María del Consuelo Montero Larios, recibe sentido homenaje

Por: Victoria Falcón Aguila

El día de ayer jueves 21 de Agosto, la Escuela de Artes Plásticas, Artesanías y Oficios Ángel Carranza en Tlaquepaque, rindió homenaje a la profesora de arte María del Consuelo Montero Larios, por su larga trayectoria y como un agradecimiento a su labor como fundadora.

María del Consuelo es originaria de la Ciudad de México donde nació el 20 de octubre de 1937 y migró a San Pedro Tlaquepaque en marzo de 1958, debido a cambio de trabajo de su señor padre José Antonio Montero Castillón. Desde entonces radica en este municipio.

El homenaje estuvo a cargo del personal administrativo junto con el profesorado, quienes bajo un ambiente de armonía y frescura proporcionado por una intensa lluvia que se dio minutos antes del evento, recibieron a los asistentes los cuales se mostraron festivos.

En punto de las 17:30 horas, dio inicio con la bienvenida a la homenajeada e invitados especiales a cargo del Maestro Jaime López Sandoval, Subdirector de Promoción y Difusión Cultural y Oscar Carrillo Villa, Director de Cultura de Tlaquepaque; Jaime López Sandoval, elogió la entrega y pasión de la maestra Consuelo, señalando que para la escuela era un honor realizar dicho homenaje  a tan distinguida y estimada persona.

Por su parte, Oscar Carrillo Villa agradeció a los presentes a nombre de la Presidenta Municipal, Mtra. Laura Imelda Pérez Segura y a la propia homenajeada el haber guiado un proyecto que se convertiría en lo que hoy es un recinto dedicado a las artes y oficios; hizo hincapié en mantener a los niños y adolescentes cercanos a la cultura debido a los altos niveles de desintegración social y violencia: “La dirección de cultura tiene como meta recoger los pasos de la maestra María del Consuelo con la finalidad de extenderlos a todo el municipio mediante talleres de artes y oficios”.

Posteriormente, la profesora Minerva Mendoza leyó a manera de remembranza, un escrito inspirado en las propias palabras de la maestra Consuelo, donde se mencionó que para los años 1980 y 1981, formó junto a unas amigas el grupo de pintura “Dr. Atl”, dedicado a la pintura. El punto de reunión fue una terraza acondicionada por el esposo de la homenajeada Fausto Ceja. Ese grupo sería el antecedente de los que hoy es, la escuela Ángel Carranza.

En 1982, bajo la Presidencia municipal de Arturo Franco Lozano, el Centro Cultural El Refugio buscaba incentivar las actividades artístico, culturales; así que Fausto Ceja, quien entonces era el Regidor de Cultura, recibió de Franco Lozano la sugerencia de que se ofreciera algún espacio para que el grupo de pintura “Dr. Atl” usara las instalaciones del edificio y las clases de abrieran a la comunidad en general. El Ayuntamiento los apoyó con volantes que pegaron en los postes invitando a las personas a tomar clases de pintura en Contreras Medellín No. 194. María del Consuelo y su grupo, se instalaron en el salón 611.

Más tarde fue directora de la institución y después de treinta y dos años de trabajo en la escuela, se retiró y volvió a dar clases de pintura en su casa.

Posterior a la lectura de la remembranza, el grupo folclórico formado por jóvenes alumnos, representó los vibrantes sones: “Las Alazanas y Los machetes”, conectando así el pasado, el presente y el futuro, como una muestra de la importancia de preservar y transmitir nuestra identidad cultural a las siguientes generaciones.

Con el público entusiasmado, subieron al escenario los profesores de música encabezados por el maestro de canto: Antonio Pérez Ibarra, ellos interpretaron hermosas piezas entre las cuales estuvieron, “Bonita y Novia mía”.

Para cerrar el evento se inauguró una exposición de pinturas de ex alumnos de la maestra María del Consuelo Montero Larios y se invito a los presentes a un brindis en honor de la homenajeada.

Fotografías: D.R Alejandra Enríquez Falcón.

Escuchar lo invisible: taller transforma el ruido diario en creación

Por Verónica Isabel Enríquez Falcón

El pasado 24 de junio de 2025 se llevó a cabo el taller “Escuchar para crear” en la Biblioteca de la Escuela de Artes de Jalisco. Este encuentro fue la muestra final del Semillero “Re-imaginando la Enseñanza de las Artes”, un proyecto impulsado por la Licenciatura en Artes (LEA) que invita a repensar la educación artística desde una perspectiva crítica y sensible.

Durante el taller, los asistentes exploraron paisajes sonoros provenientes del pasado, del hogar, de animales y de la calle. A través de estas mezclas de sonidos, se propició una conexión con la memoria, las emociones y los recuerdos, revelando cómo lo cotidiano puede convertirse en un detonador creativo.

“La memoria está siempre en movimiento creando realidades”, recuerda la artista Cecilia Vicuña, y esta idea fue uno de los ejes conceptuales del ejercicio.

El proyecto del semillero se desarrolló entre marzo y junio de este año en la Casa Taller José Clemente Orozco, bajo la coordinación del profesor Emmanuel Miranda. Participaron en él las y los estudiantes: Eunice Contreras Gómez, Abril Rodríguez, Luis Enrique, Nadia Villa, Bianca Morales, Verónica Enríquez y Andrea Morales, quienes pusieron en práctica metodologías experimentales para el desarrollo de proyectos artísticos con enfoque comunitario, colaborativo y transdisciplinario.

Capitalismo y Cultura, la riqueza que el dinero no puede comprar

Por: Josefina Lozano

Vivimos en un sistema que en su origen prometía libertad y desarrollo, pero que con el paso del tiempo se ha contaminado con una ansiedad insaciable por tener, sin cuestionar el cómo ni el para qué. El capitalismo no es, en sí el enemigo; somos nosotros quienes, al perder el equilibrio entre ambición y ética, lo hemos deshumanizado.

Hoy, el éxito se mide en ceros y propiedades. Se admira más a quien acumula riqueza que a quien preserva sabiduría. El problema no está en el dinero, sino en convertirlo en el único valor.

La línea que separa el “tener”, del “tener correctamente”, es cada vez más delgada. Se difumina cuando justificamos mentir, oprimir, robar o traicionar con tal de escalar. Y al hacerlo, no solo se corrompe el sistema: se erosiona el alma de nuestras sociedades.

¿Dónde quedó el respeto por la dignidad, la palabra, el tiempo? ¿Cuándo dejamos de creer que hay otras formas de riqueza, invisibles a los ojos de los bancos, pero fundamentales para el espíritu de los pueblos?

En un mundo que corre detrás de bienes materiales, hay quienes resisten desde otro lugar: el del arte, la palabra, la música, las danzas, los rituales, las lenguas originarias, las manos que tejen memoria. Ellos construyen la economía cultural, un pilar silencioso, pero esencial, que alimenta la identidad y el alma colectiva.

¿Por qué no se celebra con el mismo orgullo a un artista que mantiene viva una tradición como a un ejecutivo que cierra un negocio millonario? ¿Por qué el arte, el conocimiento y el patrimonio siguen siendo vistos como adornos y no como fundamentos del desarrollo?

No se trata de satanizar el dinero, sino de ponerlo en su lugar. De devolverle su papel como herramienta y no como medida absoluta del valor de una vida.

Elije, apoyar lo local, lo auténtico, lo hecho con alma; leer más, conversar mejor, mirar con más profundidad. Enseñar a nuestros hijos que el éxito no solo se hereda, también se honra. Exige que nuestras políticas públicas protejan lo que nos hace únicos.

El verdadero progreso no se mide solo en términos económicos. Se mide también en belleza compartida, en valores preservados, en historias contadas, en comunidades que no olvidan sus raíces.

El mundo no cambiará con más billetes. Cambiará con más conciencia.

Cultura Viva, el Motor que Sostiene Nuestros Sueños

Por Josefina Lozano

La cultura no es un museo de piezas antiguas, ni una vitrina para contemplar de lejos. La cultura somos nosotros; en nuestras manos que crean, en nuestras voces que cantan, en los sabores que heredamos, en los colores que vestimos. La cultura es vida en movimiento, es identidad construida todos los días con actos grandes y pequeños.

En San Pedro Tlaquepaque, Jalisco y en todo México, nuestra riqueza cultural es un tesoro que no solo alimenta el alma, sino también la vida económica de nuestras comunidades. Cada pieza de barro moldeada con amor, cada platillo tradicional servido con orgullo, cada mariachi que arranca sonrisas, cada feria, cada procesión, cada festividad, son raíces profundas que sostienen a nuestra gente.

La cultura no es un gasto, es una inversión. Cada turista que pisa nuestras calles buscando vivir una experiencia auténtica deja mucho más que fotografías, deja ingresos que benefician a las familias, fortalece a pequeños comercios, impulsa a los artesanos, da vida a galerías y cafeterías, crea empleos, enriquece nuestro presente y siembra esperanza en nuestro futuro.

El turismo cultural crece en el mundo porque la gente quiere más que lugares bonitos, quiere historias, emociones verdaderas; quiere pertenecer aunque sea un instante a un pueblo con alma. Y eso solo lo logra un lugar que mantiene vivas sus tradiciones, su arte y su espíritu colectivo.

Pero la cultura no se preserva sola, depende de quienes vivimos aquí, quienes heredamos saberes, quienes tenemos el privilegio de ser portadores de historia y creatividad. Cada vez que organizamos una celebración, que compartimos nuestras costumbres, que enseñamos a los niños a valorar su herencia, estamos escribiendo un futuro más próspero y más digno.

Por eso, hoy más que nunca necesitamos defender nuestras tradiciones con pasión y con orgullo. No basta con admirarlas de lejos, hay que vivirlas, promoverlas, innovarlas sin romper su esencia, sostenerlas con fuerza frente a la modernidad que a veces arrasa con la memoria de los pueblos.

Te invito a ser parte de este movimiento de vida. Compra a nuestros artesanos, asiste a nuestras festividades; difunde nuestras costumbres, consume lo local. Enseña a las nuevas generaciones el valor de su historia, ¡celebra lo que somos!

Cada pequeño gesto cuenta, cada voz que se suma importa. Cada esfuerzo suma para que nuestras tradiciones sigan latiendo con fuerza, atrayendo a quienes buscan un México auténtico, diverso y vibrante.

Porque cuando honramos nuestras raíces, abrimos caminos al futuro. La cultura vive en nosotros, mantengámosla fuerte, viva y orgullosa.

El Arte de Resistir

Cuando la cultura nos sostiene

Por Josefina Lozano

Al resistir no siempre se grita, a veces se teje en silencio, se canta bajito, se baila con los ojos cerrados, se pinta con el alma rota. La resistencia en nuestros pueblos y ciudades ha tenido siempre el rostro de la cultura. Esa que vive en los gestos cotidianos, en las palabras que heredamos, en las manos que no se rinden. Aquí es donde los gritos se convierten en acciones que causan constancia, convirtiéndolos en cultura de resistencia.

En un mundo que cambia vertiginosamente, donde a veces parece que todo se desdibuja, hay algo que permanece: nuestras raíces y con ellas las expresiones culturales que nos definen, que nos sostienen, incluso cuando lo demás parece tambalearse. Es en lo más simple donde se revela lo más profundo: una receta de la abuela, una canción que se canta desde la infancia, un rebozo tejido a mano, una danza que atraviesa generaciones.

El arte en todas sus formas ha sido el lenguaje de los que no se conforman, de los que no renuncian; pintar, escribir, bordar, esculpir, cantar son formas de decir: “Aquí estoy, esta es mi historia, este es mi lugar”. Cada obra de arte que nace en medio de la adversidad es una prueba de que el espíritu humano es más fuerte que cualquier tormenta.

“Aquí y ahora”, es una frase que revela resistencia por ser y estar a la vez. En México lo sabemos bien; cada vez que alguien levanta una figura de barro, cuando una comunidad celebra su fiesta patronal, una marimba suena o una piñata se rompe entre risas, estamos ejerciendo un acto de resistencia; queda implícito el: “seguimos aquí” a pesar de todo.

Y es que la cultura no solo adorna la vida, sino que la sostiene; nos acompaña en los duelos, en las transiciones, en los momentos de esperanza, cuando el cuerpo está cansado, cuando el alma necesita consuelo, es la cultura la que nos arropa. Por eso, es urgente defenderla, protegerla y sobre todo vivirla no como algo ajeno o pasado, sino como algo que nos pertenece, que creamos cada día desde nuestras trincheras personales.

Desde el taller del artesano hasta el escenario improvisado de una calle, desde el mural que transforma un muro gris hasta la palabra que se convierte en poema, todo es parte de esta gran sinfonía de resistencia y en cada expresión, hay un eco de lo colectivo, de las abuelas que tejieron tiempo, de los pueblos que no olvidan y de los corazones que sueñan despiertos.

Hoy más que nunca necesitamos reconectar con esas pequeñas grandes cosas que nos recuerdan quiénes somos porque resistir en este país, también es celebrar y cada acto cultural, por sencillo que parezca, es una llama encendida contra el olvido.

Te invito a preguntarte:
¿Cuáles son tus formas de resistir?
¿En qué detalles habita tu memoria más profunda?
¿Qué tradiciones, qué expresiones culturales han sido tu refugio?
¿Qué historias sigues contando con tus manos, tu voz, tu mirada?
En tus respuestas, habita tu fuerza y la semilla de un país que a través del arte, no deja de renacer.

Cielo Verde

Cangell Portto (Ángel Camposeco)

Se levantan muros grises
donde perece el aire
la bestia mecanizada
nos arrancó la fe,
de tener un cielo
verde y frondoso,
no quedan restos
se ha ido, se nos fue
en un parpadear.

Poema en forma de protesta ante la destrucción de un área natural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), área que servía para la convivencia estudiantil.

Cangell Portto (Ángel Camposeco), es un poeta en aprendizaje, nació en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, estudiante de la UNICH en la Licenciatura de Turismo Alternativo, su tiempo libre lo ocupa para leer y escribir, descubriendo lo maravilloso que es ser escritor, ya que esto es una ventana hacia el alma, miembro de Voxerosa, la OAC, ERC y EIDOS Movimiento Artístico Internacional, sus escritos sonndifundidos mediante su página de Facebook.

Cultura del Cambio

El arte, el emprendimiento y la evolución de la identidad.

Por Josefina Lozano

El cambio, es la única constante en la historia de la humanidad. A través del tiempo, las sociedades han evolucionado gracias a quienes se atreven a cuestionar, innovar y transformar; sin embargo, el cambio no es un simple giro de dirección, sino un proceso de adaptación que requiere conciencia, resistencia y visión. En el arte, como en los negocios y en la identidad cultural, aprender a cambiar sin perder la esencia, es el mayor desafío.

El arte no solo documenta la historia, sino que la impulsa. Las grandes revoluciones artísticas han nacido del inconformismo, del deseo de romper con lo establecido para crear nuevos lenguajes visuales, narrativos y conceptuales. Desde las pinturas rupestres hasta el arte digital, la creatividad humana ha sido el puente entre el pasado y el futuro.

En México el arte ha sido clave en los momentos de transformación social, como es el de los muralistas que plasmaron la lucha revolucionaria hasta los artistas contemporáneos que denuncian injusticias o rescatan tradiciones en peligro de extinción. En este sentido, el arte es un vehículo para la memoria, pero también una herramienta para redefinir el presente y construir el futuro.

El arte y la cultura no solo son expresiones estéticas; también son un motor económico y social. Como emprendedora en el mundo del arte, de las artesanías y la gastronomía, he comprendido que la creatividad no solo debe plasmarse en un lienzo o en una pieza de barro, sino también en la manera en que se gestionan los espacios culturales.

Mi experiencia con Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, ha sido un ejercicio constante de adaptación. La idea de fusionar una galería de arte con una experiencia gastronómica basada en café, responde a la necesidad de conectar con nuevas generaciones, ofreciendo un espacio donde el arte se vive, se respira y se disfruta de manera accesible.

Sin embargo, emprender en el mundo cultural no es fácil. La resistencia al cambio, el miedo a lo nuevo y las dificultades económicas han sido retos constantes. La clave ha estado en encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación, en mantener la esencia sin quedar atrapada en el pasado.

Uno de los mayores dilemas en la cultura del cambio es cómo evolucionar sin perder la identidad. En un mundo globalizado, muchas tradiciones corren el riesgo de diluirse o mercantilizarse, perdiendo su verdadero significado. Pero la respuesta no está en aferrarse a lo antiguo, sino en darle un nuevo sentido dentro del contexto actual.

Mi obra artística ha buscado precisamente esto: rescatar los símbolos de nuestra tierra, como el cacao, el café, el jaguar, el águila real y la cosmovisión indígena, pero con una visión contemporánea y universal. El arte es un idioma que se reinventa con cada generación y nuestra tarea es mantenerlo vivo, no como una pieza de museo, sino como una expresión en constante diálogo con el presente.

La cultura del cambio no significa olvidar nuestras raíces ni seguir tendencias pasajeras. Es un proceso de transformación consciente, donde aprendemos del pasado para construir un futuro más sólido.

En el arte, en los negocios y en la vida, debemos atrevernos a evolucionar sin perder nuestra esencia. Porque si algo nos enseña la historia, es que los que se resisten al cambio quedan atrapados en el tiempo, mientras que quienes lo abrazan con inteligencia y sensibilidad logran trascender.

El arte, el emprendimiento y la cultura, son caminos de transformación. «Abracemos el cambio con conciencia, porque solo así construiremos un legado que trascienda».

Josefina Lozano, es artista, periodista cultural y  emprendedora. Fundadora de Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, fusiona arte, tradición y emprendimiento para generar espacios de identidad y cambio.