Cielo Verde

Cangell Portto (Ángel Camposeco)

Se levantan muros grises
donde perece el aire
la bestia mecanizada
nos arrancó la fe,
de tener un cielo
verde y frondoso,
no quedan restos
se ha ido, se nos fue
en un parpadear.

Poema en forma de protesta ante la destrucción de un área natural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), área que servía para la convivencia estudiantil.

Cangell Portto (Ángel Camposeco), es un poeta en aprendizaje, nació en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, estudiante de la UNICH en la Licenciatura de Turismo Alternativo, su tiempo libre lo ocupa para leer y escribir, descubriendo lo maravilloso que es ser escritor, ya que esto es una ventana hacia el alma, miembro de Voxerosa, la OAC, ERC y EIDOS Movimiento Artístico Internacional, sus escritos sonndifundidos mediante su página de Facebook.

Cultura del Cambio

El arte, el emprendimiento y la evolución de la identidad.

Por Josefina Lozano

El cambio, es la única constante en la historia de la humanidad. A través del tiempo, las sociedades han evolucionado gracias a quienes se atreven a cuestionar, innovar y transformar; sin embargo, el cambio no es un simple giro de dirección, sino un proceso de adaptación que requiere conciencia, resistencia y visión. En el arte, como en los negocios y en la identidad cultural, aprender a cambiar sin perder la esencia, es el mayor desafío.

El arte no solo documenta la historia, sino que la impulsa. Las grandes revoluciones artísticas han nacido del inconformismo, del deseo de romper con lo establecido para crear nuevos lenguajes visuales, narrativos y conceptuales. Desde las pinturas rupestres hasta el arte digital, la creatividad humana ha sido el puente entre el pasado y el futuro.

En México el arte ha sido clave en los momentos de transformación social, como es el de los muralistas que plasmaron la lucha revolucionaria hasta los artistas contemporáneos que denuncian injusticias o rescatan tradiciones en peligro de extinción. En este sentido, el arte es un vehículo para la memoria, pero también una herramienta para redefinir el presente y construir el futuro.

El arte y la cultura no solo son expresiones estéticas; también son un motor económico y social. Como emprendedora en el mundo del arte, de las artesanías y la gastronomía, he comprendido que la creatividad no solo debe plasmarse en un lienzo o en una pieza de barro, sino también en la manera en que se gestionan los espacios culturales.

Mi experiencia con Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, ha sido un ejercicio constante de adaptación. La idea de fusionar una galería de arte con una experiencia gastronómica basada en café, responde a la necesidad de conectar con nuevas generaciones, ofreciendo un espacio donde el arte se vive, se respira y se disfruta de manera accesible.

Sin embargo, emprender en el mundo cultural no es fácil. La resistencia al cambio, el miedo a lo nuevo y las dificultades económicas han sido retos constantes. La clave ha estado en encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación, en mantener la esencia sin quedar atrapada en el pasado.

Uno de los mayores dilemas en la cultura del cambio es cómo evolucionar sin perder la identidad. En un mundo globalizado, muchas tradiciones corren el riesgo de diluirse o mercantilizarse, perdiendo su verdadero significado. Pero la respuesta no está en aferrarse a lo antiguo, sino en darle un nuevo sentido dentro del contexto actual.

Mi obra artística ha buscado precisamente esto: rescatar los símbolos de nuestra tierra, como el cacao, el café, el jaguar, el águila real y la cosmovisión indígena, pero con una visión contemporánea y universal. El arte es un idioma que se reinventa con cada generación y nuestra tarea es mantenerlo vivo, no como una pieza de museo, sino como una expresión en constante diálogo con el presente.

La cultura del cambio no significa olvidar nuestras raíces ni seguir tendencias pasajeras. Es un proceso de transformación consciente, donde aprendemos del pasado para construir un futuro más sólido.

En el arte, en los negocios y en la vida, debemos atrevernos a evolucionar sin perder nuestra esencia. Porque si algo nos enseña la historia, es que los que se resisten al cambio quedan atrapados en el tiempo, mientras que quienes lo abrazan con inteligencia y sensibilidad logran trascender.

El arte, el emprendimiento y la cultura, son caminos de transformación. «Abracemos el cambio con conciencia, porque solo así construiremos un legado que trascienda».

Josefina Lozano, es artista, periodista cultural y  emprendedora. Fundadora de Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, fusiona arte, tradición y emprendimiento para generar espacios de identidad y cambio.

Temía de ti

José J. Carrizosa García

No temía al compromiso.

Temía a perder el tiempo.
A un día despertar y no verte a mi lado.
A que te llevaras mis sueños.
A que la vida después de ti no tendría sentido alguno.
A vivir por vivir.
Al estar por estar.
Al beber mujer tras mujer y de ti no saber.

No temía a una relación seria.
Temía a no saber responder y que te marchas dejando el ayer.
Temía a la vida sin ti.

A pasar por el mismo camino de siempre, pero sin ti ahí, donde todo sería vacío y sin color, porque en el tu rostro, olor, esencia y pasión dejarían un vacío el día que dijeras adiós.

Temía a mi soledad.

Porque al no verte ahí, la tristeza sería mi compañera.
La melancolía mi guía y el suicidio mi destino.

Temía a no poder vivir sin ti.

Al verte caminar y yo marchitar.
Al verte madurar y yo aferrarme a mi soledad.
Al verte volar y yo simplemente llorar.
Al verte crecer con otro ser.
Y yo enloquecer con mi vejes.
Y es que no temía a compartir mi vida contigo, temía a que te llevaras mi vida contigo.

Temía tanto que un día la soledad se sentó a mi lado, la noche me ofreció un cigarrillo, el viento me sirvió un vino y el destino te quito de mi camino, solo dijiste adiós y el cielo se nubló.

Acuse

Julián Guillén López

Acuso de pretenciosos a aquellos,
aquellos que en la escritura encontraron
el asiento de sus soberbias.

Acuso de pretenciosos a aquellos que por la lengua menoscaban al peón. Hortelano.

Siendo que para mí, son la fuerza.
La fuerza de mi escritura.

Quiero que a mí me lean y se digan:
«Este joven expresa, lo que yo no me atreviese a deciros».

Acuso de jueces cual hiciese Minos en el Averno,
a los poetas con trayectoria larga.

Esos ancianos de días juzgan con acritud.
Olvidando de donde viene la magia.
De las ideas que se plasman,
en el vientre de la hoja.

Acuso de pretenciosos a aquellos
que creen haber escrito ya algo nuevo,
sabiendo que todo procede de lo viejo.

Y no, un poema no se hace de figuras efímeras,
se hace de eternidad.

Y yo, sólo soy un soñador.
Acuso de simplista a los actuales poetas,
por no entender que el barniz del poema
es el siguiente:
La contemplación del Todo.

No, la parcialidad.
Y eso se forja,
en que la poesía necesita su propio lenguaje.

No todos hacen poesía.
Pues es más claro que la poesía
es la meditación.
A priori.
Virando hacia el firmamento.

Y muchos se han alejado de eso.

Pretenden que con lo cotidiano,
que con la tinta fría…
Ya nos hicieron poesía.

No es así.
Jamás se hizo poesía,
sin éxtasis en el alma.

Entre la palabra y la realidad

Julián Alberto Guillén López

La filosofía del lenguaje ha creado un limbo para entender la realidad, ya que las palabras aunque contengan una relación con la realidad y sean meramente descriptivas, solamente están describiendo propiedades y éstas no son el objeto, sino que son un reflejo de este. En esto sigo a Platón en el Crátilo, las palabras solo sirven para describir la realidad, para poner apelativos a lo que es.

La realidad es superior a un conjunto de palabras, conceptos abstractos como valor, amor o bien no encuentran su expresión lógica en un juego de lenguaje (entiéndase como: condición o regla de lenguaje), porque le trascienden. Así que habría que aceptar que la realidad sobrepasa por mucho los postulados de la lengua.

No podemos decir como expresa Crátilo: «El que conoce los nombres conoce también las cosas». Por el contrario, la filosofía no ha de tratar de develar cuáles son los juegos de lenguaje, sino que ha de conseguir desnudar la verdad de los entes como entes y la realidad significante; porque aquí habremos de separar significado y significante, nuestra interpretación es el significado y la realidad el significante. Ante un fenómeno siempre estarán inmersos tanto nuestra percepción, como la realidad del hecho para crearnos un juicio.

La filosofía del lenguaje entonces nos pone frente al fenómeno semántico y nos aleja de la comprensión de la realidad. Lo cual imposibilita que se haga filosofía de verdad, ya que únicamente ve una parcialidad del fenómeno de la existencia del hombre. El hombre expresa el mundo en palabras, porque éstas lo hacen reconocer a la cosa y sus propiedades, abrazarla en sí. Pero solo con la mente e interactuando con el ente es capaz de entenderlo.

No entiendo a la cosa poniéndole nombre, la entiendo experimentándola en sí, conociendo sus propiedades y éstas existen y son ajenas a mí. El lenguaje me limita a las convenciones sociales y mi percepción, la realidad no. Entonces creo que deberíamos volver a centrar nuestra mirada en la ontología de la realidad (comprender la esencia de las cosas). Solo sustrayéndose del lenguaje y pasando por la reflexión filosófica o éxtasis se encuentra uno con la frontera entre la palabra y la realidad.

Pan y Paz

Por: Josefina Lozano

Desde los albores de la historia la mujer ha sido el pilar sobre el que se construye la vida. En su esencia habita el don divino de dar existencia, de nutrir, cuidar y velar por el bienestar de los suyos; su lucha no es solo por ella misma, sino por la humanidad entera, porque su naturaleza está intrínsecamente ligada al equilibrio entre el pan y la paz.

El pan, símbolo del sustento material, representa la necesidad básica de alimentar, de garantizar que haya justicia y oportunidades, de sembrar el porvenir. La mujer, desde tiempos remotos, ha sido quien cosecha y transforma, no solo los frutos de la tierra, sino también los caminos del futuro.

La paz, en cambio, es el anhelo más profundo del espíritu. A lo largo de la historia, las mujeres han alzado su voz contra la violencia, resistido en tiempos de guerra y exigido justicia, cuando la opresión intentaba doblegarlas. En 1917, en el marco de la Revolución Rusa, salieron a las calles exigiendo “Pan y Paz”, cansadas de la miseria y el sufrimiento. Aquel grito se convirtió en un eco universal que sigue resonando en cada lucha por la igualdad y la dignidad.

En México y el mundo, la historia de la mujer es la historia de la resistencia, del amor transformador y el sacrificio convertido en fortaleza. Desde las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, hasta las artistas, escritoras y luchadoras sociales que plasman en su obra la memoria de su pueblo, todas encarnan la misma esencia: la de quien a pesar de la adversidad, nunca deja de sembrar la esperanza.

Hoy más que nunca, seguimos reclamando pan y paz: pan para erradicar la pobreza y la desigualdad, paz para que ninguna mujer viva con miedo. Porque la lucha de las mujeres no es solo por ellas, sino por toda la humanidad.

Que este día sea un recordatorio de que la voz de la mujer, jamás será silenciada, porque en ella habita la semilla del futuro.

Felicidades a cada mujer, a su esencia, a su lucha y a su amor, porque con ellas se construye un mundo mejor.

Territorios Baldíos

En el mundo de los grises

Darío Fritz

Creer que buenos y malos definen la vida y por lo tanto hay que estar con unos u otros, es de los peores autoengaños con los que podemos estamparnos, tal cual esos autos que para probar su seguridad los estrellan contra una pared de hormigón. Ya somos lo suficientemente adultos para discernir con claridad. Hasta a los niños hay que inculcarles que los Batman, Capitán América o El hombre araña no están hechos de una sola pieza. Solo se trata de patrañas del comic o Hollywood —al parecer en el manga y el anime pasan por circuitos parecidos—, necesarias desmenuzar para no caer en arrepentimientos posteriores. Por eso asumirte con una casaca nacional o de club, defender a rajatabla a la universidad donde obtienes un título a grito pelado como si te fuera la vida, poner las manos en el fuego por un familiar, cegarte con un autor, un músico, una marca de ropa, o hasta un gobernante, te convierte en patrocinador de causas traicioneras. Imposible no trastabillar y caer para ver si luego nos podemos levantar. Lo más probable es que pararnos cueste. Y los antecedentes queden registrados como las primeras piedras labradas de la escritura. Le ha pasado en estos días a Karla Sofía Gascón, astillada por sus propias reflexiones racistas y de lengua larga en el pasado, que le pueden mancillar su pelea por el Oscar; el linchamiento, entre otros, sobre Woody Allen; como también se las hemos encontrado a más de un político —aunque de ellos se suele esperar y por lo tanto, se asume y perdona— que cuando se hace funcionario, reniega sin asumirlo sobre sus dichos del pasado.

Navegar sobre los grises ofrece mejores opciones en la complejidad de convivir, aunque la etiqueta de malo o bueno resplandezca con mayor fuerza. En los grises hay pesimismo y alegría, errores y aciertos, atribulados y expectantes, enamorados y aburridos, sentimentalistas y arrogantes, ambigüedades y certezas, vidas con llantos, tropezones, inequidad, furia, soberbia o hartazgo. Hostilidad, peligro u olvido.

Lo bueno o lo mano, por el contrario, es uniforme, incoloro, ilusorio, hipócrita.

Para sobrevivir y entre los grises tenemos que hacerlo, hay que ser un buen marinero, como dice Arturo Pérez-Reverte, porque “si me descuido, si no estoy atento, si no soy buen marino, si no miro el tiempo, la luz, el barómetro, el mar me puede matar a mí y a los que están a mi cargo como tripulantes”. Sus novelas nos van contando de eso, de los personajes que tomados de historias reales, son tan vívidos como contradictorios. Grises. Tanto el mercenario Luis Corso, de “El club Dumas”; la contrabandista Teresa Mendoza, de “La Reina del Sur”; como el mítico Rodrigo Ruy Díaz de Vivar, de “Sidi”. En la “Isla de la mujer dormida”, su última obra, anclada en aguas griegas del Mediterráneo, va sobre esos grises de hombres de mar que pese a sus creencias republicanas -Jordán Kyriazis, capitán de una torpedera- terminan colaborando con franquistas; de espías de uno y otro bando que juegan su ajedrez; del marino casado que se enamora de la mujer de un aristócrata. Personajes de pérdidas y sufrimiento que también encontramos en la Isabel Archer, de Henry James; el Rugendas de Carlos Franz en el abismo chileno del siglo XIX; o el Frank Bascombe, de Richard Ford, que en “Sé mía”, sabe que tendrá que sobrellevar la muerte próxima de su hijo con ELA, pero aun así quiere vivir: “Todo lo que creo saber es que cuando Paul dejó su vida, yo no dejé la mía”.

En la riqueza de los grises que no nacen de la ficción —la vida de una militante de izquierda que perfila Leila Guerriero en “La llamada”; o los documentales del negocio de las adicciones de la industria farmacéutica (El crimen del siglo), la vida de Anthony Bourdain (Lo desconocido) o El dilema de las redes sociales—, también hallamos esas mismas vivencias de la contrariedad que somos todos a diarios. Y que no pueden arrebatarnos desde la maldad, quienes a diario se presentan con el incoloro uniforme del desprecio por los más débiles, la exaltación por oprimir las voces diferentes o el canto de una vida de premios para pocos.

@dariofritz.bsky.social