Territorios Baldíos

CONDUCTORES

Darío Fritz

En uno de esos tantos textos aún vigentes, aunque lo escribiera en 1969, Jorge Ibargüengoitia puntualizaba sobre las falacias del derecho ajeno. Que el vecino quisiera moler a golpes a su esposa, hijos o el perro, lo mejor era que se mantuviera entre las paredes de su casa y no molestara al vecindario, decía con humor negro irreverente. Los conductores, ejemplificaba, avanzan sin pensar en el peatón de cada esquina: “¡Ábranse bueyes, que lleva bala!” El coloquialismo de las calles se va actualizando. Aquel “buey” al que se refiere y que se usaban indistinto al del popular “güey” – presente en La región más transparente, de Carlos Fuentes, de 1958-, y que hacía referencia a un “tonto”, según la definición del Diccionario Breve de Mexicanismos, ya tiene connotaciones positivas -el amigo o la compañera güey. En días recientes ha sido retomada su esencia más negativa, puestas en boca de una candidata presidencial.  “Si a los 60 años no has podido hacer un patrimonio, eres bien güey”, ha dicho la aspirante de la oposición, dirigido a su rival del oficialismo, a propósito de haber asegurado que no posee propiedades inmobiliarias. El “eres bien güey”, estuvo seguido por el salomónico “con todo respeto”, que potencia la urbanidad de la política.

Llevada la frase al escenario de los datos que suelen diseccionar la realidad y destazar las suposiciones, aquello de contar con un patrimonio no resulta tan corriente. “En México, la compra de vivienda nueva solo es accesible para las clases medias altas y altas porque los créditos a la vivienda solo se otorgan a hogares que perciben más de cinco salarios mínimos. Esta limitante deja fuera del mercado de vivienda al menos al 89% de los hogares, convirtiendo a la autoproducción en la única forma de obtener una vivienda”, dice un estudio de Datera y la organización civil Hábitat por la Humanidad México.

“Si a los 60 años no has podido hacer un patrimonio, eres bien güey”, ha dicho la aspirante presidencial de la oposición. Datos del INEGI de 2020, aportados a través de una encuesta indicaban a finales de 2020 que 60.7 de los trabajadores mexicanos formales gana entre uno y dos salarios mínimo. Es decir, de 7,467 a 14,934 pesos mensuales (439 a 876 dólares, aproximadamente de hoy). La economista Viridiana Ríos (No es normal, editorial Grijalbo) explica que la economía deja fuera del mercado inmobiliario a 82 por ciento de los jóvenes que pretendan comprar vivienda con créditos hipotecarios. Son jóvenes que requerirían ganar unos 50,000 pesos mensuales, justamente el 10 por ciento de la población que tiene ingresos de ese tipo. Eso que según la óptica del político Samuel García, puede ser “un sueldito”. A esas dificultades, alguien interesado en adquirir vivienda le debe sumar otros gastos como el acceso a la salud, del cual 66 por ciento decía no tenerlo después de la pandemia.

“Si a los 60 años no has podido hacer un patrimonio, eres bien güey”, dijo la aspirante presidencial de la oposición. Podría haber algo más de acceso a viviendas que mejoren las estadísticas, pero no ha sido posible. Una mala planificación del Estado en sexenios pasados acabó en viviendas sociales abandonadas. La aspirante presidencial ha propuesto hasta ahora un genérico apoyo a los jóvenes para que tengan acceso a vivienda a través de subsidios y créditos accesibles. Pero no se sabe más. “¡Ábranse bueyes, que lleva bala!”, escribía Ibargüengoitia, sobre aquellos conductores imprudentes.

@DarioFritz

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SE VALE TODO

Darío Fritz

La cocinera del restaurante de una carretera aconseja a la joven mesera que le ponga matarratas a la comida de un comensal. Detrás de la drástica recomendación que se cuenta en “Relatos salvajes”, la película de Damián Szifrón, está el odio de la muchacha porque ha descubierto que por culpa de ese cliente, en el pasado un despótico político del pueblo, su padre se suicidó y empezaron sus calamidades personales. “Cuando un veneno está vencido… ¿es más o menos dañino?”, pregunta la chica a la cocinera, una expresidiaria. En política, de la poción de veneno nunca aflora la fecha de caducidad. Quizá resulta todo lo contrario, cuanto más vieja, más efectiva, porque se sabe de sus efectos en el pasado -el nazismo y sus odios contra los judíos, las dictaduras latinoamericanas asesinando los reclamos de cambios de la juventud. “Que me odien, con tal de que me teman”, escribió Seneca al apuntar a ideas corrientes de los gobernantes, en su ensayo De la ira donde advertía sobre esos peligros de lo que definía como “locura breve”.

En el siglo XXI las adecuaciones de odio e ira que brillan en la boca de políticos y gobernantes están mediadas por la irascibilidad que da el anonimato o la distancia, al glorificarlas desde las redes sociales. Es una manera práctica y efectiva de obtener fanáticos y votos. A mayor ruido, crecimiento de la popularidad. “El odio no es individualista sino generoso, filantrópico, y abraza en un mismo arrebato a inmensas multitudes”, escribió Umberto Eco en un artículo, “Del odio y del amor”, de 2011. A fines de marzo, Javier Milei se explayó a sus anchas en CNN bajo esos argumentos que tan efectivo le han sido en la política que de la nada en dos años fue elegido presidente por casi seis de cada diez argentinos. A Gustavo Petro, presidente de Colombia, lo descalificaba como “asesino terrorista” y “comunista”. Y a Andrés Manuel López Obrador de “ignorante”. Los antecedentes sobre ambos incluyen en 2023, el “basura, excremento humano” por las definiciones de izquierda de Petro, y en el caso de AMLO, de personaje “patético, lamentable y repugnante”. El disgusto de Milei sobre quienes piensan diferente a él incluye en el mundo de las relacione internacionales el “corrupto” y “comunista furioso” que le propinó al brasileño Lula da Silva el año pasado. La diplomacia se retuerce en gestos y palabras alambicadas para tratar de resolver tanta desproporción hecha desde la distancia que ofrecen la televisión y las redes sociales, a la espera que el tiempo no cobre facturas.

En el todo se vale que propugna la ausencia del cara a cara, otro presidente ordena invadir el territorio de la embajada mexicana en Ecuador y llevarse a un acusado que había recibido el asilo y esperaba el salvoconducto que lo sacara del país. Inédito en las relaciones diplomáticas mundiales, el paso dado por Daniel Novoa, el benjamín entre los mandatarios latinoamericanos, tiene como correlato la impunidad que ofrecen algunas verbalizaciones y acciones en diplomacia que a los países no le significa un costo mayor a expresiones de reprobación y clases de moral diplomática. Si nadie quiere poner un dedo en territorio ucraniano o palestino para frenar las invasiones y atrocidades cometidas por rusos e israelíes, ¿por qué lo harían en esta irrupción policial para llevarse un político desconocido para el mundo?

La lengua ponzoñosa de Milei y el arrebato violento de Novoa se enciende en paralelo al “alimañas” que reparte Donald Trump, en la actual campaña electoral, dirigido a sus adversarios -fue la descalificación favorita de Hitler para encender a sus seguidores- y el “envenenadores” que le atribuye a los migrantes. Quienes reparten raticidas y estricnina marchan orondos por los sets televisivos y la fogosidad de las redes digitales, a la espera de una cosecha colectiva que aplaste impune, y sin fecha de caducidad, a las voces ajenas.

@DarioFritz

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DESAGRAVIADOS

Darío Fritz

A veces tenemos poco que decir. Analizado a fondo, seguramente que nada. Nos puede pasar en la reunión familiar, con los amigos, en el taxi rumbo al trabajo, con el mesero de la cafetería, en la oficina, frente a la tumba de quien amamos, en las opiniones de textos como este. Sobrevaloramos muchas cosas. La película American Fiction. El chile en nogada y el mole con pollo. La pasión por la profesión. La economía liberal. La procesión de Iztapalapa. El apego de las mascotas. Los recuerdos de la infancia. El primer beso. Que los trapos se lavan en casa. Que el atardecer en la playa. Que nuestro destino escrito en piedras de agua. Sobrevaloramos la capacidad para abrir la boca por todo y para todo. Mientras que escuchar, su antítesis, ha quedado relegada a cierto ostracismo, lo mismo que pensar. Tanta inmersión en redes sociales e imantados por el celular -más sobrevaloraciones-, chamuscan el cerebro.  Como si abrir la boca tuviera que ser obligatorio, y salen a bocajarro las mayores pamplinadas del mundo. Que una vez desarrajadas las palabras viene de inmediato la pregunta, ¿cómo pude decir eso? O visto en otros, que es uno mismo, ¿cómo puede soltar tanta estupidez sí lo tenía como alguien inteligente?

Cuando no hay nada que decir, las letras de otros a las que podemos recurrir soliviantan tanta deserción. Descubiertas sobre el papel, embelesadas de tonos musicales o cautivadas por imágenes de fondo. Se hilan una tras otra como si contaran una historia. Historias de poetas. Vida viajera, / arar, yendo y viniendo, / una parcela. (Basho); Tengo un millón de caballos / ¿Escucháis su relincho? / Nadie podrá atajarme (Antonio Esteban Agüero); A veces su luz cambia, / es el infierno; / a veces, rara vez, / el paraíso. / Alguien podrá quizás / entreabrir puertas, / ver más allá / promesas, sucesiones (Ida Vitale); Somos mortales, acunados en un día, de vez en cuando / tiene sentido decir Salva lo que puedas (Anne Carson); ¿Y si después / de la muerte / hay una vida / infinitamente / más dolorosa / que ésta? (Claudio Bertoni); Cada uno se va como puede, / unos con el pecho entreabierto, / otros con una sola mano, / unos con la cédula de identidad en el bolsillo, / otros en el alma, / unos con la luna atornillada en la sangre / y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos /(…) Y menos mal que no habrá nadie / para escarbar luego bien hondo / y descubrir que no hay nada enterrado (Roberto Juarroz): Y cuando es de noche, siempre, / una tribu de palabras mutiladas  / busca asilo en mi garganta, / para que no canten ellos, / los funestos, los dueños del silencio (Alejandra Pizarnik).

Dice la novelista y poeta María Negroni que “a cada cual su castigo, su asfixia, su soledad”. Que “la obsesión es requisito de nuestra supervivencia”. Admirable la obsesión de los que quieren decir, aunque no dicen nada. Desde las páginas talladas en papel, la invisibilidad del audio, la certeza de la imagen. La tarima, el púlpito, la tribuna, el estrado. Un llamado a que callen no debería estar sobrevalorado. Quienes escuchan y piensan habrán sido desagraviados.

@DarioFritz

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    CEGUERA EN DÍAS DE JUSTICIA

    Darío Fritz

    Uno se detiene a mirar lo que son los ojos y nos electrizan de pensarlo. Arden, inquieren, aíslan, evaden. Pueden dar tanto miedo como el más afilado de los estiletes, a decir de Hilda Hilst. Ojos que son la guerra, a decir de Arturo Pérez-Reverte. Capaces de verte a ti mismo a través de mis ojos, en los ojos sensibles de Frida Kahlo. Donde conviven el pálpito de la muerte y la angustia de la vida, a decir de Katya Adaui. De los más dolorosos pueden surgir los más expresivos. Se los vi a una joven sobreviviente de los militares que desaparecieron a sus padres y tres hermanos en la Argentina de 1976, y a un hombre atrapado entre contar a la justicia mexicana lo que veía como encargado de vestir a un líder del narcotráfico y la venganza de este en destruir a su familia. Ojos marchitos, fatigados, pero también astutos, atentos, inteligentes. Ojos que a su vez se decían ajenos a donde vivían. La joven que no hallaba justicia, el hombre arrepentido que ya lo había dicho todo para salvar su libertad a un alto costo. Ojos de sentirse extranjeros en casa.

    En tiempos de cavernas y de los orígenes del hombre en las relaciones sociales se vivía en grupos. El extraño, perteneciente a otras tribus, generaba desconfianza. Nada insólito para lo que vemos en la actualidad, con el migrante, el vecino nuevo, el desconocido sentado a un lado en el autobús, los productos importados de países con mala prensa, el cuerpo tatuado, la música de barrios populares. Los niños lo suelen explotar con crueldad sobre la compañerita que se incorpora a mitad del calendario o el compañero más apocado. Los gobernantes se lo hacen ver a quienes piensan diferente, ahora que eso de la democracia se pone cada vez más en duda por los propios errores de ejercer el poder, que hace del que está enfrente un enemigo antes que el contrincante con quien discutir.

    El dios Momo, que en algunos países latinoamericanos se lo recuerda en carnaval por la quema de su muñeco, fue la personificación del sarcasmo y la ironía, un personaje criticón que atacaba a otros dioses y hombre por sus supuestas equivocaciones permanentes. Después, un escritor jesuita español lo personificó como alguien que tira piedras permanentemente sobre las casas, haciendo ver el carácter destructivo que podemos tener los seres humanos. Para quienes han sido elegidos para gobernar, ante las pedradas, sean tupidas o no, pero presentes al fin, la respuesta más fácil es disparar a los ojos -sea literal como lo hacía Carabineros a los manifestantes chilenos de 2019- o con todo el verbo cargado en la mayoría de las ocasiones. Ya sea porque le reprochan negocios familiares y tráfico de influencias de sus cercanos, exponen los fracasos en ofrecer seguridad a los ciudadanos o porque víctimas cansadas de tanta cháchara de justicia sin resolver le tiran abajo una puerta. “Lo que no veo, lo desconozco”, escribió en su correspondencia Hildegard von Bingen. Cerrar los ojos sólo simula ceguera.

    @Darío Fritz

    Territorios Baldíos

    EL TREN
    Darío Fritz

    La atención humana es frágil. ¿Las noticias del día cuentan, lo de todos los días? ¿Políticos marrulleros, deportistas impetuosos, famosillos circunstanciales infumables? Un toque de atención puede romper el sopor: ríos secos, incendios voraces como animales hambrientos, calores de horno de panadero, ganado raquítico. Demasiado encogimiento para el corazón, podrán decir. Para no aburrir aquella fragilidad se requiere de algún golpe de uppercut boxístico a la modorra mental. Busquemos algo totalmente diferente, nos decimos: ¡Un paraguas que tape la luz de sol! ¿Qué tal? ¿Por qué no?  Permitiría mitigar la crisis climática mundial, dicen. Cuando más desopilante, más neuronas en movimiento. ¿Costo? Trillones de dólares. Mejor. Información divertida, inasible, obscena. A ver, ¿quién tiene ese billete? ¿Musk, Zuckerberg, Slim, Estados Unidos, China, los europeos? No importa. La información reapareció la semana pasada, siguió a la de hace cinco meses con el lanzamiento de un documento científico, y aún más lejos cuando dio sus primeros indicios en 1989.

    Por donde se la vea suena inverosímil. La idea es colocar entre el Sol y la Tierra dos sombrillas gigantes o varias de diversas medidas, del tamaño de México y Centroamérica juntos, que reduzca 1.5 grados Celsius la temperatura global -es la que prácticamente ha aumentado desde la era industrial y ya la padecemos en desertificación, incendios, tormentas extremas, veranos insoportables-, algo así como el dos por cientos de la radiación solar. La idea -uno de sus financistas es Bill Gate-, aunque alocada como puede sugerir, no es la única: las hay desde lanzar polvo al espacio, crear burbujas espaciales, anclar un gran escudo a un asteroide, inyectar aerosoles en las nubes para aumentar la refracción de los rayos solares o fertilizar los océanos para que puedan capturar más CO2. Al fin, los frágiles paliativos lo único que hacen es plantearse desesperados ante las apatías gubernamentales de los países ricos -asociadas a intereses empresariales- por hallar soluciones a la explotación y consumo de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón). Ningún científico aventura prontas soluciones como estas, mientras tanto en el día a día y sobre la faz de la Tierra nos seguiremos derritiendo, con menos agua, más catástrofes naturales y fraguando mayor desigualdad social.

    Esas fragilidades humanas -supongo que la dominación del espacio extraterrestre lo es también-, se suelen cebar incluso entre ambientalistas con las mejores intenciones. Una serie de documentales de Apple TV, sobre innovación en arquitectura, muestra una vivienda enmascarada sobre el barranco de un monte extensísimo y bello en Sudáfrica, donde una pareja de retirados y su hijo la han erigido sencilla, fusionada a su entorno, sin el menor daño, dicen, sobre el ecosistema de la reserva donde habitan 270 especies de árboles, mil de flores, 340 de aves, cerca de un centenar de tipos de mariposas y libélulas. En ese mar de naturaleza, de verdes difusos, focos de agua cristalina, visitados por serpientes y monos, a su regocijo arrogante por lo que disfrutan, cabe preguntarse, ¿qué pasaría nada más que con un centenar de vecinos como ellos se instalaran en esa barranca y los alrededores con toda aquella exuberancia nativa?

    La desigualdad no siempre es alimentada por poderes excluyentes y retrógrados. Como tampoco los poderes excluyentes y retrógrados están únicamente radicados entre aquellos que ensañan codicia, indiferencia, derroche. Cada vez que alguien se suba al Tren Maya y esté informado de las fragilidades ecológicas y naturales sobre las que se asienta, podrá constatar su referencia.

    @DaríoFritz

    Territorios Baldíos

    VIDA DE PERROS
    Darío Fritz
    Con la guardia baja, el peligro gana certezas. Le ocurre al boxeador, al criminal que confía en su instinto, al cirujano esmerado con el bisturí. Caminaba por el sur de la Ciudad de México al regreso de una tarde fría y la vereda era un gentío en las cercanías del metro. Sin saber de dónde, de pronto tenía dos patas sobre el pecho y la cara triangular y alargada de un perro alto y escuálido que clavaba los ojos, listo para irse a mi yugular. Fueron dos segundos. Observó con sed de venganza, gruñó, lanzó un ladrido seco y se soltó al piso, para continuar su recorrido como si allí nada hubiese pasado. La advertencia estaba configurada: nunca te confíes de nada. Eran tiempos en que circulaban por las calles los perros abandonados, nacidos en alguna zanja o en construcciones paralizadas. Eso ha cambiado. La gentrificación del nuevo siglo los expulsó a las periferias donde la pobreza los recibe como parte de los suyos. A los barrios clasemedieros han llegado otros, de corte burgués, atados a una correa, pegados a las piernas de sus dueños o cómodos en una patética carriola que bien le serviría a muchas de esas madres que abrazan a sus hijos a la espalda amarrados por un rebozo. Van resguardados de fríos y lluvias por indumentarias brillosas en lomo y pecho y las patas cubiertas, como quien viste tennis de marca. Pero no sólo de las calles se han apropiado ahora estos hijos de papi. El señorío se ha extendido a parques y plazas. Como en todo territorio ocupado, los grandulones de mediana estatura se sienten a sus anchas y no autorizan extraños. A tal extremo que hasta los niños se han hecho a un lado. Poco se los ve por allí. A excepción de cuando las rejas hacen posible la inhibición canina. Las heces y el mingitorio a cielo abierto espantan los intentos de hacer aquello un lugar para la risa, los gritos, el llanto, la travesura, las corridas desgarbadas. Y no son las únicas razones. Los cestos de basura rebosantes de plásticos y bolsas de excrementos como si vivieran en huelga permanente, los indigentes cargados de bártulos ubicados en bancas estratégicas y los propios adultos defensores del territorio ganado por sus mascotas, arrebatan a los niños todo interés por acercarse.

    En algún momento se crearon espacios públicos cerrados para que cada perro, perra, haga su vida de perro. Pero en poco tiempo a sus dueños les quedó chico. Ya no les alcanzaba y se extendieron. Ahora están a sus anchas, esparcidos en parques y plazas junto al columpio, la resbaladilla y el sube y baja. El orín deja su huella -negra y grasosa- sobre la base de los juegos. La marca de las heces queda petrificada en el cemento y sobre la hierba arruinada. A pocos les importa cuánta mugre quede desperdigada. La hipocresía es una marca de época. Cada niño debería exigirle a sus padres asistir al parque con un silbato o un ahuyentador de perros. Sería un buen juguete para hacerles su guerrita. Nos pasa ver que el animal gruñe y ladra por su territorio al niño y aquello sólo merece una caricia como amnistía. De disculpas, nada.

    El pecado no es del perro. Está claro. Aquello que nos inventamos los humanos de vida de perros, aludiendo a mala vida; es un perro, porque no tiene la calidad suficiente; echar los perros, como las sesiones de tortura estadounidenses en Irak; o murió como un perro, en la soledad absoluta; no va para estos citadinos de parques y plazas. Sólo a los callejeros, relegados a sobrevivir entre la pobreza, bien les cabe. Allí, si se acercan a una plaza o parque será para buscar alimentos, el entretenimiento no les está permitido. Con suerte, en ese deambular diario kilométrico por sobrevivir se encontrarán con un brazo o una cabeza humana y la harán ver pegada al hocico, como ha ocurrido. La cualidad innata de encontrar huesos abandonados, olvidados, destazados. Cuerpos completos y desmembrados arrojados a baldíos o basureros podrán aplacar algo de lo que nadie se acerca a facilitarles.

    @DaríoFritz

    Territorios Baldíos

    AVESTRUCES

    Darío Fritz
    Las buenas noticias en el periodismo son como esos personajes a los que amigos o familiares escuchan con apatía porque relatan sus penas y pesares diarios, y no hay palabra de confort alguna que pueda modificar su decepción de la vida que han construido. El periodismo, se cree aún, está hecho del conflicto y el drama, y eso relata. Que recurra al optimismo sólo es por coyunturas ajenas al oficio, vinculadas a tomar partido por una causa. Aunque no debería ocurrir, se da. Las líneas editoriales aportan en esos casos a sacar partido y por lo tanto a dejarse llevar con ojos ciegos hacia bandos que rompen con el equilibrio para las que están hechas. Propagandizar. En 2004, cuando José Gutiérrez Vivó compra El Heraldo de México y en pocas semanas lo sepulta para fundar Diario Monitor, entre la información que más le interesaba difundir estaba una página con cinco o seis notas que relataran expresamente noticias optimistas. Una manera de alimentar un oasis entre tanto alarido, criminalidad, hipocresía, manipulaciones, que pueden destilar las páginas de un periódico o los noticiarios de radio y televisión. En la redacción nos mirábamos incrédulos por tanto énfasis. Pero fue un adelantado. Con la masificación digital esto de ser light con la información se ha vuelto una necesidad. Se ha descubierto que a las audiencias les viene como anillo al dedo saber de enseñanzas para ser felices, qué significa la rosca de Reyes o quién es el rico mayor de Shark Tank México. Puede destacar más que la indagación sobre los recursos económicos de la criminalidad, la gentrificación en una colonia o la evasión impositiva en la transferencia de futbolistas. Hasta ha proliferado con cierto éxito vanidoso en círculos universitarios y de organizaciones que reúnen periodistas, el denominado Periodismo de Soluciones, es decir, además de contar la historia, ser propositivos. Ese es su aporte, dar vueltas alrededor de la noticia, como el perro da círculos para morderse la cola. ¿Cuál será la solución que ofrece para acabar con la matanza israelí de palestinos?

    La buena noticia para estos días de inicios de año es que no hay noticias. La intoxicación de información decae. Nos movemos lentos y hasta logramos quitarle horas de trabajo al celular. Pero de pronto nos desentumecemos y aparecen decenas de muertos por aquí, celebridades que fallecen, pero también noticias alentadoras. Lo extraño es que en este caso no habitan la trivialidad. Como la incapacidad de un aspirante ultraderechista mexicano para reunir más de 900 mil firmas y así candidatearse a presidente. Con los ejemplos que recorren el mundo de outsiders aupados por medios de comunicación influyentes y el desencanto ciudadano con sus gobernantes, debería celebrarse para los fines de la salud democrática la decisión adoptada por el INE y el tribunal electoral. Aunque por ello lo más insensato sería bajar la guardia. Detrás de esa derrota hay personajes e intereses que no dejan de moverse. Y que como el avestruz, aunque ponen los huevos en un lugar, se dejan ver lejos de allí para no ser descubiertos. Que dos expresidentes y una candidata presidencial hayan aplaudido el triunfo electoral de Javier Milei en Argentina, lo expresa contundente.

    “Los asuntos importantes, para mañana”, decían irónicos los griegos. La frase la tomaban de Arquias, un tirano de Tebas que en medio de una fiesta se excusó así para no leer el mensaje donde le advertían que se preparaba un complot en su contra, el cual le costaría la vida. En política, procrastinar puede ser letal.

    @DaríoFritz