionado en cada cuarto o alberca-, habla de un capitalismo salvaje. O las cárceles repletas de hombres y mujeres sin dinero para defenderse, mientras que quienes si lo tienen afrontan sus delitos con la ventaja de lograr atenuar condenas, sino es el caso de evitarlas. Las reglas son como las donas, dice un personaje de esa serie imprescindible -hablando de justicia-, Your Honor, es decir, tienen siempre un agujero. En el afán de contar historias, solemos caer en la tentación de convertirnos en un Michael Desiato, el juez apacible y progresista de la serie, que encarna el magistral Bryan Cranston, y que se transforma en un lobo despiadado, hasta caer en corruptelas, con tal de defender a su hijo, autor de un homicidio culposo. La tentación pasa por algunos en creerse jueces y establecer condenas antes de conocer las pruebas.

La semana pasada se cumplieron seis décadas de uno de los crímenes con más impacto en la historia de la humanidad: el asesinato de John F. Kennedy en Dallas. Y para no ser menos en un caso aún intrigante, apareció una voz desconocida, la de uno de los agentes secretos que custodiaba al presidente estadunidense sobre los estribos de la limousine en la que recibió el disparo de muerte. Dice que hubo una segunda bala que alcanzó a Kennedy, con lo cual desbarataría la idea de un asesino solitario -Lee Harvey Osward.  La Comisión Warren que llevó la investigación y sus conclusiones nunca llamó a declarar al agente secreto Paul Landis que ahora pone en dudas la versión oficial. Pero si el caso siempre estuvo rodeado por sospechas de conspiración -cómo entender que alguien por su cuenta logré matar a un presidente, y que para colmo es asesinado horas después del crimen en la estación policial donde estaba detenido-, los prejuicios se reavivan. El asesinato de una figura pública trae constantes sospechas que ni la mejor de las investigaciones, como puede ser la de la Comisión Warren, logran tranquilizar. El asesinato del sueco Olof Palme sigue aun generando suspicacias, como también el del banquero Roberto Calvi por sus relaciones con El Vaticano. En Argentina, el fallido intento de homicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández sigue en la nebulosa, pese a que el autor fue detenido, porque la justicia se niega a investigar la posible financiación política que podría haber detrás y el supuesto involucramiento de personajes que asumirán el próximo gobierno derechista el 10 de diciembre. Por aquí, en México, se abrió otro resquicio para la impunidad detrás de las investigaciones y decisiones judiciales, la liberación de Mario Aburto Martínez, autor de la muerte de Luis Donaldo Colosio en 1994. Parece ahora, con 29 años de condena cumplida de un total de 45, que la investigación tiene inconsistencias y que Aburto habría sido torturado. El video impactante del crimen con el arma que se dispara casi pegada a la cabeza de Colosio y la inmediata detención en el lugar de Aburto se ponen en duda, por lo que podría ser liberado en marzo próximo. Quizá salga de allí un buen argumento para los guionistas de Cold Cases. “La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”, decía aquel personaje de 1931. Se llamaba Al Capone.

@DaríoFritz

Nada por Conocer

Por: Blanca Nieves Palacios Barreda

Desde aquel 1988, los grupos que se reconocían por sus ideales y convicciones eran denominados de izquierda; sus luchas tenían un claro objetivo, derrocar al gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que tenía décadas detentando el poder y establecer un sistema de gobierno igualitario.

El ideal supremo era poner fin a la explotación de millones de trabajadores; la convicción principal,  que los mexicanos: obreros, campesinos, mineros, profesionistas, pescadores, profesores, empleados de empresas privadas y públicas de hombres y mujeres, ancianos y niños que, por décadas venían siendo sojuzgados por gobiernos priistas, corruptos, nepotistas, represivos, autoritarios, arbitrarios, impunes a grado tal que, inventaron un “fuero” para poder robar y cometer cuanto delito pudieran sin que se les aplicara la justicia y fueran a dar a la cárcel.

La lucha por lograr esos objetivos que cobró miles de vidas, encarcelamientos, torturas, llegaría a su fin cuando ese 1988, un grupo de priistas decidiera abandonar las filas del PRI, motivados por la imposición que el grupo político del Senador priista, Raúl Salinas Lozano hizo en la persona de su hijo, Carlos Salinas de Gortari, candidato a la presidencia de la República Mexicana, descartando sin miramiento alguno las aspiraciones del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, hijo del General, Cuauhtémoc Cárdenas del Río, a quien consideraba un amplio sector priista, con mayor derecho de ocupar la presidencia de México.

Por inconcebible que pudiera parecer, los grupos de izquierda, quienes se habían unido al Partido Comunista Mexicano (PC) y al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) en un nuevo Partido el Mexicano Socialista (PMS), para impulsar la candidatura a la presidencia  de México, el Ing. Heberto Castillo, a instancias e insistencia del propio candidato Ing. Castillo, le abrieron las puertas al grupo de priistas teniendo  al Ing. Cárdenas como candidato a la presidencia por parte del Partido de la Revolución Mexicana (PARM), un verdadero satélite del PRI.

Para sorpresa de muchos, disgusto de otros y negación de otros tantos, el Ing. Castillo cedió su candidatura a favor del Ing. Cárdenas para que contendiera contra  el candidato priista, Carlos Salinas de Gortari; los recién llegados priistas no aceptaron el nombre de PMS, por aquello de “socialista” y se le cambió por, Frente Democrático Nacional;  aunque a varios  casi nos da un infarto tal decisión, lo pudimos superar, quizá por nuestra juventud, pero no dudamos en profetizar que hasta ahí llegaría la izquierda, pues con todas  las mañas y trapacerías y corrupción propia de los priistas sin duda contaminarían a  la izquierda mexicana, como así fue y hoy lo estamos viendo.

Tras perder Cárdenas la elección en la que, obviamente resultó triunfador, Salinas de Gortari, posteriormente se cambiaria el nombre a los otrora PC y PMT y con los recién llegados priistas en uno solo que sería el, Partido de la Revolución Democrática (PRD), hoy tristemente reconocido por ser el tapete del PAN y PRI; al elegir al  presidente del  PRD, con el acarreo en el que los priistas tienen mucha práctica, pasó algo insólito, fue desplazado el Ing. Heberto Castillo y los demás militantes de izquierda para tomar el control: Cuauhtémoc Cárdenas;  Porfirio Muñoz Ledo; Andrés Manuel López Obrador, siguiéndole quien AMLO así lo decidía.

Como en política sabido es que, “nada es espontaneo y todo se arregla bajo la mesa” y agregaré, a espaldas de la militancia en que se sostienen los espurios y falsos dirigentes, sin verdaderos ideales, ni convicciones; estamos siendo testigos de la casi desaparición del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA); bástenos ver que con esos llamados a la “unidad”,  al policía Omar García Harfuch, que fue nombrado Secretario de Seguridad con Claudia Sheinbaum, luego como candidato a jefe de gobierno de la ciudad de México y hoy, a un lado de Clara Brugada; así como a un Mario Delgado como dirigente de MORENA.

Y aun así, nos dicen que “vivimos en democracia y que el pueblo manda”.

Rara democracia la mexicana.

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EL ABISMO

Darío Fritz

Es la economía, estúpido. Esa frase tan trillada en la política, al menos entre quienes están en ella o la siguen, quizá ajena a la mayoría de la población, ha sido aplicada en toda su extensión en Argentina. Aquella frase con la cual Bill Clinton resumió de su campaña electoral, y supo entender las preocupaciones de los estadounidenses para enfrentar al presidente George Bush, la han hecho carne los argentinos para encarar los próximos cuatro años de sus vidas puestos en manos de un outsider de la política, que con propuestas ultraderechistas los convenció de que él es el camino. Un camino que ha estado sembrado en los últimos ocho años por inflación constante, pérdidas de ingresos salariales, disminución de la capacidad de consumo, inestabilidad laboral, compromisos de deuda con bancos e instituciones de crédito extranjeros impagables. Pero también de derechos adquiridos desde que en 1983 se recuperó la democracia. Ante ello poco importó si el personaje outsider y sus cercanos se declaraban a favor de vender órganos y niños, armar a la población, negar la enseñanza sexual en escuelas, privatizar la salud, la educación y ríos o mares, vender propiedades del estado y reservas energéticas, calificar al Papa de comunista, que sus libros sobre economía sean plagios o que en una pasantía en el Estado haya sido despedido por mentiroso e incapaz, que justifica a la última  dictadura cívico-militar y la desaparición y asesinato de personas, que se niega a defender la democracia, compara a personas gay con quienes quieran tener relaciones sexuales con elefantes, insulta mujeres y discapacitados en público, defiende al enemigo del país en Malvinas, califica de aberración la justicia social, llama zurdo de mierda o bosta a quienes piensan distinto que él, promete destruir la moneda nacional y el Banco Central, se niega a vincular con aquellas naciones con ideas políticas diferentes, se llamen China, Rusia o Brasil -aunque sean las principales socias comerciales del país-, que al primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín, lo denostara al punto de usar una figura de él como punchin ball, que defiende a la mafia porque no miente y es competitiva, que es un negacionista serial: de los derechos de inclusión como el aborto, del matrimonio igualitario, del cambio climático.

Es la economía, estúpido, dijeron una mayoría de argentinos, cerraron los ojos, se lanzaron a una creencia mística y abandonaron toda defensa de valores humanos y personales por una salida individualista. El domingo en la noche, al anunciarse su triunfo y aceptar su contrincante la derrota, el outsider advirtió a los que se resistieran a sus decisiones que dentro de la ley, todo y fuera de ella nada. Una típica amenaza de que habrá violencia contra quienes se le opongan. “Seré implacable contra quienes quieran privilegios”, dijo ante futuros conflictos sociales. Sin mayoría en el Congreso y dificultades para alcanzarla, cerrar el Parlamento para gobernar por decreto no resulta una hipótesis descabellada. Para imponer sus ideas -contradecirlo lo vuelve fúrico- requiere de fuerza pública, y para eso tiene el antecedente de manifestar que los militares sólo cometieron excesos en el pasado, lo cual ha sido bien recibido, en tanto no ha desmentido a su vicepresidente electa -abanderada de todo ese pasado siniestro- de que en tiempos de crisis se gobierna con tiranía.

Es la economía, estúpido, dijeron 14 millones de argentinos que lo votaron -56 por ciento de la población-. Cerraron los ojos, rompamos la canastilla, se entusiasmaron, aunque nos lleve las buenas cosas que tenemos, y se lanzaron al abismo a ver si allí encuentran algo de lo que dice el outsider Javier Milei y los salve de penurias. Pero de los abismos no se regresa.

@DaríoFritz

Paciencia vs Velocidad de Megas

Por: Rocío Manzano Hernández
psicóloga

En estos tiempos de plena era digital ha traído consigo la necesidad de acceder, procesar, recibir, modificar, etc., toda la información, para eficientar el trabajo, para entregar pronto las tareas escolares, para adquirir rápidamente clientes o simplemente para ser el primero en enterarse de las noticias, y está bien, pero esta necesidad de viajar a la mayor velocidad ha traído consigo algunos inconvenientes para nuestro bienestar.

Esta necesidad de que la información fluya a la mayor velocidad ha provocado, sobre todo en las nuevas generaciones, la impaciencia. Esa valiosa virtud llamada paciencia ya era difícil de encontrar, hoy en día se ha convertido en un motivo de ansiedad.

Los jóvenes de hoy no podrían comprender todo el tiempo que se necesitaba en una biblioteca para encontrar un libro: buscar un libro por el tema, por el autor o por el nombre en ficheros, luego copiar y anotar los datos de la ficha de su localización en los estantes, luego entonces, una vez encontrado el libro revisar el índice para localizar el tema de interés, transcribir la información a lápiz o pluma en un cuaderno. Cuánto tiempo llevaba este proceso, no lo creerían.

La velocidad para obtener la misma información que en una antigua biblioteca no se puede comparar. No solo en la información, se exige velocidad para obtener algún servicio de comida, de compra de artículos, de compra de ropa, de traslado de un lugar a otro, etc.

Pero esta misma exigencia de velocidad ha encaminado a la impaciencia. La impaciencia altera el estado de ánimo al punto de la angustia. Y la angustia trae consigo, desesperación, preocupación, entre otras, lo más preocupante es que todo esto puede llegar al punto en que nos enojemos con nosotros mismos por no obtener lo que deseamos en el tiempo estimado.

Urge aprender a tener paciencia.
Tomar todas las previsiones para realizar con tiempo las tareas que necesitamos hacer, planear nuestras agendas, cuidar nuestro tiempo como si fuera oro, de hecho es oro. Administremos nuestro tiempo en las cosas que necesitan nuestro valioso tiempo, porque si no, aunque el día tenga treinta o cuarenta horas no nos alcanzara el día para realizar lo necesario si malgastamos nuestros minutos.

Parafraseando a Johann Wolfgang Von Goethe “Siempre tenemos el tiempo suficiente si lo utilizamos de manera correcta”, pero considero que igual de importante es disfrutar el tiempo de cualquier tarea que hagamos, es decir, ya que estamos haciendo esto o aquello, disfrutemos realizándolo, vivamos ese tiempo conscientemente. Así el tiempo no te parecerá tan largo. Prueba.

Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad

Por: Eva Montañez García
Psicóloga

El trastorno límite de la personalidad es un trastorno de la salud mental que impacta la forma en que piensas y sientes acerca de ti mismo y de los demás, causando problemas para insertarte normalmente en la vida cotidiana. Incluye problemas de autoimagen, dificultad para manejar las emociones y el comportamiento, y un patrón de relaciones inestables.

Se tiene un temor profundo al abandono o a la inestabilidad, y se puede tener dificultad en tolerar estar solo. Sin embargo, la ira desmesurada, la impulsividad y los frecuentes cambios de ánimo pueden alejar a los demás, pese a que quieras tener relaciones afectuosas y duraderas.

Por lo general comienza en la edad adulta temprana. La afección parece ser peor en la adultez temprana y puede ir mejorando con la edad. Si tienes trastorno límite de la personalidad, no te desanimes. Muchas personas con este trastorno mejoran con el tiempo con tratamiento y pueden aprender a vivir una vida plena.

Síntomas:
El trastorno límite de la personalidad afecta la manera en la que te sientes sobre ti mismo, en la que te relacionas con los demás y en la que te comportas.
Entre los signos y síntomas pueden encontrarse los siguientes:
-Un miedo intenso de abandono, incluso llegar a medidas extremas para evitar una separación o un rechazo real o imaginario
-Un patrón de relaciones intensas inestables, como idealizar a una persona por un momento y luego creer que esa persona no muestra interés o es cruel
-Cambios rápidos de identidad e imagen propias que incluyen el cambio de metas y valores, y verse a sí mismo como malo y como si no existieras
-Períodos de paranoia relacionada con el estrés y pérdida de contacto con la realidad, que puede durar desde algunos minutos hasta algunas horas
-Comportamiento impulsivo y riesgoso, como apuestas, conducción imprudente, sexo inseguro, ola de gastos, atracones o abuso de drogas, o sabotaje del éxito al dejar de repente un buen trabajo o terminar una relación positiva
-Amenazas o conductas suicidas o autolesiones, a menudo en respuesta al miedo de separación o rechazo
-Grandes cambios de humor que pueden durar desde algunas horas hasta algunos días, que pueden incluir felicidad intensa, irritabilidad, vergüenza o ansiedad.
Sentimientos continuos de vacío
-Enojo intenso, inadecuado, como perder el temperamento con frecuencia, ser sarcástico o amargado o tener peleas físicas

Causas:
Tal como sucede con otros trastornos mentales, las causas del trastorno límite de la personalidad no se comprenden del todo. Además de los factores ambientales (como los antecedentes de abuso o negligencia durante la infancia), el trastorno límite de la personalidad se puede asociar con lo siguiente:

Genética. Algunos estudios llevados a cabo con gemelos y familias indican que los trastornos de la personalidad pueden ser hereditarios o se pueden asociar estrechamente con otros trastornos de la salud mental que ocurren entre los miembros de la familia.

Anomalías cerebrales. En algunas investigaciones se ha demostrado la presencia de cambios en ciertas áreas del cerebro relacionadas con la regulación de las emociones, la impulsividad y la agresión. Además, algunos químicos cerebrales que ayudan a regular el humor (como la serotonina) quizás no funcionen de manera adecuada.

Cuándo debes consultar con un médico:
Si sabes que tienes alguno de los signos o síntomas descritos anteriormente, habla con tu médico o un profesional de salud mental. Si tienes pensamientos suicidas; si tienes fantasías o imágenes mentales sobre hacerte daño, o tienes otros pensamientos suicidas, busca ayuda de inmediato mediante alguno de los siguientes pasos:
-Llama al profesional de salud mental, al médico o a otro proveedor de atención médica.
-Busca a un ser querido, un amigo cercano, o a un colega o compañero de confianza.
-Habla con alguien de tu comunidad religiosa.

Si notas signos o síntomas en algún familiar o amigo, habla con esa persona para que consulte con un médico o profesional de salud mental. Pero no puedes obligar a nadie a buscar ayuda. Si la relación te genera mucho estrés, consultar a un terapeuta podría resultarte útil.

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MANOS

Darío Fritz

Cambiar también lleva al infierno. No siempre estamos rodeados de iluminación, esperanzas concretas ni bonanza asegurada. La ilusión de lo mejor trastabilla y se derrumba con las cuentas de la realidad. Creíamos que quitar un árbol aquí y otro allá nos obligaba en todo caso a llevar sombrero o paraguas para contener la quemazón del sol, pero luego la pérdida de la capa de ozono, los gases invernaderos, la deforestación, las emisiones de dióxido de carbono del transporte, la energía que requieren los edificios o el derroche del consumo de agua y electricidad nos hacen ver por qué el aumento de las temperaturas o sequías e inundaciones frenéticas traen más pobreza, falta de alimentos, extensión de enfermedades o desaparición de especies. Cambio climático se define, que no es otra cosa que crisis climática. Creíamos que multiplicarnos en la ciudad nos traía progreso, conocimiento, mayor educación, cultura, pero como contrapartida menos gente trabaja la tierra, la solidaridad acaba defenestrada, se contaminan ríos y mantos freáticos, la polución enferma. Creíamos que otros países nos recibirían con las manos abiertas porque así suelen decir sus constituciones, pero las migraciones sólo se aceptan cuando el que llega lo hace con billetera abultada o cerebros que aportan a la academia y la especialización laboral, mientras la persecución está dirigida a una mayoría que todo lo ha perdido y sólo puede aportar lo que sus manos y sudor les permite ofrecer. Creíamos en la alimentación en bases a productos naturales y equilibrios dietéticos y ahora la tecnología del procesamiento de alimentos, los aditivos, los nutrientes ausentes, nos traen más diabetes, obesidad, cánceres, enfermedades cardiovasculares. Creíamos que la criminalidad se combatía con fuerzas de seguridad honestas y hoy sabemos que la delincuencia se fusiona con los uniformes de autoridades. Veíamos a las cárceles como una oportunidad para redimir condenados y se han convertido en cursos de posgrado para la violencia y la trampa. Creíamos en el periodismo como el lugar de la información equilibrada, la usina para revelar lo que el poderoso quiere esconder, una isla donde el ciudadano puede confiar, y ahora prima la arrogancia de militar por causas políticas, se desvaloriza la calidad de la noticia y se hace de la información un negocio personal. Creíamos en la rendición de cuentas de gobernantes poco confiables, ahora sabemos que la desconfianza siempre fue cierta. Creíamos en los valores de la democracia y la igualdad, ahora los errores de gobiernos que fagocitaron las mejoras salariales, hundieron las ofertas de trabajo, aumentaron la presión fiscal, enmascararon la corrupción, transfirieron a los más ricos el bienestar de las clases medias y los ingresos de los más necesitados, generan una desazón en mayorías empobrecidas donde poco importa la convivencia ni cómo se gobierna. Por décadas creíamos en las causas de la rebeldía, la mirada alternativa al status quo, la creatividad como oposición al conservadurismo, el compromiso de interpelar la soberbia del poderoso, el vasallaje de la injusticia o el descaro del iluminado. Pero esas ideas que signaron las de una parte de la humanidad desde 1799 -pocas veces como expresión mayoritaria, la mayor parte como minorías-, hoy se esfuman en manos de quienes miraban desde el otro lado con expresión de perversidad. Los ideales progresistas sucumben, por defección propia, a los objetivos de los otros que arrebatan el cambio, en relato y hechos -pletóricos en algunos casos de groserías, misoginia, hipocresía o violencia-, como sinónimo de ilusión y triunfo de una certidumbre para pocos. Nunca el cambio ha estado en peores manos.

@DaríoFritz

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PUERTO ESCONDIDO

Darío Fritz

Fue hacia 2008. Conversábamos, bebíamos razonablemente o nos metíamos al mar melancólico de una de las bahías de Puerto Escondido. Hasta que alguien dio la orden y nos encaramamos a una lancha techada de motores. Yo que no estaba al tanto del recorrido ni del motivo -todo se había configurado como un homenaje a un amigo, un cercano o un familiar, según el caso, y parecía una obviedad saberlo-, veía alejarse los cerros de la costa, cómo el mar se picaba en la medida en que avanzábamos y el cielo se abría infinito. Manteníamos nuestros trajes de baño y la hielera sin abrir en un lugar al alcance de todos. Se hablaba con normalidad, como normales fueron las conversaciones, bromas, recuerdos del día anterior en que llegamos allí en el mismo avión y al mismo hotel, invitados por Jorge, a decir de su esposa. Ahora viuda. Al cabo de quince minutos, la lancha perdió velocidad y se estancó al ritmo de las olas de la tarde que la cacheteaban. Hubo miradas hacia la inmensidad del Pacífico como si nos pudieran espiar, hasta que alguien dijo “ya”. La viuda tomó de un bolso la urna de madera, la llevó al pecho con ambas manos, apretó el rostro lloroso y dijo algo en voz baja. En silencio comenzó a vaciar las cenizas sobre las aguas azules límpidas. Íntimo. Formal. Electrizante. Hubo una breve polvareda gris que rápido se asentó y difuminó a Jorge sobre el oleaje. Pensé en flores, la muerte tiene los colores que queramos. No había. Un año después de caer fulminado por un ataque cardíaco masivo que ni le permitió abrir la puerta de su casa, el hombre joven que conocimos bonachón, alegre, reflexivo, se despedía definitivo. Algunos en su descreimiento por esa muerte grosera, insinuaron si no correspondía una autopsia del cuerpo. Su actividad como cazador de criminales y funcionarios corruptos podría ameritarlo. La viuda no quiso.

En el México multicolor los difuntos regresan al mundo de los vivos en noviembre con una fiesta de moles, tamales y pan de muerto, tequilas y cervezas, mariachis, recuerdos, sonrisas y también lágrimas. En Occidente no se suele entender esto, y se lo critica. Ignorancia. “Cada cual llama barbarie a todo lo que no forma parte de su costumbre”, decía Michel de Montaigne. Hay pueblos marinos que para esta fecha reciente del Día de Todos los Santos arrojan flores en el mar para no olvidarse de los náufragos. Uno y otro caso son la escenificación en un gran teatro, en la que nos ha tocado cumplir el rol de algún personaje. De uno u otro lado. De ser verdad lo que decía Voltaire de que los humanos son las únicas criaturas que saben que morirán, con razón la muerte “actúa como una especie de frontera, una lápida colectiva, que delimita y define los dos extremos de la condición humana”, a decir del antropólogo Nigel Barley. Lo ejemplificó así en el documentado Bailando sobre la tumba: en Java, ir al cementerio se puede ver como hechicería, en los funerales chinos no prima tanto el dolor sino el temor del contagio de la muerte, los hombres de las tribus warramungas de Australia se hacen cortes en los muslos en señal de luto. Entre los ojibwa de Canadá hombres, mujeres y niños se vertían cenizas sobre sus cabezas así como entre nosotros se pide arrojarlas a un campo de futbol. En Malasia está prohibido llorar en el funeral porque sería una carga para el difunto. Para algunos judíos se tapa la foto del fallecido para que no vea las lágrimas de sus cercanos. Las lamentaciones públicas con lágrimas se practican aún en zonas rurales. En ciertas culturas africanas sólo lloran a los difuntos jóvenes y no a los ancianos que han vivido mucho. Si para nuestra cultura reír en el velorio es una afrenta, para los nyakyusa de Malawi es una forma, junto al baile, de alegrar a los deudos.

Esa ceremonia en Puerto Escondido, con ese cielo cerúleo del atardecer, ese mismo mar amistoso, el mismo cerro cubriéndose de sombras, el agua crujiendo sobre los cuerpos, Jorge se la había pedido un año antes a su esposa para un futuro que imaginaban lejano. Para no irse sólo. Acompañado. Al bajar de aquella lancha, sobre la playa aún caminaban algunos vendedores de artesanías y los niños preparaban su retirada. El Pacífico terminaba el recorrido sobre la arena rugosa. Allí entendí qué pocas cosas necesitamos cuando nos vamos.

@DaríoFritz