Natti Natasha, pospone gira

Por: Manuel Hernández «The Magician»

La cantante y compositora dominicana, Natti Natasha, el día de hoy compartió con profunda emoción la noticia de que está esperando su segundo bebé, una bendición que llega en un momento muy especial de su vida.

“Después de tantos momentos difíciles, de diagnósticos que me decían que ya no podía tener hijos, Dios me ha vuelto a bendecir con lo que parecía imposible”, expresó la cantante dominicana visiblemente conmovida. “Este bebé es un milagro y un recordatorio de que cuando uno cree con el corazón, todo puede suceder.”

La intérprete de ‘La falta que me haces’, ‘La mejor versión de mi’ y su más reciente álbum ‘En Amargue’, tenía previsto anunciar esta semana las fechas de su próxima gira internacional, sin embargo, ha decidido posponerla para el 2026 por recomendación médica y para disfrutar plenamente de esta nueva etapa junto a su familia.

La gira que tenía programada por varios países ha sido pospuesta para 2026, “Si Dios lo permite, estaré en cada país, en cada ciudad, con toda mi familia y con más amor que nunca para compartir mi música y esta nueva historia que apenas comienza, por lo pronto mi prioridad es cuidar esta vida que viene en camino”. Raphy Pina, pareja y productor de la artista, también compartió el momento en redes sociales, acompañándolo con el mensaje: “Cuando crees que lo has visto todo, Dios te vuelve a sorprender. Gracias por tanto. Te amamos, bebé.”

La gira, cuyo nombre será anunciado próximamente, recorrerá América Latina, Estados Unidos y Europa, y será un homenaje al amor, la fe y la resiliencia.

Desde la Otra Orilla                     

La hora de León XIV

Por Xavier Zaragoza Núñez

Desde la balconada de San Pedro, el humo blanco volvió a subir al cielo como un suspiro de historia viva. Esta vez no fue un cardenal europeo, ni un latinoamericano, sino un norteamericano nacido en Chicago, quien apareció ante los fieles y el mundo con el nombre de León XIV.

Robert Francis Prevost, agustino, pastor de alma viajera y corazón latinoamericano —pues fue obispo en Perú— ha sido elegido para guiar a la Iglesia en una hora crítica, donde la fe y la incertidumbre caminan juntas. Su elección es un gesto que rompe inercias geográficas y simbólicas, y al mismo tiempo evoca una esperanza serena: que la brújula de Pedro se mantenga firme en medio del oleaje.

El nuevo Papa ha hecho suyas tres palabras en su primer mensaje: unidad, paz y diálogo. En tiempos de muros, polarización y ruido, esas palabras suenan como campanas de regreso al Evangelio. No vienen con estridencia, sino con la firmeza de quien cree que la suavidad puede ser también fuerza.

León XIV hereda una Iglesia que Francisco humanizó y sacó a las periferias. Ahora le toca a este nuevo pastor no solo continuar esa marcha, sino también enfrentar las grietas internas, el escepticismo de afuera y el desafío de conectar con una juventud que ya no pregunta, pero que observa.

Desde esta orilla donde los acontecimientos se ven como desde el muelle, celebramos no un nombre nuevo, sino una oportunidad nueva. Porque en cada elección papal —más allá del rito y la solemnidad— hay un gesto silencioso de humanidad: el de volver a intentar, el de volver a confiar.

Cultura Viva, el Motor que Sostiene Nuestros Sueños

Por Josefina Lozano

La cultura no es un museo de piezas antiguas, ni una vitrina para contemplar de lejos. La cultura somos nosotros; en nuestras manos que crean, en nuestras voces que cantan, en los sabores que heredamos, en los colores que vestimos. La cultura es vida en movimiento, es identidad construida todos los días con actos grandes y pequeños.

En San Pedro Tlaquepaque, Jalisco y en todo México, nuestra riqueza cultural es un tesoro que no solo alimenta el alma, sino también la vida económica de nuestras comunidades. Cada pieza de barro moldeada con amor, cada platillo tradicional servido con orgullo, cada mariachi que arranca sonrisas, cada feria, cada procesión, cada festividad, son raíces profundas que sostienen a nuestra gente.

La cultura no es un gasto, es una inversión. Cada turista que pisa nuestras calles buscando vivir una experiencia auténtica deja mucho más que fotografías, deja ingresos que benefician a las familias, fortalece a pequeños comercios, impulsa a los artesanos, da vida a galerías y cafeterías, crea empleos, enriquece nuestro presente y siembra esperanza en nuestro futuro.

El turismo cultural crece en el mundo porque la gente quiere más que lugares bonitos, quiere historias, emociones verdaderas; quiere pertenecer aunque sea un instante a un pueblo con alma. Y eso solo lo logra un lugar que mantiene vivas sus tradiciones, su arte y su espíritu colectivo.

Pero la cultura no se preserva sola, depende de quienes vivimos aquí, quienes heredamos saberes, quienes tenemos el privilegio de ser portadores de historia y creatividad. Cada vez que organizamos una celebración, que compartimos nuestras costumbres, que enseñamos a los niños a valorar su herencia, estamos escribiendo un futuro más próspero y más digno.

Por eso, hoy más que nunca necesitamos defender nuestras tradiciones con pasión y con orgullo. No basta con admirarlas de lejos, hay que vivirlas, promoverlas, innovarlas sin romper su esencia, sostenerlas con fuerza frente a la modernidad que a veces arrasa con la memoria de los pueblos.

Te invito a ser parte de este movimiento de vida. Compra a nuestros artesanos, asiste a nuestras festividades; difunde nuestras costumbres, consume lo local. Enseña a las nuevas generaciones el valor de su historia, ¡celebra lo que somos!

Cada pequeño gesto cuenta, cada voz que se suma importa. Cada esfuerzo suma para que nuestras tradiciones sigan latiendo con fuerza, atrayendo a quienes buscan un México auténtico, diverso y vibrante.

Porque cuando honramos nuestras raíces, abrimos caminos al futuro. La cultura vive en nosotros, mantengámosla fuerte, viva y orgullosa.

PEDAZOS DE TIEMPO

El Latido Secreto de Nuestras Vidas

Por José Luis Ortiz Güell , columnista y escritor

“Señor, la jaula se ha vuelto pájaro. ¿Qué haré con el miedo?” — Alejandra Pizarnik

Con esa cita como umbral, se abre PEDAZOS DE TIEMPO, de Fernando Alonso Barahona, es una novela que no solo se lee, sino que se vive. Una obra que no busca agradar, ni complacer; sino despertar, desafiar y romper los espejos en los que nos miramos cada día. La literatura, cuando es auténtica, no se esconde: se expone. Y eso hace este libro desde su primer capítulo: desnuda la noche, la mente, el alma.

Vanessa Andrade, detective, mujer, creadora de ficciones y habitante de realidades desbordadas, es la protagonista de esta historia que se mueve entre el insomnio y el deseo, la ansiedad y la lucidez, la verdad y los espejos digitales que nos deforman. Ella —junto a su inseparable socia Belén Segura— dirige una agencia que investiga vidas ajenas, mientras intenta comprender la suya propia. Pero como ocurre en toda buena novela, los límites se disuelven. Y en ese desdibujarse, nace el misterio.

Con una prosa sutil, pero afilada, llena de lirismo y crítica social, PEDAZOS DE TIEMPO es mucho más que una novela: es una experiencia emocional, sensorial e intelectual. Hay perfume de suspense, bruma de deseo, vértigo existencial. Y también hay belleza: la belleza del lenguaje cuando roza la perfección.

El amor, el vacío, el cuerpo, la memoria, la soledad en la era de los perfiles y las apariencias. Este libro nos obliga a preguntarnos: ¿Quiénes somos cuando nadie nos ve? ¿Qué versión de nosotros queda atrapada en los fragmentos que compartimos?

Uno de los pasajes más intensos describe cómo Julia —otra figura central— guarda obsesivamente los rastros de Roberto: su imagen, sus frases, su aroma encapsulado en recuerdos. No lo ama: lo posee. No lo recuerda: lo reconstruye. Y en esa reconstrucción se pierde y se encuentra.

“Empezó a soñar, a delirar con fantasías que su imaginación vacía creaba con el ansia de seguir viviendo, de seguir deseando”.

Con esta frase, el autor nos entrega una de las claves más poderosas del libro: el deseo como motor de supervivencia.

Una firma literaria con futuro de clásico
Con PEDAZOS DE TIEMPO, [Tu Nombre] no solo publica una novela: consolida su nombre como una marca literaria de prestigio. Su estilo —elegante, profundo, arriesgado— logra ese equilibrio que pocos alcanzan: emocionar y provocar, conmover y reflexionar.

Esta no es una obra más. Es una novela espejo, donde cada lector encontrará un pedazo de sí mismo y tal vez, si se atreve, el mapa para volver a armarse.

PEDAZOS DE TIEMPO
Disponible desde abril de 2025
Una apuesta por la belleza, el pensamiento, el suspense y la sensualidad.
Un título destinado a convertirse en referente literario del año.

El Arte de Resistir

Cuando la cultura nos sostiene

Por Josefina Lozano

Al resistir no siempre se grita, a veces se teje en silencio, se canta bajito, se baila con los ojos cerrados, se pinta con el alma rota. La resistencia en nuestros pueblos y ciudades ha tenido siempre el rostro de la cultura. Esa que vive en los gestos cotidianos, en las palabras que heredamos, en las manos que no se rinden. Aquí es donde los gritos se convierten en acciones que causan constancia, convirtiéndolos en cultura de resistencia.

En un mundo que cambia vertiginosamente, donde a veces parece que todo se desdibuja, hay algo que permanece: nuestras raíces y con ellas las expresiones culturales que nos definen, que nos sostienen, incluso cuando lo demás parece tambalearse. Es en lo más simple donde se revela lo más profundo: una receta de la abuela, una canción que se canta desde la infancia, un rebozo tejido a mano, una danza que atraviesa generaciones.

El arte en todas sus formas ha sido el lenguaje de los que no se conforman, de los que no renuncian; pintar, escribir, bordar, esculpir, cantar son formas de decir: “Aquí estoy, esta es mi historia, este es mi lugar”. Cada obra de arte que nace en medio de la adversidad es una prueba de que el espíritu humano es más fuerte que cualquier tormenta.

“Aquí y ahora”, es una frase que revela resistencia por ser y estar a la vez. En México lo sabemos bien; cada vez que alguien levanta una figura de barro, cuando una comunidad celebra su fiesta patronal, una marimba suena o una piñata se rompe entre risas, estamos ejerciendo un acto de resistencia; queda implícito el: “seguimos aquí” a pesar de todo.

Y es que la cultura no solo adorna la vida, sino que la sostiene; nos acompaña en los duelos, en las transiciones, en los momentos de esperanza, cuando el cuerpo está cansado, cuando el alma necesita consuelo, es la cultura la que nos arropa. Por eso, es urgente defenderla, protegerla y sobre todo vivirla no como algo ajeno o pasado, sino como algo que nos pertenece, que creamos cada día desde nuestras trincheras personales.

Desde el taller del artesano hasta el escenario improvisado de una calle, desde el mural que transforma un muro gris hasta la palabra que se convierte en poema, todo es parte de esta gran sinfonía de resistencia y en cada expresión, hay un eco de lo colectivo, de las abuelas que tejieron tiempo, de los pueblos que no olvidan y de los corazones que sueñan despiertos.

Hoy más que nunca necesitamos reconectar con esas pequeñas grandes cosas que nos recuerdan quiénes somos porque resistir en este país, también es celebrar y cada acto cultural, por sencillo que parezca, es una llama encendida contra el olvido.

Te invito a preguntarte:
¿Cuáles son tus formas de resistir?
¿En qué detalles habita tu memoria más profunda?
¿Qué tradiciones, qué expresiones culturales han sido tu refugio?
¿Qué historias sigues contando con tus manos, tu voz, tu mirada?
En tus respuestas, habita tu fuerza y la semilla de un país que a través del arte, no deja de renacer.

Cultura del Cambio

El arte, el emprendimiento y la evolución de la identidad.

Por Josefina Lozano

El cambio, es la única constante en la historia de la humanidad. A través del tiempo, las sociedades han evolucionado gracias a quienes se atreven a cuestionar, innovar y transformar; sin embargo, el cambio no es un simple giro de dirección, sino un proceso de adaptación que requiere conciencia, resistencia y visión. En el arte, como en los negocios y en la identidad cultural, aprender a cambiar sin perder la esencia, es el mayor desafío.

El arte no solo documenta la historia, sino que la impulsa. Las grandes revoluciones artísticas han nacido del inconformismo, del deseo de romper con lo establecido para crear nuevos lenguajes visuales, narrativos y conceptuales. Desde las pinturas rupestres hasta el arte digital, la creatividad humana ha sido el puente entre el pasado y el futuro.

En México el arte ha sido clave en los momentos de transformación social, como es el de los muralistas que plasmaron la lucha revolucionaria hasta los artistas contemporáneos que denuncian injusticias o rescatan tradiciones en peligro de extinción. En este sentido, el arte es un vehículo para la memoria, pero también una herramienta para redefinir el presente y construir el futuro.

El arte y la cultura no solo son expresiones estéticas; también son un motor económico y social. Como emprendedora en el mundo del arte, de las artesanías y la gastronomía, he comprendido que la creatividad no solo debe plasmarse en un lienzo o en una pieza de barro, sino también en la manera en que se gestionan los espacios culturales.

Mi experiencia con Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, ha sido un ejercicio constante de adaptación. La idea de fusionar una galería de arte con una experiencia gastronómica basada en café, responde a la necesidad de conectar con nuevas generaciones, ofreciendo un espacio donde el arte se vive, se respira y se disfruta de manera accesible.

Sin embargo, emprender en el mundo cultural no es fácil. La resistencia al cambio, el miedo a lo nuevo y las dificultades económicas han sido retos constantes. La clave ha estado en encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación, en mantener la esencia sin quedar atrapada en el pasado.

Uno de los mayores dilemas en la cultura del cambio es cómo evolucionar sin perder la identidad. En un mundo globalizado, muchas tradiciones corren el riesgo de diluirse o mercantilizarse, perdiendo su verdadero significado. Pero la respuesta no está en aferrarse a lo antiguo, sino en darle un nuevo sentido dentro del contexto actual.

Mi obra artística ha buscado precisamente esto: rescatar los símbolos de nuestra tierra, como el cacao, el café, el jaguar, el águila real y la cosmovisión indígena, pero con una visión contemporánea y universal. El arte es un idioma que se reinventa con cada generación y nuestra tarea es mantenerlo vivo, no como una pieza de museo, sino como una expresión en constante diálogo con el presente.

La cultura del cambio no significa olvidar nuestras raíces ni seguir tendencias pasajeras. Es un proceso de transformación consciente, donde aprendemos del pasado para construir un futuro más sólido.

En el arte, en los negocios y en la vida, debemos atrevernos a evolucionar sin perder nuestra esencia. Porque si algo nos enseña la historia, es que los que se resisten al cambio quedan atrapados en el tiempo, mientras que quienes lo abrazan con inteligencia y sensibilidad logran trascender.

El arte, el emprendimiento y la cultura, son caminos de transformación. «Abracemos el cambio con conciencia, porque solo así construiremos un legado que trascienda».

Josefina Lozano, es artista, periodista cultural y  emprendedora. Fundadora de Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, fusiona arte, tradición y emprendimiento para generar espacios de identidad y cambio.

Temía de ti

José J. Carrizosa García

No temía al compromiso.

Temía a perder el tiempo.
A un día despertar y no verte a mi lado.
A que te llevaras mis sueños.
A que la vida después de ti no tendría sentido alguno.
A vivir por vivir.
Al estar por estar.
Al beber mujer tras mujer y de ti no saber.

No temía a una relación seria.
Temía a no saber responder y que te marchas dejando el ayer.
Temía a la vida sin ti.

A pasar por el mismo camino de siempre, pero sin ti ahí, donde todo sería vacío y sin color, porque en el tu rostro, olor, esencia y pasión dejarían un vacío el día que dijeras adiós.

Temía a mi soledad.

Porque al no verte ahí, la tristeza sería mi compañera.
La melancolía mi guía y el suicidio mi destino.

Temía a no poder vivir sin ti.

Al verte caminar y yo marchitar.
Al verte madurar y yo aferrarme a mi soledad.
Al verte volar y yo simplemente llorar.
Al verte crecer con otro ser.
Y yo enloquecer con mi vejes.
Y es que no temía a compartir mi vida contigo, temía a que te llevaras mi vida contigo.

Temía tanto que un día la soledad se sentó a mi lado, la noche me ofreció un cigarrillo, el viento me sirvió un vino y el destino te quito de mi camino, solo dijiste adiós y el cielo se nubló.