Entre la palabra y la realidad

Julián Alberto Guillén López

La filosofía del lenguaje ha creado un limbo para entender la realidad, ya que las palabras aunque contengan una relación con la realidad y sean meramente descriptivas, solamente están describiendo propiedades y éstas no son el objeto, sino que son un reflejo de este. En esto sigo a Platón en el Crátilo, las palabras solo sirven para describir la realidad, para poner apelativos a lo que es.

La realidad es superior a un conjunto de palabras, conceptos abstractos como valor, amor o bien no encuentran su expresión lógica en un juego de lenguaje (entiéndase como: condición o regla de lenguaje), porque le trascienden. Así que habría que aceptar que la realidad sobrepasa por mucho los postulados de la lengua.

No podemos decir como expresa Crátilo: «El que conoce los nombres conoce también las cosas». Por el contrario, la filosofía no ha de tratar de develar cuáles son los juegos de lenguaje, sino que ha de conseguir desnudar la verdad de los entes como entes y la realidad significante; porque aquí habremos de separar significado y significante, nuestra interpretación es el significado y la realidad el significante. Ante un fenómeno siempre estarán inmersos tanto nuestra percepción, como la realidad del hecho para crearnos un juicio.

La filosofía del lenguaje entonces nos pone frente al fenómeno semántico y nos aleja de la comprensión de la realidad. Lo cual imposibilita que se haga filosofía de verdad, ya que únicamente ve una parcialidad del fenómeno de la existencia del hombre. El hombre expresa el mundo en palabras, porque éstas lo hacen reconocer a la cosa y sus propiedades, abrazarla en sí. Pero solo con la mente e interactuando con el ente es capaz de entenderlo.

No entiendo a la cosa poniéndole nombre, la entiendo experimentándola en sí, conociendo sus propiedades y éstas existen y son ajenas a mí. El lenguaje me limita a las convenciones sociales y mi percepción, la realidad no. Entonces creo que deberíamos volver a centrar nuestra mirada en la ontología de la realidad (comprender la esencia de las cosas). Solo sustrayéndose del lenguaje y pasando por la reflexión filosófica o éxtasis se encuentra uno con la frontera entre la palabra y la realidad.

Territorios Baldíos

En el mundo de los grises

Darío Fritz

Creer que buenos y malos definen la vida y por lo tanto hay que estar con unos u otros, es de los peores autoengaños con los que podemos estamparnos, tal cual esos autos que para probar su seguridad los estrellan contra una pared de hormigón. Ya somos lo suficientemente adultos para discernir con claridad. Hasta a los niños hay que inculcarles que los Batman, Capitán América o El hombre araña no están hechos de una sola pieza. Solo se trata de patrañas del comic o Hollywood —al parecer en el manga y el anime pasan por circuitos parecidos—, necesarias desmenuzar para no caer en arrepentimientos posteriores. Por eso asumirte con una casaca nacional o de club, defender a rajatabla a la universidad donde obtienes un título a grito pelado como si te fuera la vida, poner las manos en el fuego por un familiar, cegarte con un autor, un músico, una marca de ropa, o hasta un gobernante, te convierte en patrocinador de causas traicioneras. Imposible no trastabillar y caer para ver si luego nos podemos levantar. Lo más probable es que pararnos cueste. Y los antecedentes queden registrados como las primeras piedras labradas de la escritura. Le ha pasado en estos días a Karla Sofía Gascón, astillada por sus propias reflexiones racistas y de lengua larga en el pasado, que le pueden mancillar su pelea por el Oscar; el linchamiento, entre otros, sobre Woody Allen; como también se las hemos encontrado a más de un político —aunque de ellos se suele esperar y por lo tanto, se asume y perdona— que cuando se hace funcionario, reniega sin asumirlo sobre sus dichos del pasado.

Navegar sobre los grises ofrece mejores opciones en la complejidad de convivir, aunque la etiqueta de malo o bueno resplandezca con mayor fuerza. En los grises hay pesimismo y alegría, errores y aciertos, atribulados y expectantes, enamorados y aburridos, sentimentalistas y arrogantes, ambigüedades y certezas, vidas con llantos, tropezones, inequidad, furia, soberbia o hartazgo. Hostilidad, peligro u olvido.

Lo bueno o lo mano, por el contrario, es uniforme, incoloro, ilusorio, hipócrita.

Para sobrevivir y entre los grises tenemos que hacerlo, hay que ser un buen marinero, como dice Arturo Pérez-Reverte, porque “si me descuido, si no estoy atento, si no soy buen marino, si no miro el tiempo, la luz, el barómetro, el mar me puede matar a mí y a los que están a mi cargo como tripulantes”. Sus novelas nos van contando de eso, de los personajes que tomados de historias reales, son tan vívidos como contradictorios. Grises. Tanto el mercenario Luis Corso, de “El club Dumas”; la contrabandista Teresa Mendoza, de “La Reina del Sur”; como el mítico Rodrigo Ruy Díaz de Vivar, de “Sidi”. En la “Isla de la mujer dormida”, su última obra, anclada en aguas griegas del Mediterráneo, va sobre esos grises de hombres de mar que pese a sus creencias republicanas -Jordán Kyriazis, capitán de una torpedera- terminan colaborando con franquistas; de espías de uno y otro bando que juegan su ajedrez; del marino casado que se enamora de la mujer de un aristócrata. Personajes de pérdidas y sufrimiento que también encontramos en la Isabel Archer, de Henry James; el Rugendas de Carlos Franz en el abismo chileno del siglo XIX; o el Frank Bascombe, de Richard Ford, que en “Sé mía”, sabe que tendrá que sobrellevar la muerte próxima de su hijo con ELA, pero aun así quiere vivir: “Todo lo que creo saber es que cuando Paul dejó su vida, yo no dejé la mía”.

En la riqueza de los grises que no nacen de la ficción —la vida de una militante de izquierda que perfila Leila Guerriero en “La llamada”; o los documentales del negocio de las adicciones de la industria farmacéutica (El crimen del siglo), la vida de Anthony Bourdain (Lo desconocido) o El dilema de las redes sociales—, también hallamos esas mismas vivencias de la contrariedad que somos todos a diarios. Y que no pueden arrebatarnos desde la maldad, quienes a diario se presentan con el incoloro uniforme del desprecio por los más débiles, la exaltación por oprimir las voces diferentes o el canto de una vida de premios para pocos.

@dariofritz.bsky.social

Las Tradiciones También Sanan

Por: Josefina Lozano

Las tradiciones no solo son costumbres transmitidas de generación en generación, sino también herramientas de sanación que han acompañado al ser humano en su tránsito por la vida. En cada rincón del mundo, los pueblos han desarrollado rituales, festividades y prácticas que, más allá de su valor cultural, han servido como refugios emocionales, medios de catarsis y puentes hacia la reconstrucción personal y colectiva.

Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha encontrado en sus tradiciones un refugio frente al dolor, la pérdida y la incertidumbre. En México, por ejemplo, el Día de Muertos es una forma de reconciliación con la muerte, transformando el duelo en una celebración de la memoria y el amor eterno. Esta tradición permite procesar la ausencia a través del color, el arte, la gastronomía y los rituales, convirtiéndola en una forma de sanar heridas emocionales.

Por otro lado, la tradicional piñata utilizada en diversas festividades, especialmente en México durante las posadas en Navidad, es más que un simple juego, ya que representa la lucha del ser humano contra sus propias debilidades y la recompensa de superarlas; su simbolismo cobra fuerza en el arte como manifestación sanadora de la cultura, como es el caso de mi obra: “Cómo México, no hay dos», donde una colorida piñata simboliza la liberación de un peso emocional, un pecado, un miedo o una carga del alma, pues la lucha interna del ser humano puede ser vista a través de un símbolo tan mexicano como la piñata. En ella, cada pecado representado en los picos, se convierte en un obstáculo a vencer y el acto de golpearla, simboliza la voluntad de soltar aquello que lastima.

Este diálogo entre arte y tradición, resalta que no estamos solos en nuestra búsqueda de sanación. La cultura nos ofrece herramientas, nos da símbolos y rituales que nos permiten sobrellevar los momentos más oscuros; así como los antiguos mexicas, los mayas o los zapotecas encontraban en sus ceremonias formas de sanar el espíritu, nosotros podemos encontrar en nuestras tradiciones, un refugio y un camino hacia la transformación personal.

Así pues, a lo largo de la historia, muchas culturas han utilizado rituales como un medio para sanar el cuerpo, la mente y el espíritu. En México, el temazcal (un baño de vapor de origen prehispánico), ha sido utilizado durante siglos como un espacio de purificación y renacimiento. No es solo un acto físico, sino también un proceso simbólico en el que se eliminan toxinas del cuerpo y se libera el peso emocional que muchas veces cargamos sin darnos cuenta.

Asimismo, la música, la danza y la gastronomía han servido como canales de sanación en distintas culturas. La danza del venado entre los yaquis, las ceremonias de ayuno y rezo de los wixárikas, y los cantos chamánicos en diversas comunidades indígenas no solo conectan a las personas con sus ancestros y su identidad, sino que también ayudan a liberar emociones, encontrar sentido y restaurar el equilibrio interno.

Las tradiciones son más que historia; son parte viva de nuestra identidad y un bálsamo para el alma. Nos recuerdan que la sanación no siempre es un proceso individual, sino que puede ser colectiva, compartida y celebrada. En un mundo donde el estrés, la ansiedad y la desconexión con nuestras raíces parecen dominar, volver a nuestras tradiciones nos ofrece una vía para reencontrarnos con nosotros mismos y con quienes vinieron antes que nosotros.

Sanar a la mexicana es abrazar nuestras raíces, celebrar nuestra identidad y reconocer que en cada ritual, en cada fiesta, en cada golpe a la piñata, también estamos liberando algo de nosotros mismos.

Tan Lejos y tan Cerca a la Vez

Por: Josefina Lozano

Las tradiciones de Día de Muertos y Halloween, tienen un impacto cultural profundo en los países que les dieron origen. Cada una invita a acercarnos a la muerte desde una perspectiva distinta. Aunque coinciden en el calendario, sus raíces y simbolismos representan visiones opuestas: el Día de Muertos, originado en la cultura prehispánica de México, percibe a la muerte como una continuación del viaje de la vida; mientras que Halloween, con raíces celtas, celebra el regreso de los muertos en un ambiente de misterio y diversión.

Ambas tradiciones contribuyen a darle un significado único a las culturas de México y Estados Unidos y aunque estén “tan lejos”, hoy en día están «tan cerca» que conviven en el mismo barrio, ciudad o país, permitiéndonos ver representaciones vivas de ambas maneras de recordar a quienes ya no están en este plano terrenal.

Los símbolos y el mismo sentir
Aunque los símbolos son distintos, el sentimiento que despiertan es el mismo: en el Día de Muertos, los altares, las calaveras de azúcar, el papel picado y las flores de cempasúchil honran y celebran la vida de los fallecidos. Por otro lado, Halloween se expresa con calabazas talladas, disfraces y colores oscuros, símbolos de miedo que en su esencia también recuerdan a los muertos.

Ambas celebraciones son únicas por el vínculo emocional que crean, un “teléfono espiritual” que permite acercarnos a quienes ya no están. En México, extrañamos a nuestros seres queridos; por tanto, el Día de Muertos se vive como una celebración solemne y emotiva, mientras que en Estados Unidos, Halloween se asocia con el entretenimiento y la diversión. Sin embargo, ambas construyen comunidad; en México, las familias se reúnen para construir altares en memoria de los que ya partieron, con objetos que recuerdan los gustos de los difuntos y en Estados Unidos el «truco o trato», congrega a grandes y pequeños en un ambiente festivo.

Una hibridación cultural
Ambas tradiciones han evolucionado y en la última década, se han enriquecido mutuamente. Día de Muertos ha alcanzado una visibilidad global gracias a la película Coco, y Halloween se ha vuelto cada vez más popular en México, especialmente entre los jóvenes en las zonas urbanas. Este proceso ha llevado a una hibridación cultural, donde ambas celebraciones se practican en paralelo y crean una mezcla única de ambas tradiciones. Por último, lo más interesante es que tanto en México como en Estados Unidos, estos símbolos de culturas distintas se recrean en un mismo espacio y en una era globalizada en la que impera el respeto a ambas tradiciones. Aquí lo solemne y lo divertido se mezclan, recordándonos lo lejos y al mismo tiempo, lo cerca que estamos.

Celebremos a las Escritoras

Por Victoria Falcón Aguila

Hoy lunes 14 de Octubre se reconoce la labor de las escritoras, España y toda Iberoamérica se unen al festejo. Cada año el día seleccionado para esta festividad, es el lunes más próximo al 15 de Octubre, día en que se conmemora la muerte de Teresa de Jesús, Teresa de Ávila o mejor conocida como Santa Teresa; poeta, escritora, de vocación literaria, alguna vez dijo; “Basta ser mujer para caérseme las alas”.

Esta celebración fue una propuesta de la Biblioteca Nacional de España, la Asociación Clásicas y Modernas y la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE), como un acto de resarcir la discriminación de las mujeres en la literatura a través de la historia, visibilizando la obra de las voces femeninas que muchas veces fueron calladas o en su caso tuvieron que hablar a través de un seudónimo masculino.

Hoy, las mujeres hablan y escriben lo que piensan, sienten, sueñan o temen. Escriben lo que les gustaría leer. Sus letras hablan por aquellas que aún no pueden hacerlo, por las sobrerepresentadas; dignificándolas,  porque la mujer sabe lo que es ser una voz marginada. Sabedoras de que el mundo les pertenece, sus manos escriben aunque los vientos sean borrascosos.

El lema de este año 2024, es “La periferia de la periferia: mujeres que miraron al mundo rural”. Porque sí, no solo en la ciudad se escribe y no solo la vida citadina es digna de plasmar y en lo rural también hay mucho por escribir; siempre va a pasar algo grande, cuando se escribe.

Felicidades a todas las escritoras en este día y en los que vienen por escribir.

Todo sale bien, si se tiene un cuaderno y un lápiz.

El pianista Israel Real se presentará en Casa Museo López Portillo

Su formación musical comenzó con clases de batería y su formación pianística inició en la licenciatura de Técnico en Música de la Universidad de Guadalajara con la maestra Rosa María Valdez. En noviembre del 2014, compuso su primera idea musical, como él mismo las llama, para ser presentada en un recital de alumnos de una academia donde se impartían clases de piano y batería. En la actualidad, su obra consta de 50 piezas registradas ante el Instituto Nacional del Derecho del Autor (INDAUTOR) y continúa trabajando en nuevas composiciones.

En cada uno de los recitales en los que se ha presentado, el compositor interpreta únicamente temas de su autoría, con la finalidad de dejar algo bueno en las personas, a través de la música. En entrevista con Israel, nos compartió cómo lleva a cabo su proceso creativo en la composición, mencionando que se inclina hacia sus sentimientos y emociones que le provocan una vivencia, una experiencia. Sus influencias musicales actuales, son los compositores Yann Tiersen y Evgeny Grinko.

El pianista tendrá la presentación de su recital, este viernes 8 de septiembre en punto de las 18:00 horas en la Sala de música de Casa Museo López Portillo (Liceo #177, Col. Centro) la entrada es libre.

Su música y próximos eventos los podemos encontrar en sus redes sociales oficiales de Facebook: Israel Real, Instagram: @ israel_real_compositor, TikTok: @israel_real33 y YouTube: Israel Real.

“KAHLO sin fronteras” llega a Guadalajara



Por: Verónica Isabel Enríquez Falcón
La exposición KAHLO sin fronteras, fue inaugurada el día de ayer 16 de marzo en el Museo de las Artes (MUSA) de la Universidad de Guadalajara. La curadora de la exhibición Cristina Kahlo y sobrina nieta de la pintora ofreció una charla previa a la inauguración, en el recinto del Paraninfo Enrique Díaz de León en la cual compartió su experiencia al retratar cartas, documentos, prendas y fotografías que pertenecieron a la pintora Frida Kahlo.

En palabras de la curadora y fotógrafa, la exposición pretende mostrar a una Frida humana, de carne y hueso, que no es ficción, que los datos de su biografía fueron reales, pero también es un homenaje de agradecimiento a sus doctores, con sus imágenes médicas y fotografías.

Los retratos a Frida pueden mostrar las diferentes facetas de la pintora en un aspecto más íntimo, ya que se puede ver a una Frida postrada en su cama de hospital luego del accidente que tuvo en 1926, así como una Frida sonriente, enamorada, con amigos, visitantes, seria y reflexiva. Para Cristina es una exposición muy conmovedora; compartió que Frida sabía que a través de la fotografía se podía contar su historia, así como retratar la medicina de ese entonces, por ello, permitía a algunos reporteros que ingresaran a su cuarto de estadía médica.

Esta es la primera vez que esta exposición se presenta en México, anteriormente fue presentada en la Universidad de Michigan. La exposición se encuentra abierta a partir del día de hoy 17 de marzo y hasta el 6 de agosto en la Sala 1 del MUSA, la entrada es gratuita.