El arte, el emprendimiento y la evolución de la identidad.
Por Josefina Lozano
El cambio, es la única constante en la historia de la humanidad. A través del tiempo, las sociedades han evolucionado gracias a quienes se atreven a cuestionar, innovar y transformar; sin embargo, el cambio no es un simple giro de dirección, sino un proceso de adaptación que requiere conciencia, resistencia y visión. En el arte, como en los negocios y en la identidad cultural, aprender a cambiar sin perder la esencia, es el mayor desafío.
El arte no solo documenta la historia, sino que la impulsa. Las grandes revoluciones artísticas han nacido del inconformismo, del deseo de romper con lo establecido para crear nuevos lenguajes visuales, narrativos y conceptuales. Desde las pinturas rupestres hasta el arte digital, la creatividad humana ha sido el puente entre el pasado y el futuro.
En México el arte ha sido clave en los momentos de transformación social, como es el de los muralistas que plasmaron la lucha revolucionaria hasta los artistas contemporáneos que denuncian injusticias o rescatan tradiciones en peligro de extinción. En este sentido, el arte es un vehículo para la memoria, pero también una herramienta para redefinir el presente y construir el futuro.
El arte y la cultura no solo son expresiones estéticas; también son un motor económico y social. Como emprendedora en el mundo del arte, de las artesanías y la gastronomía, he comprendido que la creatividad no solo debe plasmarse en un lienzo o en una pieza de barro, sino también en la manera en que se gestionan los espacios culturales.
Mi experiencia con Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, ha sido un ejercicio constante de adaptación. La idea de fusionar una galería de arte con una experiencia gastronómica basada en café, responde a la necesidad de conectar con nuevas generaciones, ofreciendo un espacio donde el arte se vive, se respira y se disfruta de manera accesible.
Sin embargo, emprender en el mundo cultural no es fácil. La resistencia al cambio, el miedo a lo nuevo y las dificultades económicas han sido retos constantes. La clave ha estado en encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación, en mantener la esencia sin quedar atrapada en el pasado.
Uno de los mayores dilemas en la cultura del cambio es cómo evolucionar sin perder la identidad. En un mundo globalizado, muchas tradiciones corren el riesgo de diluirse o mercantilizarse, perdiendo su verdadero significado. Pero la respuesta no está en aferrarse a lo antiguo, sino en darle un nuevo sentido dentro del contexto actual.
Mi obra artística ha buscado precisamente esto: rescatar los símbolos de nuestra tierra, como el cacao, el café, el jaguar, el águila real y la cosmovisión indígena, pero con una visión contemporánea y universal. El arte es un idioma que se reinventa con cada generación y nuestra tarea es mantenerlo vivo, no como una pieza de museo, sino como una expresión en constante diálogo con el presente.
La cultura del cambio no significa olvidar nuestras raíces ni seguir tendencias pasajeras. Es un proceso de transformación consciente, donde aprendemos del pasado para construir un futuro más sólido.
En el arte, en los negocios y en la vida, debemos atrevernos a evolucionar sin perder nuestra esencia. Porque si algo nos enseña la historia, es que los que se resisten al cambio quedan atrapados en el tiempo, mientras que quienes lo abrazan con inteligencia y sensibilidad logran trascender.
El arte, el emprendimiento y la cultura, son caminos de transformación. «Abracemos el cambio con conciencia, porque solo así construiremos un legado que trascienda».
Josefina Lozano, es artista, periodista cultural y emprendedora. Fundadora de Josefina Lozano Gallery y Punto Café en San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, fusiona arte, tradición y emprendimiento para generar espacios de identidad y cambio.