Memorias de un artista

Las obras hablan con sus creadores

Josefina Lozano Cervantes

En una ocasión, un artista plástico me dijo: «Yo dejo de pintar una obra, hasta que me habla”. En aquel tiempo, hace ya más de treinta años, comenzaba apenas a sentir mis pinturas, pero nunca me hablaban y pensaba: “¿Cómo le hablan a uno las pinturas?”. Nunca encontraba la respuesta.

Pues bien, un día según yo, estaba terminando una obra. Pasaron días y días y no podía concluirla. Algo me detenía. Dialogaba en mi interior con aquella pintura preguntándole una y otra vez: «¿Qué te falta?».

Todo parecía estar en orden, excepto una línea que se veía chueca. No me gustaba; me molestaba cada vez que la observaba. Entonces ocurrió: ¡aquella línea me habló! Me dijo:
—Voy detrás del personaje principal.

Fue una revelación. Una simple línea me enseñó que todo tiene un lugar. Para nosotros los artistas, la composición es una de las partes más importantes de una obra. Cada elemento debe ocupar el espacio que le corresponde para que exista armonía, intención y significado; sin embargo, aquella línea también me enseñó sobre la vida, que todos ocupamos un lugar dentro de una composición mucho más grande que nosotros. A veces somos la escena; otras, el escenario o el personaje principal y en algunas, apenas una línea que sostiene la historia desde el fondo. Ningún lugar es más importante que otro.

La belleza aparece cuando comprendemos cuál es nuestro lugar en ese momento y lo habitamos con dignidad.

Después de hablar con mi obra, me fui a dormir, pues ya era tarde; pero antes de cerrar los ojos, volví a mirar aquella pintura y por primera vez, entendí que ya estaba terminada; no porque yo hubiera dejado de trabajar en ella, sino porque finalmente la había escuchado. Desde entonces, entendí que las obras sí hablan, lo hacen en silencio y curiosamente, cuando aprendes a escucharlas, también comienzas a escucharte a ti mismo.

Esa noche comprendí que las obras siempre me habían hablado; la que aún no sabía escucharlas, era yo; porque las pinturas no hablan con palabras. Hablan cuando estamos listos para escuchar lo que intentan enseñarnos.

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