El Arte de Resistir

Cuando la cultura nos sostiene

Por Josefina Lozano

Al resistir no siempre se grita, a veces se teje en silencio, se canta bajito, se baila con los ojos cerrados, se pinta con el alma rota. La resistencia en nuestros pueblos y ciudades ha tenido siempre el rostro de la cultura. Esa que vive en los gestos cotidianos, en las palabras que heredamos, en las manos que no se rinden. Aquí es donde los gritos se convierten en acciones que causan constancia, convirtiéndolos en cultura de resistencia.

En un mundo que cambia vertiginosamente, donde a veces parece que todo se desdibuja, hay algo que permanece: nuestras raíces y con ellas las expresiones culturales que nos definen, que nos sostienen, incluso cuando lo demás parece tambalearse. Es en lo más simple donde se revela lo más profundo: una receta de la abuela, una canción que se canta desde la infancia, un rebozo tejido a mano, una danza que atraviesa generaciones.

El arte en todas sus formas ha sido el lenguaje de los que no se conforman, de los que no renuncian; pintar, escribir, bordar, esculpir, cantar son formas de decir: “Aquí estoy, esta es mi historia, este es mi lugar”. Cada obra de arte que nace en medio de la adversidad es una prueba de que el espíritu humano es más fuerte que cualquier tormenta.

“Aquí y ahora”, es una frase que revela resistencia por ser y estar a la vez. En México lo sabemos bien; cada vez que alguien levanta una figura de barro, cuando una comunidad celebra su fiesta patronal, una marimba suena o una piñata se rompe entre risas, estamos ejerciendo un acto de resistencia; queda implícito el: “seguimos aquí” a pesar de todo.

Y es que la cultura no solo adorna la vida, sino que la sostiene; nos acompaña en los duelos, en las transiciones, en los momentos de esperanza, cuando el cuerpo está cansado, cuando el alma necesita consuelo, es la cultura la que nos arropa. Por eso, es urgente defenderla, protegerla y sobre todo vivirla no como algo ajeno o pasado, sino como algo que nos pertenece, que creamos cada día desde nuestras trincheras personales.

Desde el taller del artesano hasta el escenario improvisado de una calle, desde el mural que transforma un muro gris hasta la palabra que se convierte en poema, todo es parte de esta gran sinfonía de resistencia y en cada expresión, hay un eco de lo colectivo, de las abuelas que tejieron tiempo, de los pueblos que no olvidan y de los corazones que sueñan despiertos.

Hoy más que nunca necesitamos reconectar con esas pequeñas grandes cosas que nos recuerdan quiénes somos porque resistir en este país, también es celebrar y cada acto cultural, por sencillo que parezca, es una llama encendida contra el olvido.

Te invito a preguntarte:
¿Cuáles son tus formas de resistir?
¿En qué detalles habita tu memoria más profunda?
¿Qué tradiciones, qué expresiones culturales han sido tu refugio?
¿Qué historias sigues contando con tus manos, tu voz, tu mirada?
En tus respuestas, habita tu fuerza y la semilla de un país que a través del arte, no deja de renacer.

Cielo Verde

Cangell Portto (Ángel Camposeco)

Se levantan muros grises
donde perece el aire
la bestia mecanizada
nos arrancó la fe,
de tener un cielo
verde y frondoso,
no quedan restos
se ha ido, se nos fue
en un parpadear.

Poema en forma de protesta ante la destrucción de un área natural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), área que servía para la convivencia estudiantil.

Cangell Portto (Ángel Camposeco), es un poeta en aprendizaje, nació en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, estudiante de la UNICH en la Licenciatura de Turismo Alternativo, su tiempo libre lo ocupa para leer y escribir, descubriendo lo maravilloso que es ser escritor, ya que esto es una ventana hacia el alma, miembro de Voxerosa, la OAC, ERC y EIDOS Movimiento Artístico Internacional, sus escritos sonndifundidos mediante su página de Facebook.

Cultura del Cambio

El arte, el emprendimiento y la evolución de la identidad.

Por Josefina Lozano

El cambio, es la única constante en la historia de la humanidad. A través del tiempo, las sociedades han evolucionado gracias a quienes se atreven a cuestionar, innovar y transformar; sin embargo, el cambio no es un simple giro de dirección, sino un proceso de adaptación que requiere conciencia, resistencia y visión. En el arte, como en los negocios y en la identidad cultural, aprender a cambiar sin perder la esencia, es el mayor desafío.

El arte no solo documenta la historia, sino que la impulsa. Las grandes revoluciones artísticas han nacido del inconformismo, del deseo de romper con lo establecido para crear nuevos lenguajes visuales, narrativos y conceptuales. Desde las pinturas rupestres hasta el arte digital, la creatividad humana ha sido el puente entre el pasado y el futuro.

En México el arte ha sido clave en los momentos de transformación social, como es el de los muralistas que plasmaron la lucha revolucionaria hasta los artistas contemporáneos que denuncian injusticias o rescatan tradiciones en peligro de extinción. En este sentido, el arte es un vehículo para la memoria, pero también una herramienta para redefinir el presente y construir el futuro.

El arte y la cultura no solo son expresiones estéticas; también son un motor económico y social. Como emprendedora en el mundo del arte, de las artesanías y la gastronomía, he comprendido que la creatividad no solo debe plasmarse en un lienzo o en una pieza de barro, sino también en la manera en que se gestionan los espacios culturales.

Mi experiencia con Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, ha sido un ejercicio constante de adaptación. La idea de fusionar una galería de arte con una experiencia gastronómica basada en café, responde a la necesidad de conectar con nuevas generaciones, ofreciendo un espacio donde el arte se vive, se respira y se disfruta de manera accesible.

Sin embargo, emprender en el mundo cultural no es fácil. La resistencia al cambio, el miedo a lo nuevo y las dificultades económicas han sido retos constantes. La clave ha estado en encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación, en mantener la esencia sin quedar atrapada en el pasado.

Uno de los mayores dilemas en la cultura del cambio es cómo evolucionar sin perder la identidad. En un mundo globalizado, muchas tradiciones corren el riesgo de diluirse o mercantilizarse, perdiendo su verdadero significado. Pero la respuesta no está en aferrarse a lo antiguo, sino en darle un nuevo sentido dentro del contexto actual.

Mi obra artística ha buscado precisamente esto: rescatar los símbolos de nuestra tierra, como el cacao, el café, el jaguar, el águila real y la cosmovisión indígena, pero con una visión contemporánea y universal. El arte es un idioma que se reinventa con cada generación y nuestra tarea es mantenerlo vivo, no como una pieza de museo, sino como una expresión en constante diálogo con el presente.

La cultura del cambio no significa olvidar nuestras raíces ni seguir tendencias pasajeras. Es un proceso de transformación consciente, donde aprendemos del pasado para construir un futuro más sólido.

En el arte, en los negocios y en la vida, debemos atrevernos a evolucionar sin perder nuestra esencia. Porque si algo nos enseña la historia, es que los que se resisten al cambio quedan atrapados en el tiempo, mientras que quienes lo abrazan con inteligencia y sensibilidad logran trascender.

El arte, el emprendimiento y la cultura, son caminos de transformación. «Abracemos el cambio con conciencia, porque solo así construiremos un legado que trascienda».

Josefina Lozano, es artista, periodista cultural y  emprendedora. Fundadora de Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, fusiona arte, tradición y emprendimiento para generar espacios de identidad y cambio.

Temía de ti

José J. Carrizosa García

No temía al compromiso.

Temía a perder el tiempo.
A un día despertar y no verte a mi lado.
A que te llevaras mis sueños.
A que la vida después de ti no tendría sentido alguno.
A vivir por vivir.
Al estar por estar.
Al beber mujer tras mujer y de ti no saber.

No temía a una relación seria.
Temía a no saber responder y que te marchas dejando el ayer.
Temía a la vida sin ti.

A pasar por el mismo camino de siempre, pero sin ti ahí, donde todo sería vacío y sin color, porque en el tu rostro, olor, esencia y pasión dejarían un vacío el día que dijeras adiós.

Temía a mi soledad.

Porque al no verte ahí, la tristeza sería mi compañera.
La melancolía mi guía y el suicidio mi destino.

Temía a no poder vivir sin ti.

Al verte caminar y yo marchitar.
Al verte madurar y yo aferrarme a mi soledad.
Al verte volar y yo simplemente llorar.
Al verte crecer con otro ser.
Y yo enloquecer con mi vejes.
Y es que no temía a compartir mi vida contigo, temía a que te llevaras mi vida contigo.

Temía tanto que un día la soledad se sentó a mi lado, la noche me ofreció un cigarrillo, el viento me sirvió un vino y el destino te quito de mi camino, solo dijiste adiós y el cielo se nubló.

Acuse

Julián Guillén López

Acuso de pretenciosos a aquellos,
aquellos que en la escritura encontraron
el asiento de sus soberbias.

Acuso de pretenciosos a aquellos que por la lengua menoscaban al peón. Hortelano.

Siendo que para mí, son la fuerza.
La fuerza de mi escritura.

Quiero que a mí me lean y se digan:
«Este joven expresa, lo que yo no me atreviese a deciros».

Acuso de jueces cual hiciese Minos en el Averno,
a los poetas con trayectoria larga.

Esos ancianos de días juzgan con acritud.
Olvidando de donde viene la magia.
De las ideas que se plasman,
en el vientre de la hoja.

Acuso de pretenciosos a aquellos
que creen haber escrito ya algo nuevo,
sabiendo que todo procede de lo viejo.

Y no, un poema no se hace de figuras efímeras,
se hace de eternidad.

Y yo, sólo soy un soñador.
Acuso de simplista a los actuales poetas,
por no entender que el barniz del poema
es el siguiente:
La contemplación del Todo.

No, la parcialidad.
Y eso se forja,
en que la poesía necesita su propio lenguaje.

No todos hacen poesía.
Pues es más claro que la poesía
es la meditación.
A priori.
Virando hacia el firmamento.

Y muchos se han alejado de eso.

Pretenden que con lo cotidiano,
que con la tinta fría…
Ya nos hicieron poesía.

No es así.
Jamás se hizo poesía,
sin éxtasis en el alma.

Entre la palabra y la realidad

Julián Alberto Guillén López

La filosofía del lenguaje ha creado un limbo para entender la realidad, ya que las palabras aunque contengan una relación con la realidad y sean meramente descriptivas, solamente están describiendo propiedades y éstas no son el objeto, sino que son un reflejo de este. En esto sigo a Platón en el Crátilo, las palabras solo sirven para describir la realidad, para poner apelativos a lo que es.

La realidad es superior a un conjunto de palabras, conceptos abstractos como valor, amor o bien no encuentran su expresión lógica en un juego de lenguaje (entiéndase como: condición o regla de lenguaje), porque le trascienden. Así que habría que aceptar que la realidad sobrepasa por mucho los postulados de la lengua.

No podemos decir como expresa Crátilo: «El que conoce los nombres conoce también las cosas». Por el contrario, la filosofía no ha de tratar de develar cuáles son los juegos de lenguaje, sino que ha de conseguir desnudar la verdad de los entes como entes y la realidad significante; porque aquí habremos de separar significado y significante, nuestra interpretación es el significado y la realidad el significante. Ante un fenómeno siempre estarán inmersos tanto nuestra percepción, como la realidad del hecho para crearnos un juicio.

La filosofía del lenguaje entonces nos pone frente al fenómeno semántico y nos aleja de la comprensión de la realidad. Lo cual imposibilita que se haga filosofía de verdad, ya que únicamente ve una parcialidad del fenómeno de la existencia del hombre. El hombre expresa el mundo en palabras, porque éstas lo hacen reconocer a la cosa y sus propiedades, abrazarla en sí. Pero solo con la mente e interactuando con el ente es capaz de entenderlo.

No entiendo a la cosa poniéndole nombre, la entiendo experimentándola en sí, conociendo sus propiedades y éstas existen y son ajenas a mí. El lenguaje me limita a las convenciones sociales y mi percepción, la realidad no. Entonces creo que deberíamos volver a centrar nuestra mirada en la ontología de la realidad (comprender la esencia de las cosas). Solo sustrayéndose del lenguaje y pasando por la reflexión filosófica o éxtasis se encuentra uno con la frontera entre la palabra y la realidad.

Pan y Paz

Por: Josefina Lozano

Desde los albores de la historia la mujer ha sido el pilar sobre el que se construye la vida. En su esencia habita el don divino de dar existencia, de nutrir, cuidar y velar por el bienestar de los suyos; su lucha no es solo por ella misma, sino por la humanidad entera, porque su naturaleza está intrínsecamente ligada al equilibrio entre el pan y la paz.

El pan, símbolo del sustento material, representa la necesidad básica de alimentar, de garantizar que haya justicia y oportunidades, de sembrar el porvenir. La mujer, desde tiempos remotos, ha sido quien cosecha y transforma, no solo los frutos de la tierra, sino también los caminos del futuro.

La paz, en cambio, es el anhelo más profundo del espíritu. A lo largo de la historia, las mujeres han alzado su voz contra la violencia, resistido en tiempos de guerra y exigido justicia, cuando la opresión intentaba doblegarlas. En 1917, en el marco de la Revolución Rusa, salieron a las calles exigiendo “Pan y Paz”, cansadas de la miseria y el sufrimiento. Aquel grito se convirtió en un eco universal que sigue resonando en cada lucha por la igualdad y la dignidad.

En México y el mundo, la historia de la mujer es la historia de la resistencia, del amor transformador y el sacrificio convertido en fortaleza. Desde las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, hasta las artistas, escritoras y luchadoras sociales que plasman en su obra la memoria de su pueblo, todas encarnan la misma esencia: la de quien a pesar de la adversidad, nunca deja de sembrar la esperanza.

Hoy más que nunca, seguimos reclamando pan y paz: pan para erradicar la pobreza y la desigualdad, paz para que ninguna mujer viva con miedo. Porque la lucha de las mujeres no es solo por ellas, sino por toda la humanidad.

Que este día sea un recordatorio de que la voz de la mujer, jamás será silenciada, porque en ella habita la semilla del futuro.

Felicidades a cada mujer, a su esencia, a su lucha y a su amor, porque con ellas se construye un mundo mejor.